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VOZ TRINITARIA 20 y 23 de marzo de 2008 JUEVES SANTO Y DOMINGO DE RESURRECCIÓN
P. Manuel Sendín García En exclusividad para Trinitarios.net
JUEVES SANTO DE LA CENA DEL SEÑOR (20 marzo 2008)
EXÉGESIS: ÉXODO 12,1 - 8. 11 – 14.
El día 14 del primer mes al atardecer es la pascua del Señor (Lev 23, 5). Esta prescripción que la han guardado los judíos de todas las épocas, comenzó a celebrarse en Egipto. Es una comida rápida de gente nómada al final de la jornada pastoril. Israel asoció esta fiesta a su liberación histórica. Si para los pastores era el transito de la muerte o la vida en la naturaleza, para Israel es el paso de la esclavitud (muerte) a la libertad (vida). Juan evangelista se sirve de este trasfondo para interpretar la muerte de Jesús a la luz de la Pascua. No sólo su muerte, también a presentado a Jesús como cordero de Dios. Aplica detalles del día, de la hora y la comida del Cordero Pascual a la muerte de Jesús en la Cruz (Era el día de la Preparación de la Pascua, alrededor del mediodía). La marca de la sangre nos libera de la muerte, el agua del costado nos lava para entrar en el Reino de Dios. La muerte (el ángel exterminador) pasó de largo; quedaron liberados para emprender la marcha.
HOMILÍA
► La noche en que iba a ser entregado.
Este texto de San Pablo es como el agua que nace en la misma fuente. Se escribe en la década de los cincuenta y recuerda tradiciones más antiguas. Es el testimonio más antiguo sobre la Cena del Señor.
Muchas veces había cenado Jesús con los excluidos de la Sociedad. Su presencia entre los comensales era sacramental: Significa el amor del Padre a todos los hombres, comenzando por los más alejados. Al acercarse su muerte quiso despedirse de sus discípulos con una cena, gesto profundamente humano. Necesitaba compañía y apoyo en su soledad y confirmarle su testamento espiritual. Sabia que su causa era irreversible. Confiaba y esperaba. El Reino era un principio de unión entre El y sus discípulos más allá de la muerte. “Ya no beberé el jugo de la vid hasta aquel día en que lo beba en el Reino”. Presidió la mesa y al romper el pan le vino a la mente el destrozo de su propio cuerpo por los verdugos. Poco entendieron los discípulos, pero quedo puesto el fundamento sacramental. Para celebrarlo, los testigos del Resucitado se reúnen también en una cena. Ahora preside Pedro, dice la acción de gracias y también parte el pan.
► Se puso a lavarles los pies.
Con este Relato el Evangelista nos dice que el servicio es la esencia de la fracción del Pan (Toalla). Éste es el camino. Jesús prefiere al más excluido: Judas. Quiere integrarlo. Todos los demás ya están limpios y no lo necesitan. No quiere avergonzarlo en público: Le lavará los pies y distraerá la atención de los comensales con su discusión con Pedro. Pero sigue fijándose en Judas.
Es un amor creativo: Lava los pies a la mitad de la cena. Se pone a sus pies, no tanto rebajándose, como igualándose, porque el servicio no se hace desde arriba (limosna), sino desde abajo. Levantando al propio nivel.
En esta noche, Jesús se da a Judas. Su intento fracasó, pero en el huerto lo podrá llamar “Amigo”. Así es el amor.
DOMINGO DE PASCUA DE LA RESURRECCIÓN DEL SEÑOR (23 marzo 2008)
EXÉGESIS: Juan 20, 1-9
El hilo narrativo lo conforma el sepulcro: Se menciona siete veces. A él se dirigían María Magdalena Pedro y el discípulo a quién quería Jesús. Son testigos presenciales. Cuatro veces se repite el verbo ver. Constatan que en el sepulcro no se encuentra el cuerpo de Jesús. Cada uno adopta una postura ante el hecho: Se han llevado el cadáver (María Magdalena); se suspende el juicio (Pedro); ha resucitado (el discípulo a quien Jesús quería). La tercera es la postura creyente y representa la culminación de todo el texto: ”Hasta entonces no habían entendido que Jesús tenía que resucitar”.
HOMILÍA
► El sepulcro sin cadáver es un primer nivel de la realidad que hay que completar con un segundo nivel: La resurrección de Jesús. Los primeros creyentes no fueron proclives a creer la resurrección; si la aceptaron fue porque se les impuso con toda su realidad.
► Cuando decimos que no es un Hecho histórico queremos decir que son experiencias de creyentes que lo “sienten vivo” después de su muerte. No es una vuelta a nuestra vida (como Lázaro), sino un paso a la vida de Dios.
►¿Por qué la noticia de la resurrección de Jesús provocó ira entre los judíos?. Noticias parecidas no eran infrecuentes. Pero se decía, la resurrección “de ese Jesús a quien vosotros crucificasteis".
El crucificado es el resucitado.
► Nosotros, atónitos como las mujeres, vamos camino del sepulcro preguntándonos por el sin sentido de lo que hemos visto: Sus palabras, sus milagros, su perdón; y había muerto entre dos malhechores oficiales. Vamos con preocupaciones inútiles. ¿Quién nos quitará la piedra?. Y cuando un joven nos dice que ha resucitado, que vayamos a Galilea salimos huyendo.
No hemos comprendido que Dios no está en el sepulcro; que pasó por la vida y la muerte para lanzarnos un mensaje de vida y de resurrección.
► Cuando el Hombre se entrega a los más pobres; cuando alguien se juega su vida para que otro pueda comer; cuando alguien lleva la idea de que Dios es perdón, misericordia... es que Cristo ha resucitado.
LOS SIGNOS Y SÍMBOLOS DE LA SEMANA SANTA
En la Semana Santa celebramos los acontecimientos más profundos de la vida de Cristo: Su cena de despedida, la agonía del huerto, su marcha a la cruz, su muerte salvadora, su resurrección.
La gracia de la Pascua la expresamos con las lecturas, las oraciones, los cantos... Y también con signos y símbolos. Desde las palmas del Do mingo de Ramos hasta el cirio o el agua bautismal de la noche pascual, la comunidad cristiana expresa su fe y su vivencia del misterio pascual a través de unos gestos simbólicos muy expresivos.
ÓLEOS, CRISMAS: El Jueves Santo (u otro día cercano antes de la Pascua), en la catedral el obispo, acompañado por los sacerdotes y fieles de la diócesis bendicen o consagran los óleos y el crisma que va a ser la materia de varios sacramentos.
Los óleos son de aceite, y el crisma, mezcla de aceite y bálsamo perfumados. Estos derivados de aceite realizan en nuestra piel una serie de beneficios: suavizan, curan, mantienen en forma, embellecen, dan frescor, según las distintas clases de “masajes” que nos damos. Pues bien: eso mismo es lo que el Espíritu de Dios quiere obrar en nosotros espiritualmente en esos cuatro sacramentos.
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