CELEBRACIÓN DE LA PALABRA EN LA CÁRCEL

SEGUNDO DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO /A

Domingo 20 enero de 2008

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Por Ángel García Rodríguez (o.ss.t)

Capellán del Centro Penitenciario de Alahurin de la Torre (Málaga)

 

 

1.- Saludo.- Que la Gracia y la Paz de parte de Dios, y de Jesucristo el Señor, visiten esta prisión y estén con todos nosotros.

 

2.- Monición de entrada.-

El domingo pasado terminábamos el tiempo de Navidad, y dentro de tres semanas comenzaremos la Cuaresma. Estos tres domingos que quedan en medio serán como una continuación de la manifestación de Jesús que recordábamos el domingo pasado, en la fiesta de su Bautismo. Veremos cómo Jesús comienza a mostrarse como el enviado de Dios, que viene a anunciar la vida nueva.

 

Hoy recordamos también un hecho importante. Estamos dentro de la Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos. Aquí en la prisión nos encontramos hermanos de distintos credos. Recemos por la unidad de todos los cristianos.

3.- Acto penitencial.- Deseosos de llenarnos del perdón del Padre misericordioso, reconocemos nuestras limitaciones y errores que nos han traído a la prisión.

- Tú, que has sido enviado a sanar los corazones afligidos. Señor, ten piedad.

- Tú, que has venido a llamar a los pecadores. Cristo, ten piedad.

- Tú, que con la fuerza del Espíritu traes la justicia y la paz. Señor, ten piedad.

4.- Oración.- Bendito seas, Padre, por todas las fraternidades cristianas que son signo de la comunión evangélica en fidelidad al testamento de Jesús. Queremos hoy desde la cárcel ser discípulos de tu hijo Jesús. Queremos estar todos unidos más allá de nuestras distintas religiones. Que tu Espíritu nos purifique para ser una comunidad  testigo en medio de la prisión. Amén.

 

5.- Evangelio.- Jn. 1, 29-34: “Éste es el cordero de Dios”

 

6.- Reflexión.

Después de haber celebrado la fiesta del bautismo del Señor, que pone fin al ciclo de Navidad e inaugura el tiempo ordinario, pasamos a contemplar el inicio de la vida pública de Jesús de la mano del evangelista san Juan.

 

El pasaje consta de un monólogo de Juan Bautista en el que nos presenta a Jesús. El testimonio de Juan comienza y termina con una afirmación sobre Jesús. Lo primero que dice sobre él es que el “cordero de Dios”. La afirmación del final es más clara y rotunda: “Es el Hijo de Dios”. Juan Bautista fue descubriendo progresivamente a Jesús como el enviado de Dios y, a partir de este descubrimiento, encontró su misión.

 

El Evangelio de hoy resalta “al Cordero de Dios que quita el pecado del mundo”. Juan el Bautista tiene la capacidad espiritual de descubrir en Jesús la persona que lucha a brazo partido contra la maldad y la coloca a sus pies. En la tradición judía el cordero es un símbolo pascual: evoca la liberación de Egipto. Jesús, como cordero inmolado en la cruz, nos redime, nos reconcilia y nos invita a vivir al estilo pascual que consiste en ser personas renovadas según el Evangelio.

 

Seguir a Jesús comporta romper con el “pecado del mundo”, con ese modo de pensar y de vivir, infiltrado en nuestros ambientes, que no va con el Evangelio y que es como un veneno que nos intenta contaminar. Los cristianos no tenemos un proyecto mejor por el que luchar, que el revelado por Jesús. Su persona y su mensaje están cargados de razón. Todos estamos llamados a ser testigos como el Bautista que supo incluso invitar a sus propios discípulos que siguieran a aquel que “había pasado junto a ellos. Y ya sabemos lo que ocurrió: “Fueron, vieron donde vivía y se quedaron con él”. Recordemos que ésta es la hora de Jesús pero también es la hora de los cristianos. Ni los problemas, ni los sufrimientos ni la misma cárcel pueden impedirnos que cumplamos nuestra misión de apóstoles de Cristo. Nuestra comunidad cristiana  hoy en la prisión debe saber presentar a los demás hermanos encarcelados al que quita el pecado del mundo. ¿Estará Dios orgulloso de nosotros?

7.- Oración universal.- En la cárcel andamos necesitados de muchas cosas, y en muchas ocasiones no sabemos qué necesitamos de verdad; pero lo que sí es cierto es necesitamos que Dios nos ayude. Por eso acudimos a El diciendo: ¡Ayúdanos Señor!

- Para que cada día nos sintamos más unidos a la Iglesia y podamos llevar adelante con ilusión la misión encomendada a los apóstoles. Oremos.

- Para que los cristianos aprendamos del Cordero de Dios que quitar el pecado del mundo no es solo lograr nuestro perdón sino crear vida y esperanza. Oremos.

- Por todos los que en las cárceles sufrimos angustias, tristezas y depresiones, para que encontremos en Cristo el alivio a nuestros dolores. Oremos.

- (Peticiones libres de los encarcelados).

8.- Padrenuestro

 

9.- Saludo de paz

 

10.- Oración de acción de gracias.- Oración espontánea de los encarcelados.

 

11.- Oramos y celebramos.-

En medio de los dolores y sufrimientos que atravesamos en la prisión, las experiencias de Dios se asimilan con más fuerza en el silencio de la oración. Ante la palabra que nos habla hemos de responder, desde la oración, con nuestra confesión de fe y nuestro testimonio de vida.

 

En el centro del grupo colocamos un cirio encendido para manifestar la presencia de Jesús entre nosotros; un folio en blanco recogerá las confesiones de fe personales en Jesús; un dibujo del mapamundi, nos señalara el compromiso a que nos lanza nuestra fe.

12.- Oración final.- Señor en medio de la oscuridad de la prisión, tú pones ante mi como luz a la figura de Juan Bautista, testigo de tu persona; apareces tú como manso y salvador Cordero de Dios, que borras mis pecados y delitos para no recordarlos más; y acontece tu Espíritu Santo: envíamelo, lo necesito para ser yo también testigo fiel desde la cárcel.

ESTAMOS MUY AGRADECIDOS A LA IGLESIA

Señor Jesús: los cristianos estamos muy agradecidos a la Iglesia:

      nos ha dado tu evangelio, nos ha entregado su Espíritu,

      nos sigue alimentando con los signos de tu vida.

      Muchos cristianos iluminan con sus obras el quehacer humano,

                  con su amor liberan de muchas esclavitudes,

                  son buena noticia para los pobres….

Pero también reconocemos, a la luz de tu evangelio, sus pecados:

      pide democracia, pero no la práctica cuando puede,

      sigue “haciendo callar” más que “haciendo pensar”,

      se resiste a  considerar a la mujer como sujeto pleno de derechos eclesiales…..

Señor Jesús, lleno del Espíritu, avívanos

      para ver bajar el Espíritu, para no apagar tu Espíritu,

      para vivir la fraternidad en la cárcel y fuera de ella.

 

 

 

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