CELEBRACIÓN DE LA PALABRA EN LA CÁRCEL

DOMINGO DÉCIMO DEL TIEMPO ORDINARIO /A

Domingo 8 de junio de 2008

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Por Ángel García Rodríguez (o.ss.t)

Capellán del Centro Penitenciario de Alahurin de la Torre (Málaga)

 

 

1.- Saludo.- Que el Dios que en Jesús nos invita a ser sus amigos y así hacer presente en nuestra vida la mayor de las alegrías, esté con todos vosotros.

 

2.- Monición de entrada.-

En la prisión vivimos muchos momentos de tristeza y oscuridad. Y es ahí donde el Señor se nos presenta como nuestra luz y nuestra salvación. Nos encontramos un domingo más alrededor de su Palabra y alrededor del altar con la convicción de que Jesús es nuestra luz. El que nos revela la mirada amorosa del Padre. El que nos hace ver a todos los que nos rodean con la mirada amorosa de Dios. Un Dios que nos acoge siempre, que nos alimenta con su palabra y con la carne y la sangre de su Hijo, como una madre alimenta a su Hijo. Con esta convicción, nada podemos temer, nada puede debilitar nuestra fe.

 

3.- Acto Penitencial.- Pidamos en silencio que nuestros corazones busquen de nuevo la paz interior reconociendo nuestros pecados.

- Porque no nos esforzamos lo suficiente en conocerte: Señor, ten piedad.

 

- Porque decimos amarte, pero nuestras obras a veces no lo demuestran: Cristo, ten piedad.

 

- Porque necesitamos tu ayuda para que nuestra amistad contigo crezca cada día: Señor, ten piedad.

4.- Oración.- Oh Dios, fuente de todo bien, escucha hoy las súplicas que dirigen tus hijos desde la prisión; y concédenos, inspirados por Ti, pensar lo que es perfecto y cumplirlo con tu ayuda. Por Cristo nuestro Señor. Amén

 

5.- Evangelio.- “No necesitan médico los sanos”: MT. 9, 9-13

 

6.- Reflexión.-

El pasaje evangélico de hoy consta de dos episodios claramente diferenciados, aunque íntimamente vinculados entre sí. En el primero de ellos, Jesús que acaba de curar a un paralítico hace una invitación a Mateo, un pecador público. En el segundo episodio, el Maestro se sienta a comer con pecadores. La novedad de este pasaje es que Jesús llama a un recaudador de impuestos, una persona que, en razón de su oficio, gozaba de pésima reputación y era tenido por pecador público. El comportamiento de Jesús, que se sienta a la mesa con publícanos y pecadores, provoca escándalo y protestas entre los fariseos.

 

Jesús rechaza la exclusión que hacen los fariseos de publícanos y pecadores. Justifica su comportamiento mediante un refrán popular que decía: “no necesitan de médico los sanos, sino los enfermos”. Desde esta creencia, Jesús se presenta como médico sanando no sólo la enfermedad física, sino también el pecado, la raíz de todo mal y de todo sufrimiento, mostrándose a sí mismo como el médico por excelencia porque puede sanar al ser humano en lo más íntimo de su ser. Ahora bien, los fariseos rechazan esta actividad porque consideran que la potestad de perdonar pecados compete sólo a Dios.

 

La misión de Jesús no tiene como destinatarios a los “justos” (los “buenos”, los que se tienen por “sanos”), sino a los “pecadores” (los que reconocen su situación de “enfermedad”, los marginados). Jesús los llama, como a Mateo, para transformarlos de pecadores en discípulos porque el Dios de Jesús es el Dios-médico, el Dios-misericordia que ansía curar las heridas que nos causa el pecado. Jesús se sienta a comer con los “pecadores”, los “enfermos”, los marginados, porque está haciendo presente el Reino de Dios en medio de nosotros.

 

La conversión de Mateo había que celebrarlo. Y Jesús lo hace  con una comida de amigos a la que todos están invitados por igual: puros e impuros, justos y pecadores, sanos y enfermos. Jesús opta por las personas, más allá de las apariencias legales y sociales. Y es que Mateo, y cada uno de nosotros con él, está llamado a pasar de la mesa de la apropiación a la de la gratuidad y el compartir fraterno.

7.- Oración universal.- Hermanos, hagamos nuestras hoy los gozos y las esperanzas, las tristezas y las angustias de todos los que vivimos encarcelados. Unámonos a cada petición, diciendo: Te lo pedimos Señor.

- Para que la Iglesia aprenda a estar y pasar entre los hombres con el  estilo cercano y comprometido de Jesús. Oremos

 

- Para que estemos siempre dispuestos a la profunda conversión del corazón. Oremos.

 

- Por todos los presos que sufren a causa de cualquier tribulación en la prisión. Oremos.

 

- Peticiones libres de los encarcelados

8.- Padrenuestro

 

9.- Saludo de paz

 

10.- Oración de acción de gracias.- Oración espontánea de los encarcelados.

 

11.- Oramos y celebramos.-

La lectura del evangelio nos ha invitado a revisar nuestro seguimiento. También a empaparnos de la nueva imagen de Dios que nos mostró Jesús. Miramos ahora a este Dios-médico y nos dejamos mirar por él.

 

Podemos colocar en el centro del grupo orante una imagen o dibujo de Jesús en el centro. Alrededor de la imagen, ponemos frases del evangelio de hoy; por ejemplo: “Sígueme”, “No he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores”, “Misericordia quiero y no sacrificios”.

12.- Oración final.- Señor, como pecador que soy, me siento llamado por ti, y quiero seguirte como Mateo, dejando todo lo que me impide disfrutar con libertad de tu compañía. Tú conoces mi enfermedad. Y sabes que sólo confío en el único médico que puede curarla: tú, mi Señor, mi Médico, mi Salvador.

 

CRISTO SANADOR DE NUESTRA VIDA

 

Cristo sanador de nuestra vida, danos conciencia de nuestra responsabilidad:

 

Las dolencias sociales (maltratos, menosprecio de la vida, muerte violenta…),

            tienen muchos responsables y, por tanto, muchos pueden remediarlas;

            podemos prevenir y curar la sociedad,

            podemos acoger a cada persona en lo que tiene de valiosa en sí misma,

            podemos amar la vida, y tener una actitud positiva en nuestro entorno humano.

 

Ayúdanos, Jesús amigo de todos, a cuidar nuestra actitud de abrazo y amor,

            ante quien no piensa como nosotros, ante quien no vive conforme a nuestro  

            código moral.

            ante quien se siente o vive marginado por cualquier causa,

            ante los más débiles y desprotegidos, ante quien necesita cura y reinserción.

 

 

 

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