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1.-
Saludo.-
El Señor, que llega a las puertas de la prisión y llama a nuestros
corazones a la conversión, esté con todos vosotros.
2.-
Monición de entrada.-
Hermanos:
El domingo pasado contemplábamos a Jesús frente a tentaciones
fundamentales de la vida, aguantando el tipo y adoptando una
respuesta digna y fiel. Hoy en esta celebración vamos a dejar el
desierto para subir con Jesús a la montaña. Es ésta ocasión para que
pensemos que el ser humano está hecho para levantarse de sus errores
y caída y ponerse en camino. La cárcel es sólo una caída para
levantarnos con más fuerza. En el camino que hemos de recorrer
encontraremos lucha o encontraremos experiencias enriquecedoras de
luz. Todo nos ayudará a crecer y a acercarnos más a Cristo, que va
siempre delante de nosotros.
3.-
Acto penitencial.-
- Tú, que
has sido probado con el sufrimiento: Señor, ten piedad.
- Tú, que
hoy en la prisión haces brillar la luz en nuestro interior:
Cristo, ten piedad.
- Tú, que
no te fijas en nuestras caídas sino en nuestro arrepentimiento:
Señor, ten piedad.
4.-
Oración.-
Padre Santo, nos vuelves a presentar el gran regalo de tu Hijo, Luz y
Palabra, para que lo escuchemos y le hagamos caso. Como Él, queremos ser
misioneros de a pie junto a la gente y con prisa de Evangelio. Acoge
nuestros deseos de ser mensajeros de tu Reino. Por Cristo nuestro Señor.
Amén.
5.-
Evangelio.-
“Su rostro brillaba como el sol”: Mt. 17, 1-9
6.-
Reflexión.-
La escena
evangélica de la transfiguración confirma la vocación de Jesús como
Hijo amado de Dios e invita a los discípulos a que lo escuchen y le
sigan en el camino hacia la Pascua. Recordemos que también los
primeros discípulos vivieron su propia Cuaresma. También a ellos se
les pidió acompañar al Señor en su camino hacía la Pascua,
atravesando el túnel oscuro de la pasión y muerte. Es en este
contexto en el que hemos de leer y comprender el relato luminoso de
la transfiguración de Jesús.
Para los
que hoy en la cárcel les toca vivir muchos días de cansancio y
oscuridad, estar con Jesús en el monto Tabor significa tener una
experiencia de Luz y Verdad. Quisiéramos que estas gozosas
luminosidades fueran duraderas, o que se multiplicaran en nuestro
caminar diario. Porque a toda la oscuridad nos asusta, la duda nos
desequilibra y el dolor nos rompe. Para salir de esas tristezas y
depresiones que fácilmente llegan a la prisión, es necesario que
subamos con Jesús al monte Tabor. Y para llegar allá lo primero que
se necesita es desearlo con fuerza, como el sediento busca la fuente
de agua, como el adicto su ración de droga. La Transfiguración es la
búsqueda de la experiencia de Dios en donde Jesús nos invita a
entrar en su corazón, a subir con el Padre y a bajar con él al
mundo.
-
Entrar en el corazón de
Jesús.
En la cárcel corremos el riesgo de deshumanizarnos, de
olvidarnos de nosotros mismos, de los demás y de Dios. Hemos de
entrar en el corazón de Jesús porque vivimos más fuera que
dentro. Cristo llama a tu puerta y resulta que no estás en tu
casa. Dios quiere hablarte desde dentro y tus antenas están
orientadas hacia fuera. Tu mismo corazón está triste y vacío,
porque no cuidas; oyes más a los de fuera que a tu propio
corazón. Entra, pues, en tu casa, para que te encuentres contigo
mismo y para que acojas al Dios de tu mayor intimidad. Al entrar
hoy aquí en la prisión en ti mismo te llenarás de tu silencio,
de tu vacío, y te abrirás a la palabra y al don de Dios.
El mensaje y compromiso que nos deja el evangelio de hoy es que
estamos llamados a vivir “transfigurados”. Seguimos a “Jesús sólo”,
que se entregó hasta la donación total de sí mismo. En ese camino, a
veces sombrío y opaco, también hay momentos de luz donde vemos clara
la meta y recuperamos fuerzas para seguir adelante.
7.-
Oración universal.-
- Sabemos,
Padre, que siempre escuchas las palabras y gemidos de tus hijos, por
eso te pedimos confiados: Muéstranos, Señor, tu amor.
- Para que
todos los hombres tomemos conciencia de que somos hijos tuyos.
Oremos
- Para los
que hoy vivimos aquí en la cárcel en la noche del dolor y la
desesperanza, seamos iluminados por Dios y por nuestros hermanos.
Oremos.
- Para que
la vida diaria aquí en la prisión sea para nosotros lugar de
encuentro con los hermanos. Oremos
-
(Peticiones libres de
los encarcelados).
8.-
Padrenuestro
9.-
Saludo de paz
10.-
Oración de acción de gracias.-
Oración espontánea de los encarcelados.
11.-
Oramos y celebramos.-
“¡Qué bien estamos aquí!”… Pero no en la cárcel, sino con nuestras
familias y amigos gozando de esa anhelada libertad. Los momentos de
intimidad con el Señor no pueden convertirse en una excusa para huir
de la dura realidad, sino que son ocasión para fortalecer nuestro
seguimiento y adherirnos a él también en las horas bajas. El lema de
esta semana puede ser: “¡Escuchadlo!”. Poner este lema en la celda.
Cada día preguntémonos: ¿Qué voy a hacer hoy para escuchar a Dios en
la prisión?
12.-
Oración final.-
Señor, Jesús, hoy he comprendido que tu transfiguración es un anticipo
de tu resurrección y un anuncio del proyecto que tienes para mí; Cruza
hoy las puertas de la cárcel y transfigúrame en otro Cristo, dando
muerte a mi hombre viejo contrario al Evangelio.
BUSCAR A DIOS
Un joven
inquieto se presentó a un sacerdote y le dijo:
- “Busco
a Dios”.
El
“reverendo” le echó un sermón, que el joven escuchó con paciencia.
Acabado el sermón, el joven marcho triste en busca del obispo.
- “Busco a Dios”, le dijo
llorando al obispo.
“Monseñor”
le leyó una pastoral que acababa de publicar en el boletín de la
diócesis y el joven oyó la pastoral con gran cortesía, pero al
acabar la lectura se fue angustiado al papa a pedirle.
- “Busco a Dios”.
“Su
santidad” se dispuso a resumirle su última encíclica, pero el joven
rompió en sollozos sin poder contener la angustia.
- ¿Por
qué lloras?, le preguntó el Papa totalmente desconcertado.
- Busco
a Dios y me dan palabras, dijo el joven apenas pudo
recuperarse.
Aquella
noche, el sacerdote, el obispo y el papa tuvieron un mismo sueño.
Soñaron que morían de sed y que alguien trataba de aliviarles con un
largo discurso sobre el agua.
QUE TU MISERICORDIA, SEÑOR, VENGA
SOBRE NOSOTROS
En los
momentos duros, míranos con misericordia.
Cuando
somos tentados y flaqueamos, míranos con misericordia.
Cuando
estamos ciegos y ofuscados, míranos con misericordia.
Cuando
somos capaces de lo peor, míranos con misericordia.
Cuando
tropezamos y caemos, míranos con misericordia.
Cuando no
reconocemos nuestros fallos, míranos con misericordia.
Cuando
hacemos sufrir al hermano, míranos con misericordia.
Cuando nos
hacemos sufrir a nosotros mismos, míranos con misericordia.
Y cuando
nos pesa la cruz de la prisión, ayúdanos con tu misericordia.
Cuando nos
pesa el hermano de celda, ayúdanos con tu misericordia
Cuando no
aguantamos la crítica o el beso traicionero, ayúdanos con tu
misericordia.
Cuando ya no podemos más, ayúdanos con tu misericordia.
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