CELEBRACIÓN DE LA PALABRA EN LA CÁRCEL

DOMINGO CUARTO DE PASCUA/A

Domingo 13 de abril de 2008

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Por Ángel García Rodríguez (o.ss.t)

Capellán del Centro Penitenciario de Alahurin de la Torre (Málaga)

 

 

1.- Saludo.- Que el amor, la atención y la ternura que Jesucristo resucitado derrama como Buen Pastor sobre todos sus discípulos, estén siempre con todos vosotros.

 

2.- Monición de entrada.-

En la cárcel necesitamos que nos miren, que nos valoren como personas y nos guíen hacía la libertad. Todo este tiempo de Pascua es una mirada agradecida y gozosa hacia Jesús. Él va delante de nosotros, él nos abre el camino hacía la vida, él es el pastor que nos conoce a cada uno por nuestro nombre y nos llama y nos lleva con él. Él con su entrega hasta la muerte, nos ha enseñado a vivir.

 

Hoy es también el día de pedir para que no falten los buenos pastores en la Iglesia, que se multipliquen los sacerdotes y religiosas que necesitamos aquí en la prisión para que nos traigan el pan de la Palabra y el pan de la Eucaristía. Ofrezcamos esta celebración por los jóvenes que escuchen y sigan las llamadas del Señor.

 

3.- Acto Penitencial.-  Reconociendo que somos pecadores, pidamos perdón a Dios.

- Tú, el Buen Pastor que das la vida por tus ovejas. Señor, ten piedad.

 

- Tú, la puerta de acceso para que nosotros lleguemos a Dios. Cristo, ten piedad.

 

- Tú, el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo. Señor, ten piedad.

4.- Oración.- Dios, Padre bondadoso, que has dado a tu Iglesia el gozo inmenso de la resurrección de Jesucristo; concédenos esa alegría que hoy necesitamos para llevar adelante los largos y aburridos días de la prisión. Por Cristo nuestro Señor. Amén.

 

5.- Evangelio.- “Yo soy la Puerta”: Jn. 10, 1-10.

 

6.- Reflexión.-

El cuarto domingo de Pascua va ligado a la imagen del buen pastor que nos describe el evangelista Juan. Jesús se identifica no sólo con el pastor, sino con la puerta de las ovejas: dos imágenes que esconden una dura crítica a los dirigentes religiosos de Israel.

 

En la primera parte de este pasaje Jesús se presenta como buen pastor y señala las cualidades que caracterizan a este “buen pastor”. Se dice de él que siempre entra por la puerta en el redil de las ovejas y que una vez dentro llama a las suyas por su nombre y se pone delante de ellas. Éstas que conocen su voz, la escuchan y le siguen. son expresiones que hablan de una relación personal de intimidad y confianza absolutamente única entre Jesús y sus discípulos. Pero esa actitud contrasta con los “ladrones”, “salteadores” y “extraños”.

 

En la segunda parte del pasaje, Jesús se identifica dos veces con “la puerta de las ovejas”. Esta imagen evoca seguridad, acogida, defensa ante el peligro, posibilidad de entrar y salir, de quedarse fuera o dentro. Es la puerta de la libertad y salvación que hoy encuentran muchos presos en la cárcel. Cristo es el paso obligado para los que desde la prisión se comprometen a cerrar las puertas de la droga, del robo, del engaño y de los trapicheos para abrir las puertas de la familia, del amor, del trabajo y de la libertad.

 

En este mundo, en el que muchos andan como “oveja sin pastor”, a merced de la rapiña de tantos “ladrones y salteadores”, los creyentes tenemos la suerte de seguir a uno que es a al vez “pastor” y “puerta”, dos imágenes que Jesús se aplica a sí mismo y que nos aseguran que estamos en buenas manos, bien protegidos y acompañados.

 

La parábola del buen pastor es una llamada ante todo a los sacerdotes que presiden las comunidades cristianas dentro y fuera de la cárcel. Ellos serán buenos pastores –signos de Jesús buen Pastor- si se acercan a los fieles y comunidades pasando por Jesús e imitando sus pasos.  Y es también una llamada a todos los miembros de la Iglesia. Pues sólo a través de Jesús encontraremos la vida, la libertad y la salvación. Él es “el pastor y guardián de nuestras vidas”. Todos están llamados a ser cuidadores de los otros a ejemplo del buen pastor.

7.- Oración universal.- Con confianza presentamos a Dios nuestras necesidades conscientes de que él siempre cuida de nosotros. Repitamos: Muéstranos el camino, Señor.

- Para que la Iglesia considere siempre a Jesús como único pastor y sólo pongamos en él nuestra confianza. Oremos.

 

- Para que los gobernantes y los que ejercen alguna responsabilidad pública sirvan a la paz, la justicia y el bien común. Oremos.

 

- Por los sacerdotes y voluntarios que hoy vienen a la prisión. Que el Señor les dé las fuerzas y la luz que necesitan en su camino evangelizador. Oremos.

 

- Para que aquí en la prisión, siguiendo a Jesús, cada uno cuide de los otros y seamos para todos apoyo y consuelo. Oremos.

 

- (Peticiones libres de los encarcelados).

8.- Padrenuestro

 

9.- Saludo de paz

 

10.- Oración de acción de gracias.- Oración espontánea de los encarcelados.

 

11.- Oramos y celebramos.-

Podemos acabar nuestro encuentro con un momento de oración, sintiendo que nuestras vida y la Iglesia están  en las manos del Buen Pastor.

 

Para ambientar este momento podemos colocar un símbolo apropiado; por ejemplo dibujar un bastón o algunas fotografías de personas que han encarnado las mismas actitudes del Buen Pastor.

 

Oramos comunitariamente según haya resonado en nosotros este pasaje y según lo que hemos compartido a la largo de la reunión.

12.- Oración final.- Jesucristo: tú eres mi Pastor, el que me ha rescatado de los laberintos que conduce el pecado y me has cargado amorosamente sobre tus hombros. Hoy desde la cárcel te digo que sé de quien me fío y a quien confío mi vida y salvación. ¡Ojala que sean muchos los que sigan tu llamada para ser tus sacerdotes! Pues los necesitamos en la prisión para que nos regalen la Eucaristía y tu perdón.

Confesión de un sacerdote

 

“Esta tarde, Señor, estoy sólo…Poco a poco los ruidos en la iglesia se han callado, los fieles se han ido y yo he vuelto a casa sólo…. ¡sólo Señor!

            Y es que yo te lo he dado todo, Señor, pero no es fácil.

            Es duro dar su cuerpo…

            Es duro, Señor, amar a todos sin reservarse para nadie.

            Es duro, Señor, estrechar una mano sin querer retenerla.

            Es duro recibir secretos sin poder compartirlos.

            Es duro, Señor, sostener a los débiles sin poder apoyarse uno mismo sobre otro…

            Pero tú estás conmigo, Señor.

            Por eso, he aquí: he aquí mi cuerpo, he aquí mi corazón.

            He aquí mi alma.

            Esta tarde, Señor, mientras todo se calla,

            yo te vuelvo a decir mi SI…humildemente, solo Señor,

ante ti en la paz de la tarde”.

 

 

 

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