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1.-
Saludo.-
El Señor Jesús, que se entregó hasta la muerte para darnos vida y
libertad, esté con todos vosotros.
2.-
Monición de entrada.-
Nos reunimos, en este
domingo de Ramos, para comenzar las celebraciones de la Semana
Santa. El marco de todo lo que vamos a celebrar fue Jerusalén, la
capital a la que Jesús tenía que llegar para dar la cara a las
autoridades. Hoy, entre otras cosas, vamos a considerar la doble
cara de las personas: Por un lado, aclaman a Jesús y lo aplauden;
pero pronto, por otro, la misma gente lo rechaza y grita su muerte.
En cuanto a nosotros, situémonos ante esta semana santa como
creyentes, no como espectadores. Hoy desde la cárcel queremos seguir
a Jesús porque estamos convencidos de que su pasión, muerte y
resurrección nos abre también nosotros las puertas de la vida.
3.-
Bendición de los ramos.-
Si es posible se pueden
bendecir los ramos, se lee el evangelio y se comenta brevemente.
4.-
Oración.-
Dios Padre bueno, tú que quisiste que tu hijo Jesús se hiciese hombre y
muriese en la cruz, para mostrar al género humano el ejemplo de una vida
obediente a tu plan, concédenos que las enseñanzas de su pasión nos
sirvan de testimonio.
5.-
Evangelio.-
“Mira, tu rey viene a ti sentado en un asno”: Mt. 21,
1-11.
6.-
Reflexión.-
El mensaje de este domingo
recoge una paradoja sufrida por Jesús: primero es clamado y
aplaudido, y después es rechazado. Estamos ante el rey
desconcertante que reina desde la cruz. Aclamado por los humildes
del pueblo, entró en su pasión. Condenado por los poderosos y
letrados, se entregó a la muerte. Jesús en la cruz nos revela qué es
lo que significa amar a toda costa y hasta el extremo. No había
nacido para sufrir. Había nacido para amar. Esta misión lo condujo
al sufrimiento, pero la cruz no es una escuela de sufrimiento sino
una escuela de amor. Muchas veces ante las llamadas al amor nos
quedamos sordos y ciegos a fuerza de pensar en nosotros mismos.
Jesús pudo escuchar todas las llamadas porque no se centraba en sus
propios intereses. No retrocedió ante ninguna dificultad para amar,
ante ninguna incomprensión ni amenaza. Vio surgir ante él el odio y
siguió adelante. ¿Cómo no sentir vergüenza de nuestras cobardías?
Desde la cruz él nos dice que la mayor fuerza de un hombre o de una
mujer es la de poder amar. Definitivamente, morir como Jesús es
Vivir.
A lo largo de esta Semana
Santa contemplaremos a Jesús sumergido en toda clase de rechazos,
angustias y sufrimientos, pero Jesús pondrá en todos ellos semillas
de esperanza. Es éste un tiempo para meditar, sean las grandes
coordenadas de su entrega, sean los pequeños detalles de esta
dramática historia y de sus personajes. Podemos medir hasta dónde
llega su dolor y su amor, su paciencia y su confianza, su angustia y
su esperanza, sus despojos y sus dones, su humillación y su
exaltación, su vacío y su plenitud. Y podemos fijarnos en los
personajes tenebrosos y los personajes luminosos de la Pasión. Y
fijar, sobre todo, los ojos en Jesús, en sus actitudes y
comportamientos, en sus miradas y sus lágrimas, en sus palabras o
gritos y en sus silencios. Podríamos decir que las razones de su
silencio son las siguientes:
Señor Jesús, ayúdanos a comprender en esta semana santa el misterio
de tu amor silencioso.
7.-
Oración universal.-
Oremos a Dios para que
nos preparemos a vivir una Semana Santa con Jesús en medio de nosotros.
- Por la Iglesia entera para
que sea luz que ilumine y contagie la verdadera vida del Cristo
resucitado presente en el mundo. Roguemos al Señor.
- Para que el gobierno
surgido en las últimas elecciones y todos los del mundo busquen con
lealtad y honradez la paz, la libertad de los ciudadanos y la
solidaridad entre los pueblos. Roguemos al Señor.
- Por los enfermos, los inmigrantes, los presos y sus familias, por
las víctimas de la injusticia humana. Roguemos al Señor.
-
(Peticiones libres de
los encarcelados).
8.-
Padrenuestro
9.-
Saludo de paz
10.-
Oración de acción de gracias.-
Oración espontánea de los encarcelados.
11.-
Oramos y celebramos.-
Nuestra oración de hoy puede
moverse entre la alabanza y la contemplación silenciosa. Jesús
“viene en nombre del Señor”, pero no para imponerse a la fuerza,
sino para entregar su vida como signo del amor más grande. Para
ambientar este momento colocamos una cruz desnuda y sobre ello
escribimos: “¡Hosanna!”.
12.-
Oración final.-
Cristo Jesús: mientras unos te aclaman como Rey y Mesías, otros traman
tu muerte. Posiblemente, los que hoy te vitorean, el viernes pedirán tu
muerte a gritos ante Pilatos. Yo a pesar de estos duros días en la
cárcel, quiero permanecer siempre en tu amor y en tu alabanza. Tú eres
mi Dios y mi Rey. Aunque por decir la Verdad te crucifique. ¡Realmente
eres el Hijo de Dios!
Ayúdanos, Cristo de la Semana Santa
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