CELEBRACIÓN DE LA PALABRA EN LA CÁRCEL

DOMINGO QUINTO DE PASCUA/A

Domingo 20 de abril de 2008

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Por Ángel García Rodríguez (o.ss.t)

Capellán del Centro Penitenciario de Alahurin de la Torre (Málaga)

 

 

1.- Saludo.- El Dios de la vida, que ha resucitado a Jesucristo, rompiendo las ataduras de la muerte, esté con todos vosotros.

 

2.- Monición de entrada.-

Somos conscientes de que aquí en la cárcel vivimos largos y aburridos días en donde a veces nos falta la esperanza. Frente a esta situación, recordemos que éste es el tiempo de la Pascua, del paso de Cristo por nuestras vidas. Es el tiempo de cultivar la esperanza, que en nuestro mundo tanta gente necesita para seguir confiando en que la vida es algo más que dolor o sufrimiento o cárcel. Es el tiempo de pascua en que los cristianos podemos celebrar la vida con un sentido de alegría que procede de la Resurrección de Jesús. Confiemos en el Señor que no nos abandona y nos acompaña en nuestro camino hacia la libertad

3.- Acto Penitencial.- En la cárcel se palpa las fronteras del dolor, el sufrimiento y se toma consciencia de los errores y delitos cometidos. Por eso es una suerte poder experimentar el perdón de Dios como acogida de nuestra condición humana llena de limitaciones, defectos, contradicciones y fallos.

- Tú que eres el Dios bueno que anima y da esperanza. Señor, ten piedad.

 

- Tú que has conocido nuestra historia y has caminado por nuestros senderos. Cristo, ten piedad.

 

- Tú que hoy en la prisión despiertas nuestras mejores posibilidades y nos impulsas a realizarlas. Señor, ten piedad.

4.- Oración.- Señor, Tú, que a pesar de nuestros rechazos, has cruzado las puertas de la cárcel para acompañarnos hacía la ansiada libertad, míranos siempre con amor de Padre. Haz que cuantos creemos en Cristo, tu Hijo, alcancemos la libertad verdadera. Por Cristo nuestro Señor. Amén.

 

5.- Evangelio.- Jn. 14, 1-12: “Yo soy el Camino”.

 

6.- Reflexión.-

El texto evangélico de hoy se sitúa en el contexto del evangelio de San Juan en donde Jesús quiere preparar a sus discípulos para el momento en que ya no esté físicamente con ellos, de modo que puedan continuar la obra que él comenzó sin dejar de reconocerle como el único mediador que hace posible el encuentro con el Padre.

 

Hoy vemos a Jesús que se está despidiendo de sus discípulos. Él tiene que marchar, pero los lleva dentro. ¡Qué asombrosa la humanidad de Cristo! Nos quiere tanto que no puede desentenderse de nosotros. Ciertamente hemos de reconocer que eso discípulos de Jesús eran personas del montón que a los ojos humanos no eran tan valiosas. Jesús podría haber pasado de ellas y disfrutar de su gloria merecida. Pero él los quiere como son, como la madre quiere a sus hijos. Vemos a Jesús que se va, pero vela por sus discípulos. Se va, pero volverá a por ellos. Se va, pero antes les enseña a dónde va y por dónde va.

 

El mensaje central del evangelio de hoy está en la alegoría de Jesús como Camino. Pero ¿qué quiere decir esto para los que hoy en la prisión hemos perdido el rumbo de nuestra vida y buscamos un camino a seguir? Esto tanto para los que estamos dentro o fuera de la cárcel significa que un hombre puede ser nuestro guía, no nuestro camino. Sin embargo, la revelación más importante de Jesús en este texto es que nadie puede acceder al Padre si no es por él, que es “el camino, la verdad y la vida”. Parece que Felipe no entiende esto. Este discípulo seguramente representa a tantos otros que a lo largo de la historia no han sabido entender la “pretensión” de Jesús. Felipe pide que les muestre al Padre directamente y que eso basta. Es en ese momento cuando Jesús pronuncia estas palabras sorprendentes: “Quien me ha visto a mí, ha visto al Padre”. ¡El Dios invisible se hace palpable en la fragilidad de un hombre!

 

Antes esas palabras de Jesús, “Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida”, hemos de preguntarnos ¿Cómo orientar nuestras hoy desde la prisión por el recto camino de Jesús? ¿Qué hacer para prolongar hoy aquí en la prisión la obra de Jesús? ¿Qué hacer no perder la fe y la esperanza en este mundo de la cárcel en donde no nos encontramos cómodos?.

7.- Oración universal.- Con la confianza que despiertas en nosotros, Dios bueno y acogedor, te expresamos algunas de las necesidades que sentimos importantes para mejorar la vida de nuestro mundo.

- Pidamos por la Iglesia para que no reduzca la verdad de Jesús a verdades y fórmulas sino que también salga al encuentro del pobre, del enfermo y del encarcelado. Roguemos al Señor.

- Por los que caminan desorientados y sin rumbo. Roguemos al Señor.

- Para los que celebramos la Palabra y la Eucaristía aquí en la prisión, asumamos las tareas del amor y del servicio que nos ha dejado Jesús. Roguemos al Señor.

- (Peticiones libres de los encarcelados).

8.- Padrenuestro

 

9.- Saludo de paz

 

10.- Oración de acción de gracias.- Oración espontánea de los encarcelados.

 

11.- Oramos y celebramos.-

Nuestra oración podría dirigirse a Jesús con la misma petición de Felipe: “Muéstranos al Padre”. Que él nos ayude a caminar por su camino, a mírale a conocerle, a creer en él y a descubrir en todo lo que hace y dice el auténtico rostro de Dios. Colocamos este lema: “Yo soy el camino”. Comentamos ¿qué estamos haciendo en la cárcel para seguir las huellas de Jesús?

12.- Oración final.-

Señor Jesús, bien sabes tú que en la cárcel se vive en esa tensión de miedos, amenazas y violencia. Ayúdanos a encontrar esa paz interior que ahuyente esas tensiones y miedos. Sé hoy nuestro Camino, nuestra Verdad y nuestra Vida. Amén.

VOCES DEL INCRÉDULO Y DEL CREYENTE

 

Dice el incrédulo:

            Dios, si existes, deja que te veamos.

            ¿Por qué no te manifiestas?

            ¿Tienes algún miedo?

            ¿Nos desprecias por indignos?

            ¿No quieres molestarte?

            Déjate ver si eres bueno, para que creamos.

            Déjanos algún mensaje para que seamos buenos,

            una prueba de tu existencia.

 

Dice el creyente:

            Señor, te conocemos de oídas,

            incluso leemos tu nombre en las huellas que has dejado.

            Pero enséñanos tu rostro,

            que podamos ver sin velos, cara a cara,

            que podamos penetrar en tu misterio

            que podamos besar tu mano generosa

            que podamos amarte de corazón a corazón.

 

 

 

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