|
1.-
Saludo.-
Que el Padre del Cielo, que nos regala este tiempo de conversión, esté
con todos vosotros.
2.-
Monición de entrada.-
Bienvenidos a esta celebración de la Palabra. Como todos los años,
el Señor nos ofrece este tiempo de conversión y de perdón que nos
prepara para la Pascua. Un tiempo en el que renovaremos nuestra
voluntad de seguir a Jesús más de cerca, en la fe, en la esperanza,
en el amor.
La
tentación no vencida es la que nos ha traído a la prisión. Hoy vamos
a pensar en esa tentación que es un ingrediente de la vida. En
ocasiones nos engaña y nos arrastra. Tener conciencia de nuestras
debilidades y pecados es bueno, porque así podemos corregirlos.
Siempre se puede superar la tentación. Jesús, también en esto, es un
claro ejemplo.
3.-
Acto penitencial.-
Desde la confianza en que Dios no mira los pecados, sino el
arrepentimiento, pidamos que nos perdone.
- Tú, que
nos regalas la vida, Señor, ten piedad.
- Tú, que
te compadeces de nuestras debilidades y delitos. Cristo, ten
piedad.
- Tú, que
nunca te cansas de darnos nuevas oportunidades de encomendarnos,
Señor, ten piedad.
4.-
Oración.-
Dios, Padre nuestro, llevamos en nuestro ser la marca de tu Espíritu.
Pero somos tan frágiles como el barro y estamos expuestos a todo tipo de
tentación. Fortalécenos con tu Palabra, para ser dignos de tu elección.
Por Cristo nuestro Señor. Amén.
5.-
Evangelio.-
“Si eres Hijo de Dios….”: Mt. 4, 1-11.
6.-
Reflexión.-
El
evangelio de las tentaciones es lectura obligada en cada primer
domingo de Cuaresma. Aquí Jesús es puesto a prueba por Satanás para
que realice su vocación de Hijo de Dios, proclamada en el bautismo,
por caminos muy diversos de los que el Padre le pide. Vemos hoy a
Jesús que es conducido al desierto, que en la Biblia suele aparecer
como lugar de prueba, habitado por demonios y alimañas. Pero no es
Satanás, sino el Espíritu que ha descendido sobre él en el bautismo,
quien lo lleva hasta allí. Es evidente que nos encontramos ante un
relato cargado de simbolismo. Todo este episodio significa que las
tentaciones del desierto no son un hecho aislado y puntual en la
vida de Jesús, sino un resumen anticipado de todas las tentaciones
que él sufrió a lo largo de su vida y especialmente durante su
pasión y muerte.
Jesús se
niega a ser ese Mesías que muchos esperaban. Sus credenciales como
Hijo de Dios serán la fidelidad y la obediencia. No realizará
milagros para hacerse propaganda, sino para expresar la compasión de
dios hacia los necesitados. La lógica de su vida estará guiada por
el servicio y no por la idolatría del poder.
El
evangelio de hoy nos muestra como Jesús fue tentado a “endiosarse”.
Pero él venció la tentación: no se “endiosó”, no buscó en Dios unos
poderes mágicos para dejar de lado las dificultades. Siguió su
camino de hombre. Llevó una vida auténticamente humana, limitada y
expuesta al fracaso. Y triunfó porque tuvo total confianza en su
Padre. Como Hijo lo esperó todo del Padre y se solidarizó hasta dar
la vida como hermano de todos.
“¡Endiosarse!”: ¡ésa sigue siendo la gran tentación! Poner el
corazón en el tener, en lo ídolos, en el poder y gloria. Y, en
consecuencia, encerrarse en los propios intereses sin ver los
problemas de los demás. Vencer la tentación supone aceptar el camino
de hombre o de mujer sin endiosarse, siendo hermano o hermana de los
demás. Lo que se nos pide en este tiempo de cuaresma no es tanto
privarnos del alimento como renovar nuestra vocación de hijos e
hijas de Dios, esa que se ve amenazada como la de Jesús, por
numerosas tentaciones y fuerzas que tratan de anular el dinamismo
del Reino.
7.-
Oración universal.-
Oremos, hermanos, a nuestro Padre común al comenzar la cuaresma.
- Por la
Iglesia, comunidad de los bautizados y portadora de la Buena Noticia
de Jesús para que siga llevándonos de la mano hasta el encuentro con
El. Oremos.
- Por los
países pobres, y por todos aquellos que, en cualquier lugar del
mundo, sufren la tragedia del hambre. Oremos.
- Por
todos nosotros para que revivamos en esta Cuaresma la inmensidad de
la compasión de Dios y caminemos con firmeza seguros de que la
victoria ya la ha conquistado Jesús. Oremos.
-
(Peticiones libres de
los encarcelados).
8.-
Padrenuestro
9.-
Saludo de paz
10.-
Oración de acción de gracias.-
Oración espontánea de los encarcelados.
11.-
Oramos y celebramos.-
La Cuaresma es un tiempo propicio para acercarnos a Jesús y a su
palabra. Para ambientar este momento de oración, colocamos en el
centro una Biblia, porque la Palabra nos ayuda, como a Jesús, a
vencer las tentaciones. Como lema podemos escribir: “Somos hijos de
Dios”.
12.-
Oración final.-
Señor, Jesús, tú bien conoces todas las tentaciones que hoy se nos
presentan en la cárcel. Estamos día a día a sucumbir ante la tentación y
el pecado. Danos esa fuerza que necesitamos para vencer el mal con el
bien. Ayúdanos a vivir constantemente de toda palabra que sale de tu
boca. Por Cristo nuestro Señor. Amén.
CONVIÉRTENOS, SEÑOR
Convierte,
Señor, nuestras manos para que sean abiertas y generosas.
Convierte,
Señor, nuestros oídos para que estén abiertos a tu Palabra y al
clamor de los
pobres.
Convierte,
Señor, nuestros ojos para que no miren a otro lado ni se deslumbren
por la
riqueza.
Recibe,
Señor, nuestra ceguera y transfórmala en luz.
Recibe,
Señor, nuestro corazón endurecido y transfórmalo en un corazón de
carne.
Recibe,
Señor, nuestro orgullo y transfórmalo en humilde servicio.
Recibe,
Señor, nuestras codicias y transfórmalas en generosidad.
Recibe,
Señor, nuestros miedos y trasfórmalos en confianza.
Recibe,
Señor, nuestra agresividad y trasfórmala en no-violencia activa.
Padre ilumina nuestras mentes y fortalece nuestras voluntades para
mantenernos en el camino de la cuaresma atentos a tu Palabra y a la
voz de los hermanos.
|