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1.-
Saludo.-
Que la Gracia y la Paz de parte de Dios, y de Jesucristo el Señor,
visiten esta prisión y estén con todos nosotros.
2.-
Monición de entrada.-
El domingo
pasado terminábamos el tiempo de Navidad, y dentro de tres semanas
comenzaremos la Cuaresma. Estos tres domingos que quedan en medio
serán como una continuación de la manifestación de Jesús que
recordábamos el domingo pasado, en la fiesta de su Bautismo. Veremos
cómo Jesús comienza a mostrarse como el enviado de Dios, que viene a
anunciar la vida nueva.
Hoy recordamos también un hecho importante. Estamos dentro de la
Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos. Aquí en la
prisión nos encontramos hermanos de distintos credos. Recemos por la
unidad de todos los cristianos.
3.-
Acto penitencial.-
Deseosos de llenarnos del perdón del Padre misericordioso, reconocemos
nuestras limitaciones y errores que nos han traído a la prisión.
- Tú, que
has sido enviado a sanar los corazones afligidos. Señor, ten
piedad.
- Tú, que
has venido a llamar a los pecadores. Cristo, ten piedad.
- Tú, que
con la fuerza del Espíritu traes la justicia y la paz. Señor, ten
piedad.
4.-
Oración.-
Bendito seas, Padre, por todas las fraternidades cristianas que son
signo de la comunión evangélica en fidelidad al testamento de Jesús.
Queremos hoy desde la cárcel ser discípulos de tu hijo Jesús. Queremos
estar todos unidos más allá de nuestras distintas religiones. Que tu
Espíritu nos purifique para ser una comunidad testigo en medio de la
prisión. Amén.
5.-
Evangelio.-
Jn. 1, 29-34: “Éste es el cordero de Dios”
6.-
Reflexión.
Después de
haber celebrado la fiesta del bautismo del Señor, que pone fin al
ciclo de Navidad e inaugura el tiempo ordinario, pasamos a
contemplar el inicio de la vida pública de Jesús de la mano del
evangelista san Juan.
El pasaje
consta de un monólogo de Juan Bautista en el que nos presenta a
Jesús. El testimonio de Juan comienza y termina con una afirmación
sobre Jesús. Lo primero que dice sobre él es que el “cordero de
Dios”. La afirmación del final es más clara y rotunda: “Es el Hijo
de Dios”. Juan Bautista fue descubriendo progresivamente a Jesús
como el enviado de Dios y, a partir de este descubrimiento, encontró
su misión.
El
Evangelio de hoy resalta “al Cordero de Dios que quita el pecado del
mundo”. Juan el Bautista tiene la capacidad espiritual de descubrir
en Jesús la persona que lucha a brazo partido contra la maldad y la
coloca a sus pies. En la tradición judía el cordero es un símbolo
pascual: evoca la liberación de Egipto. Jesús, como cordero inmolado
en la cruz, nos redime, nos reconcilia y nos invita a vivir al
estilo pascual que consiste en ser personas renovadas según el
Evangelio.
Seguir a Jesús comporta romper con el “pecado del mundo”, con ese
modo de pensar y de vivir, infiltrado en nuestros ambientes, que no
va con el Evangelio y que es como un veneno que nos intenta
contaminar. Los cristianos no tenemos un proyecto mejor por el que
luchar, que el revelado por Jesús. Su persona y su mensaje están
cargados de razón. Todos estamos llamados a ser testigos como el
Bautista que supo incluso invitar a sus propios discípulos que
siguieran a aquel que “había pasado junto a ellos. Y ya sabemos lo
que ocurrió: “Fueron, vieron donde vivía y se quedaron con él”.
Recordemos que ésta es la hora de Jesús pero también es la hora de
los cristianos. Ni los problemas, ni los sufrimientos ni la misma
cárcel pueden impedirnos que cumplamos nuestra misión de apóstoles
de Cristo. Nuestra comunidad cristiana hoy en la prisión debe saber
presentar a los demás hermanos encarcelados al que quita el pecado
del mundo. ¿Estará Dios orgulloso de nosotros?
7.-
Oración universal.-
En la cárcel andamos necesitados de muchas cosas, y en muchas ocasiones
no sabemos qué necesitamos de verdad; pero lo que sí es cierto es
necesitamos que Dios nos ayude. Por eso acudimos a El diciendo:
¡Ayúdanos Señor!
- Para que
cada día nos sintamos más unidos a la Iglesia y podamos llevar
adelante con ilusión la misión encomendada a los apóstoles.
Oremos.
- Para que
los cristianos aprendamos del Cordero de Dios que quitar el pecado
del mundo no es solo lograr nuestro perdón sino crear vida y
esperanza. Oremos.
- Por todos los que en las cárceles sufrimos angustias, tristezas y
depresiones, para que encontremos en Cristo el alivio a nuestros
dolores. Oremos.
-
(Peticiones libres de
los encarcelados).
8.-
Padrenuestro
9.-
Saludo de paz
10.-
Oración de acción de gracias.-
Oración espontánea de los encarcelados.
11.-
Oramos y celebramos.-
En medio
de los dolores y sufrimientos que atravesamos en la prisión, las
experiencias de Dios se asimilan con más fuerza en el silencio de la
oración. Ante la palabra que nos habla hemos de responder, desde la
oración, con nuestra confesión de fe y nuestro testimonio de vida.
En el centro del grupo colocamos un cirio encendido para manifestar
la presencia de Jesús entre nosotros; un folio en blanco recogerá
las confesiones de fe personales en Jesús; un dibujo del mapamundi,
nos señalara el compromiso a que nos lanza nuestra fe.
12.-
Oración final.-
Señor en medio de la oscuridad de la prisión, tú pones ante mi como luz
a la figura de Juan Bautista, testigo de tu persona; apareces tú como
manso y salvador Cordero de Dios, que borras mis pecados y delitos para
no recordarlos más; y acontece tu Espíritu Santo: envíamelo, lo necesito
para ser yo también testigo fiel desde la cárcel.
ESTAMOS MUY AGRADECIDOS A LA IGLESIA
Señor
Jesús: los cristianos estamos muy agradecidos a la Iglesia:
nos ha
dado tu evangelio, nos ha entregado su Espíritu,
nos sigue
alimentando con los signos de tu vida.
Muchos
cristianos iluminan con sus obras el quehacer humano,
con su
amor liberan de muchas esclavitudes,
son buena
noticia para los pobres….
Pero
también reconocemos, a la luz de tu evangelio, sus pecados:
pide
democracia, pero no la práctica cuando puede,
sigue
“haciendo callar” más que “haciendo pensar”,
se resiste
a considerar a la mujer como sujeto pleno de derechos eclesiales…..
Señor
Jesús, lleno del Espíritu, avívanos
para ver
bajar el Espíritu, para no apagar tu Espíritu,
para
vivir la fraternidad en la cárcel y fuera de ella.
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