CELEBRACIÓN DE LA PALABRA EN LA CÁRCEL

DOMINGO DÉCIMO PRIMERO DEL TIEMPO ORDINARIO /A

Domingo 15 de junio de 2008

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Por Ángel García Rodríguez (o.ss.t)

Capellán del Centro Penitenciario de Alahurin de la Torre (Málaga)

 

 

1.- Saludo.- Que Dios Padre que nos llama a seguir a Jesucristo, con la fuerza del Espíritu Santo esté con todos vosotros.

 

2.- Monición de entrada.-

Los largos y aburridos días de prisión nos llevan a reflexionar en los errores que hemos cometido contra nuestra sociedad. Ahora comprendemos que nuestra sociedad necesita del amor de Dios, encontrarse con Cristo y creer en Él. Hoy también Jesús nos llama a cada uno por nuestro nombre para colaborar con Él en su misión. Como Él, también nosotros somos llamados por Dios Padre para ser Compasión y Amor de Dios para la humanidad.

 

Que esta celebración de la Palabra y de la Eucaristía aquí en la prisión nos lleve a ver nuestra vida cristiana como vocación y misión, a sentirnos enviados para comunicar a Cristo, Buena Noticia, a todos.

3.- Acto Penitencial.- Gracias a Jesucristo hemos sido reconciliados con Dios Padre. Con humildad reconocemos nuestros pecados.

- Porque no contamos contigo a la hora de plantearnos nuestra vida. Señor, ten piedad.

 

- Porque en la cárcel nos volvemos infantiles y egoístas y cerramos los ojos al sufrimiento de los demás. Cristo, ten piedad.

 

- Porque nos quejamos de todo y no ponemos nuestras capacidades al servicio de los demás. Señor, ten piedad.

4.- Oración.- Oh Dios, tu eres la fuerza de los que hoy en la prisión no desfallecemos y confiamos en ti. Tú sabes de nuestras fragilidades y errores, concédenos tu ayuda para ser perseverante en tu seguimiento.

 

5.- Evangelio.- “Rogad al dueño de la mies”: Mt. 9, 36-10,8.

 

6.- Reflexión.-

Para comprender el texto evangélico de hoy hemos de situarnos en el contexto en que Jesús tras explicar en el “sermón del monte” cuáles son las actitudes propias del discípulo, les invita a tomar una opción de vida. El evangelio de Mateo describe la tarea que Jesús encarga a los Doce como continuadores de la misión que, a su vez, le ha confiado el Padre.

 

El evangelio de Mateo reúne en cinco grandes discursos diversas enseñanzas de Jesús. Hoy hemos leído el famoso discurso de misión, centrado, como su nombre indica, en la tarea misionera encomendada a los discípulos. Una tarea que pasa por la cercanía al dolor y sufrimiento del hombre. Así nos deja constancia el evangelista Mateo que Jesús, viendo la situación del pueblo, “sintió compasión”, se conmovió interiormente.

 

Los doce discípulos a los que Jesús llama y envía recuerdan a las doce tribus de Israel y simbolizan el nuevo pueblo de Dios. A la cabeza se nombra a Simón, al que ya el evangelista llama Pedro. De este modo la misión de los discípulos es continuación de la del Maestro. Son delegados de su mismo poder y proclaman con palabras y con signos el mismo mensaje: la llegada del Reino de los Cielos.

 

En el evangelio Mateo nos señala el nombre de cada uno de estos apóstoles que siguieron a Jesús. Podríamos decir que todos ellos quedan eclipsados por Jesús y su propio hechizo: no veían más que a él, su palabra y sus milagros, su libertad, su forma de amar, sobre todo a los pequeños. En realidad esas doce miradas sobre Jesús nos han dado a Jesús; nuestra certeza de la resurrección viene de ellos; somos una Iglesia “apostólica”.

 

Su tarea y la nuestra es idéntica a la del Maestro: “anunciar la buena noticia del reino y curar las enfermedades y dolencias del pueblo. Este anuncio no se hace únicamente por medio de palabras, sino también “con señales y acciones concretas”. La perspectiva es universal y su misión no es puramente humana. Por eso Jesús pide que se ore al Señor de la mies para que envíe trabajadores. Y que no olvidemos la dimensión gratuita y trascendente: “Gratis habéis recibido, dad gratis”.

7.- Oración universal.- Rogamos al Dueño de la mies que envíe trabajadores, colaboradores suyos, a esta mies que es nuestro mundo. Confiando en sus bondad elevamos a Él nuestras suplicas. Diremos: Escúchanos, Padre

- Por la Iglesia, comunidad eucarística y misionera, para que viva, celebre y anuncie el Evangelio. Oremos.

 

- Para que la fuerza de la Palabra y de la Eucaristía nos lleve a dar testimonio de Cristo aquí en la prisión. Oremos.

 

- Para que entendamos que todos somos los “doce apóstoles” y que Jesús ha puesto en nuestras manos la tarea de servir a todos.Oremos.

 

- Peticiones libres de los encarcelados

8.- Padrenuestro

 

9.- Saludo de paz

 

10.- Oración de acción de gracias.- Oración espontánea de los encarcelados.

 

11.- Oramos y celebramos.-

El evangelio de hoy ha situado la oración en el centro y al inicio de toda labor evangelizadora: “Rogad al dueño de la mies”. Es el momento de transformar en plegaria todo lo que hemos compartido, todo lo que se ha despertado en nosotros al ponernos, individualmente y como grupo de lectura creyente, a al escucha de la Palabra.

 

Entregamos a cada interno un trozo de papel. En él, cada persona escribe la frase del evangelio que más le haya llamado la atención y la coloca en el centro del grupo, alrededor de una imagen de Jesucristo.

12.- Oración final.- Señor, es maravilloso que te compadezcas de gente como yo, cuando rehúyo tu compañía y ando errante como oveja sin pastor. Para orientarme, acogerme y animarme has fundado tu Iglesia sobre los apóstoles: ¡Manda, Señor, obreros a tu mies, apóstoles santos a tu iglesia, pastores solícitos a tu rebaño Y, si quieres, cuenta conmigo.

 

RECUERDO CUANDO ME DIJISTE…..

 

- Te quiero junto a mí: Ven sin nada.

Como un rayo tiré mis vestidos y arrojé mis sandalias….

-No vengas así, me dijiste: Ven sin nada.

Repartí mi casa y mi hacienda entre los pobres…

- No, así no. Ven sin nada – Me seguías diciendo.

Dejé mi nombre y el apellido de mis padres.

Y aún no te bastaba.

¿Por qué no me dices de una vez qué debo hacer?

Y recuerdo que me dijiste:

- Vete a casa del alfarero.

Que él haga un cántaro con tu barro.

Después ven a mí, que yo lo llenaré de agua,

Y tú correrás a dar de beber a los que tienen sed.

Y después: Ven y sígueme.

 

 

 

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