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Fiesta de la Pastoral Penitenciaria
-Materiales litúrgicos-
Enviado por Pedro Fernández Delegado de la Pastoral Penitenciaria de Sevilla
LOS PRES@S SON IGLESIA
Jesús, a lo largo del Evangelio nos es presentado como Liberador de dolencias, yugos, cargas, cadenas, cárceles, demonios, limitaciones... El encomienda esta labor a su Iglesia, de modo que la pauta última de la actuación eclesial, tanto individual como comunitariamente, es la atención a los últimos (Mt 25, 31-46).
ORACIÓN DE LOS FIELES 1. Por la Iglesia, para que sea siempre portadora de la liberación de Cristo ante los hombres y mujeres que sufren la esclavitud, la opresión y la marginación. Roguemos al Señor.
3. Por los presos y presas, para que, desde la reconciliación con Dios, con la familia y las víctimas encuentren el camino de su rehabilitación humana y moral, y se les proporcionen verdaderas oportunidades de reinserción social. Roguemos al Señor. 4. Por las Instituciones, tanto penitenciaria como judicial, para que favorezcan el proceso humanizador de las cárceles y avancen en la puesta en marcha de medidas alternativas a la prisión. Roguemos al Señor. 5. Por nosotros, los cristianos, para que seamos portadores de misericordia, de justicia y perdón, y ayudemos a los más débiles y oprimidos a recuperar su dignidad y los valores humanos y cristianos. Roguemos al Señor 6 .Por la sociedad, para que sea más solidaria con los presos y exreclusos y facilite su reinserción. Roguemos al Señor. 7 .Por las familias de todos los presos que sufren y padecen esta situación de cárcel, por las víctimas de los delitos, para que encuentren siempre el apoyo que necesitan para superar el dolor y el sufrimiento. Roguemos al Señor.
ACCIÓN DE GRACIAS Gracias, Señor, en nombre de los pobres que en ti encuentran motivo de esperanza y ánimos en la lucha por su dignidad.
Gracias por el impulso de la liberación que, desde los profetas, diste a la humanidad para hacer una tierra de hombres y mujeres
libres e iguales.
Gracias por Cristo, tu Hijo, hecho hombre, uno como nosotros, para traernos la salvación. Él nació y vivió pobre, identificándose con las víctimas, con los débiles y oprimidos. Él vino a traer la esperanza y la liberación para los excluidos y marginados.
Nuestro canto de gratitud se extiende también a María, la Madre del Redentor; mujer libre y esperanzada, que creyó en la Palabra de Dios, que fue humilde, pobre y fiel. Ella nos anima a confiar en el amor del Padre, a seguir a su Hijo Jesucristo, esperanza de liberación para los encarcelados, y a dejarnos guiar por la fuerza del Espíritu Santo, quien nos impulsa a ser hombres y mujeres que luchamos por la libertad y la justicia, y que creemos en un futuro de esperanza.
Gracias, Padre, por darnos a María como Madre corredentora y a tu Hijo Jesucristo como salvador y redentor. Amén
ORACIONES SALMO DEL MARGINADO La tierra donde creciste, te hizo marginado. Quedaste marcado para siempre, Nazareno. La noche de tu nacimiento en la cueva, te hizo igual a los pastores que dormían al sereno.
Tu muerte fue en la cruz, fuera de las murallas, donde estaba la maldición y el destierro. Te colgaron como revolucionario en la cruz,
para que ellos pudieran seguir yendo al
templo.
Te llamaron comedor y bebedor. te llamaron poseído del demonio. A boca abierta te llamaron blasfemo. Fuiste contado entre los delincuentes y azotado, escupido y pisado como reo. Rompiste la muralla que separaba a los hombres, y te situaste entre la basura, entre el deshecho.
Tus amigos fueron pobres, los de corazón roto, los que cargaban con la culpa, con los hierros. Tus amigos eran los pecadores, los pastores, las prostitutas, los leprosos, los enfermos.
Fuiste claro al optar por los pobres y poner tu tienda entre ellos. Fuiste claro al no ir de visita a los marginados y quedarte a vivir entre ellos como un preso.
Fuiste claro al levantar tu voz desde “esas” gentes y proclamar con fuerza que para ellos era el Reino.
Fuiste claro al decir a los hombres, voz en grito, que tu Padre Dios era Padre bueno para el hombre bueno de corazón. Porque el pecado está vivo allí, donde el corazón odia y desprecia al indefenso.
Gracias, Señor Jesús, por hacerte marginado entre los hombres
y llevar la salvación al hermano preso. Gracias, porque tu Reino es gratuidad, regalo al hombre que extiende la mano y no llega a serlo. Gracias, por llamar malaventurado, maldito, al hombre que persigue al hombre, para seguir subiendo.
Gracias, por llamar bienaventurado, bendito, al hombre que ni siquiera lleva a la boca el pan nuestro, al hombre que por causa de la justicia es perseguido. “DEL SEÑOR VIENE LA MISERICORDIA, LA REDENCIÓN COPIOSA” (Sal.129) Anuncios de redención: Un mundo sin cadenas, Los desterrados retornan a su patria Y los esclavos recobran la libertad.
Una redención copiosa.
Es Cristo el Redentor, el que libera.
Se hizo esclavo para liberarnos.
- Sal de la cárcel, hermano,, Cristo rompe las rejas. - Sal del sepulcro, hermano, Cristo quita la piedra. - Expulsa la tristeza, hermano, Cristo mismo te consuela. - Renueva tu esperanza, hermano, es Cristo quien te espera. - No te acuerdes de tu culpa, hermano, Cristo paga tu deuda.
Y véis al paralítico saltando, Mientras la mujer encorvada se endereza. Veis al ciego cegado por la luz Y al leproso gritando su limpieza. Veis al endemoniado alabando a Dios Y a los pobres con alegría inmensa. Veis a la mujer adúltera perdonada Y a los muertos con vida nueva. ¡La redención es copiosa!
El precio del rescate fue la cruz. Los clavos no quitaron libertad, la regalaron: En cada dolor y cada palabra, En cada gota de sangre. ¡Oh cruz redentora! Cristo: “tu nombre de siempre es nuestro Redentor” (Is 63,16)
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