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1.-
Saludo.-
Hermanos y hermanas, alegraos, pensad en vuestra libertad y disponeos a
celebrar la Resurrección de Jesús
2.-
Monición de entrada.-
En la vida hemos enfrentado
días de tristeza, de dolor y pena. La cárcel es muy dura y no nos
acostumbramos a ella porque estamos llamados a ser libres como los
pájaros. Hoy es uno de esos días que no podemos estar tristes, que
tenemos que alegrarnos porque estamos celebrando la resurrección del
Señor. Hoy es el día del Señor, el Domingo primero y principal.
Celebramos la gran fiesta cristiana, la Pascua florida de
Resurrección. Como si escucháramos por vez primera la gran noticia:
¡La tumba de Cristo está vacía! ¡Cristo venció la muerte! ¡Cristo
resucitó!.
Pero no olvidemos que
también hoy desde la prisión estamos celebrando nuestra propia
resurrección. Es la vida llena de libertad y del cariño de la
familia que todos anhelamos tras estas rejas. Pensemos que la muerte
es sólo un paso, ha perdido su veneno y su aguijón. Nuestra
existencia se llena de luz y de esperanza.
3.-
Acto Penitencial.-
Reconozcamos nuestros errores,
delitos y pecados ante el Dios que ha resucitado de entre los muertos.
- Tú que has vencido a la
muerte. Señor, ten piedad.
- Tú, que eres la vida del
mundo. Cristo, ten piedad.
- Tú, que te acercas a la
puerta de la prisión e intercedes por nosotros. Señor ten piedad.
4.-
Oración.-
Señor Dios, que en este día nos has abierto las puerta de la vida por
medio de tu Hijo, vencedor de la muerte; concédenos al celebrar la
solemnidad de tu resurrección que muy pronto se nos abran las puertas de
la cárcel, rehagamos nuestras vidas y vivamos en la esperanza de nuestra
resurrección futura. Por Cristo nuestro Señor. Amén.
5.-
Evangelio.-
“El había de resucitar de entre los muertos”: Jn. 20, 1-9.
6.-
Reflexión.-
Podríamos comenzar el
comentario del evangelio de hoy señalando que estamos ante un
evangelio con carreras. Corre la Magdalena madrugadora, impulsada
por el amor y la esperanza. Corren Pedro y Juan, estimulados por el
deseo. Pero lo importante es que el fruto de esas carreras será la
fe. No importa tanto el correr como el creer. Es precisamente el
discípulo preferido de Jesús el que se preocupa de subrayar la
presencia en esos momentos de otra preferida del Maestro, María
Magdalena. Definitivamente fe y amor van estrechamente ligados entre
sí. En realidad toda nuestra vida se basa en ese binomio fe-amor.
Tres palabras resultan clave en el nacimiento de esa fe pascual:
ver, comprender, creer. El evangelista dice de sí mismo: “Vio y
creyó”. Y contará que María dijo: “¡He visto!”. Luego los discípulos
“ven”. Recordemos que la fe es un don de Dios que nos abre a los que
los primeros creyentes vieron y comprendieron: el sepulcro vacío,
las apariciones de Jesús resucitado y el testimonio de la Escritura.
Más allá de las rejas de la prisión que nos impiden gozar de la
libertad plena, descubrimos que estamos vivos, que Cristo vive en
medio de nosotros. Y es esto lo que estamos celebrando, la Pascua de
Resurrección. Vivir este acontecimiento hoy en la prisión en donde
anhelamos gozar de la vida plena significa el cumplimiento de todas
nuestras esperanzas y todos nuestros deseos. Significa la
superación de todas nuestras frustraciones y todos nuestros miedos.
Significa sentir hoy aquí en la prisión la seguridad de una
presencia amistosa, envolvente y que da sentido a mi vida. La
resurrección de Jesús ha de significar para cada encarcelado una
buena noticia de libertad, de paz y alegría. Es la victoria del mal
sobre el bien, la victoria de la vida sobre tantas muertes que me
han traído a la prisión. Y es que si Cristo ha resucitado, todo se
puede esperar. Todos los ideales son posibles, todos los sueños son
realidades, hoy dentro o fuera de la cárcel. Porque si Cristo ha
resucitado todo se puede sufrir y todo se puede amar.
7.-
Oración universal.-
Oremos al Dios del amor y
la vida, que no quiere que ninguno de sus hijos muera. Respondamos,
¡Padre, resucítanos!
- Por la Iglesia, para que
sea testigo de la resurrección. Roguemos al Señor.
- Por todos los que sufre,
pobres, y enfermos, encarcelados que no gozan de libertad, para que
sean liberados de sus muertes, resucitando a una vida digna.
Roguemos al Señor.
- Que el Espíritu Santo
infunda en nuestros corazones el gozo y la alegría que manan de la
resurrección de Cristo, para ser testigos creíbles de ella en
nuestra sociedad. Roguemos al Señor.
-
(Peticiones libres de
los encarcelados).
8.-
Padrenuestro
9.-
Saludo de paz
10.-
Oración de acción de gracias.-
Oración espontánea de los encarcelados.
11.-
Oramos y celebramos.-
Cada vez que oramos nos encontramos de nuevo con el Resucitado, que
sale a nuestro encuentro. Adorémosle y dejemos que cambie nuestro
temor en alegría. Durante la Pascua colocaremos como signo un cirio
que representa la luz de Cristo Resucitado. Sobre ella pegaremos una
imagen del Resucitado con el lema: “¡Ha resucitado!”.
12.-
Oración final.-
Jesucristo: ¡Enhorabuena, aleluya! Has resucitado, como habías dicho. Y,
con tu Resurrección, abres ante mí la vida nueva de la Pascua. Yo hoy
desde la cárcel te confieso Jesús, que quiero morir a los errores y
equivocaciones de mi vida pasada. Quiero vivir desde hoy en medio de
estas rejas esa vida nueva: que, libre de las ataduras de muerte, viva
en la esperanza de mi resurrección futura.
CRISTO ESTÁ
RESUCITADO EN TÍ
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