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1.-
Saludo.-
El Dios de la vida, que ha resucitado a Jesucristo, rompiendo las
ataduras de la muerte, esté con todos vosotros.
2.-
Monición de entrada.-
Somos conscientes de que aquí en la cárcel vivimos largos y
aburridos días en donde a veces nos falta la esperanza. Frente a
esta situación, recordemos que éste es el tiempo de la Pascua, del
paso de Cristo por nuestras vidas. Es el tiempo de cultivar la
esperanza, que en nuestro mundo tanta gente necesita para seguir
confiando en que la vida es algo más que dolor o sufrimiento o
cárcel. Es el tiempo de pascua en que los cristianos podemos
celebrar la vida con un sentido de alegría que procede de la
Resurrección de Jesús. Confiemos en el Señor que no nos abandona y
nos acompaña en nuestro camino hacia la libertad
3.-
Acto Penitencial.-
En la cárcel se palpa las
fronteras del dolor, el sufrimiento y se toma consciencia de los errores
y delitos cometidos. Por eso es una suerte poder experimentar el perdón
de Dios como acogida de nuestra condición humana llena de limitaciones,
defectos, contradicciones y fallos.
- Tú que eres el Dios bueno
que anima y da esperanza. Señor, ten piedad.
- Tú que has conocido
nuestra historia y has caminado por nuestros senderos. Cristo,
ten piedad.
- Tú que hoy en la prisión
despiertas nuestras mejores posibilidades y nos impulsas a
realizarlas. Señor, ten piedad.
4.-
Oración.-
Señor, Tú, que a pesar de nuestros rechazos, has cruzado las puertas de
la cárcel para acompañarnos hacía la ansiada libertad, míranos siempre
con amor de Padre. Haz que cuantos creemos en Cristo, tu Hijo,
alcancemos la libertad verdadera. Por Cristo nuestro Señor. Amén.
5.-
Evangelio.-
Jn. 14, 1-12: “Yo soy el Camino”.
6.-
Reflexión.-
El texto evangélico de hoy
se sitúa en el contexto del evangelio de San Juan en donde Jesús
quiere preparar a sus discípulos para el momento en que ya no esté
físicamente con ellos, de modo que puedan continuar la obra que él
comenzó sin dejar de reconocerle como el único mediador que hace
posible el encuentro con el Padre.
Hoy vemos a Jesús que se
está despidiendo de sus discípulos. Él tiene que marchar, pero los
lleva dentro. ¡Qué asombrosa la humanidad de Cristo! Nos quiere
tanto que no puede desentenderse de nosotros. Ciertamente hemos de
reconocer que eso discípulos de Jesús eran personas del montón que a
los ojos humanos no eran tan valiosas. Jesús podría haber pasado de
ellas y disfrutar de su gloria merecida. Pero él los quiere como
son, como la madre quiere a sus hijos. Vemos a Jesús que se va, pero
vela por sus discípulos. Se va, pero volverá a por ellos. Se va,
pero antes les enseña a dónde va y por dónde va.
El mensaje central del
evangelio de hoy está en la alegoría de Jesús como Camino. Pero ¿qué
quiere decir esto para los que hoy en la prisión hemos perdido el
rumbo de nuestra vida y buscamos un camino a seguir? Esto tanto para
los que estamos dentro o fuera de la cárcel significa que un hombre
puede ser nuestro guía, no nuestro camino. Sin embargo, la
revelación más importante de Jesús en este texto es que nadie puede
acceder al Padre si no es por él, que es “el camino, la verdad y la
vida”. Parece que Felipe no entiende esto. Este discípulo
seguramente representa a tantos otros que a lo largo de la historia
no han sabido entender la “pretensión” de Jesús. Felipe pide que les
muestre al Padre directamente y que eso basta. Es en ese momento
cuando Jesús pronuncia estas palabras sorprendentes: “Quien me ha
visto a mí, ha visto al Padre”. ¡El Dios invisible se hace palpable
en la fragilidad de un hombre!
Antes esas palabras de Jesús, “Yo soy el Camino, la Verdad y la
Vida”, hemos de preguntarnos ¿Cómo orientar nuestras hoy desde la
prisión por el recto camino de Jesús? ¿Qué hacer para prolongar hoy
aquí en la prisión la obra de Jesús? ¿Qué hacer no perder la fe y la
esperanza en este mundo de la cárcel en donde no nos encontramos
cómodos?.
7.-
Oración universal.-
Con la confianza que despiertas en nosotros, Dios bueno y acogedor, te
expresamos algunas de las necesidades que sentimos importantes para
mejorar la vida de nuestro mundo.
- Pidamos por la Iglesia
para que no reduzca la verdad de Jesús a verdades y fórmulas sino
que también salga al encuentro del pobre, del enfermo y del
encarcelado. Roguemos al Señor.
- Por los que caminan
desorientados y sin rumbo. Roguemos al Señor.
- Para los que celebramos la
Palabra y la Eucaristía aquí en la prisión, asumamos las tareas del
amor y del servicio que nos ha dejado Jesús. Roguemos al Señor.
-
(Peticiones libres de
los encarcelados).
8.-
Padrenuestro
9.-
Saludo de paz
10.-
Oración de acción de gracias.-
Oración espontánea de los encarcelados.
11.-
Oramos y celebramos.-
Nuestra oración podría dirigirse a Jesús con la misma petición de
Felipe: “Muéstranos al Padre”. Que él nos ayude a caminar por su
camino, a mírale a conocerle, a creer en él y a descubrir en todo lo
que hace y dice el auténtico rostro de Dios. Colocamos este lema:
“Yo soy el camino”. Comentamos ¿qué estamos haciendo en la cárcel
para seguir las huellas de Jesús?
12.-
Oración final.-
Señor Jesús, bien sabes tú que en la cárcel se vive en esa tensión
de miedos, amenazas y violencia. Ayúdanos a encontrar esa paz
interior que ahuyente esas tensiones y miedos. Sé hoy nuestro
Camino, nuestra Verdad y nuestra Vida. Amén.
VOCES DEL INCRÉDULO Y DEL CREYENTE
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