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1.-
Saludo.-
Dios nuestro Padre, que ha enviado a su Hijo para salvar al mundo, esté
con todos vosotros.
2.-
Monición de entrada.-
Hoy es el último día del
tiempo de Navidad. Aquel niño que adorábamos en Belén con los
ángeles y los pastores, aquel niño que el domingo pasado se
manifestaba a los magos que venían de tierras lejanas guiados por
una estrella, hoy lo contemplamos ya como un hombre adulto, que se
acerca al río Jordán con todos los que querían recibir el bautismo
de conversión que Juan predicaba. Y allí, en aquel ambiente de fe,
Dios manifiesta públicamente que Jesús es su enviado, su Hijo. Y
Jesús comienza, desde aquel momento, su misión.
Hoy desde la prisión
pensemos en nuestro bautismo. Nuestros padres y padrinos nos
llevaron a la Iglesia. Renovemos aquel compromiso de ser hijos de
Dios y de andar por la vida por los buenos caminos.
3.-
Acto penitencial.-
Ahora, en silencio, pidámosle a Jesús que nos renueve con su gracia.
- Tú, estrella luminosa para
toda la humanidad. Señor, ten piedad.
- Tú, fuente de inmensa
alegría para los que nos equivocamos en la vida. Cristo, ten
piedad.
- Tú, camino de verdad y de
vida para los que hoy en la prisión anhelamos la libertad. Señor,
ten piedad.
4.-
Oración.-
Dios Padre bueno, tú que en el bautismo de Cristo, en el Jordán,
quisiste revelar que él era tu Hijo amado enviándole tu Espíritu Santo,
concede a tus hijos que hoy en la cárcel no gozan de libertad,
perseverar siempre por tu camino que nos lleva al bien y a la verdadera
libertad. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo que vive y reina por los
siglos de los siglos. Amén
5.-
Evangelio.-
Mt. 3,13-17: “Tú eres mi hijo amado”.
6.-
Reflexión.-
Después de
los relatos de la infancia de Jesús que hemos leído en los domingos
anteriores, Mateo continúa presentando la figura de Jesús y
desvelándonos su identidad. El evangelio que leemos hoy muestra a
Jesús como Hijo de Dios antes del inicio de su misión.
Jesús se
somete al rito bautismal de Juan como un pecador más. Quiere ser un
Mesías anónimo. Se bautiza en un acto general, aguardando su turno.
Excluirá todo tipo de protagonismo, no se endiosará. Por eso no
caerá en las tentaciones del demonio al ofrecerle honor, poder y
gloria. Huirá de los honores y de las proclamaciones de Mesías. No
será demagogo ni esclavizará a las gentes, sino que las hará libres.
Silenciosamente, pasará haciendo el bien. Hasta dar la vida. El
bautismo le consagra para esta misión. Como a nosotros.
Recordemos
hoy desde la cárcel que la vida pasa en trabajos y gestos sencillos
comos los que vivió Jesús en Nazaret. Jesús había pasado treinta
años en su pueblo en una vida sencilla de familia y de trabajo. Dios
estaba escondido. Había mucha gente que lo esperaba, pero él no
tenía prisa. El hombre tiene que seguir esperando. Y bien sabéis los
que estáis en la prisión todo lo que cuesta la espera, que cada día
se hace más pesado que el anterior. Que soñamos y anhelamos la
libertad para abrazar a nuestros seres queridos.
En Nazaret
no hay palabras, no hay signos, no hay milagros. En Nazaret hay
silencio, hay trabajo, hay oración, hay familia. También en estas
cosas anda Dios. ¿Podríamos intentar vivir ese Nazaret hoy aquí en
la cárcel?. ¿Por qué no?
Pensemos
que a partir del bautismo de Jesús todo va a cambiar. Juan ha
comenzado a clamar en el desierto y su grito despierta a todo el
mundo. Habla de la necesidad de conversión. Habla del Reino de Dios
que se acerca. Grita y bautiza. Exige conversión y ofrece perdón.
Señala la herida y la cura. Descubre la mancha y la limpia.
Jesús también escuchó la llamada de Juan y, sintió que se aproximaba
su hora. Por eso, dejó Nazaret, y fue desde Galilea al Jordán, se
presentó a Juan para que lo bautizara. Iba a comenzar una nueva
historia. Cuando Jesús salió del agua, el cielo le presentó como al
Santo de Dios y lo consagró como Mesías. Jesús es el Hijo amado del
Padre Dios. ¿Cómo sentir ese amor de Dios y la fuerza de su Espíritu
entre estos barrotes de la prisión? ¿Cuál es nuestra misión?
7.-
Oración universal.-
También para los que estamos en la prisión, el cielo está siempre
abierto, y el Padre nos escucha siempre. Digamos con la confianza de los
hijos: Escúchanos,
Padre.
- Que la
Iglesia toda dé testimonio de servicio a la humanidad, especialmente
a los más desfavorecidos. Oremos.
- Que
tanto dentro como fuera de la cárcel, siempre nos sintamos hijos
tuyos. Oremos.
- Para que
todos los bautizados comprendamos y vivamos nuestro bautismo.
Oremos.
- Para que en el mundo entero progrese la paz, la libertad y la
justicia, y se superen las divisiones y enemistades entre los
pueblos. Oremos.
-
(Peticiones libres de
los encarcelados).
8.-
Padrenuestro
9.-
Saludo de paz
10.-
Oración de acción de gracias.-
Oración espontánea de los encarcelados.
11.-
Oramos y celebramos.-
Terminamos
nuestro encuentro orando con gratitud porque nos sentimos amados por
Dios como él sólo sabe hacer. Queremos revivir en este momento
nuestro bautismo para renovarlo, para olvidar el delito que nos
trajo a la cárcel y para sentirnos de nuevo hijos de Dios.
Renovamos ahora las promesas bautismales y con un poco de agua en
la mano nos persignamos en el nombre del Padre, del Hijo y del
Espíritu Santo.
12.-
Oración final.-
Jesús, en el acontecimiento de tu bautismo admiro tu profunda humildad
al ponerte en la fila de los pecadores para ser bautizado como uno más.
Ayúdame hoy a escuchar la voz de tu Padre que me llama aquí en la cárcel
a escucharte y a convertirme.
¿QUÉ HEMOS HECHO DEL BAUTISMO?
Señor
Jesús:
Escucha y
no te asustes de lo que hemos hecho del Bautismo.
“De mi
bautizo sólo sé que:
mi
madre no estuvo, porque estaba enferma;
los
padrinos fueron mis tíos, que nunca les vi en la iglesia;
mi padre
le dijo al cura que no me echara tanta agua fría”.
“Mi padre
quería que el padrino fuera su amigo de religión musulmana.
El cura le
dijo que tenía que ser un bautizado, modelo de cristiano,
Una
especie de aval para que cuidara de mi educación cristiana.
Terminó
siendo mi tío, presentando un volante de bautismo.
“Hay
emigrantes sin fe que necesitan urgentemente
los
papeles de ciudadanía española a cualquier precio.
Y qué más
fácil que engañar a los curas con partidas falsas de bautismo
para
casarse por la Iglesia. No hay amor, no hay fe, no hay bautismo”.
Ayúdanos,
Cristo nuestro:
a tomarnos
en serio nuestro bautismo,
a no ser
mentirosos e hipócritas,
a sentir hoy tu Espíritu, acariciante y fortalecedor.
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