La Misa del Domingo

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VOZ TRINITARIA

6 de abril de 2008

TERCER DOMINGO DE PASCUA

 

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P. Manuel Sendín García

En exclusividad para Trinitarios.net

       

    COMENTARIO A LA PALABRA DE DIOS

 

 

EXÉGESIS: Lucas 24,13 – 35.

 

Camino de Emaús. Descubrimos en el relato un esquema de protoliturgia compuesta de Palabra y Banquete. La primera parte, en cambio, es una lección de exégesis pascual, explicación del Antiguo Testamento a la luz de la resurrección, hecha por Jesús en persona. La segunda, llegada, es el descubrimiento y comprensión del misterio al compartir de parte de Jesús su pan de vida. La liturgia, los convierte en mensajeros.

 

Nos sugiere lo que podían ser las reuniones litúrgicas de las primeras comunidades cristianas. Jesús explica las Escrituras y parte el pan. Palabra y Eucaristía por tanto en la celebración de la Eucaristía es donde el cristiano puede tener la experiencia y la certeza de que Jesús ha resucitado y se nos sigue apareciendo. Es un relato espléndido, propio de Lucas. Se advierte el matiz político de la esperanza de los discípulos: ¡Nosotros esperábamos que iba a ser el liberador de Israel.

 

Iban andando para olvidar. Herido el Pastor, dos ovejas se dispersaran. Aunque conversaban no podían olvidar. No esperaban, pero añoraban; estaban desesperanzados, no desesperados. Hizo ademán de seguir adelante: La duda en el seguir caminando se ve reflejada en el claustro de Silos. Pero Él había venido para quedarse. El que ama siempre viene para quedarse, aunque haga ademán de seguir adelante.

 

Se marchan de Jerusalén: Jerusalén era el camino, la meta y el final el fracaso. Pero vuelven. Caminan comentando, buscando sentido a los acontecimientos

 

 

 

    HOMILÍA

 

El viaje de ida es triste, en silencio con los ojos cerrados, con sentimiento de desilusión (“nosotros esperábamos”). No creen a los que afirman que han visto el sepulcro vacío, ni reconocen  al caminante que se les junta. El viaje de vuelta es lo contrario: corren presurosos, llenos de alegría, los ojos abiertos y la inteligencia de las escrituras, impacientes por anunciar su experiencia a la comunidad. En medio ha sucedido algo decisivo: El Señor Jesús les ha salido al encuentro, les ha explicado las Escrituras y lo han reconocido en la fracción del pan. Cleofás y su compañero de camino son unos pazguatos: Todo les sale mal. No lo reconocen cuando está con ellos y cuando llevan su primicia a los otros discípulos, éstos ya lo saben.

 

En nuestras vidas hay días que no reconocemos al Señor, ni aunque se nos presente como compañero de camino. Lucas nos dice, a los que no hemos tenido la suerte de ver, oír y tocar al Maestro que también lo podemos reconocer en la fracción del pan. Lo podemos reconocer en la Eucaristía. Lo podemos reconocer en la Comunidad: Era verdad... lo podemos reconocer en la caridad fraterna. Aunque desanimados, lo invitaron a cenar con ellos. Es la mejor  clave y el mejor ambiente para reconocer la presencia del Señor.

 

Lo ven y no lo reconocen; cuando lo reconocen ya no lo ven. Las dificultades se diluyen cuando son interpretada por Jesús. Su corazón arde al caminar y lo reconocen al tomar el pan.

 

A partir de esta escena entendemos qué es la Biblia: Es la Palabra de Dios viva porque nos la dice el Resucitado. Como los discípulos de Emaús necesitamos que Jesús nos la diga. No se trata de que yo actualice la Biblia, sino de que Jesús me la explique. El hombre moderno también está de vuelta, frustrado: “Yo pensaba que esto iba a ser otra cosa; el mundo la Iglesia. Después del encuentro con Jesús recobran la ilusión y vuelven a la Comunidad. Aplicar la Biblia no es leerla, es escucharla.

 

 

 

SUCEDIÓ AL ALBA

 

Sucedió al alba. Pero  casi nadie lo creía, casi ninguno lo esperaba. Y andaban cabizbajos, llorosos, fugitivos para volver cada uno a sus andadas.

 

¿Será posible - se preguntaban destrozados - que aquellos labios hayan enmudecido para siempre sus palabras? ¿Será posible que aquellas manos hayan dejado ya de bendecirnos desde que las vimos a la muerte clavadas?.

 

Y así estaban unos y otros de aquí para allá, mientras lloraban sus recuerdos haciendo sus cábalas. Pero alguien dio la alarma: No está ya entre los muertos, su muerte ha sido despertada, la tumba está vacía y sólo hospeda su nada.

 

No sabían cómo, pero allí en el sepulcro ya no estaban. Y se pusieron nerviosos, y corría como un reguerillo el comentario de la noticia más increíble, la más inmerecida, la más inesperada.

 

Fue al alba. Sucedió al alba. La noche había pasado con sus sombras, se había encendido la luz amanecida.

 

Hoy encendemos los cristianos ese cirio cuya luz nos  acompaña en nuestros vericuetos y nos perdona nuestras cuitas. Entonamos el canto de los vencedores, el canto de la verdadera alegría.

 

Fue al alba, sí, sucedió al alba. Desde entonces sabemos que Dios nos ha abierto su casa, nos acoge, nos redime y nos regala la vida. Por eso cantamos un aleluya mañanero, por eso cantamos al alba nuestro mejor ALBRICIAS.

 

 

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