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VOZ
TRINITARIA
15
de julio de 2007
DOMINGO XV
  
P. Manuel Sendín García
En exclusividad para Trinitarios.net
PRESENTACIÓN
EL SAMARITANO EN VACACIONES
Un
escriba se acercó a Jesús y le preguntó: ¿Cuál es el primero – el más grande –
de todos los mandamientos? La respuesta es conocida: “Amar al Señor tu Dios...”
Si el primer mandamiento es amar
a Dios, ése será su principal quehacer con el que se quedará ordenada su vida.
Pero Jesucristo completa la respuesta inesperada:
“El
segundo es semejante al primero” “amarás al prójimo como a ti mismo. Más
tarde dirá Juan: “El que no ama al prójimo a quien ve es un mentiroso”. Luego mi
vida se ordena cuando amo al prójimo a quien veo. En pura lógica
ignaciana esa es la misión del hombre durante su vida. En el Amor al prójimo ha
trasferido Dios la obligación de amarle a Él mismo.
El principio y fundamento de San Ignacio es: “El
hombre es creado para amar a Dios”. Alguien ama a Dios cuando ama al otro
y ama al otro sólo cuando cumple la voluntad del amado, incluso hasta dar
la vida por él. El que ama siempre habla bien del Amado, enaltece sus buenas
cualidades y habla con tristeza de sus defectos, es decir, le alaba. Siempre
está en actitud de servicio al amado, deseando darse, hacerle un favor, espiando
sus deseos para satisfacérselos. Servir equivale a amar.
Fíjate en Jesús:
Su Amor son los pecadores;
a/
Habla bien y se fija en las cualidades ( recuerda con la mujer pecadora
frente al fariseo; en la Cruz “Padre, no saben lo que hacen”.
b/
Busca la oveja perdida, dejando las noventa y nueve.
c/
Tiene actitud de servicio, “ para que
también vosotros obréis como yo he hecho”.
El principio y Fundamento de s. Ignacio
se formularía
así negativamente: “No alaba, ni hace reverencia, ni sirve a Dios a quien no ve,
quien no alaba, ni hace reverencia, ni sirve al prójimo a quien ve”.
Positivamente sería: El quehacer del hombre en este mundo es amar al prójimo.
Pero no se puede identificar amor con sentimiento y menos aún con sentimiento
agradable. A veces hay que amar sin gratificación sensible e incluso con
repugnancia sensible. Las personas que aman desean estar juntas, conversar,
compenetrarse y, si fuera posible, identificarse. Estas actitudes son el test
del amor.
¿Y quién es mi prójimo? Es imposible expresarlo
mejor que con la parábola del Buen Samaritano. Sin acepción de personas,
samaritano o judío, varón o mujer, griego o romano, blanco o negro, señor o
esclavo... ¡amigo o enemigo!. La selección se realizará teniendo en cuenta al
más necesitado.
Reflexión: ¿Cómo hablo del prójimo?
¿Miento? ¿Difamo? Me cuesta hablar de sus buenas cualidades y éxitos y, sin
embargo, me gusta pregonar sus defectos y faltas? ¿Se me pasan los días sin
haber hecho ningún servicio o favor a otro, o pensando en pedir otro igual o
mejor?. Si la prueba de este test resulta negativa, no amo al prójimo y por lo
tanto no amo a Dios.
Pero el amor exigirá a veces el rechazar la
petición del Amado, incluso será preciso corregirlo dolorosamente. Pero entonces
el que corrige debe sentir en sí mismo el dolor de su quehacer más que el propio
corregido. En esa, sin venganza, sin odio, sin humillación. Sólo si reprendes
con dolor sabrás que has corregido con amor. Si el andar se aprende andando y a
nadar, nadando, a amar se aprende amando.

COMENTARIOS
A LA PALABRA DE DIOS
EXÉGESIS:
Lucas 10, 25-37.-
Hace
poco le habían prohibido la entrada a una aldea de Samarítanos. Jesús en lugar
de vengarse de ellos los propone como modelo. Es ese mismo camino de Jesús a
Jerusalén en el que Lucas reelabora hoy una tradición sobre el
principal mandamiento.
El maestro de la ley lo
hace para ponerlo a prueba. Pero al evangelista no le interesa la
intencionalidad.
¿Cuál
es el alcance de la Palabra prójimo? Jesús le cuenta una historia que finaliza
diciendo: ¿Cuál
de los tres te parece que se portó como prójimo? El mensaje es: No
preguntes por el prójimo, sino ¿estás dispuesto a hacerte prójimo? Prójimo soy
yo cuando salgo de mi mismo y me acerco al que está junto a mí. Debe ir
precedido de la palabra “Hacerse”.

HOMILÍA
►¿Quién
es mi prójimo? No es una lista de personas. Tú debes actuar de modo que
todos reconozcan en ti a su prójimo, a su amigo.
Es lo que hizo Dios: Nos recogió estando tirados en el camino. Pararse
ante el necesitado, mirarlo, escucharlo y por último tocarlo. El que da
un rodeo no se para. El que se para da algo, pero no mira a la cara. El que mira
y no deja de hablar, diciendo lo que hay que hacer, no escucha,
no toca. El que se para, mira, y no tiene miedo de escuchar y
tocar al otro... ése es su prójimo. La comunión se realiza al
tocar y la compasión consiste en llevar al otro en sí: En el corazón y en
los brazos.
►El
buen Samaritano pone todo su ser en acción.
El corazón: le dio lástima; las manos: le vendó las
heridas (acción); los pies: lo llevó ala posada. Todos sus órganos se
hicieron prójimo.
El
buen samaritano viaja hoy por el mundo: Es la respuesta del pensamiento
de Dios. Contempla las amarillas hojas de otoño, goza con
los
frutos sazonados y apuntala las ramas desgajadas. En el camino de la vida, la
enfermedad, el dolor le producen impotencia o rabia, continua su viaje, pero
ya con los planes cambiados. Mientras venda las
heridas, se pregunta por las causas. No sólo son delincuentes los drogadictos
pobres, también los son los ricos; y también lo soy yo. Hoy la historia no
termina cuando paga al posadero, sino que busca a los ladrones que lo
apalearon, robaron y huyeron, no para meterlo en la cárcel,
sino porque también ellos necesitan ayuda. ¿Por qué le hirieron? ¿Por qué le
robaron?.
►El
Buen Samaritano a veces se encierra en el laboratorio para
producir vacunas,
para crear empleo. Es médico o enfermero; alumno o investigador; trabajador o
empresario. Todos se unen en pequeños grupos de viajeros que recorren
campos y
ciudades.
Por otra parte, Samaritanos y apaleados del camino se unen en la
Eucaristía para celebrar la curación de tantas heridas por el AMOR.-


  
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