Pastoral Penitenciaria Trinitaria

CUARESMA - PASIÓN - RESURRECCIÓN

P. Vicente Benito Burgos, o.ss.t.

Capellán del Centro Penitenciario de Córdoba

        Aprovecho la ocasión que se me ofrece por medio de la Hermandad del Stmo. Cristo de la Humildad y Paciencia, María Madre de Desamparados y San Juan Evangelista, para hacer unas reflexiones con motivo del tiempo litúrgico que estamos celebrando.

        También en nuestras cárceles se vive realmente este tiempo fuerte, además de las  conferencias apropiadas, de los Via Crucis que celebramos, de las facilidades que se ofrecen para practicar los sacramentos, especialmente la confesión y la eucaristía, en la propia carne del preso y presa revive la pasión y la resurrección de Cristo.

PASIÓN

        En este mundo del dolor y del sufrimiento, cada interno e interna con su propia historia, en la privación de su libertad, vive la pasión. Son personas nacidas entre los excluidos de la sociedad, personas apartadas de todo síntoma de vida, personas a las que se les priva de su dignidad, en las que se le prima el programa antes que los derechos de la persona, en las que abundan las cadenas y no la tolerancia y el perdón. Reflexionando sobre esta realidad, os propongo la cita de la carta a los Hebreos 13, 3: “Acordaos de los presos que sufren torturas como si estuvieseis en su mismo cuerpo”. Todos sabemos que la cárcel es una de las mayores marginaciones. Nuestra jugada debe ser la dignidad humana a esas personas anónimas y luchar contra nuestra sociedad enferma que apuesta más por la seguridad ciudadana que por la integración social de la persona. Nosotros no debemos de cejar en el empeño de llevar el mensaje liberador de Cristo a tantos hombres y mujeres de nuestras cárceles. Hemos de ser denuncia profética y trinitaria, dando posibilidad de libertad a tantos reclusos de nuestros días.

RESURRECCIÓN

        En nuestras cárceles también hay resucitados, no todo es negativo. Hay presos que se sienten libres tras conocer a Jesús de Nazaret. La falta de libertad física no les impide que experimenten una fuerte libertad interior. Un recluso afirmaba: “parece mentira que estando preso como estoy, desde que conozco y amo a Jesús, mis cadenas del egoísmo, del sexo, del dinero, del tabaco, de la droga, de la delincuencia y de otros muchos vicios se han roto, han desaparecido”. Realmente se ha verificado en él una auténtica conversión y resurrección. Otro preso añade: “después de 17 años de cárcel me he encontrado conmigo mismo, encontré a Dios en mi vida y con Él la verdadera felicidad”. Verdaderamente esto es resucitar con Cristo Resucitado, porque se sienten presos liberados del pulpo de la droga y de tantos vicios. De los 64.215 privados de libertad en las cárceles de España, ¿cuántos resucitarán de verdad? De los casi 1.800 presos de nuestro Centro Penitenciario de Córdoba, ¿cuántos resucitarán a una reinserción auténtica?

        Que todos, los privados de libertad y los que somos libres, resucitemos en este tiempo litúrgico que se nos brinda.

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