La Misa del Domingo

VOZ TRINITARIA

25 de Marzo de 2007

DOMINGO QUINTO DE CUARESMA

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P. Manuel Sendín García

En exclusividad para Trinitarios.net

       

PRESENTACIÓN

 

ENCUENTRO CON EL PERDÓN - RETORNO A LA CASA

 

        El encuentro con la misericordia de Jesús llega a través de varias etapas, respetando los tiempos de la vida y del corazón. Primero se escucha la buena noticia, te llega la llamada del Amado: “Se ha cumplido el tiempo... Convertíos y creed en el evangelio”. Cuando decides responder a esta voz caminas hacia el don más grande: “Dejaos reconciliar con Dios”.

 

        La reconciliación es el sacramento del encuentro con Cristo que socorre la debilidad de quien ha rechazado o traicionado la alianza con Dios, lo reconcilia con el Padre y con la Iglesia, lo vuelve a crear como criatura nueva con la fuerza del Espíritu Santo. También se llama penitencia: El camino del corazón que se arrepiente e invoca el corazón de Dios. El término Confesión alude al acto de confesar las propias culpas delante del sacerdote. Hay una triple confesión: Confesión de alabanza: Recordamos el amor divino y reconocemos sus signos en nuestra vida. Confesión del Pecado: Presentamos al Padre nuestro corazón arrepentido. Confesión de la Fe: Nos abrimos al perdón que se nos ofrece en la absolución.

 

        Ha habido gran variedad de formas. Comunitarias o individuales de este encuentro. Pero todas han mantenido la estructura de encuentro personal entre el pecador arrepentido y el Dios viviente a través del ministerio del sacerdote. Todo termina en un banquete de bodas, en un vestido nuevo, en el ternero cebado y los pies calzados. Todos tenemos que alegrarnos: “Este hijo mío estaba muerto y ha vuelto a la vida”.

 

        Es el retorno a la casa del Padre. la palabra hebrea que corresponde a conversión significa vuelta a casa”. Al darte cuenta de tus culpas, te das cuenta de que estas en exilio, lejos de la patria del amor; comprendes que la culpa es una ruptura de la alianza con el Señor, un rechazo de su amor, “amor no amado”, fuente de alienación porque el pecado nos desarraiga de nuestra verdadera casa que es el corazón del Padre. Nos acordamos de la casa donde somos esperados. Sin esta memoria del amor nunca tendremos confianza, ni esperanza para decidirnos a volver a Dios. Sabemos que no somos dignos de llamarnos “hijos”, pero  con humildad nos decidimos a llamar a la puerta de la casa del Padre. ¡Qué sorpresa ver al Padre mirando por la ventana porque espera nuestra vuelta!. También el Padre se ha convertido a nosotros. Así tiernamente y de forma renovada, nos vuelve a introducir en la condición de hijos, ofrecida por la alianza establecida en Jesús.

 

     

 COMENTARIOS A LA PALABRA DE DIOS

TIRE LA PRIMERA PIEDRA

EXEGÉSIS - Juan.  8,1-11

 

        Este relato es de inserción posterior, pero es canónico. No se pide a Jesús una sentencia forense (el maestro no es un juez), sino un dictamen de la aplicación de la ley a un caso particular. Su actitud serena y majestuosa desprende una fuerza que desenmascara, una indignación que hace retroceder.

 

        Tempranamente se hace referencia al Monte de los Olivos y a Jesús en Jerusalén. El “volvió al Templo”, recuerda el “Jesús subió al Templo y se puso a enseñar” (7,14). No se nos dice el contenido de la enseñanza porque el interés se centra en los fariseos y letrados. Éstos presentan a Jesús una mujer sorprendida en adulterio y castigada por la ley con pena de muerte. Le hacían la pregunta para ponerlo a prueba y acusarlo. Piensan que Jesús no entiende la ley y que se la salta a la torera. Fíjate en los gestos, en los silencios, en las palabras. Es una de las escenas que impresionan más del Evangelio. Final impresionante: “¿Ninguno te ha condenado?. Ninguno, Señor”.  “Yo tampoco te condeno”.

 

Isaías 43,16-21

 

        “No recordéis lo de antaño...” Israel siempre meditó su pasado. Es un recuerdo agradecido, pero no es bueno anclarse en el pasado. El éxodo de Babilonia va a superar el de Egipto: El desierto se va transformar en un vergel al paso del pueblo: Aguas en el desierto, torrentes en la estepa. El Poeta conoce las dificultades, pero está convencido de que Dios no dejará perecer a su pueblo. Algo nuevo está germinando: El Profeta lo anunció antes de que la semilla rompiera la tierra.

 

          

HOMILIA

Para Jesús lo importante no son los códigos legales, sino el ser concreto, una persona de carne y hueso. Algo nuevo esta brotando. Jesús se sitúa en un terreno que trasciende la ley, que hace innecesaria la ley. Difícilmente se le puede acusar de connivencia con el adulterio, sin embargo  posibilita que de la adúltera salga una mujer nueva. El mundo de la ley no es el mejor de los mundos.

 

El que esté sin pecado...”, forma parte de nuestro repertorio cultural (“Divinas Palabras” para D. Ramón de Valle-Inclán). Pero tenemos que escucharlo de nuevo, nosotros que nos erigimos en jueces de los demás.

 

        Mirar hacia dentro, remar hacia dentro. Jesús agachó la cabeza y se puso a escribir en la arena: gesto inocente como para querer quedarse fuera... ¿Qué escribió?. ¿En qué pensaría aquella mujer?. Jesús era el único sin pecado y no lanzó la primera piedra. Grandeza del corazón de Dios y estrechez de nuestros corazones y leyes.

 

Vete y no peques más. Dios perdona y se fía de sus hijos. Nuestras faltas nos causan vergüenza, pero estamos contentos, porque la misericordia de Dios camina siempre a nuestro lado.

 

        Plasticidad de la escena: La pecadora de rodilla, los acusadores de pie, los justos: fulminan con sus miradas que lo quieren hacer con sus piedras. Y en medio Jesús, penetrando a todos y actuando con sorpresa de todos.

 

►Jesús hace que aquellos legista furibundos acaben confesando la hipocresía de sus vidas. Los letrados y Fariseos no fueron capaces de lapidarla, pero no entendieron la lección de Jesús. Nosotros tampoco lapidamos a nadie, pero, ¿estaremos apegado a la letra porque hemos perdido el Soplo del Espíritu?. Podría ser... Abstenerse de condenas, no es contemporizar: Jesús comprendió, no condenó y no contemporizó.

 

¿Cómo reaccionaría aquella mujer después de encontrarse con las palabras y la Palabra de Jesús?.

 

        Yo creo que no volvió a pecar y encontró para su vida un horizonte nuevo.

 

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