Pastoral Penitenciaria Trinitaria

Documento final del V Encuentro Nacional de Profesionales Comprometidos con la Pastoral Penitenciaria

San Alfonso en Villa Allende, 23 al 25 de marzo de 2007

El compromiso con un mundo sufriente

Nosotros, los Profesionales Católicos comprometidos con la Pastoral Penitenciaria reunidos en Villa Allende, provincia de Córdoba en el V Encuentro Nacional, queremos renovar nuestro compromiso a vivir nuestra profesión como un acto de fe.

Desde nuestras limitaciones no podemos dejar de compartir con la sociedad nuestras vivencias acompañando a los hermanos encarcelados, penitenciarios, policiales, judiciales, víctimas y familiares. A pesar de la disparidad de posicionamientos y situaciones, tienen en común el estar todos inmersos en un mismo sistema perverso deshumanizante.

Queremos compartir la preocupación que sentimos frente al colapso del sistema de salud a nivel nacional, que se agrava especialmente en las cárceles donde el deterioro de la salud se manifiesta en todas las dimensiones de la persona: física, mental, espiritual y social.

Vemos a diario como se extingue la vida de seres humanos. La dignidad de los hombres, imagen y semejanza de Dios, reclama de nosotros el irrestricto respeto a la Vida, cuyo exclusivo dueño es el Señor.

El sistema carcelario se encuentra olvidado por la sociedad, incluso por nosotros mismos, los cristianos.

El encarcelado –el preso- es nuestro hermano aunque nos neguemos a reconocerlo como tal; es parte de los miembros más vulnerables de nuestra sociedad, por lo que ni como personas, ni como ciudadanos y menos como cristianos, podemos eludir nuestra responsabilidad.

Qué responderemos cuando Jesús nos pregunte, ¿qué hiciste por tu hermano? (cf. Gen.3, 19)

Como ciudadanos, exigimos a los funcionarios el respeto a nuestra norma fundamental, la Constitución Nacional, que entre otros imperativos, resaltamos el articulo 18: “.....que las cárceles deben ser sanas y limpias, para seguridad y no para castigo....”, y menos todavía para la muerte.

Queremos fortalecer las instituciones del estado democrático, representativo y federal, respetuoso de los derechos humanos, exhortando a los funcionarios a que cumplan el deber que les exige el Estado de Derecho.

Desde el Evangelio (Mt 25,36) reconocemos la dignidad intrínseca de la misión  del personal que asiste a los encarcelados, la que no es reconocida por la sociedad y muchas veces ni por ellos mismos.

Queremos vivir nuestra profesión como un acto de Fe, colaborando en la construcción de una sociedad más justa, aún sabiendo que muchas veces no hacemos todo lo necesario.

Nos comprometemos a aportar -desde nuestro ser profesional- la vida, la dignidad, la solidaridad, la justicia, el bien común, el amor fraternal, teniendo como modelo y maestro a nuestro Señor Jesucristo.

 

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