EL
AGENTE DE PASTORAL PENITENCIARIA:
PERSONA Y CREYENTE

La Pastoral
Penitenciaria de nuestra Iglesia en Andalucía va haciendo camino desde
la misión y el compromiso evangelizador que, cada uno de los Agentes de
Pastoral Penitenciaria -capellanes, sacerdotes, religiosos, religiosas y
laicos- vamos realizando día a día, con ilusión y entusiasmo, en cada
Centro Penitenciario junto a nuestros hermanos privados de libertad.
Existe un
empeño y una voluntad decidida de seguir buscando nuestra identidad como
creyentes vocacionados para ejercer el ministerio de la misericordia y
de la redención en esta parcela tan difícil de la pastoral eclesial con
los excluidos que sufren la pérdida de la libertad.
Desde el Departamento Nacional de
Pastoral Penitenciaria de la C.E.E., se han venido organizando Jornadas,
Congresos y encuentros que han tratado específicamente el tema de la
identidad del Voluntariado cristiano de prisiones, la formación, los
perfiles humanos, psicológicos, religiosos, creyentes, etc.
Somos
conscientes que cada Capellanía de la prisión –capellanes y agentes de
pastoral- hemos de seguir avanzando para que esta tarea evangelizadora
sea cada vez más eficaz, procurando, para ello, adquirir una formación
más amplia y profunda en los diversos campos de la teología, la
catequesis, la psicología, el derecho penal, el Reglamento
Penitenciario, …
Nuestra
pastoral se circunscribe en unos ámbitos humanos y sociales muy
específicos y cualificados y que se revisten de situaciones muy
extremas y delicadas, en las que la persona sufre y padece serias
carencias humanas, afectivas, psicológicas, familiares y sociales que le
afectan gravemente, dibujando un perfil dramático y sufriente para la
persona encarcelada.
Esta situación nos hace a los
creyentes, agentes de esta pastoral de la misericordia, de la justicia y
de la libertad, adquirir una profunda espiritualidad que se enraíce en
el Evangelio y en la persona y el espíritu de Jesús de Nazaret, el
Redentor y Liberador de sufrimientos, miserias, esclavitudes y
opresiones; asumiendo su propia pedagogía y el modo cómo trataba a los
pobres, los pecadores, los excluidos y marginados de su tiempo. Él pasó
por la vida “haciendo el bien y liberando a los oprimidos”
.
Mostraba un tacto especial, cargado de ternura, delicadeza y
sensibilidad ante cada persona que a él se acercaba o a quien el mismo
Jesús se hacía presente en su vida.
Jesús, en cada encuentro que tenía
con toda persona marcada por el sufrimiento, el dolor, la marginación o
el pecado, la sabía valorar y le hacía descubrir sus potencialidades
interiores, anímicas, psicológicas y espirituales; tras un proceso, la
persona se sentía “curada”, “liberada” de sus males y dolencias e
iniciando un camino de conversión y recuperación de su dignidad como
persona, de su integración en la familia, la sociedad y el templo, así
como de su fe como hijo de Dios. Este era un auténtico proceso reinsertador
de la persona.
Nuestra
tarea en el empeño por la formación ha de ardua, constante y firme.
Formación espiritual y formación humana y específica, acorde con nuestra
misión dentro de los Centros Penitenciarios para poder ofrecer a los
presos y presas un camino y unas alternativas válidas de cara a su
recuperación como persona y como cristiano y a su futura integración en
la familia, la Iglesia y la sociedad.
Esta reflexión, en la que recojo las
aportaciones hechas por algunos Agentes de Pastoral de nuestras
Capellanías, y, teniendo en cuenta el perfil dibujado en la reflexión
hecha en la VII Asamblea de la Pastoral Penitenciaria de Andalucía
,
pretende ofrecer un poco de luz y de estímulo para todos los cristianos
que ya están ejerciendo el ministerio de la misericordia y la redención
dentro de los Centros Penitenciarios o fuera de ellos, y para quienes se
sientan vocacionados a dedicar su vida al servicio de los pobres y
marginados desde la parroquia, el barrio u otra obra de caridad o
asistencial.
I.- HISTORIA
DE UNA PRESENCIA LIBERADORA
Es bueno
comenzar situándonos desde la perspectiva de la historia de la salvación
para así poder tener un punto de partida de cara a nuestra misión
evangelizadora con los privados de libertad. Es Dios mismo quien, en
Cristo Jesús, nos va imbuyendo de su mismo Espíritu para que también
nosotros nos sintamos llamados, elegidos y enviados a “proclamar la
liberación a los presos”.
1.- De
Moisés a Jesús de Nazaret
1,1. Moisés
El Dios de
Abraham, Isaac y Jacob apuesta por la liberación de un pueblo, de su
pueblo, que había caído bajo la opresión y la esclavitud en Egipto y
quiso sacarles de la represión brutal de la que eran objeto, con
trabajos inhumanos, humillaciones y desprecios. Es un Dios sensible al
clamor de los oprimidos.
Dios se presenta cercano, atento y
dolorido por el sufrimiento, por la esclavitud que sufre su pueblo. Así
se lo hace saber a Moisés en el episodio de la zarza ardiendo: "Bien
vista tengo la aflicción de mi pueblo en Egipto, he escuchado el clamor
que le arrancan sus capataces; pues ya conozco sus sufrimientos. He
bajado para librarles de la mano de los egipcios".
Dios está
comprometido con la causa de los pobres, de los que sufren la esclavitud
y la cautividad. El mismo Dios en persona baja hasta lo profundo de la
esclavitud para liberar.
En esta empresa liberadora quiere
contar con la ayuda valiosa, aunque tímida y cobarde en principio, de
Moisés. Esta es la propuesta que Dios le hace:
"Ahora, pues, ve, yo te envío al Faraón para que
saques a mi pueblo, los hijos de Israel, de Egipto"
.
Dios envía a Moisés al Faraón con
este encargo:
"Tú dirás
al Faraón: Así dice el Señor: Israel es mi hijo, mi primogénito. Te
ordeno que dejes salir a mi hijo para que me dé culto. Si te niegas, yo
mataré a tu primogénito".
El pueblo de Israel cree en el Dios
de sus padres Abraham, Isaac y Jacob, cree en el Dios que le ha elegido
como pueblo suyo, cree en el Dios de la liberación que no permite ni
tolera la esclavitud ni la opresión, en cualesquiera de sus formas. Que
su Dios no consiente que ningún hombre, institución, gobierno o nación
esclavice a un ser humano, ni que practique la tortura, la opresión, el
sufrimiento sobre el código de la Alianza
.
En esta Alianza se matiza la acción salvífica de Dios en exclusiva:
"Yo soy el
Señor tu Dios, que te ha sacado del país de Egipto, de la casa de la
esclavitud. No tendrás otros dioses frente a mi"
.
1,2. Los
Profetas
La acción
del Dios liberador en la historia de la salvación desde los profetas se
orienta hacia el restablecimiento de la justicia y del derecho: no
importa el poder de Dios, sino la liberación, el hacer reinar la
justicia y la defensa del pobre.
En el
profeta Isaías se designa a Dios como redentor destacando la idea
de solidaridad. Redentor es el pariente más próximo de las
víctimas o los desposeídos, quien tiene la obligación de vengar,
rescatar o redimir los bienes y las personas que hayan caído en manos
ajenas o extrañas. Redentor es, pues, el protector oficial de sus
parientes. Desatar y liberar designa la acción de romper las ataduras
que esclavizan, mediante el acto de desatar o la entrega de un rescate.
Dios es llamado redentor de Israel,
pues Dios es el pariente próximo, el que rescata, el protector y
vengador de Israel. Además, Dios se declara redentor de los pobres en el
interior de la propia nación judía
,
Padre de los huérfanos y tutor de las viudas, es Dios en su santa
morada. Dios da a los desvalidos el cobijo de una casa, abre a los
cautivos la puerta de la dicha".
Yahvé es el redentor de Israel porque
defiende a los pobres del pueblo, hace justicia a los oprimidos, da pan
a los hambrientos y la libertad a los cautivos
,
proclama que el ayuno que Dios quiere es
"abrir las prisiones injustas, hacer saltar los
cerrojos de los cepos, dejar libres a los oprimidos, partir el pan con
el hambriento, recibir en casa a los pobres sin hogar. Que cuando veas a
un desnudo, lo cubras, y no te apartes de tu semejante"
.
Por otra parte, la misión del profeta ungido por el Espíritu del Señor
es "anunciar la Buena noticia a los pobres, a anunciar la libertad a los
cautivos, la liberación a los encarcelados"
.
En los
profetas se va explicitando la redención aplicada a Dios, porque Dios
irrumpe en la historia de la humanidad para implantar la justicia y el
derecho, para salir en favor de los pobres, para ser
"fiador-redentor" de los cautivos y esclavos. En contraposición,
para derribar del trono a los poderosos y humillar a los soberbios de
corazón, para aniquilar de la tierra a todos los opresores.
1,3. Jesús
de Nazaret
Jesucristo
es el redentor del mundo, es nuestro redentor. Jesús es enviado
por el Padre como Redentor del género humano, como liberación para el
pobre y oprimido. Redención y liberación son las claves del Reino de
Dios, son el eje sobre el que gira la vida y el mensaje de Jesús de
Nazaret.
El programa
de Jesús
Al comienzo
de la predicación del Reino, Jesús, enlazando con el Espíritu del Dios
del A. T. asume su condición de enviado, de Mesías, de ungido.
"El Espíritu del Señor está sobre mi,
porque él me ha ungido. Me ha enviado a anunciar la Buena Noticia a los
pobres, a proclamar la liberación a los cautivos, para dar la libertad a
los oprimidos, y proclamar un año de gracia del Señor"
.
Después de
esta lectura realizada en la sinagoga de su pueblo de Nazaret, Jesús es
tajante, sorprendente, atrevido: "hoy, en vuestra presencia, se
cumple esta lectura que acabáis de oír" (v.21). Jesús asume en su
persona la función redentora y liberadora que su Padre Dios había
desempeñado en el A.T.
A partir de
ese momento, Jesús sabe lo que quiere, tiene clara su misión, sabe a qué
ha venido, ha entendido para qué lo quiere el Padre, y, desde ese
momento, está dispuesto a cumplir la voluntad del Padre hasta el final,
hasta derramar la última gota de su sangre, hasta el último suspiro en
la cruz, hasta el abandono final en las manos del Padre. Jesús mismo va
a ser, es el "pariente cercano" que pague, con su vida, con su
sangre, el rescate de todos los cautivos y oprimidos de la historia.
Jesús es consciente que encarna el
Reino de Dios, el proyecto liberador de Dios en favor de los pobres. Así
se lo hace saber a Juan Bautista cuando, desde la cárcel de Maqueronte,
le llega la pregunta:
"¿Eres tú
el que ha de venir o tenemos que esperar a otro?. Id y contarle a Juan,
le responde Jesús, lo que estáis viendo y oyendo: los ciegos ven, los
cojos andan, los leprosos quedan limpios, los sordos oyen, los muertos
resucitan y a los pobres se les anuncia la Buena Noticia"
.
Los pobres,
los desheredados de la tierra, las víctimas, comienzan a percibir la
sensación de que sus vidas pueden cambiar. Quizá no cambie su situación
económica o social, pero sí notarán el cambio al comprobar que Dios está
con ellos, que les acompaña, que apuesta por ellos, que se la juega por
ellos contra los poderes de este mundo.
Las
Bienaventuranzas: el Reino de los pobres
Esa
sensación de los pobres no es pura falacia ni ilusión, ni el consuelo de
los perdedores, porque Jesucristo se atreve, y tiene la osadía, de
provocar a los poderes políticos y religiosos al proclamar con valentía
que "los pobres son bienaventurados".
Visto desde
los ojos del mundo, estas palabras de Jesús suenan a provocación en toda
la regla, un grito revolucionario, una chaladura del Nazareno, un sacar
los pies de las alforjas. ¿Para qué remover conciencias? ¿Para qué
desestabilizar la tranquilidad de todos los fariseos de ayer y de hoy?
Que Jesús se ponga a gritar diciendo
"que se ha cumplido el tiempo, se acerca el Reino de Dios y
convertíos"
,
es algo que, ni ayer ni hoy, es creíble.
La clave
para entender las bienaventuranzas de Jesús está en la conversión.
¿Qué es la conversión?: ser otro, no de cuerpo, sino de mente y de
corazón; nacer de nuevo. La conversión es aceptar lo que el Otro,
o sea, Jesús te plantea como exigencia y como garantía de
felicidad y de salvación, de liberación plena.
La
conversión es regenerar, recrear lo que está perdido o muerto -o medio
muerto-, tanto en el terreno personal, de la fe, como social y
comunitario. Jesús pide un cambio radical del hombre entero en todas sus
dimensiones de la persona.
II.- LA
MISIÓN DE LA IGLESIA EVANGELIZANDO A LOS POBRES Y OPRIMIDOS
La Iglesia,
siguiendo los pasos del Mesías Liberador, ha anunciado a los largo de
los siglos el mensaje de misericordia y liberación. La cárcel ha sido
siempre un instrumento de poder, lo que ha conllevado que no siempre se
haya actuado de forma humanitaria o se hayan respetado los derechos y la
dignidad de los detenidos. Ha sido la Iglesia quien, a través de
creyentes comprometidos y sensibles ante el drama del sufrimiento de los
encarcelados, ha sabido estar al lado de los que habían perdido la
libertad, la dignidad y los derechos, denunciando proféticamente el
abuso de poder y los atropellos cometidos contra los delincuentes. Y de
modo más patente se plasma esta presencia cuando surgen en la Iglesia de
la Edad Media, hombres carismáticos que asumieron el programa liberador
de Jesús de Nazaret y ofrecieron a la Iglesia y a la sociedad de su
tiempo un carisma de misericordia y de redención, al contemplar la
situación de las víctimas de las Cruzadas entre moros y cristianos –las
guerras de religión- de todos aquellos hermanos en la fe que habían sido
hechos cautivos y vendidos como esclavos. Tales son los casos de Juan
de Mata y Pedro Nolasco, quienes fundaron, respectivamente, las Órdenes
de la Santísima Trinidad y la redención de cautivos (trinitarios) y
la de Nuestra Señora de la Merced (mercedarios).
Pero la
historia de la Pastoral Penitenciaria en España, tal y como la estamos
viviendo ahora, es muy reciente. Data de principios de los años 80
cuando se comenzaron a tener los primeros encuentros de Capellanes a
nivel nacional. En aquella época, la gran mayoría de los Capellanes que
ofrecían los servicios religiosos a los presos eran sacerdotes que
accedían a ser Capellanes de las cárceles por oposición y entraban a
formar parte de la nómina de funcionarios del Estado. El
sacerdote-capellán actuaba solo y sin dependencia alguna del Obispo de
la Diócesis, ya que solo dependía de la Institución Penitenciaria;
trabajaba en solitario sin intervención de otros sacerdotes y, mucho
menos, de laicos cristianos.
Siguiendo
las corrientes de la Pastoral Penitenciaria que funcionaba en Europa,
muchísimo más avanzada que en España, se comenzó a introducir el término
de Capellanía de la prisión en vez de Capellán de la prisión.
Por
Capellanía se estaba denominando una
realidad pastoral de Iglesia, en la que intervenían el Capellán, con
nombramiento y presentación oficial del Obispo de la diócesis,
sacerdotes, religiosos/as y laicos. Comenzaba a asumirse que la
Capellanía de la prisión tenía que ser una realidad pastoral diocesana,
integrada plenamente en la Pastoral de Conjunto de la Diócesis.
Dando los
primeros pasos en esta misión pastoral se celebró el I Congreso
nacional de Pastoral Penitenciaria en Madrid, bajo el título “La
Iglesia ante el hecho social de la delincuencia y las prisiones”.
En las Conclusiones de dicho Congreso se pusieron de manifiesto los
deseos y la firme voluntad de dar un giro espectacular a la pastoral en
las prisiones que hasta entonces se estaba llevando en España. Se
presentaron propuestas con marcado acento de denuncia profética ante la
sociedad, el Estado y la Iglesia con respecto a las prisiones y a los
privados de libertad, reivindicando respeto a la dignidad y a los
derechos de las personas presas, también se propusieron líneas de
actuación pastoral para la Iglesia y cuantos cristianos quisieran
comprometerse en esta pastoral. Reseño algunos de estos puntos:
«2.
Conscientes de que la asistencia religiosa en las prisiones no debe
estar únicamente en manos del capellán, hacemos un llamamiento a las
comunidades cristianas y a todos los hombres de buena voluntad, para
que surja un voluntariado de hombres y mujeres que, en nombre de la
Iglesia local, y en nombre propio, se pongan al servicio de nuestros
hermanos encarcelados, los más pobres, los marginados, los más
desechados y los más olvidados.
3. Un
voluntariado integrado por visitadores y visitadoras de las cárceles,
portadores de paz, de comprensión y de cariño, en un mundo lleno de
tensiones, de incomprensiones y de odios.
4. Un
voluntariado que sea capaz de mirar a los reclusos como hermanos muy
queridos, pues el hombre podrá ser un delincuente en el plano de la
ley, pero en el plano humano es un hombre como todos los demás, con los
mismos deberes y derechos, un hijo de Dios digno del mayor respeto.
5. Un
voluntariado de hombres y mujeres, libres y liberadores, empeñados y
comprometidos en liberar a los reclusos de todas las cadenas que les
tienen aherrojados, amigos de los pobres, de los pecadores, de los
marginados, tal como hizo y dijo que había que hacer el mismo
Jesucristo. Los presos son deficitarios de amor y hay que llevarles amor
para producir amor. Un voluntariado que va a evangelizar a los reclusos
y a ser, al propio tiempo, evangelizado por ellos.
6. Y que
este voluntariado esté normalizado, regulado, respaldado y garantizado
por la Dirección General de Instituciones Penitenciarias. Que la
Delegación Episcopal de Pastoral Penitenciaria gestione ante la
Dirección General de Instituciones Penitenciarias la debida
autorización para que los agentes de la Pastoral Penitenciaria,
integrados en el voluntariado cristiano de las prisiones, no encuentren
inconvenientes en los centros penitenciarios, e incluso que se les
provea de un carné expedido por la Dirección General de Instituciones
Penitenciarias»
.
2,1.- Perfil del Capellán en la
Pastoral Penitenciaria
Y
como esta pastoral de la Iglesia, misionera y evangelizadora, sigue
avanzando, aporto un trabajo de reflexión realizado por los Capellanes
de Argentina el año 2007 sobre las cualidades que deben adornar y
enriquecer al sacerdote-capellán que se comprometa en este apostolado
carismático y vocacionado con los hermanos y hermanas presos.
|
CUALIDADES |
|
HUMANAS |
EVANGÉLICAS |
PASTORALES |
|
DIALOGANTE
CERCANO
ALEGRE
JOVIAL
SINCERO
ACOGEDOR
ATENTO
DELICADO
OBSERVADOR
FORMADO
SENSIBLE
AMIGO
SERVICIAL
AMABLE
AFECTIVO
SOCIABLE
OPTIMISTA
INTELIGENTE
SENTIDO COMÚN
CORDIAL
UBICADO
HUMILDE
GENEROSO
ABIERTO
AFABLE
MAGNÁNIMO
PACIENTE
HUMOR
COMPRENSIVO
JUSTO
NO PREJUZGA
POSITIVO
MADURO
EQUILIBRADO
HUMANO
AFECTIVO
EMPATÍA
ENTREGADO
GENEROSO
SENCILLO
COHERENTE
VALIENTE
CORAJE
INQUIETUD
CONFIANZA
COMPARTIR
SILENCIO
RESPETO
SENSIBLE
DELICADO
PACIENTE
PRESENCIA
CERCANÍA
NO JUZGA
SOLÍCITO
COMPARTIR
VARONIL
COMUNICATIVO
TRABAJA EN EQUIPO
SOLIDARIO
SABER SER
SABER ESTAR
SABER HACER
|
MISERICORDIOSO
COMUNIÓN
ORACIÓN
CONFIANZA
ENVIADO
IDENTIDAD CON POBRES
CONTEMPLATIVO
SAMARITANO
COMPASIVO
ACOMPAÑA
CONVERTIDO
CONSTRUIR DESDE EL PRESO
ACOMPAÑA PROCESO CONVERSIÓN PRESOS
CREER Y DESCUBRIR QUE CRISTO ESTÁ EN EL PRESO
APRENDER DEL PRESO
DE RODILLAS ANTE EL PRESO (sagrario)
MARAVILLARSE
SENTIR VOCACIÓN
CORAJE
BÚSQUEDA
DARSE
ESPERANZADOR
HUMILDE
SANTO
FE
AMOR
AGRADECIDO
REFLEJA EL ROSTRO DE CRISTO-IGLESIA
ANUNCIA LA B.N.
DISCÍPULO
ENAMORADO DE CRISTO-VIRGEN
TRANSPARENTE
PROFETA
|
DISPONIBILIDAD
GENEROSIDAD
APERTURA
COMPRENSIÓN
ENTREGA
ESCUCHA
NO ACEPCIÓN PERSONAS
INCANSABLE
IDENTIFICADO CON PRESOS
CREATIVO
EQUILIBRADO
VÍNCULOS COMUNIÓN
RECONOCER LIMITACIONES
ABIERTO A APRENDER
NO ABANDONAR EN LA CRISIS
SEMBRAR SIEMPRE
RECONCILIADOR
TRABAJAR EN EQUIPO
SABER ESCUCHAR
ORACIÓN COMPARTIDA
FRATERNIDAD
VINCULACIÓN CON OBISPO
PRESBITERIO
SENTIDO DE IGLESIA
HACER PARTÍCIPE AL PRESO
ADAPTACIÓN AL MEDIO
CATEQUISTA
PERDER EL TIEMPO
CELEBRAR
MAESTRO ORACIÓN
DISPONIBLE
COLABORACIÓN SIN MIEDO
CONFIANZA EN EL PRESO
COMPRENDER SU DOLOR
ESCUCHAR
DISCRETO
ASTUTO Y PRUDENTE
DEJAR ACTUAR A DIOS
OPCIÓN POR LOS PRESOS
COMPARTIR ORACIÓN CON LOS PRESOS POR PROBLEMAS DE LA CALLE
RESPONSABILIZA A LOS PRESOS
REPARTE TAREAS
CREA COMUNIDADES NO DEPENDIENTES DEL CURA
SENSIBILIZA A LA COMUNIDAD CRISTIANA
ADAPTARSE A LAS NECESIDADES DE LOS PRESOS
ORGÁNICO
KERIGMÁTICO
UNIDAD
TESTIGO DEL AMOR
DIÁLOGO
ORANTE
ORGANIZADOR
ANIMADOR
COORDINADOR
REFLEJAR A CRISTO DESDE LA VIDA
LLEVAR A LAS COMUNIDADES LA PASTORAL INTERIOR
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