CELEBRACIÓN DE LA PALABRA EN LA CÁRCEL

DOMINGO DÉCIMO SEGUNDO DEL TIEMPO ORDINARIO /A

Domingo 22 de junio de 2008

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Por Ángel García Rodríguez (o.ss.t)

Capellán del Centro Penitenciario de Alahurin de la Torre (Málaga)

 

 

1.- Saludo.- Que la paz, el amor y la gracia de  Dios, nuestro Padre, manifestadas en su Hijo y Señor nuestro, Jesucristo, estén siempre con vosotros.

 

2.- Monición de entrada.-

Aquí en la prisión sabemos todos que el testimonio es un gran valor. Aquí sobran las palabras y apariencias y quedan las obras que cada uno hace. Y es precisamente el testimonio, el que está de fondo en la celebración de hoy. Hay que reconocer que en la sociedad hay mucha gente de bien que entusiasma e impulsa a vivir. El mundo no podría vivir sin el impulso de esos testigos.

 

Hoy Jesús cruz los muros de la prisión y nos da las fuerzas que todos necesitamos para ser apóstoles y testigos suyos. Que su buena noticia se haga paso en nuestro mundo por medio de nuestra palabra y nuestro testimonio.

3.- Acto Penitencial.- Reconozcamos que ahora somos pecadores y que necesitamos el perdón de Dios.

- Tú, perseguido hasta la muerte. Señor, ten piedad.

 

- Tú, fiel hasta dar la vida. Cristo, ten piedad.

 

- Tú, confiado siempre en las manos del Padre. Señor, ten piedad.

4.- Oración.- Señor, tú bien sabes que cuesta mucho mantener la fe en ti aquí en la prisión. Danos las fuerzas que hoy necesitamos para no desanimarnos y ser tus amigos y discípulos aquí en la cárcel. Por Cristo nuestro Señor. Amén.

 

5.- Evangelio.- “No tengáis miedo”: Mt. 10, 26-33

 

6.- Reflexión.-

El evangelista San Mateo nos presenta a los discípulos que han sido enviados a anunciar el Evangelio. Ellos encuentran dificultades y tienen miedo. Por eso en el pasaje de hoy Jesús les ofrece apoyo, consuelo y animo para que no decaigan en su tarea evangelizadora. Las palabras de Jesús a superar el miedo las dirige a sus discípulos, que experimentan serias dificultades en su labor misionera y pretenden infundir fortaleza y valor ante el rechazo o la persecución.

 

Recordemos que el Maestro fue el primer perseguido. Por haberse mantenido fiel a su proyecto evangélico y al camino libremente elegido acabó su vida en la cruz. Jesús no ocultó esta realidad a sus amigos y seguidores. Incluso les da la razón de las persecuciones: no pueden tener una suerte distinta a la suya.

 

Frente a los miedos que se nos presentan hoy en la prisión como el miedo al rechazo, al fracaso, a la recaía y otros miedos, el evangelio de hoy es una fuerte invitación a la valentía y al buen ánimo en los momentos de persecución. Jesús repite tres veces:” ¡No tengáis miedo!” Y les da tres razones para no tenerlo: una es la fuerza incontenible del evangelio que van a anunciar. Otra, la fuerza interior de los propios evangelizadores. Y la tercera, la especial providencia de Dios a favor de los enviados. Pero no basta con no tener miedo. El evangelio invita a tomar partido por Jesús con valentía y con todas sus consecuencias.

 

Somos conscientes de que el miedo hace imposible la construcción de una sociedad más humana. Pero la superación del miedo no es sólo ni principalmente cuestión de buena voluntad, necesitamos encontrar una razón para vivir fuera de la cárcel desarrollando con responsabilidad nuestra propia libertad.

 

Sólo el que ha comprendido a Jesucristo, entiende sus palabras: “No tengáis miedo”. Pues la fe es quizás antes que nada, fuerza contra todo miedo y osadía para seguir creyendo en el Padre.

7.- Oración universal.-Desde la prisión traemos ante Dios nuestros ruegos por el mundo, por la sociedad, por la Iglesia, por todos nosotros.

- Pidamos por la Iglesia para que no tenga miedo del mundo. Oremos.

 

- Por todos aquellos que sufren acosos y persecución para que no se sientan abandonados y actúen en libertad. Oremos.

 

- Para que seamos valientes en dar nuestro testimonio de cristianos comprometidos aquí en la prisión. Oremos.

 

- Peticiones libres de los encarcelados

8.- Padrenuestro

 

9.- Saludo de paz

 

10.- Oración de acción de gracias.- Oración espontánea de los encarcelados.

 

11.- Oramos y celebramos.-

Para vencer las dificultades que encontramos en nuestra vida cristiana es fundamental sabernos hijos amados de un Dios Padre que cuida hasta de los detalles de cada uno de nosotros. Esta certeza de la fe la alimentamos en la oración, en el encuentro personal con ese Padre providente.

 

Colocamos en el centro del grupo un cartel con estas palabras: “No tengáis miedo”

12.- Oración final.- Señor, yo te he negado ante los hombres cuando he renegado de ti por el pecado. Pero confío en tu misericordia y en tu bondad ante la debilidad del corazón humano. Yo quiero estar siempre de tu parte y dar la cara por ti. Pero no me lo propongo apoyado en mis frágiles fuerzas, sino en el poder de tu gracia.

 

Cristo del riesgo, de la audacia y de la osadía

 

Cristo del riesgo y del atrevimiento por el reino de Dios:

      Hoy nos animas a no temer a quien puede quitar la vida física;

      Ahí está una de las raíces, la más profunda tal vez, del miedo:

      De ello se aprovechan los violentos y los enemigos de la libertad.

      Tú crees en otra plenitud de vida que te sostiene y fortalece.

      Esa vida, cuidada por el amor del Padre, impide la esclavitud.

 

Cristo de la audacia y de la osadía:

      Danos coraje para “ponernos de parte tuya ante los hombres”;

      “tu parte” es siempre la verdad de las cosas, la limpieza de corazón;

      “tu parte” es compartir la salud y los bienes con quien no tiene;

      “tu parte” es la pasión por la justicia y la plenitud de todos;

      “tu parte” es respetar la dignidad y la libertad de hombres y mujeres;

      “tu parte” es ayudar a conocerte a Ti y al Padre,

      “tu parte” es ser testigos del amor desinteresado,

      “tu parte” es estar al lado y del lado de los más débiles.

 

 

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