JUNTOS PODEMOS
Por Antonio Regalado*
Queridos
amigos:
¡Qué hermoso respirar los aires del Santuario de la Virgen de la
Cabeza ¡Así comenzaba yo la crónica del I Encuentro hace dos
años cuando nos congregamos bajo el manto de la Virgen Morena
para “volver a empezar…”
Estamos aquí, de vuelta a casa, para
comprometernos con el futuro. Es un privilegio abrir esta
jornada tras saludaros a todos (a los que habéis venido y a los
que no lo han podido hacer) y agradecer a los Padres Trinitarios
que hayan tenido la iniciativa del reencuentro.
Estamos aquí, convencidos de que, más allá de la
nostalgia, -nueve lustros no son nada- debemos transmitir los
valores que aprendimos en la orden a través de una Asociación de
Antiguos Alumnos de este Seminario.
Es un proyecto de fe. Y la fe mueve montañas.
Aprendimos muchas cosas en poco tiempo. Y ese aprendizaje en
valores (responsabilidad, solidaridad, bonhomía, honradez,
ética, austeridad) ha conformado nuestra vida.
El paso por la orden trinitaria ha marcado (y
mucho) nuestras vidas. Quizás, los que somos de pueblos pequeños
valoremos más el acierto y la suerte que tuvimos en los años
sesenta, cuando un padre trinitario apareció por allí y se trajo
a todos los que éramos monaguillos.
Hace
poco más de un mes tuve el inmenso placer de reencontrarme en
Salamanca con el Padre Antonio que fue quien nos trajo a Marcial
Álvarez, de Mayalde (Zamora) y a mí (de Aldehuela de la Bóveda,
en Salamanca) el 16 de septiembre de 1960. Ayer mismo. Habían
transcurrido 44 años desde que nos despedimos de Alcázar. Le
reconocí inmediatamente y nos fundimos en un abrazo.
El Padre Antonio es tan solo un eslabón en la
cadena de la gran familia trinitaria que, dentro y fuera, hemos
hecho de la vida un sacerdocio. ¿Qué hubiera sido de muchos de
nosotros, en aquella época del 600 sin el cobijo del seminario?
Yo os lo diré: la emigración. La emigración a Francia, Suiza,
Alemania. O al País Vasco, Asturias o Cataluña.
Muchos de nosotros, gracias a los estudios
pudimos acceder a la Universidad, algo impensable cuando se
vive en el medio rural donde no hay instituto y los padres
(labradores en su mayoría) no tenían recursos económicos para
enviarnos a estudiar a la capital de la provincia.
Así es que es fácil que salga a borbotones el
agradecimiento por los poros de mi piel.
Por suerte, he trabajado veinte años en los
palacios del Congreso y del Senado; y siempre que salía a tomar
el aire a la Plaza de España me topaba con don Quijote, con
Sancho y con Cervantes. Y allí sigue en el frontispicio del
monumento la cruz trinitaria… La cruz roja y azul.
Yo me siento orgulloso de aquel rescate del
escritor de Alcalá de Henares. Hoy la esclavitud se muestra de
mil maneras y los trinitarios siguen por el mundo rescatando y
ayudando personas necesitadas, las más de las veces a los más
pobres de entre los pobres. Hoy, conoceremos a qué dedican sus
mejores energías 8 siglos después de su fundación por Juan Mata
y Félix de Valois.
Permitidme que entremezcle los recuerdos – y
que retorne a lo que verdaderamente nos ha traído hasta esta
montaña sagrada: estamos aquí para comprometernos con el futuro
trazando un camino más allá de la nostalgia.
Ha
llegado el momento, como escribió Bergson de pensar como hombres
de acción y de actuar como hombres de pensamiento.
En esta empresa no sobra nadie. Para esta
aventura necesitamos unir todas las manos. Juntos podemos.
Liderados por el padre Domingo Conesa y
coordinados por Isidro Hernández queremos crear una Asociación
Trinitaria de Antiguos Alumnos del Seminario Virgen de la
Cabeza. Casi todas las órdenes religiosas la tienen. Sin duda
alguna, la de los ‘pilaristas’, en Madrid, es la más famosa. Ha
dado un presidente de gobierno, decenas de ministros de
izquierda y de derecha y muchos ejecutivos agresivos.
Nosotros tan sólo aspiramos a crear un grupo, un
club de buenas personas imbuidos de la filosofía trinitaria.
En un par de reuniones previas, celebradas en
Madrid, hemos examinado las líneas generales de los Estatutos.
Todo es susceptible de mejora. Creemos, sinceramente, que esta
Constitución que nos otorgamos voluntariamente, es una amplia
autopista por la que podemos transitar juntos, codo con codo y
en la misma dirección. ¿Hasta donde? Donde el corazón nos
lleve. Los pensares y los sentires (como dicen en esta tierra
andaluza) se escriben en el viento.
A mi me cabe el honor –el privilegio- de
invitaros a que entre todos hagamos posible esta aspiración.
Nunca es tarde cuando el fin es tan noble.
Podría haber redactado mil razones para
convenceros de que esta Asociación es hoy más necesaria que
nunca pero voy a resumirlas en un decálogo que anticipo podríais
suscribir todos y cada uno de vosotros. (Y si no, cambiamos de
decálogo).
Una,-
Porque ello nos obligará –moralmente- a compartir junto a la
Morenita, unas jornadas de convivencia bianual. Este santuario,
estos paisajes, estos horizontes han condicionado toda nuestra
existencia y encontrarnos aquí (en los años impares) será
siempre un motivo de gozo.
2.- Es el momento de dar las gracias a los PP
Trinitarios que tanto hicieron por nosotros. Yo creo que ha
llegado el momento de decirles a los actuales rectores del
Santuario que les estamos eternamente agradecidos y que les
queremos. Por tanto, volver año sí, año no, será motivo de
satisfacción permanente.
Gracias por la educación religiosa recibida y por
los principios que en la Orden aprendimos. Gracias por la
disciplina, por el esfuerzo, por el compañerismo.
3.- Porque en estos momentos de crisis de
valores donde lo políticamente correcto es ser anticatólico,
nosotros nos comprometemos con la Iglesia a través del mensaje
trinitario. Dar testimonio de la Verdad e ir contracorriente es
la mejor manera de ayudar al prójimo.
La 4ª razón tiene que ver con la solidaridad. Sé
que muchos de vosotros mantenéis “colaboraciones” con misiones
en el extranjero. Aprendiendo de vuestra experiencia, la
Asociación de Antiguos alumnos puede unir fuerzas para encauzar
las ayudas humanas y económicas. Juntos llegaremos más lejos.
5ª. Muchos fuimos llamados y acudimos a la
llamada del Señor. Hoy, aquí y ahora, cabe preguntarse en voz
alta si nos encontramos también entre los escogidos. Yo creo
que sí. El manto de Virgen de la Cabeza nos ha amparado a
nosotros y a nuestras familias.
No es que sin Asociación (y sin Estatutos) no
podamos hacer cosas positivas. Pero las normas encauzan las
energías y multiplican las sinergias. Así es que aunque sea por
operatividad bien vale este punto como sexto.
7ª
Ha llegado el momento de dar testimonio y de reafirmar nuestra
fe trinitaria. Solo desde la unidad conseguiremos los objetivos
y vertebrar una tradición que nos ha acompañado desde la
pubertad.
8ª Tenemos una deuda de gratitud que bien merece
la pena comenzar a saldarla cuanto antes. Tenemos que devolverle
al prójimo –y los trinitarios y el Santuario son el mejor medio-
parte de los muchos beneficios que hemos recibido.
Como novena razón nada mejor que
enorgullecernos nosotros mismos de sentir y sentirnos como
trinitarios. Nada más. Y nada menos. Es una actitud, un
talante, una posición valiente ante la vida cotidiana.
Y el décimo punto lo tomo prestado del Papa
Juan Pablo II: “No tengamos miedo”. No tengamos miedo para el
compromiso, para la solidaridad, para defender los valores y el
espíritu religiosos.
Todo
decálogo se resume en un colorario. Y éste tiene cuatro
palabras: amar y ser amados. Dar y darse a los demás. San Pablo
escribía a los corintios hace más de dos mil años que “el amor
no pasa nunca”. Sin amor no somos nada así es que bien pudiera
ser ésta la filosofía que ilumine esta misión, una misión que
depende tan solo de la fe que pongamos todos juntos. Una fe
cargada de esperanza.
Creo, repito, en que seguimos siendo, los
escogidos. Algo tendrá que ver la Moreneta en todo ello.
Boecio,
el primer filósofo cristiano, amigo de Santa Elena, la madre
del emperador Constantino escribió en el siglo IV que “la
eternidad es cuando no nos falta de nada”. Yo creo que aquí, en
este Monte Cabezo, no nos falta nada; quizás porque estamos más
cerca de la línea del cielo”. Compartámosla.
Termino –y me atengo al tiempo pactado-: otros
compañeros van a diseccionar los estatutos para convenceros y
convenceros de que sería hermoso recorrer juntos el resto del
camino. Ha llegado la hora de reconstruir nuevos sueños desde la
otra orilla de la nostalgia. No hemos llegado hasta aquí para
estar juntos sino para hacer algo juntos. La fe es el camino.
Gracias. Muchas gracias, amigos y compañeros trinitarios.
*
Antonio
Regalado es periodista y Antiguo Alumno del Santuario en el año
1963-64
