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Encuentro de Alumnos del Seminario Menor Trinitario

“Virgen de la Cabeza”

Santuario Virgen de la Cabeza, 15 y 16 de Octubre de 2005

 

En primer lugar quisiera ofrecer mi saludo cordial a los promotores de este encuentro y de un modo especial a  todos vosotros los que  habéis respondido afirmativamente  y  os habéis hecho aquí presentes. Vuestra asistencia es también motivo de alegría para nosotros los Trinitarios. Lo interpretamos como una muestra de afecto y agradecimiento hacia vuestros antiguos maestros y profesores del Santuario. También nosotros nos sentimos honrados con vuestra presencia.

 

Al reencontrarnos de nuevo, en nuestra mente  y en nuestro corazón vemos revivir tantos sentimientos y experiencias que  ya hace tantos años  juntos vivimos. Recordamos, sobre todo, los ratos pasados aquí junto a la Madre  del seminario que tantas  plegarias nuestras escuchó y tantas penas  alivió. Ella acogió  también nuestros cantos y nos hizo gozar  con su presencia y con la de tantos devotos suyos que con tanto entusiasmo su amor y devoción le mostraban.

 

            Aquí nos tienes de nuevo  Madre, ya cansados de tanto bregar por los caminos de la vida. Venimos a pedir tu bendición  y a que renueves  en nosotros aquel espíritu de familia que bajo tu manto gozamos  y experimentamos. Sí; en aquellos años juveniles nos unía un proyecto común. Todos juntos compartíamos nuestras alegrías y nuestras penas en la capilla y en las clases; en el refectorio  y en los paseos saltando como  cervatillos por los riscos y veredas de esta  sierra bendita.

 

            Nosotros intentábamos acompañaros en vuestro discernimiento vocacional. Veíamos  muchas veces cómo  vivíais vuestra  elección.  Nos parecía    entrever vuestra situación en la encrucijada de los caminos sin saber a ciencia cierta por donde tirar. Unos 35 seguisteis por el camino de la vida religiosa. Con la gracia de Dios habéis perseverado. Otros visteis que Dios os llamaba por  otros derroteros de la vida.

 

            Ahora nos encontramos todos aquí, peinando canas o luciendo espléndidas calvicies, intentando revivir aquel espíritu de familia y de amistad que durante algún año nos unió. Precisamente  de la familia trinitaria me han pedido que os hable.

 

            La Familia Trinitaria

 

            Al tratar de la Familia nos viene automáticamente a la mente la idea de  unión, de amor, de comunión de afectos, de  servicio, de colaboración en un mismo proyecto etc… Para nosotros los Trinitarios esta idea la vemos expresada  en la Regla de san Juan de Mata cuando nos habla de la Casa de la Santa Trinidad y de los cautivos. La repite  18 veces en la Regla.  Es  una muestra de la importancia que quería dar al ambiente da familia y de hogar  a sus comunidades

 

No funda monasterios sino casas de la Trinidad.  En ellas Dios Trinidad es el propietario. Habita como en su propia  casa.

 

Además, Dios Trinidad se nos ha revelado como FAMILIA. Máxima unión entre las tres divinas personas  y  máxima distinción entre las personas. Así la Trinidad se constituye en misterio de comunión y liberación. De esta manera la Familia de la Trinidad se nos ofrece  como fuente, modelo y fin de nuestras  comunidades. Las comunidades trinitarias han de tratar de ser fiel reflejo de la  Familia Trinitaria original. las relaciones entre los miembros de la familia trinitaria han de inspirarse e las relaciones existentes entre las tres divinas personas. Por eso decimos que nuestra familia nace en la Trinidad y se encamina hacia la Trinidad.

 

Ya en nuestras Constituciones se ve reflejada esta doctrina trinitaria. En ellas leemos estas palabras: “ya desde el principio de nuestra Orden, los fieles, reunidos también en el decurso de los siglos en Institutos y Asociaciones, participan del espíritu de la Orden en comunión de amor y de misión” Distinguidos con el mismo título de la santísima Trinidad, e inspirados de diversa manera por el mismo espíritu peculiar, promueven la gloria de la Trinidad y la redención de los hombres y forman con nosotros la familia Trinitaria.

 

            Así pues, el espíritu de Familia se ha vivido en la Orden desde los orígenes. La  frase “Familia domus” (familia de la casa)  era  la expresión con la que se quería  significar al conjunto de personas, religioso, religiosas y laicos,  que habitaban en la Casa de la Trinidad. Todos participaban de un mismo carisma de glorificación a la Trinidad y de dedicación a la obra de la redención y a la atención de los pobres, enfermos y transeúntes.

 

            El carisma trinitario ha sido muy fecundo durante los ocho siglos de existencia. Varias congregaciones de religiosas de vida contemplativa y de vida activa han  ido naciendo. Algunas han desaparecido. Actualmente  perduran  ocho institutos femeninos, un instituto secular y  una gran diversidad de grupos de laicado trinitario.

 

En la domus trinitaria encontramos muchos elementos que nos  recuerdan  el ambiente de familia:

 

            El  primer responsable de la casa se llamará ministro, esto es, servidor. Con su solicitud y espíritu de servicio nos hace pensar en la figura del Padre que ama, sirve y provee a las necesidades familiares. En dicha casa conviven los religiosos y los laicos con igualdad de derechos y deberes. Las asociaciones o cofradías de la redención participan de la espiritualidad redentora y contribuyen con medios económicos a  llevar a cabo la misión de caridad y redención de toda la familia.

 

Es precisamente esta imagen de la Casa de la santa Trinidad y de los cautivos que quisiéramos recuperar con toda su riqueza en estos tiempos que vivimos. Pensamos que conserva toda su actualidad. La imagen de la Familia la solemos representar con un árbol en el cual encontramos a nuestros Fundadores en la raíces. Después, a medida que va creciendo, van brotando nuevas ramas. Todas son alimentadas con la misma sabia. La sabia es el espíritu da caridad y redención característico de nuestra  familia. Es un proyecto que tiene ya más de ocho siglos de existencia pero todavía conserva su vitalidad y su fuerza.

 

El año 1974, con ocasión de la conmemoración de los 775 años de la aprobación de la regla, nos decía Pablo VI: “Vuestro proyecto familiar, no es solo algo que ha  sobrevivido a todas las mareas y borrascas de la historia pasada, sino que se afirma y se presenta  con un sentido  de modernidad y actualidad que es  en verdad digno de todo encomio y que no eja de maravillar por lo que vosotros representáis de presente y de futuro”.

 

            En este sentido  se expresaba también Juan Pablo II  al dirigirnos una carta con motivo  de la conmemoración del octavo centenario de la Regla. Estas eran sus palabras: “La historia plurisecular de la  Familia Trinitaria y de su misión dan testimonio de la actualidad de vuestra misión. Los ejemplos de santidad y de martirio que enriquecen vuestro patrimonio son prueba de la validez de vuestro carisma. Compete a los actuales hijos e hijas de san Juan de Mata hacerse anunciadores en el mundo del misterio trinitario,  socorriendo, como  modernos apóstoles de liberación al hombre contemporáneo, el cual corre el riesgo de quedar atrapado por quizás unas menos visibles pero no menos trágicas y opresivas formas de esclavitud”(Carta, 1998).

 

            En los últimos cuarenta años posconciliares la Orden y los demás miembros de la familia han hecho un camino en comunión.  Cada seis años se han venido celebrando las llamadas Asambleas intertrinitarias. En el mes de agosto pasado celebramos la cuarta en México. Además en las diversas naciones se han venido creando las comisiones nacionales de la Familia y se han promovido  las jornadas anuales de la familia. En todos estos encuentros se tratado de animar de un modo especial al Laicado trinitario.

 

El Laicado trinitario se rige por un Proyecto común que fue aprobado por la santa Sede el 15 de noviembre del año 2.000. Es como la Regla del laicado trinitario. Punto de referencia para cualquier asociación de Laicado trinitario. Expresa la dimensión secular del carisma trinitario que puede  revestir formas diversas. En efecto, a través de los tiempos han ido surgiendo distintas asociaciones de Laicado Trinitario. Pensemos  por ejemplo en la Orden secular, en las hermandades trinitarias, en los antiguos alumnos trinitarios etc… Todos intentan vivir esta dimensión secular con un estilo propio, pero unidos en lo esencial.

           

            El siglo del Laicado

 

La Orden  está haciendo esfuerzos por promover el laicado.  Vivimos en el siglo del Laicado. Esta creación de nuevos grupos y asociaciones del laicado no ha de entenderse  en clave de suplencia por la escasez de vocaciones a la vida religiosa. Hemos de entenderla más bien por la exigencia de compartir el carisma, el cual no  desarrollará todas sus potencialidades sin el desarrollo de la dimensión secular  del mismo.

 

            El intercambio y mutua relación entre loas religiosos y los laicos es beneficioso para todos. Los religiosos son estimulados  por el empuje de los laicos y por su interés en participar  en la espiritualidad y la misión. Los laicos se sienten animados  a participar de la riqueza espiritual de la Orden y de su misión de caridad y redención. El  clima de fraternidad  es también un aliciente para  vivir el carisma en comunión.

 

            En esta espiritualidad de comunión vivida en familia, lo más importante no son las leyes o normas sino la adhesión al proyecto evangélico de lardenO Orden, el entusiasmo por llevar adelante la misión liberadora. Considerar a los miembros de la familia  como personas que en cierto modo nos pertenecen. Vernos unos a otros como regalos de Dios.

 

Examinando el grado de unión entre religiosos y laicos podemos distinguir como tres círculos concéntricos:

 

Un primer círculo cercano al centro que sería la forma de Laicado que  suele ser definido como Laicado asociado. Lo constituirían los grupos de la Fraternidades, la Orden secular, las Cofradías  de la Santísima Trinidad etc… Un segundo círculo estaría formado por una  forma de  participación del carisma  en sus elementos fundamentales (espiritualidad y misión) pero gozando de una gran autonomía de gestión y de formación. Laicos y religiosos se encontrarían  en planes de formación conjunta y de programación, compartiendo  responsabilidades. En este segundo círculo se pueden colocar los Institutos seculares (Oblatas). La tercera forma sería la  de una relación más elástica como la que se da en los casos en los que los religiosos  tienen a su cargo obras para las cuales necesitan la colaboración de los laicos. Un clima de amistad y familia puede  impregnar estas relaciones.

 

Mirando hacia el futuro con esperanza

           En esta  diversidad de formas de vivir la dimensión secular del carisma trinitario podemos  aplicar la frase de la escritura: “Hay diversidad de  dones pero un solo espíritu”. Lo importante es el espíritu que nos une. No basta con sentirnos miembros de la Familia; es preciso contribuir a crecer en comunión. La comunión de nuestra familia se nutre de la “fuente de la caridad” que es Dios Trinidad Este espíritu de comunión  dentro de la familia nos hace experimentar lo más característico del misterio trinitario, esto es, la máxima unidad en la diversidad. Esta unidad en torno al carisma es ya una misión, pues estamos dando testimonio de lo más característico del misterio trinitario.

 

            Esto es válido de un modo especial para los tiempos que vivimos en los cuales la espiritualidad de comunión ha sido definida “como un camino maestro de un futuro de vida y de testimonio”.  Es como el clima espiritual dentro del cual nos hemos de mover.

 

La “casa de la Trinidad y de los cautivos” ha de ser como un signo luminoso de espiritualidad y de compromiso que nos lleve hasta la donación total a favor de los cautivos, enfermos y pobres de nuestro tiempo. No se puede afrontar el futuro en la dispersión. Es preciso hacer lo posible por reforzar la comunión, unir fuerzas: Por eso es preciso estar siempre convirtiéndose a la familia.

 

Religiosos y laicos hemos de unirnos en un proyecto único. Una familia sin proyecto no tiene sentido. Un proyecto inspirado en la experiencia  fundacional de san  Juan de Mata que se define como un proyecto evangélico inspirado en la espiritualidad de la  Trinidad redentora, vivido en fraternidad y en función de la misión caritativo redentora. Esta es nuestra razón de ser en la Iglesia.

 

La misión de Juan de Mata se concretizó  en la liberación de los cautivos y en su acción misericordiosa  a favor de los excluidos, de las víctimas de la sociedad de su tiempo. A nosotros nos toca individuar las nuevas  cautividades, las situaciones de exclusión y marginación que padecen  muchos hermanos nuestros. Estas nuevas esclavitudes que todos conocemos  son desafíos que la sociedad nos lanza a la Familia Trinitaria. No quiere decir que tengamos que resolverlas. No somos tan fuertes; mas sí podemos ser signos y agentes de liberación, individual y comunitariamente. Es quizás este interés, esta pasión  por las víctimas, lo que nos falta hoy a los Trinitarios.

 

            No partimos de cero. Gracias a Dios se están llevando acabo proyectos muy significativos en la línea de nuestra misión propia y específica: cárceles, minusválidos, drogadictos, atención a transeúntes, misiones en el Tercer mundo, refugiados y otras.

 

             “Amigos trinitarios del Santuario”

 

            Hemos oído entre vosotros voces distintas que dicen “hemos venido aquí en busca de algo y por algo”. “No nos gustaría marcharnos con las manos vacías”. Hay dentro de todos nosotros algo de aquel “fuego sagrado” que con el tiempo se ha cubierto del polvo del camino. Deseamos que este encuentro de antiguos alumnos del Seminario de la Virgen de la Cabeza, por el que pasaron 656 chicos, signifique avivar y reencender el fuego trinitario que nos une a todos, incluidas vuestras familias, para limpiar ese polvo de los años pasados. Entre todos podemos reemprender de nuevo el camino.

 

            Os proponemos, como idea, dar los pasos para fundar la asociación “Amigos trinitarios del Santuario”. Fuimos un tiempo compañeros, desde hoy queremos ser “siempre amigos”. Amigos trinitarios, hijos de la Madre Morenita que nos congrega bajo su manto.

 

Nuestro deseo  es que la Familia Trinitaria aumente y que la unión entre los religioso y los laicos se vaya  fortaleciendo cada vez más a fin de hacer más eficaz y  fuerte la misión trinitaria de la gloria a la Trinidad y a los cautivos la libertad.

 

¡Muchas gracias por responder a nuestra llamada, y que la Virgen de la Cabeza os bendiga a vosotros y a todas vuestras familias!

 

José Hernández Sánchez

Superior General de la Orden Trinitaria