La Misa del Domingo

VOZ TRINITARIA

19 de agosto de 2007

DOMINGO XX

 

 

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P. Manuel Sendín García

En exclusividad para Trinitarios.net

       

PRESENTACIÓN

    

 TESORO Y BARRO

 

        Al principio de Julio te mandé que saludaras en nombre de la Parroquia las comunidades cristianas por las que pasaras durante el verano. Hoy, finales de agosto, te recuerdo lo que para ti me han enseñado.

 

- Me han enseñado a pedir la gracia de acariciar nuestro Tesoro y nuestro Barro a partes iguales. No disfrazar nuestro barro, pero no somos una baratija. Hemos costado caro: La sangre de Cristo. Verme como Dios me ve y como Dios me sueña. Me han enseñado que en mi mochila traigo luces y sombras. Que llego con tres heridas: “La de la vida, la de la muerte y la del Amor”. También he aprendido que un día le di al Señor  el brazo y me cogió el cuerpo entero. Que soy pecado e infidelidad, pero que un día le dí un honesto y honrado. Un sí entrañable. Se trata de volver a ese amor primero, a esa roca en que está cimentada nuestra casa.

- Me han enseñado también cuatro maneras de escuchar la Palabra de Dios.

Escucha blindada. Fundamentalista. Si voy por la vía digo: Que se aparte el tren, yo voy bien.

 

Escucha acrítica. Como el discípulo ante el gurú, se  absorbe todo. Tiene todas las respuestas sabidas.

 

Escucha ideológica. Piensas en lo que vas a decir  cuando termine de hablar.

 

Escucha vulnerable. Dejarse afectar, de corazón a corazón. Al acercarnos a Dios, no estamos delante de algo sino de Alguien. Así tienes que escuchar la Palabra de Dios.

 

    COMENTARIOS A LA PALABRA DE DIOS

 

EXEGÉSIS Lucas 12, 49-53.-

 

        Así termina el capítulo 12 de Lucas: Es una habitación oscura, sin cuadros, ni paisajes. Hemos estado recogidos para escuchar la Palabra de Jesús. Ha pronunciado algunos breves discursos sobre los agobios y preocupaciones de la vida, sobre la vigilancia y hoy sobre las divisiones que Él va a provocar. Ideas conocidas, pero que siempre llaman la atención.

 

        Siguiendo el texto del Domingo pasado, el evangelio de hoy nos guarda del riesgo de creer que vivimos una historia interminable y sin Dios.

 

        Hay tres metáforas: Fuego, agua y enfrentamiento familiar. Por este orden. El agua anula la acción del fuego. Cuando se podía pensar que el agua ha anulado esta acción, la tercera imagen – enfrentamiento familiar – toma la fuerza del fuego, superando los efectos del agua. El fuego que ha venido a prender  Jesús  es  su  Palabra.  Este fuego tiene que pasar por el Bautismo, el agua. El bautismo es la muerte, pero el fuego no acaba con ella. Los efectos son la división en lo más íntimo y abonado para la unión, la familia.

 

                                                             HOMILÍA 

Jeremías: Muera ese hombre, porque está  desmoralizando a los soldados. La verdad nos hace libres. El mensajero divino siempre debe anunciar la verdad sin remilgos, ni componendas, aunque ello le acarree la cárcel y la muerte. Anunciar la verdad es duro: acarrea el odio y el desprecio del mismo pueblo a quien tanto amó  y a quien durante cuarenta años anunció el mismo mensaje sin que le hicieran caso. Siempre hay sedencías que captan la verdad. Pero que tienen miedo. Y siempre hay gentes sin importancia que sabe escuchar y practicar.

 

El objetivo cristiano del Evangelio de hoy se formula de una manera escalofriante, brutal. Es uno de los textos que hieren e intranquilizan, pero que fascinan.

 

        ¡Hay tanto que quemar! Las palabras de Jesús siguen encendiendo la hoguera. Toca a nosotros atizarla. El soldado de Jesús o es incendiario en esta guerra o no es nada. Estas palabras chocan con nuestro Jesús que perdona y es nuestro hermano. Es bueno el no querer huir en nuestro desconcierto. También a Jeremías se le acusa de desmoralizar, es decir, proponer otra moral al pueblo, otros valores, otro talante.

 

Evangelio Incendiario. Imaginativamente dice Jesús que tiene que arder este mundo de valores poco filiales y poco fraterno.

 

        Sabremos qué es el fuego cuando, al apuntarnos a los valores del Reino (filiación, fraternidad) que consumen los antivalores (codicia, egoísmo), nos demos cuenta de que somos nosotros los que tenemos que ser incendiados (morir). No es una cruzada para los otros, sino una entrega para nosotros.  ¿De qué nos quejamos? "Todavía no habéis llagado a la sangre en vuestra pelea con el pecado".

 

Jesús, que ha venido a reunir a los hijos de Dios, dispersos se convierte también en signo de contradicción. Cuando los cristianos somos tentados a dimitir de nuestra misión sentimos en el corazón un fuego ardiente. Es el Espíritu que bajó en forma de fuego sobre la Comunidad el día de Pentecostés.

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