La Misa del Domingo

VOZ TRINITARIA

29 de julio de 2007

DOMINGO XVII

 

 

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P. Manuel Sendín García

En exclusividad para Trinitarios.net

Voz: Francisca Salas Baena

       

PRESENTACIÓN

    

SANTIAGO DE COMPOSTELA

 

Muerte iniciática

 

        Compostela no es una ciudad para ver y marchar, es fundamentalmente una ciudad para estar, pues el ser se potencia en ella extraordinariamente gracias a las circunstancias sagradas que concurren en Santiago. Meta de un Camino material de más de 700 km de longitud desde los Pirineos, es punto de partida tras la muerte iniciática de un camino espiritual que transporta al hombre en su marcha tras el sol más allá del Finisterre de esta tierra, conduciéndolo hasta las esferas celestiales en las que el espíritu puede vagar libremente.

 

        Jamás el románico levantado en España sintonizó de un modo más profundo con el mejor románico internacional. Compostela une a su singularidad específica de ciudad sagrada, el románico de alta época más universal edificado jamás en suelo español.

 

        “Y a continuación Compostela, la excelsa ciudad del Apóstol, repleta de todo tipo de encantos, la ciudad que custodia los restos mortales de Santiago, motivo por el que está considerada la más dichosa y excelsa de las ciudades de España”, nos dice el Código Calixtino (siglo XII). Compostela es uno de los centros del mundo. La tumba del Apóstol fijó el lugar concreto originándose a su alrededor una girola por el que circunvolucionar el centro, una catedral que la contuviera, una ciudad que englobara la catedral y una red de caminos que condujeran  a ella,  siendo el más conocido de entre todos el Camino de Santiago que se refleja cósmicamente en la Vía Láctea.

 

        En  centros  como  Santiago se unen el Cielo y la Tierra, con una intensidad singular. Se propicia la comunicación con lo Alto; el camino es la  progresión espiritual para llegar a la muerte iniciática. Sólo así se puede comprender Compostela. Los hombres románicos así lo constataron delimitando los espacios sagrados. Los años compostelanos son también tiempo sagrado.

 

        En Compostela se puede embeber aún en este ambiente de espiritualidad.

 

        Estas ideas sabidas por los hombres románicos  son la justificación última de todo lo que construyeron. La tumba apostólica, como concreción física de este centro, fue desarrollando a su alrededor todo un sistema de referencias. Es como un juego en que unas referencias se guardan dentro de otras convirtiendo a Santiago  en   un   punto  sustancial en el que un camino se termina y otro nuevo se comienza.  Es un punto de muerte y resurrección. En el románico todo recordó, simbolizó, dispuso y propició esta muerte iniciática. No sólo los símbolos usados habitualmente sino incluso las medidas y proporciones de la propia catedral en las que siempre están presente el número 9 y sus múltiplos. El número 9 simboliza el fin de un ciclo,  de una etapa, de un camino o de un estado. Es el paso previo a la plenitud simbolizada por el número 10. Hasta la periodicidad de los años jubilares nos habla de la forma cíclica de la realidad.

 

        En cuanto el estilo se puede decir, aunque de modo muy general, que Santiago es la primera obra en ver puestos en pie todos los hallazgos y soluciones  del románico. Nos muestra la comunicación entre los Compañeros constructores de este estilo.

 

        Algo parecido sucede con los distintos maestros constructores de la Catedral compostelana. Un  estilo determinado no es un hombre, un Maestro, sino una fraternidad de constructores, toda ella trabajando con unas formas comunes para expresar ideas compartidas. De  esta manera, la acumulación de tallas románicas no es la suma de universos distintos, de unidades diversas, sino la unión de diferentes visiones del mismo universo y de la misma Unidad, no contraponiéndose nunca unas a otras, sino al contrario Simbiotizándose.

 

 

    COMENTARIOS A LA PALABRA DE DIOS

 

Danos hoy el pan de cada día

 

EXÉGESIS: LUCAS 11, 1-13.-

 

        La invocación “Padre” orienta todo el texto – Sustituye a las invocaciones YHWH (Señor y Dios mío) del Antiguo Testamento. Es dudoso el adjetivo que se refiere a pan. Si se refiere al pan de cada día se relaciona con la vida de aquí; si es el pan del mañana su referencia es escatológica, el pan que alimenta la vida eterna en la casa del Padre.

 

        Padre Nuestro crea un sentido de comunidad. Clamar a Dios “Padre Nuestro” supone que el prójimo es hermano. Santificar: dar validez, engrandecer, glorificar, Dios santificará su nombre con nuevos hechos de salvación en Israel dice el profeta Ezequiel.

 

        Venga tu Reino. El Reino es el regalo de Dios que incluye todos los demás.

 

        Nuestro pan necesario danos día a día.- Como los discípulos cargan día a día con su cruz, deberán también pedir diariamente lo necesario para vivir.

 

        Perdónanos nuestros pecados: El orante también  perdona.

 

      No nos dejes sumergir en la prueba. Es decir en el fracaso del seguimiento.

 

 

                                                             HOMILÍA 

El Padre nuestro no es sólo una oración, es también una Confesión de Fe, una consagración.

 

        “Santificado sea tu nombre”, “Venga tu Reino”, “Hágase tu voluntad...” Son fórmulas consecratorias. Ya conoces la importancia que Lucas da a la oración de Jesús.

 

Un Rey para reformar la Iglesia convocó a los Reyes cristianos contra el turco, Lepanto (1571). Un Papa reunió un Concilio, Trento(1545). Santa Teresa proclamó: Hagamos orantes. Y reformo la iglesia. Después del Concilio Vaticano II se ha hablado mucho de la oración y últimamente de la calidad de la oración. Se necesitan Maestro de oración.

 

El rostro de Jesús transfigurado siempre cuando ora encandila a los Apóstoles. Quieren rezar como Él, y Jesús les enseña.

 

        Abbá: Nueva manera de dirigirse a Dios. El que ora no es extraño para Dios es Hijo suyo.

 

        Santificado: Que seas reconocido como tal, que te reconozcamos como nuestro Padre. Que lo que tú eres, tu Reino, sea una realidad para nosotros. Tú estás hecho de Amor que también nosotros lo estemos. Que no caigamos en la tentación de dejarte, de prescindir de ti.

 

        Jesús dice Padre, no sólo en los momentos gozosos (Padre te doy gracia...), también en el Getsemaní: “Padre, si es posible” y en la Cruz, “Padre, perdónalos”... siempre en la proximidad de su Padre. Toda nuestra vida cristiana es una preparación para este éxtasis Final: Clamar a Dios Padre.

 

A los contemporáneos de Jesús les interesaba mucho el saber rezar. ¿Se puede afirmar eso mismo hoy?.

 

        Quizá no se pueda enseñar a rezar, como tampoco a amar, pero sí podemos cambiar el pensar sobre Dios, al sentir al Padre, transformar su lejanía en proximidad. Sentir que en Él vivimos, nos movemos y existimos. Que nuestra oración no sea un recordatorio a Dios de lo que tiene que  hacer: El  quiere la paz, pero somos nosotros quienes tenemos que dejar las armas.

 

        Vuelve a la insatisfacción del Padrenuestro, al atrevimiento de llamar a Dios Padre, despreocúpate cuando lo reces, sintoniza con Jesús. Si dices, “Enséñanos a orar”, Él te responderá “Padre nuestro"...”

 

   

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