Pastoral Penitenciaria Trinitaria

MERCED Y LIBERTAD

En la fiesta de Ntra. Sra. de la Merced

 

24 de septiembre de 2007

 

Carta pastoral del Cardenal Amigo Vallejo

 Arzobispo de Sevilla

 

          Entre los hermanos y hermanas que formamos la Iglesia diocesana, hay algunos que viven en una situación de especial dificultad: aquellos que están en la cárcel. Podemos pensar que, están privados de libertad, habrá una razón para ello, y que no hay que olvidar a las víctimas de sus posibles delitos. Lo cual, aún siendo cierto, no les priva a los presos del derecho fundamental de ser y reconocerlos como hijos de Dios y hermanos nuestros en Jesucristo.

 

         Por muy dura y cerrada que sea la prisión, nunca conseguirá anular ese derecho y dignidad de poder llamar padre a Dios.

 

         Alguna vez he podido escuchar a un recluso: la cárcel es peor que la muerte. Puede que tenga razón. Porque la muerte no es el final, sino la esperanza conseguida y para siempre, mientras que la cárcel puede robar a una persona las mismas ganas de vivir, pues le ha dejado sin esperanza.

 

         Por eso, queridos hermanos y hermanas, tenéis que defender vuestra misma vida, llenándola cada día de nuevas posibilidades de fe en Dios, de conversión del corazón, de un camino de reinserción...

 

         Nadie ni nada puede quitarte tu libertad personal, es que es algo más, mucho más, que el caminar por la calle, sin rejas ni barrotes. Ser persona libre es ser uno mismo, tener la capacidad de elegir la verdad y el bien y de llevar una conducta coherente con esos pensamientos.

 

         Esta forma de ser libre tiene un gran enemigo: el pasado, que atrapa y condiciona. El mejor modo de liberarse de esas cadenas de lo que aconteciera un día, es vivir conscientemente el presente, que es la mejor manera de preparar el futuro. No te preguntes tanto, ?cómo será mi vida cuando salga de la cárcel?, sino ?cómo quieres que sea ese futuro que te aguarda? Y trabaja, con nobleza y justicia, por conseguir el mejor de los deseos: vivir en paz con todos.

 

         Ser persona, ser uno mismo, ser libre para no dejarse seducir por esos malos compañeros, como son el odio, el resentimiento, el deseo de venganza. Todo esto daña la autoestima y dificulta el camino hacia una sincera y auténtica conversión del corazón.

 

         Dios no vuelve la espalda a quien sinceramente busca. Es más, Dios te ha encontrado a ti hace mucho tiempo. No eres para Él un desconocido. Eres su hijo y hermano de Jesucristo.

 

         Dios no estorba nunca. Siempre ayuda. ?Si no te hubieras soltado de la mano de Dios! A pesar de todo, Él no te olvida y, de nuevo, tiende la mano. Es que la misericordia es su modo de ser: perdonando siempre.

 

         Con motivo de la fiesta de nuestra Señora de la Merced, quiero enviar mi bendición y afecto a los hermanos y hermanas que están en prisión. Pido al Señor por vuestra libertad, en todos los aspectos.

 

         Mi recuerdo a las familias de los reclusos que, en tantas ocasiones, sufren una cárcel interior más dura que la que pueden padecer algunos de los miembros de su familia.

 

         A las autoridades penitenciarias, el reconocimiento por sus atenciones y facilidades para que podamos desarrollar, dentro de los límites impuestos por los necesarios reglamentos, nuestra labor pastoral.

 

         A la Delegación diocesana de pastoral penitenciaria, así como a todo el voluntariado, mi felicitación por la magnífica obra evangelizadora que estáis realizando. Que Dios os bendiga y proteja a todos.

 

Carlos, Cardenal Amigo Vallejo

Arzobispo de Sevilla

       

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