La Misa del Domingo

VOZ TRINITARIA

18 de Marzo de 2007

DOMINGO CUARTO DE CUARESMA

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P. Manuel Sendín García

En exclusividad para Trinitarios.net

       

PRESENTACIÓN

 

LAS SIETES PALABRAS DE JESÚS EN LA CRUZ

 

(Mc 15,21 - 41; Mt 27, 32- 56; Lc 23, 26-49 y Jn 19, 26)

 

        Compara los texto.  ¿Has sacado las siete frases?. ¿Dónde la has hallado?.

 

        Dicen que los gaditanos pagaron a Haydn un cuarteto inspirado en las sietes palabras con un pastel. Al mostrar su desagrado lo invitaron a que lo probase. ¡Estaba lleno de doblones de oro!. El músico estaba convencido  de que Jesús pronuncio en la Cruz siete palabra o mejor siete frases. Pero ningún evangelista tiene las sietes. Las que recuerda uno, no las recuerdan los otros. El momento del que hablan es capital: Una persona a punto de morir; en tal momento no se olvidan fácilmente. La explicación es que los evangelistas no quieren escribir la vida de Jesús sino una teología partiendo de la vida de Jesús.

 

        Para Marcos y Mateo, sólo pronunció una frase: Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?. Muerte sin floritura ni adornos con toda su tragedia. Jesús, en el momento decisivo de su muerte, siente el misterio del abandono de Dios, tiene la impresión de que toda su vida ha sido un fracaso.

 

        Pero otros comentaristas piensan que Jesús no se está quejando a Dios. Reza el salmo 22: Tragedia de todo lo humano, pero también grito de confianza.

 

        Se nos dice que Jesús rezó las palabras con voz fuerte y es un Salmo largo que difícilmente lo podría rezar a voces un crucificado. Le fallaría la respiración.

 

        ¿Y en voz baja?. Es un Salmo muy largo e inmediatamente los soldados toman las palabras a bromas. Todos menos uno. No nos dan tiempo para que recemos con Jesús. Sin embargo el capitán romano exclama:

 

        “Verdaderamente este hombre era hijo de Dios”.

 

        Por tanto no es un grito de derrota, sino manifestación de su poder que asombra al capitán pagano.

 

        En el próximo número te contaré lo que dicen Lucas y Juan.

 

     

 COMENTARIOS A LA PALABRA DE DIOS

EL HIJO MAYOR

EXEGÉSIS - LUCAS  15, 1-3. 11-32  

 

        El capítulo 15 de San Lucas es el de la misericordia de Dios. Organizado el evangelio como una pinacoteca esta sala es la “Sala del perdón”. Dos cuadritos, el pastor cargando sobre sus hombros la oveja descarriada y una mujer gritando su alegría por la moneda perdida dan paso al cuadro central: El Hijo Pródigo. Algún entendido le quiso cambiar el título, pero el guardián le replicó que se dejara de novedades que así la conocía todo el mundo, tú no olvides al hijo mayor porque esta sala está especialmente destinada a quienes se quejan de que Jesús acoge a los pecadores y come con ellos. Tampoco desentonaría llamarla “Parábola del Padre Amoroso”.

 

        Emigró a un país lejano: Con la tercera parte de la herencia se marchó fuera de Palestina. Palestina era un típico país de emigrantes. Cuatro millones de judíos vivían en la Diáspora. Sólo medio millón en Palestina. El hijo se mueve hacia el padre y el padre se mueve hacia el hijo. Cinco verbos: lo diviso, se enterneció, corrió, se le echo al cuello y lo besó. Besándolo no lo deja hablar para que no tenga que disculparse. El hijo mayor acentúa la distancia indicando como ha gastado el dinero y destacando “ese hijo tuyo”. ¡Parábola universal!. Por eso la Parábola es el mejor género literario.

 

          

HOMILIA

El asunto puede ser, el hijo pródigo o el hijo orgulloso o el Padre generoso y misericordioso. Un hijo cabeza loca, otro hijo cabeza rígida y un padre todo corazón. Un hijo que derrocha, un hermano que cumple, un padre que celebra. Unos pies aventureros una manos que calculan, unos brazos que se alargan. La misericordia vence la miseria de la mezquindad y se produce el gozo del encuentro y del amor.

 

El Hijo Menor: Este joven se ha cansado de todo, del Padre, del cariño, de las normas establecidas. Después se cansa de las juergas y banquetes. Su ansia de independencia lo lleva a la más deprimente esclavitud. Todos somos pródigos. Todos huimos de Dios que es nuestro hogar y vivimos a la intemperie de nuestros egoísmos, despreciamos el sabor de su presencia y buscamos afanosamente el placer del consumismo. Pero nosotros, pródigos del s. XXI reconocemos más difícilmente nuestras miserias porque se nos castiga con más hartura. Cadenas que nos atan gustosamente aún pagamos para que nos quiten la libertad.

 

El Padre lo vio, se conmovió, echó a correr, se le echó al cuello y se puso a besarlo. Lo intuyó antes con el corazón que con los ojos. Muchas veces lo había visto en sueños pero ahora su corazón no le engañaba. Se conmueve interiormente. Es la alegría, son las lágrimas. Tiene prisas de amor. Se le echa al cuello para que no se arrodille y lo besa en la boca para que no hable. Después viene la transformación del Hijo con el traje, y el anillo, las sandalias. Todo un símbolo y Jesús nos dice que ese Padre es Dios. ¡Gracias Jesús! Aunque no nos hubiera dicho otra cosa esto bastaba. Saber que Dios es Padre entrañable que no nos ajusta las cuentas, que se emociona cuando retornamos a él, que nos castiga con abrazos y besos y que siempre está dispuesto a ponernos el traje de gala y a matar para nosotros el ternero cebado.

 

        El Hijo Mayor. Parte sombría del tríptico. No tiene entrañas. Es la ley, el metro, la balanza. “En tantos años como te sirvo ...” dice. Hubiera preferido que su hermano no hubiera vuelto.

 

        El perdón es la revolución traída por Jesús. En él aprende el hijo menor a conocer al Padre. Este perdón provoca una intimidad entre el hijo menor y el Padre de la que es ajeno el hijo mayor. La pérdida sé troca en ganancia. Sólo el perdón nos revela lo que es el pecado. “Iba  a pedirte perdón pero tuve la certeza de que me habías perdonado”. ¡Dios mío seré alguna vez el primero...!.

 

        El hijo mayor no sabe comprender que el amor del Padre pasa por encima del pecado, es una invitación a reconocer en el pecador a tu hermano. Sólo desde este reconocimiento se puede sintonizar con Jesús y con el plan de Dios. Si Jesús cuenta esta Parábola es para dar razón a su actitud de acogida a los pecadores. El Padre es misericordioso por que es fiel a su paternidad fiel al amor que desde siempre a sentido por su hijo.

 

 

CONCLUSIÓN: El mensaje de San Lucas aporta una palabra que sólo Dios puede entender. No la entienden los escribas que murmuran de la acogida; no la entiende el hijo mayor que se niega a entrar. Tienen dificultad en entender los vecinos del pastor de la oveja perdida y del ama de casa de la dracma encontrada pues les tiene que decir: “alegraos conmigo”. Queda inaugurado el año de gracia y esto lo tienen que entender en primer lugar los habituados a Dios.

 

        El Hijo Pródigo prefiere las cosas al amor del Padre. Vivir con el Amor y no conocerlo es más que huir de Él para echarse en sus brazos. Dios demuestra que la razón no tiene espacio aquí.  Dios no es justiciero. Dios es bueno.

 

        Si Dios se nos ha escapado también él va herido. En el perdón es donde se aprende a conocer al Padre. El arrepentimiento anda lento, el amor corre.

 

        El Padre necesitaba la vuelta del Hijo porque no sabía qué hacer con tanto amor. Por eso ama más a los pecadores que a los justos porque los pecadores se dejan querer.

 

 

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