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1.-
Saludo.-
Que el Dios de la luz nos abra los ojos a los que hoy en la cárcel
estamos como ciegos ante Él.
2.-
Monición de entrada.-
En
la prisión vivimos muchos momentos de oscuridad en los que luchamos
por ver un camino que nos lleve a la libertad. Precisamente la
Palabra de Dios de hoy se centra en la luz. Con ejemplos concretos
se nos explica que Dios es luz, una luz que traspasa y envuelve
nuestro mundo. Cristo es la luz del mundo que cura nuestras cegueras
y vence nuestras tinieblas. Jesús es quien nos abre los ojos como lo
hizo con el ciego de nacimiento. Y por eso nosotros queremos
seguirle, y fortalecer nuestra fe él.
3.-
Acto penitencial.-
Ahora, en silencio, pidamos que la luz de Jesucristo ilumine nuestra
oscuridad.
- Tú que
conoces el mundo y sabes que estamos hechos de ese barro que nos ha
traído a la cárcel. Señor, ten piedad.
- Porque
nuestros errores y delitos nos ciegan. Cristo, ten piedad.
- Tú que has compartido nuestra existencia y te has encontrado con
nosotros en la calle, en la casa y aquí en la prisión. Señor, ten
piedad.
4.-
Oración.-
Dios, Padre bondadoso, tú nos has regalado la vida pero nosotros hemos
rechazado ese regalo con nuestros errores y delitos. Hoy desde la cárcel
te decimos que queremos cambiar, que la cárcel es muy dura y se viven
muchos días en la oscuridad. Mantén nuestro espíritu para no desfallecer
en nuestra fe y para encontrar la luz que buscamos en el camino de
nuestra vida. Por Cristo nuestro Señor. Amén.
5.-
Evangelio.-
“Creo, Señor”: Jn. 9, 1-41.
6.-
Reflexión.-
El evangelio
de Juan presenta a Jesús como luz del mundo que ilumina los ojos de un
ciego de nacimiento, abriéndoles así a la fe. El milagro ocurre durante
la fiesta judía de las Tiendas, en las que el atrio del templo se
iluminaba con grandes antorchas. En ese contexto de oscuridad-luz vemos
a Jesús como el nuevo signo que revela la luz del mundo. Un ciego de
nacimiento recupera la vista. En cambio, los fariseos, que presumen de
ver con claridad, permanecen en las tinieblas.
Vino Jesús
como luz, pero no para deslumbrar, sino para dar vida. La misión de
Jesús no fue exhibicionista, sino misericordiosa y liberadora. Se
compadece Jesús de las miserias humanas. Se compadece de los leprosos,
de los paralíticos, de los sordos, de los mudos, de los ciegos y también
de los encarcelados. Pero entiende estas miserias no sólo en sus niveles
corporales, sino en sus niveles psicológicos y espirituales. Hay muchos
tipos de parálisis, de sorderas, de cegueras. Jesús quiere curar al
hombre en su radicalidad.
En el relato
evangélico encontramos varias clases de cegueras:
-
Ceguera natural.-
Un pobre ciego de nacimiento. ¿Cómo explicar a un ciego de
nacimiento los colores y las flores y los amaneceres y las
puestas de sol y el firmamento estrellado y tantos bellos
rostros humanos con los que nos encontramos?.
-
Ceguera sociológica.-
Se refiere a las tinieblas del mundo, a las leyes ciegas que se
imponen en la sociedad. Nos fijamos más en las apariencias que
en la esencia, más en la fachada que en el interior. Juzgamos a
la persona más por su físico que por su interior.
-
Ceguera
psicológico-espiritual.-
Es cuando vivimos en la mentira, cuando nos ciega el orgullo,
cuando no somos capaces de vernos como somos. De esta ceguera
nacen las envidias y mezquindades, los menosprecios y rechazos.
Nos creemos superiores. Es la ceguera farisaica. “Gracias porque
soy bueno”.
-
Ceguera teológica.-
Somos ciegos por no descubrir las huellas de Dios. Ciegos al no
reconocer la imagen de Dios en los hermanos. Ciegos por no creer
en Dios.
Coloquémonos al lado de este ciego del evangelio que ha tenido un
éxito completo en su cita con Jesús-luz, mientras que los judíos
fracasan. El ciego ve a Jesús, pero los fariseos lo miran sin verlo.
Nosotros somos ese ciego a quien Jesús dame ojos dos
veces: primero para mirarlo y luego para verlo. ¡Jesús dame ojos
para verte!
7.-
Oración universal.-
Pedimos hoy a Dios esa luz que todos anhelamos ver las los barrotes de
la cárcel. Repitamos a cada intención: Ilumina, Señor a tu pueblo.
- Para que
la Iglesia continúe la misión de Jesucristo: evangelizar a los
pobres, curar a los ciegos y liberar a los oprimidos. Oremos.
- Que los
que no tienen fe se abran a la palabra de Jesucristo y a los signos
de su presencia. Oremos.
- Por todos los hombres encarcelados para que no pierdan la fe y
encuentren en Cristo la luz de su camino. Oremos.
-
(Peticiones libres de
los encarcelados).
8.-
Padrenuestro
9.-
Saludo de paz
10.-
Oración de acción de gracias.-
Oración espontánea de los encarcelados.
11.-
Oramos y celebramos.-
Acabamos
nuestra celebración con un momento de oración. Le pedimos al Señor
que disipe las tinieblas que nos impiden caminar a la luz de la fe.
Colocamos como símbolo una vela encendida y escribimos como lema:
“Ilumínanos, Señor”
12.-
Oración final.-
Cristo, aquel muchacho ciego de nacimiento no te pidió nada, y tú le
diste lo que más necesitaba, la vista. Te vio con los ojos de la cara y
te conoció y admiró con los ojos del alma. ¡Creo, Señor, que tú eres la
luz del mundo y que todo lo haces bien, incluso cuando permites el
dolor, la enfermedad, el sufrimiento y la misma cárcel!.
LAS SEIS MIRADAS DE JESÚS
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