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1.-
Saludo.-
La alegría y la paz de Dios, nuestro Padre, y de Jesucristo, el Señor,
estén con todos vosotros.
2.-
Monición de entrada.-
Sed bienvenidos a esta celebración de la Palabra. Olvidemos nuestras
penas y amarguras de estar aquí en la prisión y pensemos en nuestras
familias que nos esperan y en el Señor que nos va a dar fuerzas
para seguir adelante.. Hoy Jesús nos va a señalar en las
bienaventuranzas donde está la verdadera felicidad. Todo lo que él
dijo, todo lo que hizo, es una llamada a encontrar esa felicidad
verdadera. En esta celebración recibiremos también la fuerza de Dios
para cambiar nuestra vida y vivirla al estilo de Jesús.
3.-
Acto penitencial.-La
frialdad de nuestras vidas y la indiferencia nos lleva muchas veces a
alejarnos de Dios y de los hermanos.
- Porque a
veces pasamos de largo ante el dolor y la pobreza de nuestros
hermanos. Señor, ten piedad.
- Porque a
veces por comodidad aquí en la prisión no estamos dispuestos a
conocer de cerca el sufrimiento de nuestros hermanos. Cristo, ten
piedad.
- Porque generalmente no sabemos descubrir tu rostro en los rostros
de nuestros familiares y amigos. Señor, ten piedad.
4.-
Oración.-
Dios, Padre bondadoso, a pesar de nuestros errores y delitos que nos han
traído a la cárcel, tú quieres que seamos felices y, para ello, nos haz
trazado el camino de las Bienaventuranzas. Concédenos la gracia de
buscar nuestra felicidad en el amor a ti y al prójimo. Pro Cristo
nuestro Señor. Amén.
5.-
Evangelio.-
“Dichosos los pobres en el espíritu”: Mt. 5,1-12.
6.-
Reflexión.-
En la vida
todos nos movemos por el móvil de la felicidad. Estamos en la cárcel
porque buscábamos la felicidad en el dinero fácil, en la droga, la
estafa o en otros trapicheos. Ahora nos damos cuenta que ese no era
el camino de la verdadera felicidad. Jesús nos muestra hoy en las
bienaventuranzas como la felicidad verdadera es la que buscamos con
trabajo y sacrificio. De este modo las bienaventuranzas resumen el
Evangelio y el Reino de Dios anunciado por Jesús. Todas coinciden en
un objetivo: la felicidad. Constituyen un anuncio gozoso. Dios nos
quiere felices. Más aún, los cristianos estamos llamados a meter la
felicidad en el mundo, una felicidad profunda, humana, personal y
social, que afecta al presente y al futuro. Por eso vivir las
bienaventuranzas nos llevan a descubrir el Evangelio de la felicidad
en un mundo que habla de felicidad pero que sufre porque no es
feliz.
Frente a
esa verdadera felicidad que busca y que no encuentra nuestro mundo,
las bienaventuranzazas son como el canto a una felicidad que nace en
la solidaridad de quien deja de poseer para poder amar. La felicidad
no la dan las cosas sino las relaciones con las personas. No es de
extrañar, pues, que el programa de Jesús comience por la pobreza o,
mejor, por la desposesión, por la decisión de no apoyarse en los
“teneres” para sentirse seguros. El espíritu de las bienaventuranzas
me lleva a no ver al “otro” como propiedad o enemigo sino como
persona. Lo que Jesús nos propone es el camino del “ser” frente al
camino del “tener”. Justamente todo lo contrario de lo que hemos
hecho hasta ahora y por lo que muchos estamos aquí en la cárcel.
Finalmente
el Evangelio de hoy es una fuerte llamada a nuestra conversión. Si
nos acercamos a los excluidos de la sociedad y escuchamos lo que nos
dicen sus vidas, recibiremos por medio de ellos la gracia de Dios
para convertirnos a la solidaridad. Al acercarnos con el corazón a
los que sufren y están marginados, nacerá en nuestro interior la
ternura, la compasión y la lucha por la justicia.
Tras leer detenidamente cada una de las bienaventuranzas desde este
rincón de la prisión nos daremos cuenta que los pobres, los
encarcelados y marginados de la sociedad son un grito de Dios a cada
uno de nosotros: “tuve hambre…estuve enfermo... en la cárcel...tuve
que emigrar…” ¿Tendremos fe suficiente para escucharles?”. Sus
gritos son proféticos porque gritan de parte de Dios, nos interpelan
y exigen un futuro diferente, más humano y fraterno. ¿Qué podremos
hacer hoy desde la prisión para ser felices y vivir las
bienaventuranzas de Jesús?. Recordemos que estas palabras de las
bienaventuranzas nos consuelan, nos hacen soñar y nos abren a las
más hermosas esperanzas.
7.-
Oración universal.-
Vamos a expresar ahora nuestros deseos ante Dios, nuestro Padre, y a
pedirle que nos ayude para saber ser felices al estilo de Jesús.
Enséñanos, Señor, a ser felices.
- Por
todos los que sufren para que intenten ser felices y sientan el
consuelo de Dios y la ternura de los hombres. Oremos.
- Por los
que hoy en las cárceles, lloran y se sienten marginados, para que
se sientan bendecidos de Dios y reciban la ayuda cercana de sus
hermanos. Oremos.
- Por todos nosotros, para que las bienaventuranzas que hemos
escuchado, sean hoy en la prisión nuestro programa de vida.
Oremos.
-
(Peticiones libres de
los encarcelados).
8.-
Padrenuestro
9.-
Saludo de paz
10.-
Oración de acción de gracias.-
Oración espontánea de los encarcelados.
11.-
Oramos y celebramos.-
Hemos
visto que Jesús subió al monte. La montaña es lugar de la presencia
de Dios, y en ella podemos orar y entrar en contacto con él.
Imaginémonos que en estos momentos estamos en libertad. Hemos subido
con Jesús a un monte y él nos repite… ¡Felices, felices cada uno de
vosotros!. En un ambiente de silencio y oración, dejemos que sus
palabras resuenen en nuestros corazones.
12.-
Oración final.-
Señor Jesús, al escuchar tus bienaventuranzas tras estos barrotes de la
cárcel, ahora me doy cuenta que te estás dirigiendo a mi que soy ese
pobre que necesita ser feliz en medio de mi errores y equivocaciones.
Aquí Señor, me siento pobre, atribulado, sufrido, hambriento de
justicia, misericordioso, perseguido, insultado, calumniado…¡Pero yo sé
que tu tienes palabras de vida eterna!.
BIENAVENTURANZAS DE LA REILUSIÓN
-
Felices quienes pueden ver y valorar los pequeños-grandes
milagros que se producen cada día en nuestro mundo, desde el
amanecer hasta la puesta del sol.
-
Felices quienes son capaces de prescindir de todo lo que les
ata, porque ya son libres.
-
Felices quienes se bañan cada mañana en las aguas ardientes de
la ternura y la alegría.
-
Felices quienes renacen cuando perciben que aún conservan
destellos del niño o la niña que llevan dentro.
-
Felices quienes se reenamoran cada mañana y reinventan los
besos, las flores, las palabras, las miradas.
-
Felices quienes derraman una lágrima ante la imagen de una mujer
maltratada.
-
Felices quienes descubren al atardecer de cada día qué es lo
necesario y qué lo superfluo en su existencia.
-
Felices quienes siguen soñando, recuerdan sus sueños e intentan
hacerlos realidad.
-
Felices quienes se reservan cada día unos momentos de silencio
para entrar gozosos en su corazón.
-
Felices quienes se conmueven y luchan por eliminar la miseria,
el odio y la injusticia.
-
Felices quienes mantienen la esperanza, a pesar de tanta muerte,
hambre y violencia.
-
Felices quienes celebran con gozo las pequeñas e importantes
victorias de los pobres y de los encarcelados.
-
Felices quienes intentan descubrir en los demás lo positivo que
tienen y disculpan sus errores.
-
Felices quienes son vulnerables, lloran, gozan y se mantienen
fieles, cercanos a los afligidos.
-
Felices quienes han descubierto que la pobreza no libera, pero
los empobrecidos sí.
-
Felices quienes saben contemplar y reconocer las huellas, el
paso, los sentimientos que el buen Padre y Madre Dios va
sembrando en su propia vida.
-
Felices quienes continúan fieles al amor de Dios manifestado en
Jesús, pero abiertos al viento del Espíritu que sopla donde
quiere, nos invita a ser libres, sin saber nunca hacia donde nos
encaminará.
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