CELEBRACIÓN DE LA PALABRA EN LA CÁRCEL

DOMINGO DÉCIMO CUARTO DEL TIEMPO ORDINARIO /A

Domingo 6 de julio de 2008

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Por Ángel García Rodríguez (o.ss.t)

Capellán del Centro Penitenciario de Alahurin de la Torre (Málaga)

 

 

1.- Saludo.- Que Dios Padre de los que hoy sufren en las prisiones y amigo de la gente sencilla, esté con todos vosotros.

 

2.- Monición de entrada.-

Jesús nos reúne hoy aquí en la cárcel para llenarnos de su amor y acompañarnos hasta la verdadera libertad. En este mundo nuestro tan marcado por el dolor y la injusticia, Jesús nos invita a llevar a todas partes su modo de actuar: humilde, sencillo, cercano a los pobres y no a los poderosos. Un modo de actuar que tiene su fundamento en una profunda confianza en Dios. Con la alegría de seguir los pasos de Jesús, empecemos nuestra celebración de la Palabra.

3.- Acto Penitencial.- En silencio. pongámonos ante Dios, reconozcamos nuestras flaquezas y pidámosle perdón.

- Porque a veces nos dejamos llevar de pasiones y deseos que son opuestos al Espíritu. Señor, ten piedad.

 

- Porque somos egoístas y no dejamos que se exprese la presencia salvadora en medio de nosotros. Cristo, ten piedad.

 

- Porque no somos humildes y sencillos y buscamos el poder y las grandezas humanas. Señor, ten piedad.

4.- Oración.- Señor, tú bien sabes de las penas y tristezas que atravesamos aquí en la prisión, concede a tus fieles la verdadera alegría para que quienes han sido librados de la esclavitud del pecado, alcancen también la felicidad eterna. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos. Amén.

 

5.- Evangelio.- “Mi yugo es suave y mi carga ligera”: Mt. 11, 25-30.

 

6.- Reflexión.-

El texto que acabamos de leer ha sido calificado como “la perla” del evangelio de Mateo. Rechazado por los letrados, Jesús agradece al Padre que se haya manifestado a al gente sencilla y se vuelve a quienes padecen la carga del legalismo para ofrecerles la liberación. Recordemos que el mensaje de Jesús fue dirigido a todos pero sólo los sencillos supieron acoger las palabras de salvación. Por eso Jesús alaba al Padre, que, siendo “Señor del cielo y de la tierra”, no se ha revelado a los grandes, a los “sabios y entendidos, a los doctos que conocían la ley de Moisés, sino a los “sencillos”, a la gente corriente, que debía soportar los preceptos elaborados por los “sabios”. Una vez más la lógica de Dios no sigue los razonamientos humanos y las cosas del Reino no siempre son transparentes para los más preparados, sino para los que tienen un corazón dispuesto y humilde.

 

También el evangelio de hoy es una trilogía que nos aproxima al misterio divino de Cristo y a su talante humano. Son tres aspectos fundamentales de su vida: su apoyo a los pequeños frente a los sabios y poderosos; su relación con Dios Padre; y su especial afecto por todos los que se sienten oprimidos. Jesús nos ofrece un yugo suave y ligero. Él es de los humildes: ayuda a andar y a descansar. Él revela al Padre. Y en la palabra Padre resuena la vida que se da generosamente, la ternura, la acogida y fiesta.

 

¡Que pena que andando el tiempo el yugo de Jesús se nos haya hecho pesado! ¿Será que nos hemos llenado de mandatos y leyes en lugar de Espíritu? La ley de Jesús nos mantiene en el esfuerzo pero dejándonos en la paz. Pensemos finalmente que si una carga nos entristece y nos paraliza seguro que no es la carga de Jesús.

7.- Oración universal.- Confiados en la acogida que Jesús nos ofrece y conscientes de nuestras necesidades, presentamos a Dios nuestros propósitos y deseos. Respondamos diciéndole: Ayúdanos, Señor.

- Para que la gente sencilla, los cansados y agobiados, encuentren en nuestra comunidad la acogida con la que Tú, Señor, les recibías. Ayúdanos, Señor.

 

- Para que también nosotros seamos portadores de paz y libertad aquí en la prisión. Oremos.

 

- Para que sepamos ayudar a liberarse a los que padecen cualquier clase de esclavitud. Oremos.

 

- Peticiones libres de los encarcelados

8.- Padrenuestro

 

9.- Saludo de paz

 

10.- Oración de acción de gracias.- Oración espontánea de los encarcelados.

 

11.- Oramos y celebramos.-

Todo el evangelio de hoy es una invitación a la plegaria. Primero, Jesús dirige al Padre una reveladora oración de alabanza; después, se vuelve a nosotros para convocarnos: “Venid a mí”. A ti, Señor, acudimos para decirte lo que nos ha sugerido el contacto con tu Palabra.

 

Para ambientar este momento de oración tenemos preparada una cartulina con esta frase: “Venid a mi”. Cada participante escribe en un papel las palabras del evangelio que más hayan resonado en él. En el momento de su intervención en el grupo, las coloca en la cartulina junto a la frase de Jesús.

12.- Oración final.- Señor, manso y humilde de corazón, haz mi corazón como el tuyo. Yo soy uno de tantos cansados y agobiados a quienes tú invitas a encontrar en ti el descanso y el alivio, cargando con tu yugo llevadero y tu carga ligera. Quiero ir a ti y escuchar de tus labios las bondades del Padre que tanto amo al mundo.

BAUTIZA MIS SENTIMIENTOS

No amanezcas, Señor,

que todavía mis ojos

no aprendieron a verte

en medio de la noche.

 

No me hables, Señor,

que todavía mis oídos

no logran escucharte

en los ruidos de la vida.

 

No me abraces, Señor,

que todavía mi cuerpo

no percibe tu piel

en los saludos y la brisa.

 

No me endulces, Señor,

que todavía mi garganta

No saborea tu ternura

En medio de lo amargo.

 

No me perfumes, Señor,

que todavía mi olfato

no huele tu presencia

en el olor de la miseria.

 

¡Bautiza mis sentidos

con el lento discurrir

de tu gracia encarnada

fluyendo por mi cuerpo!

 

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