En el Santuario de la Virgen de la Cabeza celebró una eucaristía de acción de gracias

El padre José Hernández se despide de España para incardinarse en la misión trinitaria de Madagascar

 

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El padre José Hernández, Ministro General, ha regresado a Roma en la mañana de hoy, tras pasar unos días en España por asuntos personales. En los próximos días parte definitivamente para Madagascar con el fin de preparar el Capitulo General de la Orden en el que, al parecer, concluirá su ciclo de doce años de servicio a la Orden, como ministro general. Una vez finalizado el capítulo se incardinará como misionero en la provincia malgache y, de momento, no volverá por España hasta el verano 2008.

 

El pasado 1 de mayo, a los pies de la Virgen de la Cabeza, con la participación de un grupo de religiosos, representantes de las comunidades de la provincia de España-Sur, bajo la presencia del ministro provincial, Antonio Jiménez, el padre José celebró una eucaristía de gracias en la que reconoció y agradeció todas las ayudas y apoyos recibidos por la provincia. Como gesto fraterno y solidario, el padre José recibió de manos del ministro provincial un donativo en metálico, aportado por las comunidades de la provincia, para apoyar algunos de los proyectos que llevará a cabo en Madagascar.

 

“He de confesar que este acto ha sido para mi una sorpresa que no tenía en mi programa y lo veo como una señal de comunión y agradecimiento de la provincia”, fueron las primeras palabras del padre José al comenzar la celebración, rodeado de veintiséis religiosos, entre los que se encontraba el religioso mayor de la Orden, padre Arturo Curiel y su paisano, amigo, y compañero, padre José Andrés Alejo.

 

En su intervención el padre José glosó tres pensamientos. Primero una acción de gracias a la Virgen de la Cabeza y gracias a la provincia de España-Sur: “Gracias a la Virgen de la Cabeza que durante estos años ha estado a nuestro lado en muchos acontecimientos. Gracias a vosotros por haber venido de las distintas comunidades, me he sentido muy acogido por todos vosotros”.  Mi segundo pensamiento es “una palabra de comunión en el mismo proyecto, signo de fraternidad”. Y mi tercer pensamiento, ahora que comienzo una segunda etapa de misionero en Madagascar,  es “mi deseo de que el espíritu misionero no se pierda en la provincia, pues es importante”.  “La misión siempre da vida y sino falta el espíritu misionero habrá vida nueva”. “Yo deseo mirar hacia delante y afrontar nuevos proyectos;  para poderlos llevar a cabo, y según la costumbre malgache, os pido a todos vosotros vuestra bendición”.

 

 

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