La Misa del Domingo

VOZ TRINITARIA

15 de Abril de 2007

SEGUNDO DOMINGO DE PASCUA

 

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P. Manuel Sendín García

En exclusividad para Trinitarios.net

       

PRESENTACIÓN

        

ROMÁNICO - RESURRECCIÓN - APARICIÓN

        El románico repite con frecuencia los símbolos de muerte y resurrección sobre todo en los capiteles. Hoy nos fijamos en el Claustro del Monasterio de Santo Domingo de Silos.

        La originalidad mayor de este claustro Silense estriba en lo que se han llamado estaciones o grandes superficies internas talladas en los machones angulares, en los que se representan ocho temas fundamentales del cristianismo.

        En estos relieves muestra el sentido monumental. Son tallas en relieve no muy pronunciado, composiciones despejadas, sin atosigamiento en las que el ritmo juega un papel fundamental (Apóstoles en la Ascensión y Pentecostés, fíjate en los pies en Emaús,   guardianes en el Sepulcro). Lo mismo puedes observar en la estación que narra la duda de Tomás de este domingo que ha de meter su dedo en el costado de Cristo, disponiéndose los demás apóstoles en suave curva.

        Domina a la perfección la elipsis y la síntesis narrativa. En una misma escena se resuelve el entierro de Jesús, el sepulcro vacío con las santas mujeres y el apercibimiento a los guardianes. Pero no son tallas puramente narrativas, sino que contienen una  profunda reflexión humana (María acaricia con su cara el brazo de su Hijo muerto) y teológica (María entre el Padre y los Apóstoles),  Pablo se incluye entre éstos, arrastrando con él a todos los cristianos que no vieron, pero creyeron.

 

      COMENTARIOS A LA PALABRA DE DIOS

EXÉGESIS: JUAN 20, 19 - 31.

 

        El texto se organiza en torno a dos temas: Discípulos y creer.

a)Los discípulos toman el relevo de Jesús: enviados por el Padre los alienta el mismo espíritu que alentó a Jesús que los capacita para perdonar el pecado. Dos rasgos de la nueva situación: Paz (ya no hay miedo) y alegría (Jesús está con el Padre ).

b)El creer: “¡Hemos visto al Señor!”. Anuncio gozoso. El ver desemboca en el creer. Es más, Tomás condiciona el ver al creer “si no veo, no creo”. Tomás ve y cree.

       Pero esta segunda parte no termina aquí: Jesús y el narrador formulan otra forma de creer: creer sin haber visto. A esta forma de creer el autor del cuarto evangelio ha dedicado todo el texto: para ti y para mí  entre otros. Ni tú, ni yo hemos visto a Jesús, pero creemos en él.

                

HOMILÍA

La experiencia del resucitado es un acontecimiento sólo percibido por la fe. es una vivencia real, pero interior. Es él quien se hace ver... y no ve cualquiera. Estos relatos de las apariciones siempre nos han fascinado.

 

        Estamos ciegos porque nos preocupa más el cómo que el qué (qué sucedió), cómo resucitó, alguien estuvo presente, hubo luces extraordinarias. Si seguimos buscando un vivo entre los muertos, no lo encontraremos jamás.

 

Cada uno tiene una experiencia distinta de Jesús en su vida. Si la tiene es porque Jesús está vivo, es el viviente. Pero tiene que contrastarla con las de los apóstoles y apóstolas... (las que madrugaron para amar). Redescubrirá que el viviente nos ama sin límite, nos reengendra al amor: nos ama sin límites, nos espera sin límites, nos perdona sin límites.

 

Tomás nos muestra que los que conocieron y convivieron con Jesús fueron creyentes, Pero no crédulos. También ellos llegaron desde experiencias distintas a la fe de la resurrección: Pedro, pensativo; la Magdalena, mensajera; Juan creyó... ¡y los demás!. Dispersos y miedosos, cada uno tiene una experiencia distinta. Pero se van reuniendo en el cenáculo y van viniendo otros (Emaús), Jesús tiene interés en que vean y toquen. Nada de encerrarse por el miedo.

 

Faltaba uno:  a Tomás no le faltaba amor al maestro, pero el desenlace final lo superaba. Se opone tercamente a sus compañeros, por eso Jesús le  echa un capote: trae el dedo... trae tu mano. Y tocó la fuente del espíritu: el costado de Cristo. El texto concluye: “dichosos los que creen sin haber visto” y esto después del interés de que lo palpen, toquen, y de comer con ellos.

 

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