CELEBRACIÓN DE LA PALABRA EN LA CÁRCEL

DOMINGO SEXTO DE PASCUA/A

Domingo 27 de abril de 2008

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Por Ángel García Rodríguez (o.ss.t)

Capellán del Centro Penitenciario de Alahurin de la Torre (Málaga)

 

 

1.- Saludo.- El amor, la misericordia y la paz de Jesucristo resucitado estén con todos vosotros.

 

2.- Monición de entrada.-

En medio de la tristeza que nos ocasiona la vida en la cárcel, recordemos que seguimos celebrando el gozo de la Resurrección de Jesús. Él está junto al Padre y en medio de nosotros. Él nos ha convocado para escuchar su palabra y recibir su Espíritu. Él prometió que nunca nos abandonaría. En cada eucaristía y en cada celebración de la Palabra él renueva su presencia y su entrega. Su presencia nos llenará de alegría, así podremos dar testimonio de él con nuestras obras aquí en la prisión y fuera de ella.

3.- Acto Penitencial.- Al comenzar nuestra celebración, nos ponemos ante ti, Señor, con el corazón sincero y confiado.

- Tú que venciste la muerte y perdonaste a tus enemigos. Señor, ten piedad.

 

- Tú que resucitaste de entre los muertos. Cristo, ten piedad.

 

- Tú que has derramado tu Espíritu en nuestros corazones. Señor, ten piedad.

 

4.- Oración.- Dios Padre bondadoso, tú que no nos has dejado solos en la prisión, sino que nos acompañas y defiendes con el Espíritu de la Verdad, ayúdanos a contagiar con  la vida el impacto que nos proporciona la fe. Por Cristo nuestro Señor. Amén.

 

5.- Evangelio.- Jn. 14, 15-21: “No os dejaré huérfanos”

 

6.- Reflexión.-

Retomando el hilo del evangelio que leímos el domingo pasado, Jesús promete a sus discípulos que a pesar de su partida de este mundo no los dejará solos, con ellos tendrá una relación de comunión semejante a la que le une al Padre. Se destaca que el Espíritu Santo, el Paráclito es enviado para “estar siempre” con los discípulos. Esta separación será sólo temporal, aunque no todos lo interpreten así. Para el mundo que lo ha rechazado, Jesús va a desaparecer definitivamente. La fe de los discípulos, en cambio, pondrá en ellos unos nuevos ojos que les permitirán seguir “viéndolo” y creyendo que él vive. Por eso, cuando Jesús habla aquí de su vuelta, no se refiere a su regreso al final de los siglos, sino a su presencia actual como Resucitado en medio de la comunidad cristiana. La presencia del Resucitado entre los suyos hará posible una nueva relación del creyente con Dios, caracterizado por la cercanía y el amor.

 

En definitiva el evangelio de hoy para los que en la cárcel sienten grandes ausencias les trae un mensaje de la gran presencia de Jesús que está a su lado. Así podríamos decir que a través de las palabras de Jesús sobre su despedida y su ausencia inminente, parece que se quiere responder a una cuestión muy importante: ¿Cómo llenar el vacío que deja Jesús tras su despedida? ¿Cómo entender la fe cristiana y la vinculación de la comunidad a Jesús, a quien ya no ve? ¿Cómo compaginar la ausencia y presencia de Jesús?

 

La respuesta es clara: “No os dejaré desamparados…y viviréis porque yo sigo viviendo”. Jesús les anuncia que seguirá estando presente de dos formas: en primer lugar, por la irrupción y acción del Paráclito o Espíritu de verdad “que permanece en vosotros y seguirá estando entre vosotros”. La segunda forma de presencia de Jesús es la propia comunidad cristiana en cuanto guarda los mandamientos y así da pruebas de su amor. Es una comunión de vida, fundada en la comunión de Jesús con el Padre: “Yo estoy con mi Padre, vosotros conmigo y yo con vosotros”.

 

Finalmente reflexionemos a luz de nuestra realidad que vivimos en la cárcel en la necesidad que ahora tenemos de ser amados, de que vengan a visitarnos, de ser escuchados, de ver la vida con otros ojos, con los ojos de la fe. Recordemos que los discípulos vieron y vivieron. Vieron porque buscaron, y buscaban porque amaban. Amaban…pero es que antes habían sido amados. En este momento de la despedida se palpa hasta qué punto eran amados. Por nada del mundo Jesús quiere separarse de ellos. Humanamente hablando es incomprensible un amor tan fuerte, que quiere ser eterno, dadas las diferencias y las distancias entre Cristo y sus apóstoles. Sólo un Dios puede amar así.

7.- Oración universal.- Oremos a Jesús resucitado, para que llene de vida y consuelo a todos los hombres, especialmente a los que más sufren. Jesús, resucitado, sálvanos.

- Por todos los que no creen para que te encuentren en el camino.

 

- Por todos los creyentes, para que den testimonio de ti.

 

- Para que la Resurrección de Jesús nos dé valor y esperanza para empezar una nueva vida lejos de la cárcel.

 

- (Peticiones libres de los encarcelados).

8.- Padrenuestro

 

9.- Saludo de paz

 

10.- Oración de acción de gracias.- Oración espontánea de los encarcelados.

 

11.- Oramos y celebramos.-

Jesucristo, ahora desde la cárcel cuando más necesito de tu amor y comprensión ¡que fácil me resulta decirte que te amo, olvidando que obras son amores! Quiero aceptar y guardar tus mandamientos, con la ayuda del Espíritu, cuyo envío me garantizas con tu palabra. Te doy gracias por el anuncio d esa unidad contigo y con el Padre. Dame esa luz y fuerza que necesito para estar día a día unidos a ti.

12.- Oración final.-

CREO EN TI, CRISTO CAMINO, VERDAD Y VIDA

 

Creer en Ti, Cristo camino, verdad y vida,

es aceptar el dinamismo de la vida,

sambullirse en la corriente de la historia

colaborar en la dirección de la verdad en todos los ámbitos,

luchar porque los bienes lleguen a todos,

no tolerar el hambre ni la enfermedad,

defender la dignidad y los derechos humanos,

procurar que todos trabajen en condiciones justas,

trabajar para que la justicia sea más rápida y eficaz,

sentirse hermano de todo hombre y mujer,

dar protagonismo a la libertad humana, guiada por el amor.

 

Danos, Cristo Jesús, a sentir la fuerza de tu Espíritu:

            que nos quite el miedo a defender los derechos personales.

            que nos anime a vivir la fe en la prisión,

            que levante los ánimos a nuestras familias,

            que nos haga testigos de tu amor servicial.

 

 

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