CELEBRACIÓN DE LA PALABRA EN LA CÁRCEL

CUARTO DOMINGO DE CUARESMA /A

Domingo 2 de marzo de 2008

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Por Ángel García Rodríguez (o.ss.t)

Capellán del Centro Penitenciario de Alahurin de la Torre (Málaga)

 

 

1.- Saludo.- Que el Dios de la luz nos abra los ojos a los que hoy en la cárcel estamos como ciegos ante Él.

 

2.- Monición de entrada.-

En la prisión vivimos muchos momentos de oscuridad en los que luchamos por ver un camino que nos lleve a la libertad. Precisamente la Palabra de Dios de hoy se centra en la luz. Con ejemplos concretos se nos explica que Dios es luz, una luz que traspasa y envuelve nuestro mundo. Cristo es la luz del mundo que cura nuestras cegueras y vence nuestras tinieblas. Jesús es quien nos abre los ojos como lo hizo con el ciego de nacimiento. Y por eso nosotros queremos seguirle, y fortalecer nuestra fe él.

3.- Acto penitencial.- Ahora, en silencio, pidamos que la luz de Jesucristo ilumine nuestra oscuridad.

- Tú que conoces el mundo y sabes que estamos hechos de ese barro que nos ha traído a la cárcel. Señor, ten piedad.

- Porque nuestros errores y delitos nos ciegan. Cristo, ten piedad.

- Tú que has compartido nuestra existencia y te has encontrado con nosotros en la calle, en la casa y aquí en la prisión. Señor, ten piedad.

4.- Oración.- Dios, Padre bondadoso, tú nos has regalado la vida pero nosotros hemos rechazado ese regalo con nuestros errores y delitos. Hoy desde la cárcel te decimos que queremos cambiar, que la cárcel es muy dura y se viven muchos días en la oscuridad. Mantén nuestro espíritu para no desfallecer en nuestra fe y para encontrar la luz que buscamos en el camino de nuestra vida. Por Cristo nuestro Señor. Amén.

 

5.- Evangelio.- “Creo, Señor”: Jn. 9, 1-41.

 

6.- Reflexión.-

El evangelio de Juan presenta a Jesús como luz del mundo que ilumina los ojos de un ciego de nacimiento, abriéndoles así a la fe. El milagro ocurre durante la fiesta judía de las Tiendas, en las que el atrio del templo se iluminaba con grandes antorchas. En ese contexto de oscuridad-luz vemos a Jesús como el nuevo signo que revela la luz del mundo. Un ciego de nacimiento recupera la vista. En cambio, los fariseos, que presumen de ver con claridad, permanecen en las tinieblas.

Vino Jesús como luz, pero no para deslumbrar, sino para dar vida. La misión de Jesús no fue exhibicionista, sino misericordiosa y liberadora. Se compadece Jesús de las miserias humanas. Se compadece de los leprosos, de los paralíticos, de los sordos, de los mudos, de los ciegos y también de los encarcelados. Pero entiende estas miserias no sólo en sus niveles corporales, sino en sus niveles psicológicos y espirituales. Hay muchos tipos de parálisis, de sorderas, de cegueras. Jesús quiere curar al hombre en su radicalidad.

En el relato evangélico encontramos varias clases de cegueras:

  • Ceguera natural.- Un pobre ciego de nacimiento. ¿Cómo explicar a un ciego de nacimiento los colores y las flores y los amaneceres y las puestas de sol y el firmamento estrellado y tantos bellos rostros humanos con los que nos encontramos?.

  • Ceguera sociológica.- Se refiere a las tinieblas del mundo, a las leyes ciegas que se imponen en la sociedad. Nos fijamos más en las apariencias que en la esencia, más en la fachada que en el interior. Juzgamos a la persona más por su físico que por su interior.

  • Ceguera psicológico-espiritual.- Es cuando vivimos en la mentira, cuando nos ciega el orgullo, cuando no somos capaces de vernos como somos. De esta ceguera nacen las envidias y mezquindades, los menosprecios y rechazos. Nos creemos superiores. Es la ceguera farisaica. “Gracias porque soy bueno”.

  • Ceguera teológica.- Somos ciegos por no descubrir las huellas de Dios. Ciegos al no reconocer la imagen de Dios en los hermanos. Ciegos por no creer en Dios.

Coloquémonos al lado de este ciego del evangelio que ha tenido un éxito completo en su cita con Jesús-luz, mientras que los judíos fracasan. El ciego ve a Jesús, pero los fariseos lo miran sin verlo. Nosotros somos ese ciego a quien Jesús dame ojos dos veces: primero para mirarlo y luego para verlo. ¡Jesús dame ojos para verte!

7.- Oración universal.- Pedimos hoy a Dios esa luz que todos anhelamos ver las los barrotes de la cárcel. Repitamos a cada intención: Ilumina, Señor a tu pueblo.

- Para que la Iglesia continúe la misión de Jesucristo: evangelizar a los pobres, curar a los ciegos y liberar a los oprimidos. Oremos.

- Que los que no tienen fe se abran a la palabra de Jesucristo y a los signos de su presencia. Oremos.

- Por todos los hombres encarcelados para que no pierdan la fe y encuentren en Cristo la luz de su camino. Oremos.

- (Peticiones libres de los encarcelados).

8.- Padrenuestro

 

9.- Saludo de paz

 

10.- Oración de acción de gracias.- Oración espontánea de los encarcelados.

 

11.- Oramos y celebramos.-

Acabamos nuestra celebración con un momento de oración. Le pedimos al Señor que disipe las tinieblas que nos impiden caminar a la luz de la fe. Colocamos como símbolo una vela encendida y escribimos como lema: “Ilumínanos, Señor”

12.- Oración final.- Cristo, aquel muchacho ciego de nacimiento no te pidió nada, y tú le diste lo que más necesitaba, la vista. Te vio con los ojos de la cara y te conoció y admiró con los ojos del alma. ¡Creo, Señor, que tú eres la luz del mundo y que todo lo haces bien, incluso cuando permites el dolor, la enfermedad, el sufrimiento y la misma cárcel!.

LAS SEIS MIRADAS DE JESÚS

Señor, Jesús, baja tu mirada hacía mi. Estoy aquí en la prisión,  cansado, sólo, aburrido y ciego ante ti. Compadécete de mí y hazme una operación de la vista pero de urgencia. Dame Señor esas seis miradas que tu tienes con cada uno de nosotros.

 

  • Una mirada lúcida que sepa descubrir el error y la mentira.

  • Una mirada penetrante, que no se fije sólo en apariencias.

  • Una mirada admirativa, sensible y delicada, llena de agradecimiento.

  • Una mirada comprensiva, sin prejuicios, que se ponga en la piel del otro.

  • Una mirada compasiva, cargada de misericordia, que nos duela, capaz de perdonar, transmitiendo ternura y deseos de restaurar y de volver a empezar.

  • Una mirada de fe. Una mirada para descubrir a Dios y su presencia en todos los lugares y personas. Una mirada capaz de descubrir a Dios en la prisión.

 

 

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