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1.-
Saludo.-
Que el Dios que en Jesús nos invita a ser sus amigos y así hacer
presente en nuestra vida la mayor de las alegrías, esté con todos
vosotros.
2.-
Monición de entrada.-
En la prisión vivimos muchos
momentos de tristeza y oscuridad. Y es ahí donde el Señor se nos
presenta como nuestra luz y nuestra salvación. Nos encontramos un
domingo más alrededor de su Palabra y alrededor del altar con la
convicción de que Jesús es nuestra luz. El que nos revela la mirada
amorosa del Padre. El que nos hace ver a todos los que nos rodean
con la mirada amorosa de Dios. Un Dios que nos acoge siempre, que
nos alimenta con su palabra y con la carne y la sangre de su Hijo,
como una madre alimenta a su Hijo. Con esta convicción, nada podemos
temer, nada puede debilitar nuestra fe.
3.-
Acto Penitencial.-
Pidamos en silencio que nuestros corazones busquen de nuevo la paz
interior reconociendo nuestros pecados.
- Porque no nos esforzamos
lo suficiente en conocerte: Señor, ten piedad.
- Porque decimos amarte,
pero nuestras obras a veces no lo demuestran: Cristo, ten
piedad.
- Porque necesitamos tu ayuda para que nuestra amistad contigo
crezca cada día: Señor, ten piedad.
4.-
Oración.-
Oh Dios, fuente de todo bien, escucha hoy las súplicas que dirigen tus
hijos desde la prisión; y concédenos, inspirados por Ti, pensar lo que
es perfecto y cumplirlo con tu ayuda. Por Cristo nuestro Señor. Amén
5.-
Evangelio.-
“No necesitan médico los sanos”: MT. 9, 9-13
6.-
Reflexión.-
El pasaje evangélico de hoy
consta de dos episodios claramente diferenciados, aunque íntimamente
vinculados entre sí. En el primero de ellos, Jesús que acaba de
curar a un paralítico hace una invitación a Mateo, un pecador
público. En el segundo episodio, el Maestro se sienta a comer con
pecadores. La novedad de este pasaje es que Jesús llama a un
recaudador de impuestos, una persona que, en razón de su oficio,
gozaba de pésima reputación y era tenido por pecador público. El
comportamiento de Jesús, que se sienta a la mesa con publícanos y
pecadores, provoca escándalo y protestas entre los fariseos.
Jesús rechaza la exclusión
que hacen los fariseos de publícanos y pecadores. Justifica su
comportamiento mediante un refrán popular que decía: “no necesitan
de médico los sanos, sino los enfermos”. Desde esta creencia, Jesús
se presenta como médico sanando no sólo la enfermedad física, sino
también el pecado, la raíz de todo mal y de todo sufrimiento,
mostrándose a sí mismo como el médico por excelencia porque puede
sanar al ser humano en lo más íntimo de su ser. Ahora bien, los
fariseos rechazan esta actividad porque consideran que la potestad
de perdonar pecados compete sólo a Dios.
La misión de Jesús no tiene
como destinatarios a los “justos” (los “buenos”, los que se tienen
por “sanos”), sino a los “pecadores” (los que reconocen su situación
de “enfermedad”, los marginados). Jesús los llama, como a Mateo,
para transformarlos de pecadores en discípulos porque el Dios de
Jesús es el Dios-médico, el Dios-misericordia que ansía curar las
heridas que nos causa el pecado. Jesús se sienta a comer con los
“pecadores”, los “enfermos”, los marginados, porque está haciendo
presente el Reino de Dios en medio de nosotros.
La conversión de Mateo había
que celebrarlo. Y Jesús lo hace con una comida de amigos a la que
todos están invitados por igual: puros e impuros, justos y
pecadores, sanos y enfermos. Jesús opta por las personas, más allá
de las apariencias legales y sociales. Y es que Mateo, y cada uno de
nosotros con él, está llamado a pasar de la mesa de la apropiación a
la de la gratuidad y el compartir
fraterno.
7.-
Oración universal.-
Hermanos,
hagamos nuestras hoy los gozos y las esperanzas, las tristezas y las
angustias de todos los que vivimos encarcelados. Unámonos a cada
petición, diciendo: Te lo pedimos Señor.
- Para que la Iglesia
aprenda a estar y pasar entre los hombres con el estilo cercano y
comprometido de Jesús. Oremos
- Para que estemos siempre dispuestos a la profunda conversión del
corazón. Oremos.
- Por todos los presos que
sufren a causa de cualquier tribulación en la prisión.
Oremos.
- Peticiones libres de los
encarcelados
8.-
Padrenuestro
9.-
Saludo de paz
10.-
Oración de acción de gracias.-
Oración espontánea de los encarcelados.
11.-
Oramos y celebramos.-
La lectura del evangelio nos
ha invitado a revisar nuestro seguimiento. También a empaparnos de
la nueva imagen de Dios que nos mostró Jesús. Miramos ahora a este
Dios-médico y nos dejamos mirar por él.
Podemos colocar en el centro del grupo orante una imagen o dibujo de
Jesús en el centro. Alrededor de la imagen, ponemos frases del
evangelio de hoy; por ejemplo: “Sígueme”, “No he venido a llamar a
los justos, sino a los pecadores”, “Misericordia quiero y no
sacrificios”.
12.-
Oración final.-
Señor, como pecador que soy, me siento llamado por ti, y quiero seguirte
como Mateo, dejando todo lo que me impide disfrutar con libertad de tu
compañía. Tú conoces mi enfermedad. Y sabes que sólo confío en el único
médico que puede curarla: tú, mi Señor, mi Médico, mi Salvador.
CRISTO SANADOR DE NUESTRA VIDA
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