CELEBRACIÓN DE LA PALABRA EN LA CÁRCEL

CUARTO DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO /A

Domingo 3 febrero de 2008

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Por Ángel García Rodríguez (o.ss.t)

Capellán del Centro Penitenciario de Alahurin de la Torre (Málaga)

 

 

1.- Saludo.- La alegría y la paz de Dios, nuestro Padre, y de Jesucristo, el Señor, estén con todos vosotros.

 

2.- Monición de entrada.-

Sed bienvenidos a esta celebración de la Palabra. Olvidemos nuestras penas y amarguras de estar aquí en la prisión y pensemos en nuestras familias que nos esperan y en  el Señor que nos va a dar fuerzas para seguir adelante.. Hoy Jesús nos va a señalar en las bienaventuranzas donde está la verdadera felicidad. Todo lo que él dijo, todo lo que hizo, es una llamada a encontrar esa felicidad verdadera. En esta celebración recibiremos también la fuerza de Dios para cambiar nuestra vida y vivirla al estilo de Jesús.

3.- Acto penitencial.-La frialdad de nuestras vidas y la indiferencia nos lleva muchas veces a alejarnos de Dios y de los hermanos.

- Porque a veces pasamos de largo ante el dolor y la pobreza de nuestros hermanos. Señor, ten piedad.

 

- Porque a veces por comodidad aquí en la prisión no estamos dispuestos a conocer de cerca el sufrimiento de nuestros hermanos. Cristo, ten piedad.

 

- Porque generalmente no sabemos descubrir tu rostro en los rostros de nuestros familiares y amigos. Señor, ten piedad.

4.- Oración.- Dios, Padre bondadoso, a pesar de nuestros errores y delitos que nos han traído a la cárcel, tú quieres que seamos felices y, para ello, nos haz trazado el camino de las Bienaventuranzas. Concédenos la gracia de buscar nuestra felicidad en el amor a ti y al prójimo. Pro Cristo nuestro Señor. Amén.

 

5.- Evangelio.- “Dichosos los pobres en el espíritu”: Mt. 5,1-12.

 

6.- Reflexión.-

En la vida todos nos movemos por el móvil de la felicidad. Estamos en la cárcel porque buscábamos la felicidad en el dinero fácil, en la droga, la estafa o en otros trapicheos. Ahora nos damos cuenta que ese no era el camino de la verdadera felicidad. Jesús nos muestra hoy en las bienaventuranzas como la  felicidad verdadera es la que buscamos con trabajo y sacrificio. De este modo las bienaventuranzas resumen el Evangelio y el Reino de Dios anunciado por Jesús. Todas coinciden en un objetivo: la felicidad. Constituyen un anuncio gozoso. Dios nos quiere felices. Más aún, los cristianos estamos llamados a meter la felicidad en el mundo, una felicidad profunda, humana, personal y social, que afecta al presente y al futuro. Por eso vivir las bienaventuranzas nos llevan a descubrir el Evangelio de la felicidad en un mundo que habla de felicidad pero que sufre porque no es feliz.

 

Frente a esa verdadera felicidad que busca y que no encuentra nuestro mundo, las bienaventuranzazas son como el canto a una felicidad que nace en la solidaridad de quien deja de poseer para poder amar. La felicidad no la dan las cosas sino las relaciones con las personas. No es de extrañar, pues, que el programa de Jesús comience por la pobreza o, mejor, por la desposesión, por la decisión de no apoyarse en los “teneres” para sentirse seguros. El espíritu de las bienaventuranzas me lleva a no ver al “otro” como propiedad o enemigo sino como persona. Lo que Jesús nos propone es el camino del “ser” frente al camino del “tener”. Justamente todo lo contrario de lo que hemos hecho hasta ahora y por lo que muchos estamos aquí en la cárcel.

 

Finalmente el Evangelio de hoy es una fuerte llamada a nuestra conversión. Si nos acercamos a los excluidos de la sociedad y escuchamos lo que nos dicen sus vidas, recibiremos por medio de ellos la gracia de Dios para convertirnos a la solidaridad. Al acercarnos con el corazón a los que sufren y están marginados, nacerá en nuestro interior la ternura, la compasión y la lucha por la justicia.

 

Tras leer detenidamente cada una de las bienaventuranzas desde este rincón de la prisión nos daremos cuenta que los pobres, los encarcelados y marginados de la sociedad son un grito de Dios a cada uno de nosotros: “tuve hambre…estuve enfermo... en la cárcel...tuve que emigrar…” ¿Tendremos fe suficiente para escucharles?”. Sus gritos son proféticos porque gritan de parte de Dios, nos interpelan y exigen un futuro diferente, más humano y fraterno. ¿Qué podremos hacer hoy desde la prisión para ser felices y vivir las bienaventuranzas de Jesús?. Recordemos que estas palabras de las bienaventuranzas nos consuelan, nos hacen soñar y nos abren a las más hermosas esperanzas.

7.- Oración universal.- Vamos a expresar ahora nuestros deseos ante Dios, nuestro Padre, y a pedirle que nos ayude para saber ser felices al estilo de Jesús. Enséñanos, Señor, a ser felices.

- Por todos los que sufren  para que intenten ser felices y sientan el consuelo de Dios y la ternura de los hombres. Oremos.

- Por los que hoy en las cárceles, lloran y  se sienten marginados, para que se sientan bendecidos de Dios y reciban la ayuda cercana de sus hermanos. Oremos.

- Por todos nosotros, para que las bienaventuranzas que hemos escuchado, sean hoy en la prisión nuestro programa de vida. Oremos.

- (Peticiones libres de los encarcelados).

8.- Padrenuestro

 

9.- Saludo de paz

 

10.- Oración de acción de gracias.- Oración espontánea de los encarcelados.

 

11.- Oramos y celebramos.-

Hemos visto que Jesús subió al monte. La montaña es lugar de la presencia de Dios, y en ella podemos orar y entrar en contacto con él. Imaginémonos que en estos momentos estamos en libertad. Hemos subido con Jesús a un monte y él nos repite… ¡Felices, felices cada uno de vosotros!. En un ambiente de silencio y oración, dejemos que sus palabras resuenen en nuestros corazones.

12.- Oración final.- Señor Jesús, al escuchar tus bienaventuranzas tras estos barrotes de la cárcel, ahora me doy cuenta que te estás dirigiendo a mi que soy ese pobre que necesita ser feliz en medio de mi errores y equivocaciones. Aquí Señor, me siento pobre, atribulado, sufrido, hambriento de justicia, misericordioso, perseguido, insultado, calumniado…¡Pero yo sé que tu tienes palabras de vida eterna!.

BIENAVENTURANZAS DE LA REILUSIÓN

  • Felices quienes pueden ver y valorar los pequeños-grandes milagros que se producen cada día en nuestro mundo, desde el amanecer hasta la puesta del sol.

  • Felices quienes son capaces de prescindir de todo lo que les ata, porque ya son libres.

  • Felices quienes se bañan cada mañana en las aguas ardientes de la ternura y la alegría.

  • Felices quienes renacen cuando perciben que aún conservan destellos del niño o la niña que llevan dentro.

  • Felices quienes se reenamoran cada mañana y reinventan los besos, las flores, las palabras, las miradas.

  • Felices quienes derraman una lágrima ante la imagen de una mujer maltratada.

  • Felices quienes descubren al atardecer de cada día qué es lo necesario y qué lo superfluo en su existencia.

  • Felices quienes siguen soñando, recuerdan sus sueños e intentan hacerlos realidad.

  • Felices quienes se reservan cada día unos momentos de silencio para entrar gozosos en su corazón.

  • Felices quienes se conmueven y luchan por eliminar la miseria, el odio y la injusticia.

  • Felices quienes mantienen la esperanza, a pesar de tanta muerte, hambre y violencia.

  • Felices quienes celebran con gozo las pequeñas e importantes victorias de los pobres y de los encarcelados.

  • Felices quienes intentan descubrir en los demás lo positivo que tienen y disculpan sus errores.

  • Felices quienes son vulnerables, lloran, gozan y se mantienen fieles, cercanos a los afligidos.

  • Felices quienes han descubierto que la pobreza no libera, pero los empobrecidos sí.

  • Felices quienes saben contemplar y reconocer las huellas, el paso, los sentimientos que el buen Padre y Madre Dios va sembrando en su propia vida.

  • Felices quienes continúan fieles al amor de Dios manifestado en Jesús, pero abiertos al viento del Espíritu que sopla donde quiere, nos invita a ser libres, sin saber nunca hacia donde nos encaminará.

 

 

 

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