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Horacio Abram
Publica poesía y relatos desde la cárcel
Un interno de la cárcel local obtuvo el
segundo premio en un concurso literario organizado por el
Servicio Penitenciario de la provincia.
Se trata de Horacio Abram, oriundo de la
capital provincial, y que se halla purgando una condena en
la unidad de barrio Belgrano.
Con la colaboración del grupo pastoral de la
Iglesia Católica que trabaja en el instituto de detención,
Abram consiguió en los últimos días editar su obra "Ideas
mías", en la cual se plasman poesías y cuentos breves, fruto
de su inclinación por la letras.
Abram concurre a las reuniones que organiza
la Pastoral Penitenciaria en la cárcel local, con el fin de
"llevar la fe en Cristo y rescatar a las personas para la
cultura del trabajo, bajo el convencimiento de que la culpa
no se absuelve con la privación de la libertad, sino con
devolver con el bien a la sociedad".
La pastoral realiza conexiones entre
proveedores y los internos, para que produzcan artesanías,
tales como costura de pelotas de fútbol, tallado de espejos
y elaboración de artículos de cuero.
El detenido Abram demuestra un gran interés
por la lectura, a la vez que posee una notable habilidad
para el relato. A la derecha se reproduce uno de los cuentos
contenidos en “Ideas mías”.
Cuento sólo para quinieleros
Sería un tipo común y corriente, si no fuera
que soy un jugador empedernido. Me gustan todas, timba,
locas y cabaret, motivo que me llevó a la 44, todo por una
21. Pero comencemos como se debe, por el principio.
Un día como nunca me puse 14, después de ver
correr una 24, que bajó los cien metros en lo que jamás se
hizo, al menos que yo sepa y de eso sé un montón, se me hizo
la 31 y me dije: "Con esto vengo el domingo y le pongo toda
la 32 a la 34 y me hago de una buena 32". Todo el asunto era
una 36. Caían 01 y 38, porque 39 y me metí de 34 en un bar.
Busqué una 92 y me pedí un Fernando para
festejar la 20 que me iba a hacer el domingo con toda la 32
que me metería en el bolso. Hasta aquí la cosa iba de
primera y podría haber seguido así si no hubiera entrado esa
21. Era una 15 en pinta vestida con una mini que no se sabía
se quería entrar en ella o se quería salir. Tenía unas 42 en
color rosa marca qué se yo cuánto, pero la hacían tan niña
que me 93 enseguida.
Como un caballero que soy la invité a mi 92 a
cenar; enseguida aceptó. Cuando vino el mozo pidió una 49 a
la 36, acompañada de una ensalada de cebollas y 45; cortó un
poco de 50, y comenzó a comer (léase lastrar).
Mientras hablábamos de temas intrascendentes,
como buen cocinero, afilaba mentalmente mi 41 para faenarme
esa 23. Hizo bien la 56, porque entré como un 35, mientras
sonaba la 55 y caía la 39. No sabía cómo encarar la cosa
cuando la escuché decir si podía acompañarla a la casa,
porque como se había hecho tarde y había que pasar por el
94, tenía miedo. Eso me vino como 16 al dedo.
Me vi como un 67 preparando la 61, pagué la
cuenta y salimos hacia su destino que sería mi 17. Ibamos
caminando como dos 93; como 39 mucho antes de llegar a su
casa se había formado un 08 con el 01 que venía bajando por
la calle. La alcé en mis brazos para ayudarla a cruzar.
Señores: ¡qué 77!
Me dije para mí mismo "nena, te voy a dar
51 toda la noche". Y así fue, estábamos en la 04, meta 51 y
51 cuando llegó el 96, sacó un 07 y me apuntó en la 34,
diciéndome que me iba a dejar 47, tirado entre las 57 del
parque.
En un descuido le tiré una patada y voló el
07 armándose la 82. Había 18 por todos lados, más mía que de
él, dato muy interesante si se tiene en cuenta que ahí no
terminó la cosa. No sé en qué momento también llegó la madre
y entre 52 me agarraron a patadas y me dieron con una 92
ratona en la 34. Terminé peor que un 43 que lo agarró un
camión en la ruta.
Cuando abrí los ojos sólo veía 74 por todos
lados.
Vinieron mis 99 con un 58 -porque me acusaban
de 69- que me dijo que íbamos a probar en juicio que la
aparente 60 no era otra cosa que una 78 y para esto me pidió
32. "Para el papeleo", dijo. Para mi 17 el 58 era un fiasco
y terminé en 44 jugando a los 80 con todos los 79.
Lo único que de todo esto me quedó en claro
es que terminé siendo un 75, medio 22, pero con profesión de
25 que aprendí en la 44.
Horacio Abram |