CELEBRACIÓN DE LA PALABRA EN LA CÁRCEL

TERCER DOMINGO DE CUARESMA /A

Domingo 24 febrero de 2008

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Por Ángel García Rodríguez (o.ss.t)

Capellán del Centro Penitenciario de Alahurin de la Torre (Málaga)

 

 

1.- Saludo.- El Señor, que llega a las puertas de la prisión y llama a nuestros corazones a la conversión, esté con todos vosotros.

 

2.- Monición de entrada.-

Hermanos: El domingo pasado contemplábamos a Jesús frente a tentaciones fundamentales de la vida, aguantando el tipo y adoptando una respuesta digna y fiel. Hoy en esta celebración vamos a dejar el desierto para subir con Jesús a la montaña. Es ésta ocasión para que pensemos que el ser humano está hecho para levantarse de sus errores y caída y ponerse en camino. La cárcel es sólo una caída para levantarnos con más fuerza. En el camino que hemos de recorrer encontraremos lucha o encontraremos experiencias enriquecedoras de luz. Todo nos ayudará a crecer y a acercarnos más a Cristo, que va siempre delante de nosotros.

3.- Acto penitencial.-

- Tú, que has sido probado con el sufrimiento: Señor, ten piedad.

- Tú, que hoy en la prisión haces brillar la luz en nuestro interior: Cristo, ten piedad.

- Tú, que no te fijas en nuestras caídas sino en nuestro arrepentimiento: Señor, ten piedad.

4.- Oración.- Padre Santo, nos vuelves a presentar el gran regalo de tu Hijo, Luz y Palabra, para que lo escuchemos y le hagamos caso. Como Él, queremos ser misioneros de a pie junto a la gente y con prisa de Evangelio. Acoge nuestros deseos de ser mensajeros de tu Reino. Por Cristo nuestro Señor. Amén.

 

5.- Evangelio.- “Su rostro brillaba como el sol”: Mt. 17, 1-9

 

6.- Reflexión.-

La escena evangélica de la transfiguración confirma la vocación de Jesús como Hijo amado de Dios e invita a los discípulos a que lo escuchen y le sigan en el camino hacia la Pascua. Recordemos que también los primeros discípulos vivieron su propia Cuaresma. También a ellos se les pidió acompañar al Señor en su camino hacía la Pascua, atravesando el túnel oscuro de la pasión y muerte. Es en este contexto en el que hemos de leer y comprender el relato luminoso de la transfiguración de Jesús.

 

Para los que hoy en la cárcel les toca vivir muchos días de cansancio y oscuridad, estar con Jesús en el monto Tabor significa tener una experiencia de Luz y Verdad. Quisiéramos que estas gozosas luminosidades fueran duraderas, o que se multiplicaran en nuestro caminar diario. Porque a toda la oscuridad nos asusta, la duda nos desequilibra y el dolor nos rompe. Para salir de esas tristezas y depresiones que fácilmente llegan a la prisión, es necesario que subamos con Jesús al monte Tabor. Y para llegar allá lo primero que se necesita es desearlo con fuerza, como el sediento busca la fuente de agua, como el adicto su ración de droga. La Transfiguración es la búsqueda de la experiencia de Dios en donde Jesús nos invita a entrar en su corazón, a subir con el Padre y a bajar con él al mundo.

 

  • Entrar en el corazón de Jesús. En la cárcel corremos el riesgo de deshumanizarnos, de olvidarnos de nosotros mismos, de los demás y de Dios. Hemos  de entrar en el corazón de Jesús porque vivimos más fuera que dentro. Cristo llama a tu puerta y resulta que no estás en tu casa. Dios quiere hablarte desde dentro y tus antenas están orientadas hacia fuera. Tu mismo corazón está triste y vacío, porque no cuidas; oyes más a los de fuera que a tu propio corazón. Entra, pues, en tu casa, para que te encuentres contigo mismo y para que acojas al Dios de tu mayor intimidad. Al entrar hoy aquí en la prisión en ti mismo te llenarás de tu silencio, de tu vacío, y te abrirás a la palabra y al don de Dios.

 

  • Subir con Jesús es levantarme de mis angustias y tristezas que hoy vivo en la cárcel. Es mirar a Dios que te espera en la cima. Piensa que no se consigue la libertad que se respira en las cumbres si no has roto con ataduras y dependencias, y si no te has atrevido a ser tú mismo.

 

  • Bajar al encuentro del prójimo significa ver que abajo hay muchos “dioses” que esperan tu palabra, tu cercanía, tu ayuda.

 

El mensaje y compromiso que nos deja el evangelio de hoy es que estamos llamados a vivir “transfigurados”. Seguimos a “Jesús sólo”, que se entregó hasta la donación total de sí mismo. En ese camino, a veces sombrío y opaco, también hay momentos de luz donde vemos clara la meta y recuperamos fuerzas para seguir adelante.

7.- Oración universal.-

- Sabemos, Padre, que siempre escuchas las palabras y gemidos de tus hijos, por eso te pedimos confiados: Muéstranos, Señor, tu amor.

- Para que todos los hombres tomemos conciencia de que somos hijos tuyos. Oremos

- Para los que hoy vivimos aquí en la cárcel en la noche del dolor y la desesperanza, seamos iluminados por Dios y por nuestros hermanos. Oremos.

- Para que la vida diaria aquí en la prisión sea para nosotros lugar de encuentro con los hermanos. Oremos

- (Peticiones libres de los encarcelados).

8.- Padrenuestro

 

9.- Saludo de paz

 

10.- Oración de acción de gracias.- Oración espontánea de los encarcelados.

 

11.- Oramos y celebramos.-

“¡Qué bien estamos aquí!”… Pero no en la cárcel, sino con  nuestras familias y amigos gozando de esa anhelada libertad. Los momentos de intimidad con el Señor no pueden convertirse en una excusa para huir de la dura realidad, sino que son ocasión para fortalecer nuestro seguimiento y adherirnos a él también en las horas bajas. El lema de esta semana puede ser: “¡Escuchadlo!”. Poner este lema en la celda. Cada día preguntémonos: ¿Qué voy a hacer hoy para escuchar a Dios en la prisión?

12.- Oración final.- Señor, Jesús, hoy he comprendido que tu transfiguración es un anticipo de tu resurrección y un anuncio del proyecto que tienes para mí; Cruza hoy las puertas de la cárcel y transfigúrame en otro Cristo, dando muerte a mi hombre viejo contrario al Evangelio.

BUSCAR A DIOS

Un joven inquieto se presentó a un sacerdote y le dijo:

- Busco a Dios”.

El “reverendo” le echó un sermón, que el joven escuchó con paciencia. Acabado el sermón, el joven marcho triste en busca del obispo.

- “Busco a Dios”, le dijo llorando al obispo.

“Monseñor” le leyó una pastoral que acababa de publicar en el boletín de la diócesis y el joven oyó la pastoral con gran cortesía, pero al acabar la lectura se fue angustiado al papa a pedirle.

- “Busco a Dios”.

“Su santidad” se dispuso a resumirle su última encíclica, pero el joven rompió en sollozos sin poder contener la angustia.

- ¿Por qué lloras?, le preguntó el Papa totalmente desconcertado.

 

- Busco a Dios y me dan palabras, dijo el joven apenas pudo recuperarse.

Aquella noche, el sacerdote, el obispo y el papa tuvieron un mismo sueño. Soñaron que morían de sed y que alguien trataba de aliviarles con un largo discurso sobre el agua.

 

QUE TU MISERICORDIA, SEÑOR, VENGA SOBRE NOSOTROS

 En los momentos duros, míranos con misericordia.

Cuando somos tentados y flaqueamos, míranos con misericordia.

Cuando estamos ciegos y ofuscados, míranos con misericordia.

Cuando somos capaces de lo peor, míranos con misericordia.

Cuando tropezamos y caemos, míranos con misericordia.

Cuando no reconocemos nuestros fallos, míranos con misericordia.

Cuando hacemos sufrir al hermano, míranos con misericordia.

Cuando nos hacemos sufrir a nosotros mismos, míranos con misericordia.

 

Y cuando nos pesa la cruz de la prisión, ayúdanos con tu misericordia.

Cuando nos pesa el hermano de celda, ayúdanos con tu misericordia

Cuando no aguantamos la crítica o el beso traicionero, ayúdanos con tu misericordia.

Cuando ya no podemos más, ayúdanos con tu misericordia.

 

 

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