Pastoral Penitenciaria Trinitaria

COMUNICADO DE LA PASTORAL PENITENCIARIA ARGENTINA

 

A LOS QUE NOS LLAMAMOS CRISTIANOS

Y QUEREMOS VIVIR EL EVANGELIO

SOBRE LA SEGURIDAD QUE QUEREMOS

Enviados por Jesús y hoy por nuestros Obispos a hacer posible la reconciliación en nuestra sociedad, herida por la división y el desencuentro, queremos ser una nación cuya identidad sea la pasión por la verdad y el compromiso por el bien común. Con un oído en el Evangelio y el otro en el clamor de quienes padecen, queremos manifestarnos desde nuestra fe en Jesús de Nazaret y afirmarnos en su Palabra. Nada nuevo cabe concebir sobre este tema, sino recordar lo que se viene anunciando a lo largo de los tiempos y conducirnos en consecuencia.

El Evangelio narra: Le dijo Pedro: «Señor, ¿cuántas veces tengo que perdonar las ofensas que me haga mi hermano? ¿Hasta siete veces?» Le dijo Jesús: «No te digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete.»[Mateo 18,21-22].

No se puede modificar esta Palabra a conveniencia del lector. Perdonar es perdonar a secas. Sin condiciones ni requisitos previos que deba cumplir el perdonado. Dios perdona sin rencores ni venganza; y manda amar de esa forma no sólo al hermano, sino al enemigo [Mt 5,43], a quien nos agravia en bienes y vida, a quien delinque contra nosotros. No manda a este que se arrepienta setenta veces siete, sino a cada discípulo que perdone de esa forma.

Dijo también Jesús: «Si tu hermano peca, repréndele; y si se arrepiente, perdónale. Y si peca contra ti siete veces al día, y siete veces se vuelve a ti, diciendo: `Me arrepiento', le perdonarás.» [Lucas 17 3-4]. No se contradice con el primero: el texto no dice que si no vuelve o si vuelve sin haberse arrepentido no le perdonarás. Pero lo usamos para poner por delante la actitud del otro y relegar el deber nuestro.

Muchas veces exigimos que, previo a nuestro perdón, el otro se arrepienta de la ofensa que nos ha hecho o de su mal actuar. Pero, aunque se arrepienta, no fortalecemos el perdón, sino que endurecemos el castigo. Cuando hablamos de perdonar no nos referimos a un perdón incondicional, sino que el castigo es condición de reconciliación. Creemos que sin castigo no es posible perdonar. Estamos muy lejos del mandato de Jesús. Porque en Cristo estaba Dios reconciliando al mundo consigo, no tomando en cuenta las transgresiones de los hombres, sino poniendo en nosotros la palabra de la reconciliación. [2 Col 16, 19-21].

No entendemos que un perdón libre de condiciones es promotor de arrepentimiento. Cuanto más grande es el agravio del perdonado, más desconcierto y conmoción provoca el perdón. Dios no perdona en premio de una «vuelta» del hombre hacia él, sino por pura benevolencia, diríamos que por una gracia preveniente, y el arrepentimiento vendrá después[1]  [cf. Ezequiel 16 62-63].

Todavía puede recordarse: «Si tu hermano llega a pecar, vete y repréndele, a solas tú con él. Si te escucha, habrás ganado a tu hermano. Si no te escucha, toma todavía contigo uno o dos, para que todo asunto quede zanjado por la palabra de dos o tres testigos. Si les desoye a ellos, díselo a la comunidad. Y si hasta a la comunidad desoye, sea para ti como el gentil y el publicano» (Mateo 18,15-17). El texto se refiere a una comunidad y no a los excluidos. Cuando tal comunidad no está conformada, no tenemos derecho a requerirle nuestra solidaridad al excluido y ni siquiera a llevarlo a juicio. Porque en la medida en que tan sólo uno quede excluido de la comunidad del bien común ya no habrá tal bien común ni derecho a reprender.

Ahora bien: ¿Hemos sido perdonados alguna vez?.

El dueño lo hizo llamar y le dijo: Siervo malo, todo cuanto me debías te lo perdoné en cuanto me lo suplicaste. ¿No debías haberte compadecido de tu compañero, como yo me compadecí de ti?. Y estaba tan enojado que lo entregó a la cárcel hasta que pagara… Así hará mi padre celestial con ustedes, si no perdonan de corazón [Mateo 18,23-35]. Este es nuestro caso. Después de haber sido perdonados y reconciliados por pura gracia pedimos penas más crueles y destructivas para aquellos que nos dañaron de una forma incomparablemente menor que nuestras ofensas a Dios. Este no es el camino.

Lo temible es que este desbordamiento de misericordia de Dios no puede asistirnos mientras no hayamos perdonado. El amor, como el cuerpo de Cristo, es indivisible, no podemos amar a Dios a quien no vemos, si no amamos al hermano que nos ha agredido[2]. Si pedimos más cárcel para nuestros hermanos, el corazón se cierra, su dureza se hace impenetrable al amor misericordioso del Padre. Porque hemos pedido ser perdonados “como” nosotros perdonamos. “Como”, al modo, a la manera en que nosotros perdonamos[3]. Este “como” no es el único en la enseñanza de Jesús. “Sean perfectos “como” perfecto es vuestro padre Celestial” [Mt 5,48]. “Sean misericordiosos “como” vuestro Padre es misericordioso [Lc 6,36].

¿Acaso estamos necesitados de perdón?

En la Argentina se produce alimentos para 350.000.000 de personas...¿Los cristianos que concurren a los actos piadosos saben que en esa Argentina, la principal causa de muerte es el hambre y no la delincuencia? ¿Saben cuántos niños mueren diariamente por desnutrición? Una Iglesia-comunidad, después de cada Eucaristía -maravillosa fuente del Amor que Jesús señala como el Mandamiento Nuevo generador del mundo nuevo- ¿Se reúne una y mil veces para encontrar caminos de salida de este pecado social argentino? La comunidad Iglesia no se puede contentar con la ayuda para paliar el hambre. La mayoría de la muchedumbre que pide más penas para la delincuencia, son cristianos. Entonces, no entienden que la primera “violencia es el hambre” [Juan Pablo II] y que la injusticia social es la raíz de todo tipo de violencia. Por eso Jesús para liberarnos del mal personal y social nos manda que nos amemos como Él nos ama: ágape-comunión, con el mismo amor que nos ama y fruto de su Pascua: el Espíritu Santo en persona. La Iglesia entera tiene que revisar seriamente la formación social de los bautizados para llegar a un compartir fraternal, signo auténtico de la Fe real en Jesús Resucitado [Mons. Miguel Hesayne, obispo emérito de Viedma, Homilía 09.05.2004].

Podemos elegir cualquiera de los textos con que encabezamos y la enseñanza no cambia: Si es el primero, habremos de perdonar a todos quienes nos ofenden con su delito y no admitir el incremento de la cárcel que los destruye como persona y en sus familias y bienes. Si es el segundo, iniciemos nuestro camino de conversión, arrepintámonos de nuestros pecados de injusticia y de omisión social, volvámonos y pidamos perdón de todo corazón a nuestros hermanos hambrientos, sedientos, sin techo, desnudos, enfermos y carcelados [Cf. Mateo 25,34-36], para poder ser perdonados. Si es el tercero, preocupémonos que el “bien común” ampare a todos de modo tal que sea realmente “bien común”. Si es el cuarto es necesario: Que al juzgar recordemos tu bondad y al ser juzgados  esperemos misericordia [Sabiduría 12,22].

En seguimiento de esta Palabra nosotros, Pastoral Penitenciaria de Argentina, no podemos apoyar a quienes proponen Leyes represivas, pero compartimos y apoyamos todo esfuerzo por generar una conciencia ética en torno al problema de la violencia. Porque nuestro País tiene leyes y todo lo que hace falta es hacerlas cumplir. Porque la mano dura ha sido durante años y, es todavía hoy, la excusa y la justificación para miles de asesinatos perpetrados por el Poder. Porque no queremos que tenga más libertad de acción la corrupción. Porque debemos reflexionar si no somos nosotros quienes fomentamos delitos cuando compramos cosas robadas o no pagamos impuestos, o dibujamos números de la empresa, o pedimos coimas para hacer algo que debemos hacer, o fomentamos o silenciamos el tráfico de drogas, el tráfico de armas, el tráfico de información perniciosa, entre otros, y todo esto para un salvarnos egoísta.  Es imprescindible sacar a la luz si muchos secuestros y asesinatos no son acaso ajustes de cuentas políticos, parte de lo más oscuro de las internas partidarias u otras rivalidades. Es imperioso saber cuántos delitos son impulsados o promovidos y cuántos corresponden a áreas liberadas. Por todo eso, en nombre de Jesús, no podemos estar junto a quienes corean en la Plaza "pena de muerte, pena de muerte"[Lucas 23,21]. Porque duele la muerte de cualquier niño porque toda vida es valiosa, también la de nuestros niños muertos por desnutrición o molidos a palos en los calabozos, o injustamente asesinados por la violencia en el anonimato de nuestras grandes ciudades y por cuyo esclarecimiento nadie juntó firmas. Porque nos negamos a aceptar la privación de libertad de nuestros adolescentes pobres, solamente por ser “portadores de rostros sospechosos” y “mal vestidos”. Porque estamos convencidos que no se puede hablar de justicia donde el delincuente rico es impune y el pobre paga con la cárcel. Porque no creemos en la “Campaña Cívica” en la que ponen tanto ímpetu y tantas páginas y minutos de aire consumen los medios. Porque los mismos que ayer golpeaban cacerolas y juraban que su lucha era la del pueblo pobre, en cuanto comenzaron a recuperar sus ahorros y su tarjeta de crédito, empezaron a criticar otra vez “a esos que andan con palos y la cara tapada”. Porque quienes piden seguridad para todos, en cuanto encuentren un poco de seguridad para sus propios hijos ¡Poco les importará la vida de tanto muchacho pobre masacrado! Porque no quisimos escuchar por años a tantas madres pidiendo justicia para sus hijos, tratadas de locas o luchando en la marginalidad contra la impunidad ¿Es la primera vez que en este País alguien pide justicia para su hijo? En definitiva, porque la inseguridad está determinada por el miedo, y porque estamos convencidos que al miedo se lo supera con la búsqueda de la verdad y  la justicia y no con leyes de represión.

Nosotros creemos en Jesús de Nazaret, Él es nuestro Dios, Él nos ha mostrado el verdadero Rostro del Padre y por eso anunciamos  y testimoniamos los valores que nos enseñó:

  • Que el Amor vence al odio y a la indiferencia.

  • Que el Perdón es superior a la venganza.

  • Que la Misericordia es el fundamento de la comunidad humana.

  • Que la Dignidad de la vida humana es inalienable e impostergable

Por todo esto, la Pastoral Penitenciaria Argentina propone:

- Dedicar más fuerzas, ideas y presupuesto a trabajar seriamente en la prevención cuidando nuestras familias en lo material y espiritual (trabajo.

- Brindar una educación en todas las escuelas que realmente promueva a los pobres y no los estafen a ellos y a sus familias con certificados y títulos equívocos que no corresponden a los conocimientos adquiridos. Una educación que los lleve a la enseñanza superior y los iguale en oportunidades.

- Luchar para eliminar el fracaso de la enseñanza media.

- Erradicar definitivamente el hambre y la desnutrición de nuestros niños “en la Patria bendita del pan”.

- Que nuestros correccionales de menores y nuestras cárceles no sean sitios de encierro, sino lugares donde “todos” quienes las habitan puedan reorientar sus vidas, puedan realmente cambiar y no consolidarse en el delito, ahondar en el resentimiento y en el ánimo de venganza.

- Que nuestros legisladores trabajen por elaborar leyes justas, es decir leyes que ayuden a los más débiles de nuestra sociedad y no leyes que garanticen la fuerza del poderoso sobre el débil.

-Que los responsables de los medios masivos de comunicación se preocupen de formar en valores, usando todas las riquezas que estos medios nos brindan, y se formen ellos primero en estos valores[4].

- Queremos trabajar para construir un País donde todos quepan; un País que piense más en incluir que en excluir.

Por eso recordamos:

- A nuestros gobernantes: Que no deben ceder a las manipulaciones de grupos minoritarios de poder que pretenden asegurar sus intereses[5]. Que ninguna política criminal tiene validez ni eficacia si no está respaldada por una política social donde todos estemos incluidos.

- A nuestros legisladores que ninguna ley represiva o de incremento de penas tiene sentido ni proporciona seguridad si no ha sido precedida por leyes que garanticen la salud, la alimentación, el trabajo, el techo y la educación.

- A quienes hacen justicia, que está escrito:  “No tienes excusa quienquiera que seas, tú que juzgas, pues juzgando a otros, a ti mismo te condenas, ya que obras esas mismas cosas tú que juzgas, y sabemos que el juicio de Dios es según verdad contra los que obran semejantes cosas. Y ¿te figuras, tú que juzgas a los que cometen tales cosas y las cometes tú mismo, que escaparás al juicio de Dios?”  (Romanos 2, 1-4)

- A quienes tienen y no comparten lo suficiente:  “Ahora bien, ustedes, ricos, lloren y den alaridos por las desgracias que están para caer sobre ustedes. Su riqueza está podrida y sus vestidos están apolillados; su oro y su plata están tomados de herrumbre y esta será testimonio contra ustedes y devorará sus carnes como fuego. Han acumulado riquezas en estos días que son los últimos. Miren: el salario de los obreros que segaron sus campos y que no han pagado está gritando; y los gritos de los segadores han llegado a los oídos del Señor de los ejércitos. Ustedes han vivido sobre la tierra lujosamente y se han entregado a los placeres; han hartado sus corazones para el día de la matanza”. (Santiago 5, 1-6)

- A nuestras comunidades cristianas: Que sólo la Palabra de Dios es fundamento de las leyes y no nuestras pasiones. Que es Su voluntad que no se pierda uno sólo de sus pequeños, sino cada uno llegue, en Él, a su plenitud de persona. Que pesa sobre cada uno de nosotros, desde su lugar pequeño o grande, humilde o poderoso, ser promotores del orden y de la paz en nuestra sociedad y construir una Nación de hermanos. Que es nuestro deber ejercer una acción de servicio como parte de nuestra misión evangelizadora y misionera y suplir las ausencias y omisiones de los poderes públicos. Para que los desubicados y marginados de nuestro tiempo no se constituyen permanentemente en ciudadanos de segunda clase o prescindibles, pues son sujetos de derecho con legítimas aspiraciones sociales aunque puedan errar el camino para satisfacerlas[6].

- A los que nos llamamos cristianos por que hemos recibido el bautismo y nos decimos muy católicos, a los que queremos vivir el evangelio, este comunicado quiere ser una toma de posición concreta, decidida y personal.

- A los que no creen en la Buena Noticia del Evangelio expresamos que es tiempo de pensar opciones por una nueva manera de ser, de juzgar, de vivir y convivir para construir la seguridad que queremos.

SECRETARIADO DE LA PASTORAL PENITENCIARIA ARGENTINA


[1] Biblia de Jerusalén, Introducción a los Profetas.

[2] Cat.2840 con cita de 1 Juan 4,20

[3] Cat 2842

[4] Documento de Puebla 54-62

[5] Documento de Puebla 61

[6] Cf Documento de Puebla 1291

 

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