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Originaria del siglo XV, está afiliada a la Orden Trinitaria desde 2002 La Hermandad Trinitaria del Santísimo Cristo de la Humildad y Paciencia, Nuestra Señora de la Presentación y San Antonio Abad, de Jerez de la Frontera Julián Calvo (Hermano Mayor)
Llegada de los Trinitarios a Jerez y extinción de la Hermandad En 1567, llegaron a la ciudad los religiosos Trinitarios, quienes firmaron un acuerdo el 28 de noviembre de 1568 con la Hermandad de la Vera-Cruz para establecerse en su convento, dejado por los religiosos terciarios franciscanos, que habían sido reducidos a la observancia por orden superior. Pero el 12 de agosto de 1569, tuvieron que marcharse de él, porque los terciarios franciscanos fueron de nuevo autorizados a existir como comunidad independiente de los franciscanos observantes. Ante esta desafortunada controversia, los religiosos trinitarios obtuvieron licencia de esta ciudad para construir su propio monasterio el 24 de septiembre de 1569. El lugar es el mismo donde se encuentra la Iglesia de la Santísima Trinidad, regentada actualmente por las religiosas Esclavas del Sagrado Corazón de Jesús. Cerca del Convento de San Cristóbal, donde estaba la Hermandad de San Antón, había un colegio, en el que los religiosos trinitarios impartían clases. De ahí puede que naciera cierta amistad entre ambas corporaciones, por lo que entre los años 1580 y 1600, la Hermandad de San Antón se traslada definitivamente al Convento de la Santísima Trinidad. Allí permanecieron la hermandad y los religiosos hasta 1835, cuando fueron suprimidos por la desamortización de Mendizábal. El título completo era, Hermandad de San Antón y Cofradía del Santísimo Cristo de la Humildad y Paciencia, Nuestra Señora de Amargura y San Juan, según inventario fechado en 1814. Desde la desaparición de los Trinitarios, esta hermandad vino a menos y se extinguió en la segunda mitad del siglo XIX, sin poder señalar la fecha exacta. Refundación de la Hermandad Sobre el año 1970, un grupo de devotos del Santísimo Cristo de la Humildad y Paciencia, que nunca perdió sus devociones, tuvieron la feliz idea de intentar recuperar para mayor gloria de la Semana Santa Jerezana, a la extinguida hermandad. Tras varios años de trabajo, Monseñor Rafael Bellido, primer Obispo de Jerez, aprobó el 2 de febrero del año 2000, a la Hermandad del Santísimo Cristo de la Humildad y Paciencia, Nuestra Señora de la Presentación y San Antonio Abad. En todo momento, a la hora de ir perfilando nuestros fines, teníamos claro que no queríamos ser una hermandad mas, sino que tuviésemos nuestra propia personalidad. Pusimos en nuestro escudo, la cruz trinitaria que tenían en el pecho dos imágenes de frailes trinitarios que hay en la iglesia, rodeamos al escudo con unas cadenas, y articulamos en nuestros Estatutos el dedicarnos a los transeúntes, como uno de nuestros fines principales, y tratar de dar a la hermandad una impronta trinitaria. Todo ello sin saber si existía la Orden, si quedaban frailes en España, y ni sin tan siquiera saber quienes eran los dos que teníamos en el altar. Ya sabemos que son San Juan de Mata y San Simón de Rojas. Pudimos saber que en Sevilla había una comunidad de Trinitarios y allá nos presentamos con nuestras ganas de querer pertenecer a esa Orden, sin conocerla. Nos entrevistamos con el padre Pedro Aliaga, quien nos asesoró brillantemente, y quiso venir a predicar nuestro primer Triduo. Fue tal la emoción de ver en nuestra iglesia consagrada a la Santísima Trinidad a un hermano de los frailes que construyeron y existieron tanto tiempo en ese lugar, que a algunos se les saltaron las lágrimas. Incorporados a la gran Familia Trinitaria En junio del año 2002, el Ministro General de los Trinitarios nos acogía en la Familia Trinitaria como Laicos Trinitarios. Desde entonces llevamos con orgullo el título de Hermandad Trinitaria, rezamos el Santo Trisagio, celebramos la solemnidad de San Juan de Mata, de la Santísima Trinidad, estudiamos y damos cursos a los hermanos sobre el Proyecto de Vida del Laicado Trinitario, sobre la historia de la Orden, de sus Santos y de sus obras, etc. Estábamos predestinados y el Espíritu Santo nos guió.
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