La Misa del Domingo

VOZ TRINITARIA

8 de Abril de 2007

DOMINGO DE PASCUA DE LA RESURRECCIÓN DEL SEÑOR

 

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P. Manuel Sendín García

En exclusividad para Trinitarios.net

       

PRESENTACIÓN

 

        

PERSONAJES  SINGULARES  DE  LA  PASIÓN

LAS MUJERES QUE MIRAN LA CRUZ DESDE LEJOS

     Los tres evangelistas sinópticos nos hablan de ello. El relato de la crucifixión ha quedado ligado a sus historias como testigos y mediadores. ¿Quiénes son?. ¿De dónde han sacado la fuerza para permanecer allí cuando otros se han alejado?. Están juntos. Expuestos a otras miradas. Algunas son llamadas con su nombre propio. Son sujetos de cuatro verbos que expresan el camino de Jesús: Seguir y servir; subir a Jerusalén y contemplar la Cruz.

 

- Un modo expuesto de caminar.

 

        “Habían seguido a Jesús y le habían servido cuando estaba en Galilea” (Mc 15, 40-41). Aunque se nos muestran pocas historias de llamadas de mujeres, sabemos que ellas tuvieron también un antes y un después del encuentro primero con Jesús. Lo han acompañado muy de cerca, a la sombra, y ahora la muerte de Jesús las saca a la luz; las hace visibles para que todos lo sepan.

 

        Algunas de estas mujeres le han confirmado en su capacidad sanadora, se han atrevido a tocarlo más allá de las prohibiciones y han experimentado la potencia de su amor en su propia carne. Se convierte de mujer impura en hija amada; otra hace reconocer a Jesús sus prejuicios como judío y que hay que acoger el odre nuevo que aquella mujer le mostraba. Una mujer le procuró cercanía y consuelo cuando Jesús tenía necesidad de ser comprendido: Sin mediar palabra tocó su corazón y derramó sobre el cuerpo amado de su Señor lo más valioso que tenía. Todas ellas han corrido riesgos. Todas recibieron de Jesús palabras consoladoras: “Hija, tu confianza  te ha salvado, vete en paz y queda curada”, “ El demonio ha salido de la niña”, “Dejadla... ha hecho conmigo una obra buena”.

 

        Estas mujeres tienen nombre:  “Entre ellas estaban María Magdalena María la madre de Santiago el menor y de José, y Salomé” (Mc 15,40) También hoy hay mujeres que permanecen con los ojos fijos en los crucificados, compartiendo el dolor y sin dejarse vencer por el desánimo

 

-Los horizontes del dolor y de  las pérdidas.

 

        “Había además otras muchas  que habían subido con él a Jerusalén” (Mc 15,41).

 

        Cuando Jesús sube a Jerusalén, sus palabras suben de tono. Ya no es sólo comprender el Reino, sino  atrevernos a entrar en él, a recibirlo. Entregar la vida, perderla, cargar con la cruz son palabras fuertes. Ya no se nos habla en parábolas sino del camino que se emprende hacia la cruz. ¿Dónde encontraron estas mujeres la fuerza para seguirle por ese camino?. ¿Por qué no intentaron, como otros, apartarlo de él ?. Se han dejado tocar la vista por el Amigo como Bartimeo y han guardado en su corazón: “Mirad, estamos subiendo a Jerusalén... se burlarán de él, lo escupirán, lo azotarán...” (Mc 10,33). Aprendieron a convivir con la muerte, con la de él, con la suya y con la de otros.

 

-Estaban  ahí.

 

        “Estaban allí presenciando todo esto” (Lc 24,49). ¿Qué hacían aquellas mujeres allí?. ¿ Van a poder impedir el daño de un inocente?. Ellas tienen el coraje de aparecer de dejarse ver. Mientras otros han desistido o se alejan asustados, ellas están de pie. Permaneciendo. Acogiendo el acontecimiento en toda su crudeza y hondura. No dicen. Es su cuerpo, son sus gestos, sus manos, sus ojos, su silencio, lo que habla por ellas. Si pueden permanecer en esas circunstancias, es porque han amado mucho. Están juntas como comunidad de discípulas en torno a su Maestro, que les enseña ahora sin palabras una sabiduría mucho mayor. 

 

        Se tienen unas a otras y permanecen de pie ante el que entregó su vida para levantarnos. Por eso serán enviadas a dar cuenta de la Resurrección. Y allí donde irrumpa el Evangelio serán recordadas.

 

-Miradas que nos curan.

 

        “Contemplaban la escena” (Mc  15, 40).- Dejar que el rostro que miramos se imprima en el nuestro.

 

        No podemos vivir al Resucitado si no nos atrevemos a mirar y a dejarnos mirar por los Crucificados.

 

-Presenciando todo desde lejos”.

 

        (Lc 24,49). Así lo señalan Marcos, Mateo y Lucas. Juan las pone junto a  la cruz. Aunque no pudieran acercarse, “junto a la cruz” es su lugar real. Mirando desde lejos estaban junto a él. Se dejan imantar por Jesús. Permanecen ante el rostro del que aman hasta el final.

 

        Las mujeres fueron las primeras en experimentar la resurrección porque la llevaban impresa en su piel.

 

      COMENTARIOS A LA PALABRA DE DIOS

EXÉGESIS: JUAN 20, 1-9.

 

        A mortajamiento: Vendar el cadáver con lienzos empapados de aromas. Se le tapaba el rostro con un paño llamado sudario.

 

        El hilo narrativo lo conforma el sepulcro: Se menciona siete veces. A él se dirigían María Magdalena, Pedro y el discípulo a quien quería Jesús. Son testigos presénciales. Cuatro veces se repite el verbo ver. Constatan que en el sepulcro no se encuentra el cuerpo de Jesús. Cada uno adopta una postura ante el hecho: Se han llevado el cadáver (María Magdalena); se suspende el juicio (Pedro); ha resucitado (el discípulo a quien Jesús quería). La tercera es la postura creyente y representa la culminación de todo el texto:

 

        “Hasta entonces no habían entendido que Jesús tenía que resucitar”.

 

                

HOMILÍA

El sepulcro sin cadáver es un primer nivel de la realidad que hay que completar con un segundo nivel: La resurrección de Jesús. Los primeros creyentes no fueron proclives a creer la resurrección. Si la aceptaron fue porque se les impuso con toda su realidad.

 

Cuando decimos que no es un Hecho histórico queremos decir que son experiencias de creyentes que lo “sienten vivo” después de su muerte. No es una vuelta a nuestra vida (como Lázaro), sino un paso a la vida de Dios.

 

¿Por qué la noticia de la resurrección de Jesús provocó ira entre los judíos?. Noticias parecidas no eran infrecuentes. Pero se decía, la resurrección “de ese Jesús a quien vosotros crucificasteis”.

 

            El crucificado es el Resucitado.

 

        Resurrección muy concreta. Sintieron que Dios sacó la cara por Jesús y que “ estaba vivo”. Tenía razón y no la tenían los que lo expulsaron de este mundo. Les irritaba el que su causa se volviera a poner en pie. No podían creer que Dios avalara a Jesús.

 

Nosotros, atónitos como las  mujeres, vamos camino del sepulcro preguntándonos por el sin sentido de lo que hemos visto: Sus palabras, sus milagros,  su perdón; y había muerto entre dos malhechores oficiales. Vamos con preocupaciones inútiles, ¿Quién nos quitará la piedra?. Y cuando un joven nos dice que ha resucitado, que vayamos a Galilea, salimos huyendo.

 

        No hemos comprendido que Dios no está en el sepulcro; que pasó por la vida y la muerte para lanzarnos un mensaje de vida y de resurrección.

 

Cuando el Hombre se entrega a los más pobres; cuando alguien se juega su vida para que otro pueda comer; cuando alguien lleva la idea de que Dios es perdón, misericordia... es que Cristo ha resucitado.

 

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