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FECHA: 16/12/2011

Trinitarios.net desea a todos sus visitantes y amigos una FELIZ NAVIDAD y un AÑO NUEVO llenos de la Paz y la Gracia del Señor que nace

Relato de Navidad
Diálogo con María de Nazaret


Nos acercamos hoy a la Virgen María, una mujer anciana que en el atardecer de la vida y acompañada del apóstol Juan, nos cuenta su vida. Rebusca en los recuerdos que guarda en su corazón para contarnos los primeros años de la historia de su hijo…

-Cuéntanos, María, ¿qué recuerdas de tu vida pasada?

-María: ¿Lo que me acuerde?.... Pero que curiosos son ustedes, ¡caramba!....Que se yo…Tanto tiempo, tantas cosas…Se me confunden en la cabeza y…Bueno, está bien, está bien, habrá que empezar por José…Sí, por él hay que empezar….

-José: A los buenos días, María. ¡Dichosos los ojos que te ven! ¡Y más dichosos si esos ojos son los míos!
-María: Ya salió éste con sus cosas. ¡Ay, José, tú no tienes arreglo!
-José: ¿Y cómo voy a tenerlo, si eres tú la que me tienes estropeado?....Mira, muchacha, si yo fuera de cera me derretiría con una mirada tuya….Pero es que si fuera de piedra, me pasaría lo mismo… ¿Cuántas veces quieres que te lo diga?
-María: Pero, si me lo has dicho ya sepetecientas veces y todavía no te derrites…Anda, sigue tu camino, cuentista….
-José: ¡Pues claro que voy a seguir…voy a seguir diciéndote que eres el lucero de mis noches y la cataplasma de mis heridas, sandalias de mi camino, fuente de mi desierto, harina de mi pan, agua de mi gaznate…! ¡Ah…!.
-María: Pero, ¿qué te pasa a ti hoy, José? ¿Te has vuelto loco?
-José: ¡De remate! ¡Y la culpa la tiene la nazarena más linda de este país!

-¿Cómo era Nazaret? ¿Cómo te enamoraste de José?

-María: Nazaret era un pueblito de nada, más pequeño que una nuez….Jóvenes casamenteros había en aquel tiempo cuatro, que yo recuerde…..Y muchachas, éramos tres…A mí me gustaba mucho José, aquel muchachote que lo mismo pegaba una puerta que pisaba uvas en el lagar que le ponía herraduras a un mulo….Desde niños habíamos jugado juntos. Luego cuando fuimos creciendo, nos empezamos a querer. Me acuerdo que, al principio, nos poníamos colorados cuando nos encontrábamos en el campo y entonces a él se le soltaba la lengua y empezaba a decirme cosas y se reía mucho…Y yo me reía todavía más…A mi padre, Joaquín, también le gustaba José, porque era muy trabajador…Por eso se fue un día a ver a su padre…Iban a hacer el trato para la boda.

-Tras el trato de vuestros padres sobre el matrimonio y la fiesta de compromiso, ¿cómo fue la vida después para vosotros dos?

-María: Después de la fiesta de compromiso, la vida siguió más o menos lo mismo…José buscaba trabajo hasta debajo de las piedras…Dios le echaba una mano y, a veces tenía suerte…Quería ahorrar algunos denarios para cuando nos casáramos….Yo seguía haciendo lo de siempre: ayudar con mis dos hermanas mayores a mi madre, Ana, que estaba medio enferma por entonces…En casa había que hacer para dar y tomar, porque éramos muchos...Todo seguía igual, pero para mí todo había cambiado. Ya no era una niña. Tenía novio, me iría pronto de casa…Estaba muy contenta por aquel tiempo….

-Permítenos una pregunta íntima, ¿cómo te sentías cuando estabas embarazada de tu hijo Jesús?

-María: Recuerdo que los días y las semanas iban pasando muy rápidos y empezaron a darme mareos. No me sentía bien. Se me aflojaban las piernas por cualquier cosa…Mi madre me ponía emplastos de albahaca en la frente y me daba cocimientos de todas las yerbas. Pero seguía igual. Un día ya me di cuenta de lo que me estaba pasando…Ay, caramba, por las noches daba vueltas y vueltas en la estera y me amanecía sin haber pegado un ojo…Le rezaba fuerte a Dios para que me ayudara…Me acuerdo que lloraba mucho…Quería hablar con mi madre, pero no me atrevía. No sabía ni por dónde empezar… ¡Dios mío, que asustada estaba! ¡Qué angustia!...Un día tragué en seco, hice de tripas corazón, y me fui a ver a mi abuelo Isaías.

-Isaías: Te conozco muchacha…Te vi nacer… A ver, ¿qué es lo que me quieres contar?...Porque tú has venido a decirme algo medio importante, ¿no es así?..
-María: Sí, abuelo, pero….
-Isaías: Dime qué te pasa. Ya sabes que la lengua la hizo Dios para moverla…
-María: Abuelo Isaías, yo creo que no estoy enferma, sino….
-Isaías: ¿Qué pasa entonces, María? ¿Te da vergüenza decírmelo, verdad…?
-María: Sí, abuelo.
-Isaías: Pues entonces, suéltalo rápido y sin pensarlo….
-María: Abuelo…yo... ¡yo lo que estoy es preñada!...Pero no piense usted mal. No soy una chica loca que se ha dejado engañar por cualquier joven….De verdad que yo no he estado con ningún hombre ni con el mismo José. ¡Lo juro! ¡Lo juro!
-Isaías: Bueno muchacha, no llores…Será entonces que te has hecho la idea y no estarás preñada…
-María: Lo estoy, abuelo, lo estoy…Ya siento el niño dentro. Estoy segura.

-María: Y temblando, le dije a Dios que sí. Y el aliento de Dios, la fuerza de su espíritu, aleteó sobre mi cuerpo…Yo volví a casa repitiendo una a una las palabras que el ángel Gabriel me había dicho (Lc. 1, 26-38).

-Y…¿cómo fue aquello del censo y del viaje a Belén que hicisteis José y tú?

-Maria: …Pues yo estaba casi para dar a luz cuando los romanos salieron con lo de hacer un censo de todo el país… ¡Qué lío aquellos días, Dios mío! La noticia de esa ley, que todos los israelitas teníamos que cumplir, por las buenas o por las malas, llegó a Nazaret cuando ya empezaba a hacer frío…Y tras conversarlo con José nos fuimos a Belén. Yo, montada en un mulo viejo, más muerta que viva…La verdad es que no me sentía tan mal ni el niño me daba mucha fatiga, pero tenía mi buen susto de que el parto me llegara lejos de mi madre, en un sitio extraño…
Recuerdo como a la altura de Naim, los que salimos de Nazaret para el sur nos juntamos con una gran caravana que venía de más lejos y que iba también para allá. Varias mujeres estaban como yo, en estado…Y aunque dicen que mal de muchos es consuelo de tontos, a mí aquello me dio ánimo.




-¿Qué sucedió al entrar en Belén?

-María: Cuando entramos en Belén, la aldea estaba abarrotada de gente y comenzaba a llover….

-María:¿Dónde vamos a meternos José?...Han venido muchos para el censo…Parece que David tuvo más nietos que conejos…
-José: No te preocupes, María…Me dijeron que los galileos tienen un sitio allá en un descampado…En las posadas de aquí sólo entran los ricos…Estos paisanos tienen fama de careros…Te cobran hasta por respirar…

-María: Atravesamos como pudimos el pueblo, por las calles estrechas y retorcidas, empantanadas por el barro…Yo me apoyaba en José para no caerme. Y José se apoyaba en su largo bastón tirando de la cuerda a nuestro mulo…el testarudo andaba a trompicones…

-José: ¿Te sientes bien, María?
-María: Estoy cansada…Mira…me da el corazón que la cosa ya está cerca…Este niño se está moviendo demasiado…Parece que tiene prisa…

-Y, ¿cómo recuerdas aquel momento tan particular?

-María: Yo no me acuerdo de cómo fue todo…Entre José y otros hombres me cargaron…Me metieron en una de las cuevas y me acostaron sobre un montón de paja seca…En aquella noche yo seguía allí, sobre las pajas, bañada en sudor, en la tremenda lucha de dar a luz apretando con ansiedad la mano de una de aquellas mujeres que tanto me ayudaron…
-Mujer: Vamos, vamos, María, que todo va bien…Ayúdalo a nacer...anda, respira fuerte...Así, así….
-María: ¡Ay…! ¡Ay…! Ahhh…

-María: ¡Que largas se me hacían las horas!...Los dolores iban y venían como las olas del Mar Grande…La cueva seguía en penumbra, llena de mujeres…Los hombres, fuera, conversaban y cantaban, esperando la llegada del niño...Nadie durmió aquella noche…
-Partera: Vamos, María, un último esfuerzo, muchacha…
-Mujer: ¡Vamos, vamos que ya viene!...Sujétale bien las piernas, Noemí…así.
-María: Ahhh… ¡Ay…!! ¡Ay…!
-Mujer: ¡Empuja más fuerte, María…que ya está ahí la cabeza!
-Otra mujer: ¡Ya está aquí!... ¡Bendito sea Dios!
-María: Las mujeres me lavaron al niño, lo envolvieron en pañales y me lo pusieron al lado, sobre las pajas…Y acercaron una lamparita para que yo lo pudiera ver bien…

Y así fue como nació mi hijo Jesús en medio de su pueblo que desde hacía mil años lo esperaba con hambre y sed de justicia…Lo recibieron en este mundo las manos callosas y sufridas de las mujeres de Galilea…Nació en mitad de la noche y, en silencio, las estrellas repiquetearon como campanas para anunciar la alegre noticia de que él ya estaba en medio del campamento entre nosotros, como uno más. (Lucas, 2, 1-17).

Por Angel García Rodríguez, OSST.
Lima (Perú)


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FECHA: 30/11/2010

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