Pastoral Penitenciaria Trinitaria

CONCLUSIONES IV JORNADAS TRINITARIAS DE PASTORAL PENITENCIARIA

Sevilla, 4 - 6 mayo de 2007

REINSERCIÓN: JUSTICIA Y LIBERTAD

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       En estas Jornadas se ha  percibido la gran sensibilidad que existe en este tema tan complejo, arduo y difícil de la inserción y/o reinserción de aquellas personas que, durante un tiempo, han sido privadas de libertad.  Las distintas ponencias, comunicados de experiencias, así como la intervención  de personas que están o han estado en prisión, nos lanzan hacia una toma de postura en la búsqueda de alternativas valientes y eficaces de cara a dar una respuesta al drama que viven tantos hombres y mujeres al salir en libertad y encontrarse con una sociedad cerrada, hostil y muy poco proclive a hacerle un sitio en la misma a aquellas personas que vuelven a sus raíces, a su familia, a su barrio o pueblo, aún más desarraigados y desestructurados que cuando entraron en prisión.

 

       Somos conscientes que, como Iglesia, como Familia Trinitaria, tendremos que ir abriendo caminos de esperanza y liberación, para cuantos se hallan en la encrucijada de volver a caer otra vez en las garras de la marginación y exclusión social y laboral. Desde una  conciencia evangélica y carismática no debemos mantenernos al margen del drama que sufren tantas personas después de obtener la libertad penal.

 

        Los participantes en estas Jornadas, miembros de la Familia Trinitaria -religiosos, religiosas y laicos-, Capellanes de prisiones, Agentes de Pastoral Penitenciaria de Andalucía y otras personas interesadas en el tema, sentimos la urgente necesidad de seguir ofreciendo a nuestros hermanos y hermanas privados de libertad y a cuantos ya se encuentran libres de toda responsabilidad penal unas alternativas de reinserción en la familia, la Iglesia y la sociedad.

 

         En reflexión conjunta destacamos los siguientes aspectos concretos en el campo de la inserción/reinserción.

 

Acciones en el interior de la prisión

 

1.Las Capellanías, dentro de los Centros Penitenciarios, han de ir fomentando, animando y motivando a los presos/as para que aprovechen el tiempo y se vayan formando y educando, tanto desde los cursos reglados en las escuelas, como desde los distintos cursos de formación profesional, laboral, etc.

 

Es imprescindible nuestra cooperación para superar el alto porcentaje de analfabetismo existente en las cárceles. La pobreza cultural es sinónimo de marginación y exclusión. La cultura es fuente de libertad.

 

2.- Desde los Planes pastorales de las Capellanías hemos de trabajar con firmeza en la formación y educación en los valores humanos y cristianos de los internos/as a fin de conseguir una transformación y cambio (“conversión”) de su mente y su corazón. Sin esta conversión dentro de la cárcel no es nada fácil la reinserción posterior en la calle.

 

3.-  De modo especial se ha de trabajar con ellos los valores de la autoestima y la reflexión. Para ello, sería necesario organizar “talleres de valores” que ayuden a los presos/as a descubrir las raíces de la ética humana y asuman su propio proceso de cambio y transformación.

 

4.-  La reinserción es un proceso personal del individuo; por ello, hemos de ayudar al preso/a a que sepan reconocer y asumir sus propios errores y desviaciones éticas, humanas, morales y religiosas. En este proceso hemos de estar nosotros desde un acompañamiento personalizado a fin de que el preso/a llegue a la verdadera conversión y transformación de su vida, y así  puedan descubrir el valor de poder amar y sentirse amados.

 

5.-  Como Agentes de una pastoral humanizadora y liberadora hemos de ayudar en la transformación de la vida de los presos/as, potenciando la convivencia entre ellos, el respeto, la armonía, a fin de romper la dinámica de tensión y violencia que, a veces, se genera y  se vive dentro de la cárcel.

 

6.-  Hemos de ejercer la mediación humana y cristiana entre preso-familia-víctima-sociedad, de cara a conseguir la posible reconciliación entre las partes.

 

7.-  Para nosotros las víctimas merecen una atención especial desde la presencia, la comprensión, la palabra esperanzada, la promoción del perdón, etc. La reconciliación entre infractor y víctima es importante de cara a la reinserción.

 

8.También desde la P.P. hemos de favorecer el acercamiento entre los presos y sus familiares, promoviendo encuentros, convivencias lúdico-festivas dentro de la prisión, allí donde la Dirección lo permita.

 

9.-  Nos sentimos animados a apoyar, en todo lo posible, a los profesionales de la mediación penal y penitenciaria.

 

10.-Así mismo, hemos de apoyar y colaborar con la Dirección de la prisión para avanzar en el proceso de humanización y dignificación de la vida en la cárcel.

 

11.-Si hubiera que realizar alguna denuncia por injusticias o situaciones anómalas, (tanto por parte de los internos como por parte de los funcionarios), es necesario:

-contrastar bien las informaciones recibidas, recabando datos por ambas partes y, si es posible, con testigos;

 

-realizar la mediación pertinente ante quien corresponda;

 

-que la denuncia la realice el miembro de la Pastoral penitenciaria  más idóneo; siempre con el conocimiento y consentimiento del Capellán o el Consejo de Pastoral Penitenciario.

12.-En algunos Centros Penitenciarios, algún miembro de  la Pastoral podría ofrecerse a la Dirección como “tutores” para los presos de primer grado que se encuentran en Régimen Cerrado. Esta labor, delicada y difícil, ayudaría a algún interno a cambiar de conducta y a enderezar su vida hacia la “normalización” penitenciaria. (Es una experiencia que ya se está realizando en alguna cárcel de España).

 

13.-Atención especial a los PPS (“programa de prevención al suicidio” o “persona propensa al suicidio”). La Pastoral Penitenciaria puede y debe hacer mucho con estos presos.

 

14.-La Capellanía, Secretariado o Delegación Diocesana de P.P. organice, en coordinación con la Dirección del C.P. cuantas acciones culturales, religiosas, de ocio, talleres ocupacionales,... dentro y fuera de la prisión, que ayuden a los internos en su proceso de reinserción y recuperación de valores y hábitos de la conducta, así como habilidades sociales y laborales que les ayude a su incorporación en la  sociedad. 

 

Acciones en el exterior

 

1.- Los miembros de la Familia Trinitaria, Capellanes y Agentes de Pastoral estamos convencidos que, como Iglesia,  hemos de ofrecer a esta sociedad española, tan judicialista y vindicativa, un nuevo rostro más evangélico, basado en la acogida, la integración, el perdón y la reconciliación, el acompañamiento, la inserción, promoción y dignificación hacia aquellas personas que han cometido un delito, han sido penadas por la ley y han vuelto a recuperar su libertad.

 

Hemos de ser expertos en humanidad y en humanización. Ofreciendo siempre una terapia de liberación, gozo y esperanza.

 

2.- De ahí que nos sentimos impulsados, por el Espíritu de Jesús de Nazareth, ha realizar más “presencia-presión” en medio de la sociedad para seguir implantando mecanismos de justicia, denuncia profética (testimonio y presencia), insertando las claves evangélicas de amor, perdón, reconciliación, fraternidad, misericordia y redención, para que exista una verdadera libertad integral de los excarcelados.

 

3.- Nos situamos como “conciencia critica” de una sociedad que se protege contra los más débiles desde la exclusión, el encarcelamiento, la venganza, la ley del talión, que genera grupos sociales victimizados.

 

4.- Somos conscientes de que el sistema social (judicial-político) hace víctimas (presos) y no reinserta, ni en la vida ordinaria, ni dentro de la prisión (cf. art. 25,2 de la C. española);  devolviendo a la sociedad al individuo encarcelado peor de como entró, más desestructurado, cargado de odio, recelo, desprecio y venganza contra la sociedad que no le permitió, por sus mecanismos excluyentes, a verse insertado en la vida laboral, familiar y social.

 

5.- Vemos necesario ir creando formas de inserción social distintas a las existentes, preparando tejidos sociales positivos basados en valores, justicia, cultura, preparación y adaptación al mundo laboral, etc.

 

Normalmente el expreso vuelve a su entorno de donde salió para la cárcel; seguirá siendo una realidad negativa y destructora, que le seguirá envolviendo en la mecánica del consumo, la delincuencia, la marginación.

 

6.-  Realizar campañas en las parroquias, arciprestazgos, barrios, pueblos, etc. sobre la realidad de los presos y la cárcel.

 

7.- Animar a los sacerdotes de las parroquias para que visiten a sus feligreses en la cárcel.

 

8.- Se ha de contar con la participación e implicación eficaz de las Comunidades cristianas, de las parroquias de origen, para acoger, perdonar, reconciliar, acompañar en el proceso de reinserción en la familia y la sociedad.

        

9.-  Sensibilizar a la Iglesia para que las comunidades cristianas sean verdaderamente “comunidades samaritanas”, comunidades de inserción, de integración y reconciliación.

 

10.-Movilizar a las Hermandades y Cofradías y hacernos presentes en los Medios de Comunicación Social para que estos hagan llegar a la Opinión Pública que los presos son personas a los la sociedad tiene el deber de acogerlos.

 

11.-Donde sea posible, parroquias y/o arciprestazgos, poner en funcionamiento un despacho de atención a familiares de los presos y a estos cuando salen de la cárcel.

 

12.-Las “Casas de la Trinidad y de los cautivos” han de estar siempre abiertas para acoger a los “sin techo”, a cuantos presos salen de la cárcel y no tienen familia. Deberíamos abrir una Casa de Acogida para ellos  en cada lugar donde estamos presentes la Familia Trinitaria. Sería un verdadero signo profético reconvertir algunos de nuestros grandes “conventos” en hogares para los exlibertos.

 

13.-En los Arciprestazgos, parroquias o pueblos, ir constituyendo equipos de mediadores entre el preso y su familia.

 

14.-La Iglesia, a través de los Centros Educativos, ha de realizar una labor de prevención desde la educación y formación en los valores humanos y cristianos, ayudando a los jóvenes a caer en comportamientos predelincuenciales.

 

15.-Así mismo, ayudar a los padres para que sean los verdaderos  y genuinos transmisores de los valores de la ética humana y de la fe cristiana.

 

16.-Llegar a establecer una especie de “madrinazgo”: madres de familia que se hagan cargo de los niños de las presas.

 

17.-Existe una realidad sangrante que requiere una respuesta eficaz y valiente por nuestra parte, se trata de los presos enfermos terminales que no pueden obtener el tercer grado por el artículo 104.4 del Reglamento P. al no existir Centros oficiales que les acojan. Es necesario que reciban los cuidados y atenciones dignas, humanas y cristianas que les ayude a encontrar paz, serenidad y esperanza en el tramo final de su vida.

 

18.-La atención personalizada en los calabozos policiales/judiciales y en los Módulos de Ingreso debe ser una de las prestaciones importantes a realizar desde la Pastoral Penitenciaria.

 

19.-Se hace necesario trabajar en red, para ser más eficaces, con cuantas instituciones religiosas y civiles trabajan en el terreno de la reinserción de los marginados.

 

 

CONCLUSIÓN

 

Como Familia Trinitaria, inspirándonos en el carisma de misericordia y redención que inició San Juan de Mata, hemos de apostar por realizar desde nuestra pastoral acciones que impulsen la liberación integral de los encarcelados y exlibertos.

 

Para ir consiguiendo ese objetivo, es necesario que vayamos estructurando medios y acciones concretos en los campos de la  prevención, el internamiento en la cárcel y en la vida en libertad. La verdadera y eficaz  reinserción ha de tener en cuenta estos tres frentes.

 

Finalmente, la Pastoral Penitenciaria es una misión evangelizadora de la Iglesia que exige cristianos comprometidos, capaces de trabajar en equipo, haciendo comunidad, construyendo el Reino de justicia y libertad. Para la Pastoral Penitenciaria el preso es una persona, un hijo de Dios, que clama amor y entrega, que pide migajas de misericordia y de compasión, y que, se siente ungida y enviada por el  Espíritu de Jesús de Nazareth, para anunciar la Buena Noticia liberadora a los pobres, presos y oprimidos.

 

Sevilla, 30 de mayo de 2007

Fiesta de San Fernando III, rey de Castilla y León

Patrono de Sevilla

 

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