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1.-
Saludo.-
Que a todos los que nos reunimos hoy en la prisión para darle gracias
nos bendiga Dios y nos llene de esperanza, de luz y de confianza.
2.-
Monición de entrada.-
En esta celebración nos
encontraremos con los primeros pasos y las primeras palabras del
ministerio público de Jesús. Juan Bautista ha sido obligado a
retirarse y Jesús toma el relevo. Su lugar de predicación será la
región de Galilea, una zona oscura, marginal y mal vista por los
judíos. Allí aparece un profeta, hijo de un carpintero de Nazaret,
que empieza a remover las conciencias, a curar enfermos, a llamar a
personas concretas para que le sigan, a hablar de un Dios que es
todo amor.
Nosotros, hoy, hemos venido
también aquí para escuchar a Jesús, para vivir la alegría de su
presencia, para responder a su llamada y para unirnos profundamente
a él.
3.-
Acto penitencial.-
Como humanos
que somos, sentimos, Señor, aquí en la cárcel todo el peso de nuestros
delitos, errores y pecados.
- Tú que
conoces que somos de barro, que nos rompemos con facilidad y no
soportamos grandes pesos ni responsabilidades. Señor, ten piedad.
- Tú,
Jesús, que sentiste en tu propia persona la sensación del fracaso y
de la soledad. Cristo ten piedad.
- Tú que
no nos has dejado tirados aquí en la prisión sino que nos alientas y
apoyas para seguir adelante. Señor, ten piedad..
4.-
Oración.-
Padre bondadoso, no es nada fácil ser buenos aquí en la cárcel. Ayúdanos
a llevar una vida según tu voluntad, para que podamos dar en abundancia
frutos de buenas obras en nombre de tu Hijo Jesucristo, que vive y reina
contigo.
5.-
Evangelio.-
“Está llegando el Reino de los Cielos”: Mt. 4,12-23.
6.-
Reflexión
En el
evangelio de hoy nos encontramos con Jesús al que le ha llegado su
hora. De momento opta por alejarse del poder. En Galilea estará como
en su casa, aunque no precisamente como en Nazaret. Ahora Jesús
tiene prisa. Tiene muchas cosas que decir. Tiene muchos caminos que
recorrer. Tiene muchas buenas noticias que dar. Tiene muchos
terrenos que conquistar a las fuerzas del maligno. Tiene prisas,
porque sabe que el Reino de Dios está cerca.
Jesús
comienza su predicación recogiendo las palabras que dejó en el aire
Juan: convertíos, porque está cerca el Reino de Dios. La conversión
de Juan se centraba en los aspectos ascéticos: más justicia, menos
violencia, más caridad…Para Jesús la conversión es más radical, es
una nueva realidad, es algo nuevo que empieza, un cambio en toda la
persona. Jesús veía a la gente agobiada, angustiada, oprimida por
cargas insoportables, con miedos y escrúpulos en sus relaciones con
Dios. Y les da la gran noticia, el mensaje más revolucionario y
liberador: ¡Dios es Padre! En el fondo viene a decirnos: “No tengáis
miedo a vuestro Padre Dios. Él os quiere y os protege como a hijos.
Él es generoso y os regala. Él es misericordioso. Dios os perdona y
se compadece de vosotros. Confiad en Él”.
Según el
evangelio, Jesús es presentado no como un hombre solitario, sino
rodeado de amigos y colaboradores desde el primer momento. Los
eligió entre la gente sencilla y trabajadora. Los llamó para
hacerles pescadores de hombres y le siguieron dejándolo todo.
En resumen, podríamos decir que Jesús pide conversión para entrar
en el Reino de Dios que está llegando. Los discípulos que él llama
serán los primeros en responder a esa invitación. Dios sigue
llamándonos hoy aquí en la prisión a colaborar en la misión de
Jesús, pero la conversión al Reino depende de nuestra decisión
personal. Tras estas rejas de la cárcel, ¿estoy dispuesto a
convertirme?.
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7.-
Oración universal.-
Siguiendo la enseñanza y ejemplos de Jesús, pidamos al Padre diciendo:
Venga a nosotros tu Reino.
- Para que
dentro o fuera de la cárcel nos sintamos todos Iglesia de Cristo y
demos testimonio de ella. - Oremos.
- Para que
en medio de estos días oscuros de prisión, tengamos los ojos del
alma limpios para percibir a Jesús que pasa permanentemente junto a
nosotros, nos ve con mirada de amor y nos llama a seguirle. Oremos.
- Para que venga tu reino de justicia al mundo de las prisiones.
Oremos.
-
(Peticiones libres de
los encarcelados).
8.-
Padrenuestro
9.-
Saludo de paz
10.-
Oración de acción de gracias.-
Oración espontánea de los encarcelados.
11.-
Oramos y celebramos.-
Para
descubrir la llamada continua que Dios nos hace son necesarias la
escucha y la oración. Sólo así podremos discernir y responder a esa
invitación de dar un paso más en nuestro seguimiento.
Colocamos
unos cuantos recortes de prensa que muestren situaciones en las que
se tiene que hacer hoy un esfuerzo por acelerar la presencia del
Reino en el mundo de las prisiones.
12.-
Oración final.-
Señor, tú que traspasas todos los días los muros de la prisión, no te
canses de decirme y repetirme: ¡conviértete!. Tampoco te canses de
mirarme a la cara y decirme: ¡Ven y sígueme!. Te pido finalmente la
generosidad de Pedro y Andrés, para dejarlo todo y seguirte sin
condiciones para proclamar el Evangelio del amor y de la libertad.
CONVERTÍOS PORQUE ESTÁ CERCA EL REINO
DE LOS CIELOS
Señor
Jesús:
Al
enterarte de que habían arrestado a Juan, empezaste a predicar:
“Convertíos porque está cerca el reino de los cielos”.
Inicias un
grupo de personas sensibles a los valores del Reino.
Hombres y
mujeres de toda condición son llamados
a sentir
el amor del Padre
a
compartir sus vidas como hermanos,
a curar
las enfermedades y dolencias del pueblo.
Tú, Jesús
de todos, tienes una convicción profunda:
Dios es
siempre “amor en acto”.
Tu
evangelio no es otra cosa que el anuncio del amor del Padre.
Desde la
conversión a este amor del Padre, llamas a la conversión.
No
exigirás más que el amor del Padre.
Ven,
Espíritu de Cristo, y conviértenos a tu reino, a tu amor.
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