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1.-
Saludo.-
Hermanos, bendigamos al Señor, que nos quiere resucitados con Cristo.
2.-
Monición de entrada.-
En estos domingos pascuales seguimos celebrando la presencia
liberadora de Jesús resucitado. Recordamos las apariciones del Señor
y recogemos los testimonios de los primeros discípulos. Hoy nos
acercaremos a Jesús que se hace presente en el camino de nuestra
vida como lo hizo con aquellos discípulos de Emaus. También
nosotros hoy aquí en la prisión, leeremos la Palabra de Dios y
conoceremos el sentido de las Escrituras. En medio de nuestras y
sufrimientos intentemos acércanos a Jesús e intentar estar en
comunión con Dios.
3.-
Acto Penitencial.-
Coloquémonos
al lado de Jesús resucitado y pidámosle perdón por nuestras ofensas y
pecados.
- Porque no abrimos por
completo el corazón a tu Palabra. Señor, ten piedad.
- Porque muchas veces no
vemos tus huellas y tus símbolos. Cristo, ten piedad.
- Porque somos torpes para comprenderte. Señor, ten piedad.
4.-
Oración.-
Dios, Padre bondadoso, a pesar de nuestros errores y delitos que nos han
traído a la cárcel, tú nos has llamado a la vida y a la libertad.
Ayúdanos cambiar el rumbo de nuestras vidas para poder hacer de este
mundo un hogar grande y agradable. Te damos gracias por la oportunidad
de vivir y por la suerte de hacerlo en tu compañía y en la de tus
hermanos. Por Cristo nuestro Señor. Amén.
5.-
Evangelio.-
“Quédate con nosotros”: Lc. 24, 13-35
6.-
Reflexión.-
La escucha de la Palabra
aquí en la prisión es como agua que sacia nuestra sed. Ésta sigue
ayudándonos a celebrar la Pascua del Señor y a reflejarla
concretamente en nuestra vida. La experiencia de los dos discípulos
de Emaus nos ayudará a reconocer la presencia del Resucitado en el
camino de cada día. Un camino que se transformará en la “senda de la
vida” si nuestra fe y nuestra esperanza reposan en ese Dios Padre
que liberó a Jesús de las ataduras de la muerte.
El relato evangélico de hoy
no pretende ser el reportaje en directo de una de las apariciones
pascuales de Jesús. Lucas lo compuso como una verdadera “catequesis
narrativa” para mostrar de que manera el Señor Resucitado sigue
haciéndose presente en medio de los suyos. Por eso debemos leerlo
atentamente, fijándonos en cómo aquellos dos discípulos van
descubriendo, paso a paso, la verdadera identidad de su compañero de
camino. Preguntémonos: ¿dónde se produce ele encuentro entre Jesús y
los dos discípulos? ¿Quién lo hace posible? ¿De que hablan?.
Es importante observar que
aquel encuentro pascual se produce en el “camino”, un término que
Lucas utiliza como símbolo del seguimiento cristiano. Seguimiento
que, en el caso de los dos discípulos, atraviesa una crisis
profunda. La conversación que llevan por el camino está llena de
preguntas sin respuesta. Su regreso hacia Emaus es, en cierto modo,
una huida. En medio de aquella tremenda decepción, Jesús se hace el
encontradizo. Ellos van huyendo de la cruz, carecen de todos los
datos de lo que ha ocurrido pero carecen de la fe que les da
sentido. Ven a Jesús, pero sus ojos no son “capaces de reconocerlo”.
El relato de los discípulos de Emaus intenta decirnos que el
encuentro con el Resucitado no fue un privilegio exclusivo de
aquellos primeros testigos, sino que sigue siendo posible para los
cristianos de todos los tiempos que salen al encuentro del Señor en
medio de sus dudas, decepciones, errores y delitos que cometemos.
Recordemos que cuando el caminante desconocido les explica las
Escrituras “empieza a arder su corazón”. Se les abren los ojos y
reconocen al Resucitado “al partir el pan”. E inmediatamente parten
para Jerusalén a compartir su fe y su alegría. Queda claro que la
experiencia de fe en el Resucitado pasa por la Palabra de Dios, la
Eucaristía y la Comunidad.
7.-
Oración universal.-
A Jesús resucitado, vida
y esperanza de la humanidad entera, le rogamos diciendo: Jesús
resucitado, escúchanos.
- Por la Iglesia, por todos
los que estamos llamados a ser en el mundo testigos de la Buena
Noticia de Jesús. Oremos.
- Por los que aún no han
descubierto, o han olvidado, la presencia del Señor en el camino de
sus vidas. Oremos.
- Por los encarcelados y por
todos los que viven bajo el peso del dolor y la tristeza. Oremos.
-
(Peticiones libres de
los encarcelados).
8.-
Padrenuestro
9.-
Saludo de paz
10.-
Oración de acción de gracias.-
Oración espontánea de los encarcelados.
11.-
Oramos y celebramos.-
Quédate con nosotros, Señor:
Hazte nuestro compañero de camino. Continúa saliendo al paso de
nuestras decepciones y abandonos. No dejes de iluminarnos con tu
Palabra ni de alimentarnos con tu pan. Enciende nuestros corazones y
ábrenos los ojos para reconocer tu presencia en medio de la
comunidad que anuncia que estás vivo. Ambientamos este momento de
oración con este lema: “Quédate con nosotros”
12.-
Oración final.-
Jesucristo: compañero de camino, confidente y maestro: tú me sales al
encuentro en mis dudas y vacilaciones, en mis desalientos, en mis dudas.
Tu palabra ilumina mi mente y hace que arda de amor mi corazón: guía mis
pasos a tu lado por los caminos de esa luz y de ese amor.
Acércate, Cristo resucitado, a
nuestro camino
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