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1.-
Saludo.-
Que la paz, el amor y la gracia de Dios, nuestro Padre, manifestadas en
su Hijo y Señor nuestro, Jesucristo, estén siempre con vosotros.
2.-
Monición de entrada.-
Aquí en la prisión sabemos
todos que el testimonio es un gran valor. Aquí sobran las palabras y
apariencias y quedan las obras que cada uno hace. Y es precisamente
el testimonio, el que está de fondo en la celebración de hoy. Hay
que reconocer que en la sociedad hay mucha gente de bien que
entusiasma e impulsa a vivir. El mundo no podría vivir sin el
impulso de esos testigos.
Hoy Jesús cruz los muros de la prisión y nos da las fuerzas que
todos necesitamos para ser apóstoles y testigos suyos. Que su buena
noticia se haga paso en nuestro mundo por medio de nuestra palabra y
nuestro testimonio.
3.-
Acto Penitencial.-
Reconozcamos que ahora somos
pecadores y que necesitamos el perdón de Dios.
- Tú, perseguido hasta la
muerte. Señor, ten piedad.
- Tú, fiel hasta dar la
vida. Cristo, ten piedad.
- Tú, confiado siempre en
las manos del Padre. Señor, ten piedad.
4.-
Oración.-
Señor, tú bien sabes que cuesta mucho mantener la fe en ti aquí en la
prisión. Danos las fuerzas que hoy necesitamos para no desanimarnos y
ser tus amigos y discípulos aquí en la cárcel. Por Cristo nuestro Señor.
Amén.
5.-
Evangelio.-
“No tengáis miedo”: Mt. 10, 26-33
6.-
Reflexión.-
El evangelista San Mateo nos
presenta a los discípulos que han sido enviados a anunciar el
Evangelio. Ellos encuentran dificultades y tienen miedo. Por eso en
el pasaje de hoy Jesús les ofrece apoyo, consuelo y animo para que
no decaigan en su tarea evangelizadora. Las palabras de Jesús a
superar el miedo las dirige a sus discípulos, que experimentan
serias dificultades en su labor misionera y pretenden infundir
fortaleza y valor ante el rechazo o la persecución.
Recordemos que el Maestro
fue el primer perseguido. Por haberse mantenido fiel a su proyecto
evangélico y al camino libremente elegido acabó su vida en la cruz.
Jesús no ocultó esta realidad a sus amigos y seguidores. Incluso les
da la razón de las persecuciones: no pueden tener una suerte
distinta a la suya.
Frente a los miedos que se
nos presentan hoy en la prisión como el miedo al rechazo, al
fracaso, a la recaía y otros miedos, el evangelio de hoy es una
fuerte invitación a la valentía y al buen ánimo en los momentos de
persecución. Jesús repite tres veces:” ¡No tengáis miedo!” Y les da
tres razones para no tenerlo: una es la fuerza incontenible del
evangelio que van a anunciar. Otra, la fuerza interior de los
propios evangelizadores. Y la tercera, la especial providencia de
Dios a favor de los enviados. Pero no basta con no tener miedo. El
evangelio invita a tomar partido por Jesús con valentía y con todas
sus consecuencias.
Somos conscientes de que el
miedo hace imposible la construcción de una sociedad más humana.
Pero la superación del miedo no es sólo ni principalmente cuestión
de buena voluntad, necesitamos encontrar una razón para vivir fuera
de la cárcel desarrollando con responsabilidad nuestra propia
libertad.
Sólo el que ha comprendido a Jesucristo, entiende sus palabras: “No
tengáis miedo”. Pues la fe es quizás antes que nada, fuerza contra
todo miedo y osadía para seguir creyendo en el Padre.
7.-
Oración universal.-Desde
la prisión traemos ante Dios nuestros ruegos por el mundo, por la
sociedad, por la Iglesia, por todos nosotros.
- Pidamos por la Iglesia
para que no tenga miedo del mundo. Oremos.
- Por todos aquellos que
sufren acosos y persecución para que no se sientan abandonados y
actúen en libertad. Oremos.
- Para que seamos valientes
en dar nuestro testimonio de cristianos comprometidos aquí en la
prisión. Oremos.
- Peticiones libres de los
encarcelados
8.-
Padrenuestro
9.-
Saludo de paz
10.-
Oración de acción de gracias.-
Oración espontánea de los encarcelados.
11.-
Oramos y celebramos.-
Para vencer las dificultades
que encontramos en nuestra vida cristiana es fundamental sabernos
hijos amados de un Dios Padre que cuida hasta de los detalles de
cada uno de nosotros. Esta certeza de la fe la alimentamos en la
oración, en el encuentro personal con ese Padre providente.
Colocamos en el centro del grupo un cartel con estas palabras: “No
tengáis miedo”
12.-
Oración final.-
Señor, yo te he negado ante los
hombres cuando he renegado de ti por el pecado. Pero confío en tu
misericordia y en tu bondad ante la debilidad del corazón humano. Yo
quiero estar siempre de tu parte y dar la cara por ti. Pero no me lo
propongo apoyado en mis frágiles fuerzas, sino en el poder de tu gracia.
Cristo del riesgo, de la audacia y de
la osadía
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