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1.-
Saludo.-
Que Dios Padre que nos llama a seguir a Jesucristo, con la fuerza del
Espíritu Santo esté con todos vosotros.
2.-
Monición de entrada.-
Los largos y aburridos días
de prisión nos llevan a reflexionar en los errores que hemos
cometido contra nuestra sociedad. Ahora comprendemos que nuestra
sociedad necesita del amor de Dios, encontrarse con Cristo y creer
en Él. Hoy también Jesús nos llama a cada uno por nuestro nombre
para colaborar con Él en su misión. Como Él, también nosotros somos
llamados por Dios Padre para ser Compasión y Amor de Dios para la
humanidad.
Que esta celebración de la
Palabra y de la Eucaristía aquí en la prisión nos lleve a ver
nuestra vida cristiana como vocación y misión, a sentirnos enviados
para comunicar a Cristo, Buena Noticia, a todos.
3.-
Acto Penitencial.-
Gracias a Jesucristo hemos sido reconciliados con Dios Padre. Con
humildad reconocemos nuestros pecados.
- Porque no contamos contigo
a la hora de plantearnos nuestra vida. Señor, ten piedad.
- Porque en la cárcel nos
volvemos infantiles y egoístas y cerramos los ojos al sufrimiento de
los demás. Cristo, ten piedad.
- Porque nos quejamos de
todo y no ponemos nuestras capacidades al servicio de los demás.
Señor, ten piedad.
4.-
Oración.-
Oh Dios, tu eres la fuerza de los que hoy en la prisión no desfallecemos
y confiamos en ti. Tú sabes de nuestras fragilidades y errores,
concédenos tu ayuda para ser perseverante en tu seguimiento.
5.-
Evangelio.-
“Rogad al dueño de la mies”: Mt. 9, 36-10,8.
6.-
Reflexión.-
Para comprender el texto
evangélico de hoy hemos de situarnos en el contexto en que Jesús
tras explicar en el “sermón del monte” cuáles son las actitudes
propias del discípulo, les invita a tomar una opción de vida. El
evangelio de Mateo describe la tarea que Jesús encarga a los Doce
como continuadores de la misión que, a su vez, le ha confiado el
Padre.
El evangelio de Mateo reúne
en cinco grandes discursos diversas enseñanzas de Jesús. Hoy hemos
leído el famoso discurso de misión, centrado, como su nombre indica,
en la tarea misionera encomendada a los discípulos. Una tarea que
pasa por la cercanía al dolor y sufrimiento del hombre. Así nos deja
constancia el evangelista Mateo que Jesús, viendo la situación del
pueblo, “sintió compasión”, se conmovió interiormente.
Los doce discípulos a los
que Jesús llama y envía recuerdan a las doce tribus de Israel y
simbolizan el nuevo pueblo de Dios. A la cabeza se nombra a Simón,
al que ya el evangelista llama Pedro. De este modo la misión de los
discípulos es continuación de la del Maestro. Son delegados de su
mismo poder y proclaman con palabras y con signos el mismo mensaje:
la llegada del Reino de los Cielos.
En el evangelio Mateo nos
señala el nombre de cada uno de estos apóstoles que siguieron a
Jesús. Podríamos decir que todos ellos quedan eclipsados por Jesús y
su propio hechizo: no veían más que a él, su palabra y sus milagros,
su libertad, su forma de amar, sobre todo a los pequeños. En
realidad esas doce miradas sobre Jesús nos han dado a Jesús; nuestra
certeza de la resurrección viene de ellos; somos una Iglesia
“apostólica”.
Su tarea y la nuestra es idéntica a la del Maestro: “anunciar la
buena noticia del reino y curar las enfermedades y dolencias del
pueblo. Este anuncio no se hace únicamente por medio de palabras,
sino también “con señales y acciones concretas”. La perspectiva es
universal y su misión no es puramente humana. Por eso Jesús pide que
se ore al Señor de la mies para que envíe trabajadores. Y que no
olvidemos la dimensión gratuita y trascendente: “Gratis habéis
recibido, dad gratis”.
7.-
Oración universal.-
Rogamos al Dueño de la mies que
envíe trabajadores, colaboradores suyos, a esta mies que es nuestro
mundo. Confiando en sus bondad elevamos a Él nuestras suplicas. Diremos:
Escúchanos, Padre
- Por la Iglesia, comunidad
eucarística y misionera, para que viva, celebre y anuncie el
Evangelio. Oremos.
- Para que la fuerza de la
Palabra y de la Eucaristía nos lleve a dar testimonio de Cristo aquí
en la prisión. Oremos.
- Para que entendamos que
todos somos los “doce apóstoles” y que Jesús ha puesto en nuestras
manos la tarea de servir a todos.Oremos.
- Peticiones libres de los
encarcelados
8.-
Padrenuestro
9.-
Saludo de paz
10.-
Oración de acción de gracias.-
Oración espontánea de los encarcelados.
11.-
Oramos y celebramos.-
El evangelio de hoy ha
situado la oración en el centro y al inicio de toda labor
evangelizadora: “Rogad al dueño de la mies”. Es el momento de
transformar en plegaria todo lo que hemos compartido, todo lo que se
ha despertado en nosotros al ponernos, individualmente y como grupo
de lectura creyente, a al escucha de la Palabra.
Entregamos a cada interno un
trozo de papel. En él, cada persona escribe la frase del evangelio
que más le haya llamado la atención y la coloca en el centro del
grupo, alrededor de una imagen de Jesucristo.
12.-
Oración final.-
Señor, es maravilloso que te compadezcas de gente como yo, cuando rehúyo
tu compañía y ando errante como oveja sin pastor. Para orientarme,
acogerme y animarme has fundado tu Iglesia sobre los apóstoles: ¡Manda,
Señor, obreros a tu mies, apóstoles santos a tu iglesia, pastores
solícitos a tu rebaño Y, si quieres, cuenta conmigo.
RECUERDO CUANDO ME DIJISTE…..
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