CELEBRACIÓN DE LA PALABRA EN LA CÁRCEL

DOMINGO TERCERO DE PASCUA/A

Domingo 6 de abril de 2008

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Por Ángel García Rodríguez (o.ss.t)

Capellán del Centro Penitenciario de Alahurin de la Torre (Málaga)

 

 

1.- Saludo.- Hermanos, bendigamos al Señor, que nos quiere resucitados con Cristo.

 

2.- Monición de entrada.-

En estos domingos pascuales seguimos celebrando la presencia liberadora de Jesús resucitado. Recordamos las apariciones del Señor y recogemos los testimonios de los primeros discípulos. Hoy nos acercaremos a Jesús que se hace presente en el camino de nuestra vida como lo hizo con aquellos discípulos de Emaus. También  nosotros hoy aquí en la prisión, leeremos la Palabra de Dios y conoceremos el sentido de las Escrituras. En medio de nuestras y sufrimientos intentemos acércanos a Jesús e intentar estar en comunión con Dios.

3.- Acto Penitencial.- Coloquémonos al lado de Jesús resucitado y pidámosle perdón por nuestras ofensas y pecados.

- Porque no abrimos por completo el corazón a tu Palabra. Señor, ten piedad.

 

- Porque muchas veces no vemos tus huellas y tus símbolos. Cristo, ten piedad.

 

- Porque somos torpes para comprenderte. Señor, ten piedad.

4.- Oración.- Dios, Padre bondadoso, a pesar de nuestros errores y delitos que nos han traído a la cárcel, tú nos has llamado a la vida y a la libertad. Ayúdanos cambiar el rumbo de nuestras vidas para poder hacer de este mundo un hogar grande y agradable. Te damos gracias por la oportunidad de vivir y por la suerte de hacerlo en tu compañía y en la de tus hermanos. Por Cristo nuestro Señor. Amén.

 

5.- Evangelio.- “Quédate con nosotros”: Lc. 24, 13-35

 

6.- Reflexión.-

La escucha de la Palabra aquí en la prisión es como agua que sacia nuestra sed. Ésta sigue ayudándonos a celebrar la Pascua del Señor y a reflejarla concretamente en nuestra vida. La experiencia de los dos discípulos de Emaus nos ayudará a reconocer la presencia del Resucitado en el camino de cada día. Un camino que se transformará en la “senda de la vida” si nuestra fe y nuestra esperanza reposan en ese Dios Padre que liberó a Jesús de las ataduras de la muerte.

 

El relato evangélico de hoy no pretende ser el reportaje en directo de una de las apariciones pascuales de Jesús. Lucas lo compuso como una verdadera “catequesis narrativa” para mostrar de que manera el Señor Resucitado sigue haciéndose presente en medio de los suyos. Por eso debemos leerlo atentamente, fijándonos en cómo aquellos dos discípulos van descubriendo, paso a paso, la verdadera identidad de su compañero de camino. Preguntémonos: ¿dónde se produce ele encuentro entre Jesús y los dos discípulos? ¿Quién lo hace posible? ¿De que hablan?.

 

Es importante observar que aquel encuentro pascual se produce en el “camino”, un término que Lucas utiliza como símbolo del seguimiento cristiano. Seguimiento que, en el caso de los dos discípulos, atraviesa una crisis profunda. La conversación que llevan por el camino está llena de preguntas sin respuesta. Su regreso hacia Emaus es, en cierto modo, una huida. En medio de aquella tremenda decepción, Jesús se hace el encontradizo. Ellos van huyendo de la cruz, carecen de todos los datos de lo que ha ocurrido pero carecen de la fe que les da sentido. Ven a Jesús, pero sus ojos no son “capaces de reconocerlo”.

 

El relato de los discípulos de Emaus intenta decirnos que el encuentro con el Resucitado no fue un privilegio exclusivo de aquellos primeros testigos, sino que sigue siendo posible para los cristianos de todos los tiempos que salen al encuentro del Señor en medio de sus dudas, decepciones, errores y delitos que cometemos. Recordemos que cuando el caminante desconocido les explica las Escrituras “empieza a arder su corazón”. Se les abren los ojos y reconocen al Resucitado “al partir el pan”. E inmediatamente parten para Jerusalén a compartir su fe y su alegría. Queda claro que la experiencia de fe en el Resucitado pasa por la Palabra de Dios, la Eucaristía y la Comunidad.

7.- Oración universal.- A Jesús resucitado, vida y esperanza de la humanidad entera, le rogamos diciendo: Jesús resucitado, escúchanos.

- Por la Iglesia, por todos los que estamos llamados a ser en el mundo testigos de la Buena Noticia de Jesús. Oremos.

 

- Por los que aún no han descubierto, o han olvidado, la presencia del Señor en el camino de sus vidas. Oremos.

 

- Por los encarcelados y por todos los que viven bajo el peso del dolor y la tristeza. Oremos.

 

- (Peticiones libres de los encarcelados).

8.- Padrenuestro

 

9.- Saludo de paz

 

10.- Oración de acción de gracias.- Oración espontánea de los encarcelados.

 

11.- Oramos y celebramos.-

Quédate con nosotros, Señor: Hazte nuestro compañero de camino. Continúa saliendo al paso de nuestras decepciones y abandonos. No dejes de iluminarnos con tu Palabra ni de alimentarnos con tu pan. Enciende nuestros corazones y ábrenos los ojos para reconocer tu presencia en medio de la comunidad que anuncia que estás vivo. Ambientamos este momento de oración con este lema: “Quédate con nosotros”

12.- Oración final.- Jesucristo: compañero de camino, confidente y maestro: tú me sales al encuentro en mis dudas y vacilaciones, en mis desalientos, en mis dudas. Tu palabra ilumina mi mente y hace que arda de amor mi corazón: guía mis pasos a tu lado por los caminos de esa luz y de ese amor.

Acércate, Cristo resucitado, a nuestro camino

Acércate, Cristo resucitado, a nuestro camino:

      abre nuestros oídos y nuestro corazón para escuchar y entender;

      ayúdanos a encontrar tiempos y espacios para los demás;

      convéncenos de la igual humanidad, de la fraternidad radical con todos;

      siéntanos a la mesa de tu palabra, de tu bienaventuranza;

      alimentados de tu pan, de tu cuerpo compartido, entregado;

      quédate con nosotros: intimándonos tu sabiduría de vida,

      compartiendo tu pasión por la vida y los hermanos,

      activando nuestros caminos con tu amor infinito.

 

 

 

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