CELEBRACIÓN DE LA PALABRA EN LA CÁRCEL

DOMINGO DÉCIMO TERCERO DEL TIEMPO ORDINARIO /A

Domingo 29 de junio de 2008

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Por Ángel García Rodríguez (o.ss.t)

Capellán del Centro Penitenciario de Alahurin de la Torre (Málaga)

 

 

1.- Saludo.- Que la participación en esta celebración de la palabra en la prisión sea una experiencia de paz, de alegría y cultive en nosotros la confianza en Dios y su sentido de cercanía y afecto.

 

2.- Monición de entrada.-

En medio del verano la fiesta de hoy nos trae el recuerdo de personas que, como Pedro y Pablo, han sido muy humanos y muy creyentes. Ellos son un punto de referencia para todos nosotros y en especial para los que sufren el dolor de la prisión ya que ellos dos estuvieron presos por anunciar a Cristo. Hoy desde la cárcel nos alegramos de su fidelidad, porque gracias a ellos y a los demás apóstoles y discípulos de los primeros tiempos la Buena Noticia ha llegado hasta nosotros.

3.- Acto Penitencial.- Porque eres un Dios comprensivo, abierto y capaz de escuchar y entender nos dirigimos a Ti.

- Tú, que por medio de los apóstoles nos has hecho llegar la Buena Noticia. Señor, ten piedad.

 

- Tú, que conoces nuestras limitaciones pero nos aceptas y quieres como hacen los padres y madres con sus hijos. Señor, ten piedad.

 

- Tú, que alientas en el fondo de toda la realidad inspirando vida, ánimo, belleza y amor. Señor, ten piedad.

4.- Oración.- Señor, tú que nos llenas de santa alegría en la celebración de la fiesta de san Pedro y san Pablo, haz que tu Iglesia se mantenga siempre fiel a las enseñanzas de aquellos que fueron fundamento de nuestra fe cristiana. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.

 

5.- Evangelio.- “ Sobre esta piedra edificaré mi Iglesia: “Mt. 16, 13-19

 

6.- Reflexión.-

La fiesta de San Pedro y San Pablo es la fiesta del Papa Benedicto XVI. Él es el sucesor del apóstol Pedro. Recordemos que a él encomendó Cristo la Iglesia con estas palabras: “Tú eres Pedro y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia”. Pedro y Pablo respondieron a la pregunta de Jesús: “¿Y ustedes quién dicen que soy yo?”. Los dos van a responder por caminos distintos, pero desde el mismo anuncio de la fe. Pedro y Pablo van a contestar: “Tú eres Cristo, el Hijo de Dios vivo...”

 

Pedro conoció muy de cerca de Jesús, Pablo en cambio no le conoció personalmente pero no obstante fue el apóstol apasionado por Cristo, el misionero que llevó el evangelio a todos los pueblos. Podríamos destacar que Pedro y Pablo eran de caracteres muy distintos, e incluso en más de una ocasión tuvieron sus choques y enfrentamientos. Pero en el fondo los dos se amaron y marcaron juntos el camino de Jesús y de la Iglesia. Estos dos apóstoles experimentaron la cercanía y autenticidad de Jesús y dieron testimonio de él hasta la muerte. Ellos nos pueden hablar con mucha claridad de lo que significa las cadenas y el martirio que atravesaron siendo prisioneros por Cristo.

 

La pregunta que Jesús hace a Pedro en el evangelio de hoy está aún circulando entre nosotros: “Y tú, ¿Quién dices que soy yo?”. Como cristianos estando aquí en la cárcel o en la calle hemos de responder con claridad y valentía: “Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo, el que hoy no me ha dejado tirado aquí en la prisión. Tú eres el amigo que tenía olvidado y al final me he encontrado contigo aquí en la cárcel. Tú eres la fuente de mi vida y de esa ansiada libertad que pido a tu Padre Dios todos los días desde mi chavolo”.

7.- Oración universal.-En medio de las alegrías y tristezas que vivimos en la cárcel dirijámonos al Señor pidiendo por la Iglesia y todas sus necesidades.

- Por el Papa Benedicto, sucesor de Pedro; para que con su testimonio llene de esperanza y alegría a todo el pueblo cristiana. Oremos.

 

- Para que también aquí en la prisión nos sintamos Iglesia de Cristo. Oremos.

 

- Por los que no conocen a Jesús o no se sienten atraídos por él; para que puedan vivir un día la alegría de la fe. Oremos.

 

- Peticiones libres de los encarcelados

8.- Padrenuestro

 

9.- Saludo de paz

 

10.- Oración de acción de gracias.- Oración espontánea de los encarcelados.

 

11.- Oramos y celebramos.-

Hoy fiesta de San Pedro y San Pablo es la ocasión para que en estos momentos dialoguemos acerca del mensaje que estos pilares de la Iglesia nos han dejado.

 

Coloquemos en el centro una piedra o dibujemos en una cartulina una piedra con la frase “Tu eres Pedro”. Oremos por la firmeza de nuestra fe.

12.- Oración final.- Señor, tu sabías a quien elegías para estar al frente de los apóstoles. En Pedro tengo el ejemplo del hombre que cae, se levanta, llora su pecado y promete amarte hasta la muerte. Y Pablo, que queriendo hacer el bien es el mal lo que le sale, me enseña a aspirar a que seas tú, no yo, quien viva en mí.

CONVERSANDO CON PEDRO

- Pedro, te conocemos como el apóstol duro de cabeza y como el hombre débil que negó a Jesús. ¿Qué puedes decirnos de esto?

 

Pedro baja la cabeza, reflexiona y al final nos comenta:

 

- Y ¿qué voy a decirte?...pues que tienes toda la razón. Y si lees atentamente el Evangelio de Marcos, ahí verás que el evangelista insiste muchas veces en el tema de la incomprensión de los discípulos. Y yo Pedro, el pescador, no era una excepción. Ahora reconozco que por entonces me arrastraba ese miedo que me impedía comprender muchas cosas.

 

- Y ahora Pedro, quisiera que nos expliques qué quiere decir aquello de “pescar hombres” que te encargó el Maestro.

 

Pedro nos mira a la cara y con una sonrisa nos dice:

 

- Sólo les puedo decir lo que no significa ser pescador de hombres. No significa engañar, obligar ni discriminar: Recuerda que para esta tarea de pescar hombres para Dios, se necesita una paciencia interminable, un gran esfuerzo y un deseo inquebrantable. Y finalmente comprender que es Dios el que llena las redes y no nuestra habilidad humana.

 

- Y para terminar Pedro, tenemos una curiosidad. Sabemos que tú fuiste el primer Papa de la Iglesia. Cuéntanos ¿cuándo pasaste los exámenes para ser Papa?

 

Pedro emocionado y con lágrimas en los ojos nos responde:

 

- “En el momento en el que tuve el coraje de llorar y de ver claramente mi pecado, mi traición, mi negación. Las lágrimas lograron resquebrajar mi seguridad. Entonces y sólo entonces el Maestro podía fiarse de mí y confiarme como cabeza de la Iglesia. Pero después de aquellas experiencia dolorosa, estaba ya preparado para compadecer a los otros, desde el momento en que yo, si, yo Pedro, también necesité ser perdonado”.

 

- Gracias Pedro por tus palabras y felicidades en el día de tu santo.

 

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