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1.-
Saludo.-
Que Dios Padre que
ha sembrado su Palabra en nuestros corazones, esté con todos vosotros.
2.-
Monición de entrada.-
Una semana más nos ha reunido el
Señor aquí en la prisión para compartir la Palabra y la Eucaristía.
Nos acercamos a Jesús para compartir con él todo lo que traemos en
el corazón. Para compartir con él, también, lo que hoy viven
nuestros compañeros y familiares.
Recordemos que sólo en él, en
Jesús, encontramos el descanso, la paz, la vida. Él nos anima a
continuar; hace que nos demos cuenta de que la gracia de Dios
siempre desciende sobre todos los hombres; renueva nuestra
esperanza, nuestra fe y nuestro amor fraterno.
3.-
Acto Penitencial.-
En silencio, pidamos perdón a Dios
por nuestros pecados. Y pidámosle también que nos prepare para ser
tierra buena capaz de acoger su semilla y así dar fruto.
- Tú, que eres Palabra de vida.
Señor, ten piedad
.
- Tú, que eres Palabra sembrada
en nosotros. Cristo, ten piedad.
- Tú, que eres Palabra hecha
carne de nuestra carne. Señor, ten piedad.
4.-
Oración.-
Dios, Padre
bondadoso, has fecundado la historia humana con el Evangelio de Jesús.
Él es a la vez, semilla y tierra buena. Concédenos asumir, cada día más
su estilo fiel para que tu semilla no se frustre en nosotros. Por Cristo
nuestro Señor. Amén.
5.-
Evangelio.-
“Salió el
sembrador a sembrar”: Mt. 13, 1-23
6.-
Reflexión.-
El evangelio de hoy es toda una
comparación o metáfora agrícola para explicar que la fuerza
transformadora del mundo no llega a través de los limitados medios
humanos, sino gracias al don poderoso de Dios, que sobrepasa todas
las expectativas. Jesús deposita todas las expectativas en la
llegada del Reino con la certeza de que su Palabra no es estéril y
anima a continuar sembrando a sus discípulos. Mientras tanto, los
discípulos de Jesús seguimos siendo sembradores esperanzados.
En el pasaje evangélico que
leemos hoy podemos distinguir tres momentos. El primero lo
constituye la parábola propiamente dicha y tiene su centro en la
semilla que produce una cosecha desmesurada. De este modo, Jesús
invita a sus discípulos a mantener la confianza en la fuerza del
Reino de Dios. En un segundo momento del pasaje (Mt. 13,10-17), el
evangelista aprovecha la ocasión para que se muestre la acogida o el
rechazo a la persona de Jesús y su mensaje. Evidentemente, la
comunidad cristiana se siente la verdadera familia de Jesús, el
grupo al que se le “ha dado a conocer los misterios del Reino”. En
estas circunstancias, vuelven a leer la “parábola del sembrador”. Es
el tercer momento del pasaje de hoy (Mt. 13, 18-23). El acento no
está ahora en la gran cosecha final, sino en los diversos terrenos
donde se siembra el mensaje, es decir, las diversas actitudes con
que se acoge el anuncio del Evangelio.
La parábola finalmente mantiene
su invitación al ánimo para los misioneros que, anunciando el
Evangelio, se encuentran con diferentes respuestas. Por otra parte,
la parábola se convierte en una seria exhortación a los cristianos,
para que la acogida del Evangelio no se ahogada por las dificultades
con las que se van encontrando y dé fruto.
Aplica la
parábola del sembrador a tu vida y hazte las siguientes preguntas:
¿Percibo que hoy aquí en la prisión Dios siembra en mi vida su
Palabra? ¿Con cual de los distintos terrenos me identifico más? ¿Por
qué? ¿Te has sentido alguna vez un sembrador frustrado? ¿De que
manera nos anima esta parábola a continuar sembrando a pesar de las
dificultades?
7.-
Oración universal.-
Con humildad y confianza acudimos a
Dios Padre rogándole que atienda las necesidades de nuestra vida,
diciendo: ¡Ayúdanos, Señor, a confiar en ti!
- Para que la Iglesia, que nos
muestra la Palabra de Dios, lo haga de un modo cercano y eficaz.
Oremos.
- Para que en medio de las
dificultades que hoy atravesamos en la prisión, permanezcamos firmes
en la fe. Oremos.
- Para que crezca nuestro interés
por la palabra Dios que nos lleva a dar frutos de servicio y entrega
a los demás. Oremos
- Peticiones libres de los
encarcelados
8.-
Padrenuestro
9.-
Saludo de paz
10.-
Oración de acción de gracias.-
Oración espontánea de los encarcelados.
11.-
Oramos y celebramos.-
Es el momento de responder a la
Palabra de Dios que hemos escuchado y meditado. Lo hacemos en forma
de oración de súplica, de alabanza de acción de gracias, según la
“parábola del sembrador” haya resonado en cada uno de nosotros.
Para ambientar este momento,
podemos tener preparado un tiesto con tierra y unas semillas.
Después de cada oración personal, cada miembro del grupo puede
sembrar alguna en la tierra de la maceta.
12.-
Oración final.-
Señor, tu palabra llega cada día al
campo de mi vida. Y no siempre encuentra la tierra esponjosa y abonada.
Mis días largos y aburridos en la cárcel, mi inconstancia, los afanes de
la vida por el dinero, la tentación por la droga….impiden que produzca
en mí los frutos de vida que tú esperas. La semilla es excelente. El
sembrador, divino. El campo quiero que esté siempre preparado.
JESÚS VENCEDOR DE LA TENTACIÓN
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