Pastoral Penitenciaria Trinitaria

 

EL AGENTE DE PASTORAL PENITENCIARIA:

PERSONA Y CREYENTE [1]

 

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La Pastoral Penitenciaria de nuestra Iglesia en Andalucía va haciendo camino desde la misión y el compromiso evangelizador que, cada uno de los Agentes de Pastoral Penitenciaria -capellanes, sacerdotes, religiosos, religiosas y laicos- vamos realizando día a día, con ilusión y entusiasmo, en cada Centro Penitenciario junto a nuestros hermanos privados de libertad.

 

Existe un empeño y una voluntad decidida de seguir buscando nuestra identidad como creyentes vocacionados para ejercer el ministerio de la misericordia y de la redención en esta parcela tan difícil de la pastoral eclesial con los excluidos que sufren la pérdida de la libertad.

 

Desde el Departamento Nacional de Pastoral Penitenciaria de la C.E.E., se han venido organizando Jornadas, Congresos y  encuentros que han tratado específicamente el tema de la identidad del Voluntariado cristiano de prisiones, la formación, los perfiles humanos, psicológicos, religiosos, creyentes, etc.[2]

 

Somos conscientes que cada Capellanía de la prisión –capellanes y agentes de pastoral- hemos de seguir avanzando para que esta tarea evangelizadora sea cada vez más eficaz, procurando, para ello,  adquirir una  formación más amplia y profunda en los diversos campos de la teología, la catequesis, la psicología,  el derecho penal,  el Reglamento Penitenciario, …

 

Nuestra pastoral se circunscribe en unos ámbitos humanos y sociales muy específicos y cualificados y que se revisten de situaciones  muy extremas y delicadas, en las que la persona sufre y padece serias carencias humanas, afectivas, psicológicas, familiares y sociales que le afectan gravemente, dibujando  un perfil dramático y sufriente para la persona encarcelada.

 

Esta situación nos hace a los creyentes, agentes de esta pastoral de la misericordia, de la justicia y de la libertad, adquirir una profunda espiritualidad que se enraíce en el Evangelio y en la persona y el espíritu de Jesús de Nazaret, el Redentor y Liberador de sufrimientos, miserias, esclavitudes y opresiones; asumiendo su propia pedagogía y el modo cómo trataba a los pobres, los pecadores, los excluidos y marginados de su tiempo. Él pasó por la vida “haciendo el bien y liberando a los oprimidos” [3].  Mostraba un tacto especial, cargado de ternura, delicadeza y sensibilidad ante cada persona que a él se acercaba o a quien el mismo Jesús se hacía presente en su vida.

 

Jesús, en cada encuentro que tenía con toda persona marcada por el sufrimiento, el dolor,  la marginación o el pecado, la sabía valorar y le hacía descubrir sus potencialidades interiores, anímicas, psicológicas y espirituales; tras un proceso, la persona se sentía “curada”, “liberada” de sus males y dolencias e iniciando un camino de conversión y recuperación de su dignidad como persona, de su integración en la familia, la sociedad y el templo, así como  de su fe como hijo de Dios. Este era un auténtico proceso  reinsertador de la persona. [4]

 

Nuestra tarea en el empeño por la formación ha de ardua, constante y firme. Formación espiritual y formación humana y específica, acorde con nuestra misión dentro de los Centros Penitenciarios para poder ofrecer a los presos y presas un camino y unas alternativas válidas de cara a su recuperación como persona y como cristiano y a su futura integración en la familia, la Iglesia y la sociedad.

 

Esta reflexión, en la que recojo las aportaciones hechas por algunos Agentes de Pastoral  de nuestras Capellanías, y, teniendo en cuenta el perfil dibujado en la  reflexión hecha en la VII Asamblea de la Pastoral Penitenciaria de Andalucía [5], pretende ofrecer un poco de luz y de estímulo para todos los cristianos que ya están ejerciendo el ministerio de la misericordia y la redención dentro de los Centros Penitenciarios o fuera de ellos, y para quienes se sientan vocacionados a dedicar su vida al servicio de los pobres y marginados desde la parroquia, el barrio u otra obra de caridad o asistencial.

 

I.- HISTORIA DE UNA PRESENCIA LIBERADORA

 

Es bueno comenzar situándonos desde la perspectiva de la historia de la salvación para así poder tener un punto de partida de cara a nuestra misión evangelizadora con los privados de libertad. Es Dios mismo quien, en Cristo Jesús, nos va imbuyendo de su mismo Espíritu para que también nosotros nos sintamos llamados, elegidos y enviados a “proclamar la liberación a los presos”.

 

1.- De Moisés a Jesús de Nazaret

 

1,1. Moisés

 

El  Dios de Abraham, Isaac y Jacob apuesta por la liberación de un pueblo, de su pueblo, que había caído bajo la opresión y la esclavitud en Egipto y quiso sacarles de la represión brutal de la que eran objeto, con trabajos inhumanos, humillaciones y desprecios. Es un Dios sensible al clamor de los oprimidos.

 

Dios se presenta cercano, atento y dolorido por el sufrimiento, por la esclavitud que sufre su pueblo. Así se lo hace saber a Moisés en el episodio de la zarza ardiendo: "Bien vista tengo la aflicción de mi pueblo en Egipto, he escuchado el clamor que le arrancan sus capataces; pues ya conozco sus sufrimientos. He bajado para librarles de la mano de los egipcios"[6].

 

Dios está comprometido con la causa de los pobres, de los que sufren la esclavitud y la cautividad. El mismo Dios en persona baja hasta lo profundo de la esclavitud para liberar.

En esta empresa liberadora quiere contar con la ayuda valiosa, aunque tímida y cobarde en principio, de Moisés. Esta es la propuesta que Dios le hace: "Ahora, pues, ve, yo te envío al Faraón para que saques a mi pueblo, los hijos de Israel, de Egipto" [7].

 

Dios envía a Moisés al Faraón con este encargo: "Tú dirás al Faraón: Así dice el Señor: Israel es mi hijo, mi primogénito. Te ordeno que dejes salir a mi hijo para que me dé culto. Si te niegas, yo mataré a tu primogénito"[8].

 

El pueblo de Israel cree en el Dios de sus padres Abraham, Isaac y Jacob, cree en el Dios que le ha elegido como pueblo suyo, cree en el Dios de la liberación que no permite ni tolera la esclavitud ni la opresión, en cualesquiera de sus formas. Que su Dios no consiente que ningún hombre, institución, gobierno o nación esclavice a un ser humano, ni  que practique la tortura, la opresión, el sufrimiento sobre el código de la Alianza [9]. En esta Alianza se matiza la acción salvífica de Dios en exclusiva: "Yo soy el Señor  tu Dios, que te ha sacado del país de Egipto, de la casa de la esclavitud. No tendrás otros dioses frente a mi" [10].

 

1,2. Los  Profetas

 

La acción del Dios liberador en la historia de la salvación desde los profetas se orienta hacia el restablecimiento de la justicia y del derecho: no importa el poder de Dios, sino la liberación, el hacer reinar la justicia y la defensa del pobre.

 

En el profeta Isaías se designa a Dios como redentor destacando la idea de solidaridad. Redentor es el pariente más próximo de las víctimas o los desposeídos, quien tiene la obligación de vengar, rescatar o redimir los bienes y las personas que hayan caído en manos ajenas o extrañas. Redentor es, pues, el protector oficial de sus parientes. Desatar y liberar designa la acción de romper las ataduras que esclavizan, mediante el acto de desatar o la entrega de un rescate.

 

Dios es llamado redentor de Israel,  pues Dios es el pariente próximo, el que rescata, el protector y vengador de Israel. Además, Dios se declara redentor de los pobres en el interior de la propia nación judía [11], Padre de los huérfanos y tutor de las viudas, es Dios en su santa morada. Dios da a los desvalidos el cobijo de una casa, abre a los cautivos la puerta de la dicha".

 

Yahvé es el redentor de Israel porque defiende a los pobres del pueblo, hace justicia a los oprimidos, da pan a los hambrientos y la libertad a los cautivos [12], proclama que el ayuno que Dios quiere es "abrir las prisiones injustas, hacer saltar los cerrojos de los cepos, dejar libres a los oprimidos, partir el pan con el hambriento, recibir en casa a los pobres sin hogar. Que cuando veas a un desnudo, lo cubras, y no te apartes de tu semejante" [13]. Por otra parte, la misión del profeta ungido por el Espíritu del Señor es "anunciar la Buena noticia a los pobres, a anunciar la libertad a los cautivos, la liberación a los encarcelados" [14].

 

En los profetas se va explicitando la redención aplicada a Dios, porque Dios irrumpe en la historia de la humanidad para implantar la justicia y el derecho, para salir en favor de los pobres, para ser "fiador-redentor" de los cautivos y esclavos. En contraposición, para derribar del trono a los poderosos y humillar a los soberbios de corazón, para aniquilar de la tierra a todos los opresores.

 

1,3. Jesús de Nazaret

 

Jesucristo es el redentor del mundo, es nuestro redentor. Jesús es enviado por el Padre como Redentor del género humano, como liberación para el pobre y oprimido. Redención y liberación son las claves del Reino de Dios, son el eje sobre el que gira la vida y el mensaje de Jesús de Nazaret.

 

El programa de Jesús

 

Al comienzo de la predicación del Reino, Jesús, enlazando con el Espíritu del Dios del A. T. asume su condición de enviado, de Mesías, de ungido.

 

"El Espíritu del Señor está sobre mi, porque él me ha ungido. Me ha enviado a anunciar la Buena Noticia a los pobres, a proclamar la liberación a los cautivos, para dar la libertad a los oprimidos, y proclamar un año de gracia del Señor" [15].

 

Después de esta lectura realizada en la sinagoga de su pueblo de Nazaret, Jesús es tajante, sorprendente, atrevido: "hoy, en vuestra presencia, se cumple esta lectura que acabáis de oír" (v.21). Jesús asume en su persona la función redentora y liberadora que su Padre Dios había desempeñado en el A.T.

 

A partir de ese momento, Jesús sabe lo que quiere, tiene clara su misión, sabe a qué ha venido, ha entendido para qué lo quiere el Padre, y, desde ese momento,  está dispuesto a cumplir la voluntad del Padre hasta el final, hasta derramar la última gota de su sangre, hasta el último suspiro en la cruz, hasta el abandono final en las manos del Padre. Jesús mismo va a ser, es el "pariente cercano"  que pague, con su vida, con su sangre, el rescate de todos los cautivos y oprimidos de la historia.

 

Jesús es consciente que encarna el Reino de Dios, el proyecto liberador de Dios en favor de los pobres. Así se lo hace saber a Juan Bautista cuando, desde la cárcel de Maqueronte, le llega la pregunta: "¿Eres tú el que ha de venir o tenemos que esperar a otro?. Id y contarle a Juan, le responde Jesús, lo que estáis viendo y oyendo: los ciegos ven, los cojos andan, los leprosos quedan limpios, los sordos oyen, los muertos resucitan y a los pobres se les anuncia la Buena Noticia" [16].

 

Los pobres, los desheredados de la tierra, las víctimas, comienzan a percibir la sensación de que sus vidas pueden cambiar. Quizá no cambie su situación económica o social, pero sí notarán el cambio al comprobar que Dios está con ellos, que les acompaña, que apuesta por ellos, que se la juega por ellos contra los poderes de este mundo.

 

Las Bienaventuranzas: el Reino de los pobres

 

Esa sensación de los pobres no es pura falacia ni ilusión, ni el consuelo de los perdedores, porque Jesucristo se atreve, y tiene la osadía, de provocar a los poderes políticos y religiosos al proclamar con valentía que "los pobres son bienaventurados".

 

Visto desde los ojos del mundo, estas palabras de Jesús suenan a provocación en toda la regla, un grito revolucionario, una chaladura del Nazareno, un sacar los pies de las alforjas. ¿Para qué remover conciencias? ¿Para qué desestabilizar la tranquilidad de todos los fariseos de ayer y de hoy?

 

Que Jesús se ponga a gritar diciendo "que se ha cumplido el tiempo, se acerca el Reino de Dios y convertíos" [17], es algo que, ni ayer ni hoy, es creíble.

 

La clave para entender las bienaventuranzas de Jesús está en la conversión. ¿Qué es la conversión?: ser otro, no de cuerpo, sino de mente y de corazón; nacer de nuevo. La conversión es aceptar lo que el Otro, o sea, Jesús te plantea como exigencia y como garantía de felicidad y de salvación, de liberación plena.

 

La conversión es regenerar, recrear lo que está perdido o muerto -o medio muerto-, tanto en el terreno personal, de la fe, como social y comunitario. Jesús pide un cambio radical del hombre entero en todas sus dimensiones de la persona.

 

II.-  LA MISIÓN DE LA IGLESIA EVANGELIZANDO A LOS POBRES Y OPRIMIDOS

 

La Iglesia, siguiendo los pasos del Mesías Liberador, ha anunciado a los largo de los siglos el mensaje de misericordia y liberación. La cárcel ha sido siempre un instrumento de poder, lo que ha conllevado que no siempre se haya actuado de forma humanitaria o se hayan respetado los derechos y la dignidad de los detenidos. Ha sido la Iglesia quien, a través de creyentes comprometidos y sensibles ante el drama del sufrimiento de los encarcelados, ha sabido estar al lado de los que habían perdido la libertad, la dignidad y los derechos, denunciando proféticamente el abuso de poder y los atropellos cometidos contra los delincuentes. Y de modo más patente se plasma esta presencia cuando surgen en la Iglesia de la Edad Media, hombres carismáticos que asumieron el programa liberador de Jesús de Nazaret y ofrecieron a la Iglesia y a  la sociedad de su tiempo un carisma de misericordia y de redención, al contemplar la situación de las víctimas de las Cruzadas entre moros y cristianos –las guerras de religión- de todos aquellos hermanos en la fe que habían sido hechos cautivos y  vendidos como esclavos. Tales son los casos de Juan de Mata y Pedro Nolasco, quienes fundaron, respectivamente, las Órdenes  de la Santísima Trinidad y  la redención de cautivos (trinitarios) y la  de Nuestra Señora de la Merced (mercedarios).

 

Pero la historia de la Pastoral Penitenciaria en España, tal y como la estamos viviendo ahora, es muy reciente. Data de principios de los años 80 cuando se comenzaron a tener los primeros encuentros de Capellanes a nivel nacional. En aquella época, la gran mayoría de los Capellanes que ofrecían los servicios religiosos a los presos eran sacerdotes que accedían a ser Capellanes de las cárceles por oposición y entraban a formar parte de la nómina de funcionarios del Estado. El sacerdote-capellán actuaba solo y sin dependencia alguna del Obispo de la Diócesis, ya que solo dependía de la Institución Penitenciaria; trabajaba en solitario sin intervención de otros sacerdotes y, mucho menos, de laicos cristianos.

 

Siguiendo las corrientes de la Pastoral Penitenciaria que funcionaba en Europa, muchísimo más avanzada que en España, se comenzó a introducir el término de Capellanía de la prisión en vez de  Capellán de la prisión. Por Capellanía se estaba denominando  una realidad pastoral de Iglesia, en  la que intervenían el Capellán, con nombramiento y presentación oficial del Obispo de la diócesis, sacerdotes, religiosos/as y laicos. Comenzaba a asumirse que la Capellanía de la prisión tenía que ser una realidad pastoral diocesana, integrada plenamente en  la Pastoral de Conjunto de la Diócesis.

 

Dando los primeros pasos en esta misión pastoral se celebró el I Congreso nacional de Pastoral Penitenciaria en Madrid,  bajo el título “La Iglesia ante el hecho social de la delincuencia y  las prisiones”. En las Conclusiones de dicho Congreso se pusieron de manifiesto los deseos y la firme voluntad de dar un giro espectacular a la pastoral en las prisiones que hasta entonces se estaba llevando en España. Se presentaron propuestas con marcado acento de denuncia profética ante la sociedad, el Estado y la Iglesia con respecto a las prisiones y a los privados de libertad, reivindicando respeto a la dignidad y a los derechos de las personas presas, también se propusieron líneas de actuación pastoral para la Iglesia y cuantos cristianos quisieran comprometerse en esta pastoral. Reseño algunos de estos puntos:

 

«2. Conscientes de que la asistencia religiosa en las prisiones no debe estar únicamente en manos del cape­llán, hacemos un llamamiento a las comunidades cristia­nas y a todos los hombres de buena voluntad, para que surja un voluntariado de hombres y mujeres que, en nombre de la Iglesia local, y en nombre propio, se pon­gan al servicio de nuestros hermanos encarcelados, los más pobres, los marginados, los más desechados y los más olvidados.

 

3. Un voluntariado integrado por visitadores y visi­tadoras de las cárceles, portadores de paz, de compren­sión y de cariño, en un mundo lleno de tensiones, de in­comprensiones y de odios.

 

4. Un voluntariado que sea capaz de mirar a los re­clusos como hermanos muy queridos, pues el hombre po­drá ser un delincuente en el plano de la ley, pero en el plano humano es un hombre como todos los demás, con los mismos deberes y derechos, un hijo de Dios digno del mayor respeto.

 

5. Un voluntariado de hombres y mujeres, libres y liberadores, empeñados y comprometidos en liberar a los reclusos de todas las cadenas que les tienen aherroja­dos, amigos de los pobres, de los pecadores, de los margi­nados, tal como hizo y dijo que había que hacer el mismo Jesucristo. Los presos son deficitarios de amor y hay que llevarles amor para producir amor. Un voluntariado que va a evangelizar a los reclusos y a ser, al propio tiempo, evangelizado por ellos.

 

6. Y que este voluntariado esté normalizado, regula­do, respaldado y garantizado por la Dirección General de Instituciones Penitenciarias. Que la Delegación Episcopal de Pastoral Penitenciaria gestione ante la Dirección Ge­neral de Instituciones Penitenciarias la debida autoriza­ción para que los agentes de la Pastoral Penitenciaria, in­tegrados en el voluntariado cristiano de las prisiones, no encuentren inconvenientes en los centros penitenciarios, e incluso que se les provea de un carné expedido por la Dirección General de Instituciones Penitenciarias» [18].

 

2,1.- Perfil del Capellán en la Pastoral Penitenciaria [19]

 Y como esta pastoral de la Iglesia, misionera y evangelizadora, sigue avanzando, aporto un trabajo de reflexión realizado por los Capellanes de Argentina el año 2007 sobre las cualidades que deben adornar y enriquecer al sacerdote-capellán que se comprometa en este apostolado carismático y vocacionado con los hermanos y hermanas presos.

 

CUALIDADES

HUMANAS

EVANGÉLICAS

PASTORALES

DIALOGANTE

CERCANO

ALEGRE

JOVIAL

SINCERO

ACOGEDOR

ATENTO

DELICADO

OBSERVADOR

FORMADO

SENSIBLE

AMIGO

SERVICIAL

AMABLE

AFECTIVO

SOCIABLE

OPTIMISTA

INTELIGENTE

SENTIDO COMÚN

CORDIAL

UBICADO

HUMILDE

GENEROSO

ABIERTO

AFABLE

MAGNÁNIMO

PACIENTE

HUMOR

COMPRENSIVO

JUSTO

NO PREJUZGA

POSITIVO

MADURO

EQUILIBRADO

HUMANO

AFECTIVO

EMPATÍA

ENTREGADO

GENEROSO

SENCILLO

COHERENTE

VALIENTE

CORAJE

INQUIETUD

CONFIANZA

COMPARTIR

SILENCIO

RESPETO

SENSIBLE

DELICADO

PACIENTE

PRESENCIA

CERCANÍA

NO JUZGA

SOLÍCITO

COMPARTIR

VARONIL

COMUNICATIVO

TRABAJA EN EQUIPO

SOLIDARIO

SABER SER

SABER ESTAR

SABER HACER

 

 

MISERICORDIOSO

COMUNIÓN

ORACIÓN

CONFIANZA

ENVIADO

IDENTIDAD CON POBRES

CONTEMPLATIVO

SAMARITANO

COMPASIVO

ACOMPAÑA

CONVERTIDO

CONSTRUIR DESDE EL PRESO

ACOMPAÑA PROCESO CONVERSIÓN PRESOS

CREER Y DESCUBRIR QUE CRISTO ESTÁ EN EL PRESO

APRENDER DEL PRESO

DE RODILLAS ANTE EL      PRESO (sagrario)

MARAVILLARSE

SENTIR VOCACIÓN

CORAJE

BÚSQUEDA

DARSE

ESPERANZADOR

HUMILDE

SANTO

FE

AMOR

AGRADECIDO

REFLEJA EL ROSTRO DE CRISTO-IGLESIA

ANUNCIA LA B.N.

DISCÍPULO

ENAMORADO DE CRISTO-VIRGEN

TRANSPARENTE

PROFETA

 

DISPONIBILIDAD

GENEROSIDAD

APERTURA

COMPRENSIÓN

ENTREGA

ESCUCHA

NO ACEPCIÓN PERSONAS

INCANSABLE

IDENTIFICADO CON PRESOS

CREATIVO

EQUILIBRADO

VÍNCULOS COMUNIÓN

RECONOCER LIMITACIONES

ABIERTO A APRENDER

NO ABANDONAR EN LA CRISIS

SEMBRAR SIEMPRE

RECONCILIADOR

TRABAJAR EN EQUIPO

SABER ESCUCHAR

ORACIÓN COMPARTIDA

FRATERNIDAD

VINCULACIÓN CON OBISPO

PRESBITERIO

SENTIDO DE IGLESIA

HACER PARTÍCIPE AL PRESO

ADAPTACIÓN AL MEDIO

CATEQUISTA

PERDER EL TIEMPO

CELEBRAR

MAESTRO ORACIÓN

DISPONIBLE

COLABORACIÓN SIN MIEDO

CONFIANZA EN EL PRESO

COMPRENDER SU DOLOR

ESCUCHAR

DISCRETO

ASTUTO Y PRUDENTE

DEJAR ACTUAR A DIOS

OPCIÓN  POR LOS PRESOS

COMPARTIR  ORACIÓN CON LOS PRESOS POR PROBLEMAS DE LA CALLE

RESPONSABILIZA A LOS PRESOS

REPARTE TAREAS

CREA COMUNIDADES NO DEPENDIENTES DEL CURA

SENSIBILIZA A LA COMUNIDAD CRISTIANA

ADAPTARSE A LAS NECESIDADES DE LOS PRESOS

ORGÁNICO

KERIGMÁTICO

UNIDAD

TESTIGO DEL AMOR

DIÁLOGO

ORANTE

ORGANIZADOR

ANIMADOR

COORDINADOR

REFLEJAR A CRISTO DESDE LA VIDA

LLEVAR A LAS COMUNIDADES LA PASTORAL INTERIOR

 

 

 


 

2,2.- El Voluntariado cristiano, Agentes de Pastoral Penitenciaria

 

Todo bautizado debe asumir la misión para la que Cristo le llama: ser testigo y anunciador de su Evangelio en este mundo, de modo especial, “anunciando el Evangelio a los pobres”, encarnado en su vida las bienaventuranzas[20] y las obras de misericordia exigidas por Jesús como requisito esencial para entrar en el Reino de los cielos [21].

 

Para llegar a ejercer la misión pastoral cualificada dentro de la prisión, es necesario  que el creyente descubra, desarrolle y viva una serie de cualidades, aptitudes, valores, sentimientos y actitudes, tanto en el terreno humano como en el religioso.

 

 

 MOTIVACIONES

 

Nos situamos primero en el campo de las motivaciones personales. En cada uno de nosotros se producen diversas y variadas motivaciones que nos impulsan a asumir un compromiso, humano o religioso.

 

Motivaciones humanas o sociales:

 

De entrada, se requiere una gran dosis de sensibilidad social que se concreta en una actitud profunda de solidaridad con los más pobres y excluidos de y por nuestra sociedad. Ha de darse una fuerte sensación de rebeldía ante las injusticias sociales. Y, sobre todo, un sentir en carne propia el dolor de las víctimas. Lo que le ha de llevar a un compromiso  trabajando por la transformación de esta sociedad y de sus estructuras injustas que hacen sufrir a tantas personas, especialmente a los más débiles.

 

Motivaciones cristianas:

 

Estas provienen del campo explícito de la fe y de la opción radical por los pobres y oprimidos al estilo de Jesús de Nazaret. Se da una sensibilidad especial proveniente de una profunda experiencia del Dios amor que en Cristo se encarna como el Dios de la justicia, de la liberación, de la misericordia para con los pobres, los encarcelados, los excluidos por la sociedad y por las instituciones religiosas.

 

1)    CUALIDADES HUMANAS

 

El Voluntario es una persona, un creyente, preparado y cualificado para  desarrollar una serie de valores personales y vivir unas actitudes que le lleven a estar siempre en total apertura al otro, al prójimo, al hermano preso. Desde ahí descubrimos un modo de ser y de estar ante ellos. En este sentido se destacan los siguientes aspectos:

 

  • Siente el sufrimiento del preso como algo personal

  • Se siente herido por las injusticias y lucha por erradicar las causas que generan tanto dolor y sufrimiento a su alrededor.

  • Vive un proceso de madurez humana y se esfuerza por realizarse como persona cada día.

  • Sabe valorar sus cualidades y es capaz de reconocer sus limitaciones con humildad.

  • Sabe “escuchar” el grito de dolor de las víctimas y se pone en marcha para ayudar.

  • Tiene la sensibilidad suficiente como para sentirse mal por el sufrimiento del prójimo y se rebela.

  • Sabe encontrarse con la persona privada de libertad

  • Se esfuerza por ganarse la confianza del preso

  • Desarrolla una gran capacidad de escucha

  • Es dialogante, respetando la dignidad y la conciencia del preso

  • Muestra dotes de tener una ilimitada paciencia

  • Es muy sencillo y humilde

  • Es portador de la verdad, no miente nunca por quedar bien

  • Manifiesta mucha amabilidad y cordialidad en el trato con el preso y con los funcionarios

  • Sabe mediar con tacto y delicadeza en situaciones de conflicto entre presos y funcionarios

  • Dedica atención y está atento al mensaje que le comunica el preso

  • Es constante en el compromiso asumido con el preso y por respeto a él

  • Responsabilidad en todo

  • Fidelidad a la palabra dada al preso

  • Tiene un respeto máximo a la persona y a su conciencia

  • Manifiesta una sensibilidad extrema ante la persona

  • Procura conocer su realidad personal, sin ser curioso, cotilla o fiscal

  • Sabe tener una máxima discreción y respeta la confidencialidad de lo que le cuentan

  • Pide perdón cuando  ha cometido un error

  • Vive la empatía, y se mete en la vida del preso, asumiendo su drama

  • Tiene fortaleza de ánimo

  • Es transparente y tiene una gran apertura de corazón

  • Está entregado a la causa del preso

  • Valora la gratuidad de lo que  hace y por quién lo hace

  • Es  humano y humanizador

  • Cree en la persona, en sus valores y potencialidades, en su capacidad de cambiar

  • Sabe ser justo y tiene sentido de la justicia

  • Respeta la conciencia y la dignidad de cada persona

  • Sabe aprender de los errores cometidos

  • Es  prudente como la paloma y astuto como la serpiente

  • Es muy optimista, alegre y con mucho humor

  • Escucha con todos los sentidos, con delicadeza y amor

  • Acoge y muestra interés y alegría al que se le acerca

  • Vive una alegría  interior por todo lo que hace en beneficio de los demás

  • Presencia cercana, personalizada

  • Acepta a la persona como es, respetando sus ritmos y su evolución, a veces, muy lenta

  • Es paciente ante las debilidades, las insistencias, la pesadez machacona del que está necesitado de casi todo

  • No se escandaliza hipócritamente por lo que oye o ve.

  • Es comprensivo ante las recaídas, los fallos reiterados

  • Valora la equidad y la justicia, tratando a todos por igual, con preferencia hacia los más desfavorecidos y necesitados

  • Se siente igual a él y le tratar con confianza, respeto y tolerancia

  • Asume su causa y lucha para evitar injusticias

  • Persevera en el compromiso asumido y no cede al desaliento y la comodidad

  • Tiene un respeto a la palabra dada o al compromiso asumido con el preso

  • Es fiel a la persona presa

  • Valora la dignidad al preso como  persona, sin tener en cuenta  su delito

  • Trabaja en coordinación con otras instituciones voluntarias, personal de la prisión,…

  • Conecta con la familia, es  puente y vínculo de reconciliación entre  familia y preso

  • Acompaña al preso en el difícil proceso de reinserción, tanto dentro como fuera de la prisión

  • Sabe entusiasmar e ilusionar al preso haciéndole ver sus cualidades y valores para que luche con pasión por su reinserción

  • Sabe hacer un análisis crítico de la realidad social, penitenciaria, eclesial y del interior de la prisión, así como de cada preso para poder ofrecer respuestas coherentes, justas y comprometidas

  • Dispone de tiempo necesario para asumir compromisos

  • Se siente necesitado de una  formación permanente en los campos de la Biblia, teología, temas jurídicos, penitenciarios,...

  • Es equilibrado afectiva, emocional  y psicológicamente

 

2)    CUALIDADES EVANGÉLICAS

 Pero el Voluntario, en nuestro caso, es, ha de ser un creyente. Alguien que realiza una misión evangelizadora dentro y fuera de la prisión, que desarrolla su apostolado desde una vocación, una llamada que le hace Cristo para que anuncie la Buena Noticia a los pobres y saque de la prisión a los privados de libertad, acompañándoles en el tortuoso camino de su incorporación a la familia, a la Iglesia y a la sociedad. Un creyente que está vinculado a la Iglesia, que se siente Iglesia y vive su fe en comunidad; que recibe de la Iglesia, de su pastor, el encargo y la misión de ejercer el ministerio de la misericordia y la redención dentro de la cárcel para ser testigo de Cristo y su evangelio, para compartir su fe con los hermanos privados de libertad y formar parte de la comunidad cristiana en prisión.

El Voluntario cristiano es puente entre la Iglesia en libertad y la Iglesia existente en el Centro Penitenciario.

 

Por ello,  reseñamos algunos valores y actitudes que todo Agente de Pastoral debe vivir en su  tarea misionera y evangelizadora.

 

  • Es persona de oración, con una fuerte espiritualidad, con una experiencia profunda del Dios de la misericordia y la compasión

  • Es un místico de la misericordia y del amor de Dios Trinidad y lo transmite

  • En oración, ante Dios le habla de los presos, y ante éstos les habla de Dios con hechos y palabras

  • Vive las bienaventuranzas y encarna en su vida las obras de misericordia

  • Está en permanente proceso de conversión

  • Se dejar evangelizar por los pobres y los que sufren, los marginados, los oprimidos y los presos.

  • Vive y descubre a Cristo en cada ser humano que sufre.

  • Vive la fe a prueba de abnegación, de renuncia y de martirio.

  • Es capaz de gritar la hipocresía de nuestra sociedad y de nuestra Iglesia que arrinconan y se olvidan de los delincuentes y marginados.

  • Anuncia la Buena Noticia a los presos y es buena noticia esperanzadora para ellos

  • Con toda humildad, está dispuesto a compartir su experiencia de fe con los privados de libertad.

  • Se siente Iglesia, en comunión con su Obispo, enviado por él a  formar una  comunidad creyente en el interior de la prisión con los presos y presas

  • Hace una opción preferencial por los pobres y excluidos y ve en ellos el verdadero rostro de Cristo

  • Es parte y se siente vinculado estrechamente a la Capellanía de la prisión desde la Delegación o Secretariado diocesano de Pastoral Penitenciaria y asume sus directrices pastorales

  • Vive la compasión con el hermano preso; compartiendo su pasión, su dolor y sufrimiento

  • Anuncia  la Liberación de Cristo y  su Buena Noticia de salvación

  • Vive el amor al preso a prueba de sacrificio, de abnegación, de dar la vida

  • Tiene firmes convicciones en los valores del evangelio, en la moral evangélica, en los principios de nuestra fe y en la ética humana

  • Es persona llena de  esperanza, que irradia ilusión, que abre caminos de recuperación y de reinserción

  • Cree en la persona presa y trabaja por su conversión y transformación humana y cristiana

  • Apuesta por los pobres como Jesús

  • Es sal y luz en medio de tanta tiniebla y desesperanza

  • Tiene entrañas de misericordia, como el Padre Dios y como Cristo, y perdona y acoge con bondad al hijo pródigo

  • Cree y acepta a la persona presa con el estilo y talante evangélico de Jesús, y lucha por la transformación y conversión del preso

  • Es un samaritano que se acerca, acoge, sana y pone su vida al servicio de la víctima, del caído, del marginado

  • Es un testigo del amor y la misericordia de Cristo

  • Se ofrece y se da desde la gratuidad

  • Es paciente y perdona las debilidades y recaídas

  • Vive la Palabra de Dios y la  transmite

  • Está en continua formación bíblica, teológica, moral, penitenciaria,…

 

Perfil negativo del Voluntario

 

  • No es un voluntario “altruista.”

  • No un  alma piadosa que necesita a los “pobres presos” para santificarse.

  • No el “ingenuo” que se cree que todos los presos son buenos, “pobrecitos de ellos”

  • No una persona aburrida que va a la cárcel a “matar el tiempo”.

  • No persona sensiblera que actúa desde el paternalismo/maternalismo.

  • No el “super bueno”, posesivo e infantil que dice ir  a visitar “a sus presos”, o “sus niños”

  • No el seudo cristiano anclado en un infantilismo religioso.

  • No la persona inmadura y desequilibrada que va a proyectar sus traumas a los presos

  • No el redentor por libre que se siente indispensable en esta misión con los presos.

  • No el que va a la cárcel como el maestro que enseña y da lecciones de fe y moral.

  • No el  imprudente y vocinglero

  • No el  irresponsable.

  • No el que va a  la cárcel con tristeza o con prisas

  • No el que trabaja individualmente, sino en equipo y como comunidad

  • No el que se siente el ombligo de la Pastoral Penitenciaria y protagonista de cuanto se hace en ella

  • No el que ser siente un héroe ante los demás porque va a la cárcel

  • No el que asume compromisos como voluntario  cuando no  puede luego poder ir a la cárcel por cualquier circunstancia

  • No el que se comprometer con los presos a  hacer determinadas cosas que no le corresponden hacer o no  las  puede cumplir

  • No el que se salta las normas de la prisión

  • No el cotilla que empieza a preguntar al preso  sobre su delito  o circunstancias del mismo, o pretende indagar en la vida del preso

  • No el que crea falsas expectativas en los presos

  • No el que discrimina a algún  preso por razones del delito cometido, ideológicas, étnicas, …

  • No el que se muestra ser un pasota en la cárcel

  • No el que miente o  trata de engañar al preso, aunque él lo esté haciendo contigo

  • No el que va a la cárcel a realizar labores de suplencia que le corresponde hacer a los profesionales

  • Tampoco el voluntario es aquel que se ofrece a serlo para promocionarse a nivel personal o profesional

  • Ni mucho menos el que se sirve de la estructura de la Pastoral Penitenciaria para satisfacer intereses personales.

 

III.-  EVANGELIZAR:  QUÉ ES,  A QUIÉNES  Y  DÓNDE

 

3,1: ¿Qué es  evangelizar?

 

Es el anuncio explícito de la Buena Noticia de Jesucristo.[22]