CELEBRACIÓN DE LA PALABRA EN LA CÁRCEL

TERCER DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO /A

Domingo 27 enero de 2008

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Por Ángel García Rodríguez (o.ss.t)

Capellán del Centro Penitenciario de Alahurin de la Torre (Málaga)

 

 

1.- Saludo.- Que a todos los que nos reunimos hoy en la prisión para darle gracias nos bendiga Dios y nos llene de esperanza, de luz y de confianza.

 

2.- Monición de entrada.-

En esta celebración nos encontraremos con los primeros pasos y las primeras palabras del ministerio público de Jesús. Juan Bautista ha sido obligado a retirarse y Jesús toma el relevo. Su lugar de predicación será la región de Galilea, una zona oscura, marginal y mal vista por los judíos. Allí aparece un profeta, hijo de un carpintero de Nazaret, que empieza a remover las conciencias, a curar enfermos, a llamar a personas concretas para que le sigan, a hablar de un Dios que es todo amor.

Nosotros, hoy, hemos venido también aquí para escuchar a Jesús, para vivir la alegría de su presencia, para responder a su llamada y para unirnos profundamente a él.

3.- Acto penitencial.- Como humanos que somos, sentimos, Señor, aquí en la cárcel todo el peso de nuestros delitos, errores y pecados.

- Tú que conoces que somos de barro, que nos rompemos con facilidad y no soportamos grandes pesos ni responsabilidades. Señor, ten piedad.

- Tú, Jesús, que sentiste en tu propia persona la sensación del fracaso y de la soledad. Cristo ten piedad.

- Tú que no nos has dejado tirados aquí en la prisión sino que nos alientas y apoyas para seguir adelante. Señor, ten piedad..

4.- Oración.- Padre bondadoso, no es nada fácil ser buenos aquí en la cárcel. Ayúdanos a llevar una vida según tu voluntad, para que podamos dar en abundancia frutos de buenas obras en nombre de tu Hijo Jesucristo, que vive y reina contigo.

 

5.- Evangelio.- “Está llegando el Reino de los Cielos”: Mt. 4,12-23.

 

6.- Reflexión

En el evangelio de hoy nos encontramos con Jesús al que le ha llegado su hora. De momento opta por alejarse del poder. En Galilea estará como en su casa, aunque no precisamente como en Nazaret. Ahora Jesús tiene prisa. Tiene muchas cosas que decir. Tiene muchos caminos que recorrer. Tiene muchas buenas noticias que dar. Tiene muchos terrenos que conquistar a las fuerzas del maligno. Tiene prisas, porque sabe que el Reino de Dios está cerca.

Jesús comienza su predicación recogiendo las palabras que dejó en el aire Juan: convertíos, porque está cerca el Reino de Dios. La conversión de Juan se centraba en los aspectos ascéticos: más justicia, menos violencia, más caridad…Para Jesús la conversión es más radical, es una nueva realidad, es algo nuevo que empieza, un cambio en toda la persona. Jesús veía a la gente agobiada, angustiada, oprimida por cargas insoportables, con miedos y escrúpulos en sus relaciones con Dios. Y les da la gran noticia, el mensaje más revolucionario y liberador: ¡Dios es Padre! En el fondo viene a decirnos: “No tengáis miedo a vuestro Padre Dios. Él os quiere y os protege como a hijos. Él es generoso y os regala. Él es misericordioso. Dios os perdona y se compadece de vosotros. Confiad en Él”.

Según el evangelio, Jesús es presentado no como un hombre solitario, sino rodeado de amigos y colaboradores desde el primer momento. Los eligió entre la gente sencilla y trabajadora. Los llamó para hacerles pescadores de hombres y le siguieron dejándolo todo.

En resumen, podríamos decir que Jesús pide  conversión para entrar en el Reino de Dios que está llegando. Los discípulos que él llama serán los primeros en responder a esa invitación. Dios sigue llamándonos hoy aquí en la prisión a colaborar en la misión de Jesús, pero la conversión al Reino depende de nuestra decisión personal. Tras estas rejas de la cárcel, ¿estoy dispuesto a convertirme?.

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7.- Oración universal.- Siguiendo la enseñanza y ejemplos de Jesús, pidamos al Padre diciendo: Venga a nosotros tu Reino.

- Para que dentro o fuera de la cárcel nos sintamos todos Iglesia de Cristo y demos testimonio de ella. - Oremos.

- Para que en medio de estos días oscuros de prisión, tengamos los ojos del alma limpios para percibir a Jesús que pasa permanentemente junto a nosotros, nos ve con mirada de amor y nos llama a seguirle. Oremos.

- Para que venga tu reino de justicia al mundo de las prisiones. Oremos.

- (Peticiones libres de los encarcelados).

8.- Padrenuestro

 

9.- Saludo de paz

 

10.- Oración de acción de gracias.- Oración espontánea de los encarcelados.

 

11.- Oramos y celebramos.-

Para descubrir la llamada continua que Dios nos hace son necesarias la escucha y la oración. Sólo así podremos discernir y responder a esa invitación de dar un paso más en nuestro seguimiento.

Colocamos unos cuantos recortes de prensa que muestren situaciones en las que se tiene que hacer hoy un esfuerzo por acelerar la presencia del Reino en el mundo de las prisiones.

12.- Oración final.- Señor, tú que traspasas todos los días los muros de la prisión, no te canses de decirme y  repetirme: ¡conviértete!. Tampoco te canses de mirarme a la cara y decirme: ¡Ven y sígueme!. Te pido finalmente la generosidad de Pedro y Andrés, para dejarlo todo y seguirte sin condiciones para proclamar el Evangelio del amor y de la libertad.

CONVERTÍOS PORQUE ESTÁ CERCA EL REINO DE LOS CIELOS

Señor Jesús:

Al enterarte de que habían arrestado a Juan, empezaste a predicar:

            “Convertíos porque está cerca el reino de los cielos”.

Inicias un grupo de personas sensibles a los valores del Reino.

Hombres y mujeres de toda condición son llamados

            a sentir el amor del Padre

            a compartir sus vidas como hermanos,

            a curar las enfermedades y dolencias del pueblo.

Tú, Jesús de todos, tienes una convicción profunda:

Dios es siempre “amor en acto”.

Tu evangelio no es otra cosa que el anuncio del amor del Padre.

Desde la conversión a este amor del Padre, llamas a la conversión.

No exigirás más que el amor del Padre.

Ven, Espíritu de Cristo, y conviértenos a tu reino, a tu amor.

 

 

 

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