"Debemos ponernos de acuerdo
contra las drogas"
Para el
prelado, al abordar el tema "no hace falta creer en Dios, pero sí,
simplemente, en hombres sanos". Rovai expresó su parecer al respecto del
flagelo que asola la ciudad y dijo que encabezará una misa de Navidad en
la cárcel local
El obispo José
Rovai sumó su punto de vista a la temática:
"Tenemos que
ponernos de acuerdo todas las instituciones de la ciudad contra algo que
nadie puede negar que es mortal: las drogas", con un llamamiento
enfático hacia las organizaciones sociales villamarienses, el obispo
José Angel Rovai reveló su posicionamiento ante el creciente flagelo que
azota la ciudad.
"¿Qué pasa en
la ciudad?, porque todos conocen de la situación, hay mucha gente que
sabe y otros lo gritan por ahí. Para abordar este tema no hace falta
creer en Dios, pero sí, simplemente, en hombres sanos. Acá se está
jugando un problema humano.", sostuvo con fuerza el titular de la
Diócesis.
Cabe recordar
que, días atrás, la fiscal Federal de Bell Ville Mercedes Pérez de
Sorribe informó acerca de los alarmantes números que se manejan en el
Juzgado Federal: de cada 40 casos por drogas que se receptan por mes, el
70% corresponden a nuestra ciudad.
"A mí me llama
la atención la despreocupación de muchos, porque no hace falta decir lo
malo que es drogarse. Este es un tema que no necesita aclaración",
advirtió el prelado en diálogo con EL DIARIO.
Conocedor de
la realidad local y asiduo visitante, no sólo de las parroquias ubicadas
en otras localidades de la región, sino de las iglesias erigidas en los
distintos barrios locales, Rovai no se guardó nada a la hora de abordar
la preocupante temática.
"A todos los
lugares de la Diócesis adonde voy, siempre digo que hay tres cosas que
me preocupan de Villa María: droga, prostitución y juego".
"Como obispo
he transitado más de 33 mil kilómetros por toda la región, quedándome en
cada una de las ciudades. Después de esto puedo decir que la realidad
villamariense, en cuanto a esta problemática, es la peor de todas",
remarcó el religioso.
Al respecto de
lo que sucede en la ciudad, el obispo puntualizó: "He recorrido todos
los barrios de la ciudad y en muchos de ellos los vecinos te dicen que
todo el mundo sabe donde están y en qué lugar se venden las drogas. Lo
peor de todo es que no se toman medidas".
A este
respecto acotó que "hay que educar a la juventud, prevenirla y
explicarles los daños que esto produce y después convocar a las
autoridades para que accionen en consecuencia".
"Villa María
es una ciudad de paso y relativamente grande, donde el fenómeno se ha
extendido. A la gente que me ha venido a ver le digo que nos pongamos de
acuerdo para ver qué hacemos", prosiguió diciendo Rovai a este matutino.
"Estoy
convencido de que si hay algo por lo cual tenemos que estar todos de
acuerdo, creyentes o no, es que la droga es la destrucción del hombre",
concluyó.
Desde el
Obispado se sostienen programas de rehabilitación
Interesados
Las drogas y
sus consecuencias sobre los villamarienses han tenido lugar
preponderante en varias de las charlas que el obispo ha sostenido, en su
despacho, con personas de la ciudad.
"Aquí han
venido muchas personas que me han venido a ver por el tema de las drogas
en la ciudad y yo les he dicho que no tengo policías a cargo, no tengo
poder judicial ni legislativo. Lo que sí puedo hacer es decir, expresar
mi desagrado sobre esta temática", rememoró Rovai.
Sin embargo y
a pesar de las buenas intenciones, la autoridad eclesiástica resaltó sus
recaudos a la hora de avanzar en un proyecto común: "Esta misma gente
quería hacer una comisión conmigo, como se hizo en la gestión del obispo
Roberto Rodríguez. Sin embargo, a la hora de obrar, lo dejaron solo".
"La gente que
me conoce puede afirmar que desde hace un año yo vengo predicando contra
esto. Más no puedo hacer, yo no tengo poder coercitivo. Acá tiene que
darse un marco de legalidad y sancionar a la gente que incurre en los
delitos de vender y producir estupefacientes", subrayó el prelado.
Por último
comentó: "He hablado hace poco con el intendente Eduardo Accastello,
estuve reunido con él. Conversamos de la temática y él se mostró muy
interesado".
Preocupación
Mientras las
voluntades se agolpan y buscan ser orientadas desde el Obispado, los
tentadores tentáculos de la droga y sus terribles consecuencias asolan
las calles de la ciudad.
Rovai,
consciente de los alcances nefastos de las adicciones comentó: "La
Argentina ha dejado de ser un país de tránsito para convertirse en un
país consumista".
También
agregó: "El tema de la droga es delicado porque tiene por detrás muchos
intereses económicos y está globalizada, lamentablemente. Hay muchos
intereses materiales alrededor de todo esto, está en juego mucho
dinero".
"A las
familias que me escuchan, les recuerdo que tienen hijos y nietos, motivo
más que suficiente para empezar a preocuparse. Cuando voy a confirmar a
las parroquias o hablo con grupos de adolescentes les expreso mi
preocupación por el consumo de drogas", manifestó el alto dignatario
para después agregar: "Con respecto a los que consumen, creo que ellos
son las víctimas de este sistema. Acá parece que sólo agarran a los que
consumen, siendo que a los que realmente tienen que atrapar es a los que
la producen y comercian".
"Creo que todo
lo que se diga es poco, acerca de las drogas y los problemas que
encierran", cerró el purpurado.
Vale recordar
que como proyecto de recuperación de adictos, el Obispado sostiene en su
seno a la “Casa Esperanza”.
En este espacio terapéutico,
se apunta a recibir y recuperar personas con problemas de adicciones.
Calabozos
El estado de
los calabozos en las dependencias policiales de la ciudad se han
mantenido en el eje de la discusión durante los últimos días, luego de
las declaraciones, en este medio, del fiscal de Cámara Francisco
Márquez.
El obispo
Rovai no se mantuvo al margen del asunto y también se pronunció acerca
de esta situación diciendo: "Creo que debemos observar con amplitud el
tema: primero agilizar los juicios de las personas que se encuentran
detenidas y, por supuesto, darles condiciones dignas de vida".
"Estoy
convencido que el delincuente no pierde nunca sus derechos humanos. A
veces las cárceles pueden convertirse en un lugar en donde,
precisamente, se delinque más todavía. La gente sale peor de este
ámbito", afirmó el religioso.
"Las cárceles
tienen que ser como una especie de elemento curativo y redentor, no
puede ser un lugar donde los individuos empeoren", enfatizó.
"El
próximo 24 de diciembre quiero celebrar la misa de Navidad en la cárcel
con ellos. En este momento quiero estar cerca de los internos. Me parece
que en esos días especiales debemos brindar humanidad y cercanía, algo
que pueda aliviar el dolor de la gente y eso nos compete a todos
nosotros".
"Las autoridades tienen que entender que estamos para el bien de la
población. Cuando se trata de temas como Educación, Salud o Seguridad u
otros aspectos sociales, no podemos estar ausentes", concluyó.