CELEBRACIÓN DE LA PALABRA EN LA CÁRCEL

DOMINGO DE RESURRECCIÓN/A

Domingo 23 de marzo de 2008

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Por Ángel García Rodríguez (o.ss.t)

Capellán del Centro Penitenciario de Alahurin de la Torre (Málaga)

 

 

1.- Saludo.- Hermanos y hermanas, alegraos, pensad en vuestra libertad y disponeos a celebrar la Resurrección de Jesús

 

2.- Monición de entrada.-

En la vida hemos enfrentado días de tristeza, de dolor  y pena. La cárcel es muy dura y no nos acostumbramos a ella porque estamos llamados a ser libres como los pájaros. Hoy es uno de esos días que no podemos estar tristes, que tenemos que alegrarnos porque estamos celebrando la resurrección del Señor. Hoy es el día del Señor, el Domingo primero y principal. Celebramos la gran fiesta cristiana, la Pascua florida de Resurrección. Como si escucháramos por vez primera la gran noticia: ¡La tumba de Cristo está vacía! ¡Cristo venció la muerte! ¡Cristo resucitó!.

 

Pero no olvidemos que también hoy desde la prisión estamos celebrando nuestra propia resurrección. Es la vida llena de libertad y del cariño de la familia que todos anhelamos tras estas rejas. Pensemos que la muerte es sólo un paso, ha perdido su veneno y su aguijón. Nuestra existencia se llena de luz y de esperanza.

3.- Acto Penitencial.-  Reconozcamos nuestros errores, delitos y pecados ante el Dios que ha resucitado de entre los muertos.

- Tú que has vencido a la muerte. Señor, ten piedad.

 

- Tú, que eres la vida del mundo. Cristo, ten piedad.

 

- Tú, que te acercas a la puerta de la prisión e intercedes por nosotros. Señor ten piedad.

4.- Oración.- Señor Dios, que en este día nos has abierto las puerta de la vida por medio de tu Hijo, vencedor de la muerte; concédenos al celebrar la solemnidad de tu resurrección que muy pronto se nos abran las puertas de la cárcel, rehagamos nuestras vidas y vivamos en la esperanza de nuestra resurrección futura. Por Cristo nuestro Señor. Amén.

 

5.- Evangelio.- “El había de resucitar de entre los muertos”: Jn. 20, 1-9.

 

6.- Reflexión.-

Podríamos comenzar el comentario del evangelio de hoy señalando que estamos ante un evangelio con carreras. Corre la Magdalena madrugadora, impulsada por el amor y la esperanza. Corren Pedro y Juan, estimulados por el deseo. Pero lo importante es que el fruto de esas carreras será la fe. No importa tanto el correr como el creer. Es precisamente el discípulo preferido de Jesús el que se preocupa de subrayar la presencia en esos momentos de otra preferida del Maestro, María Magdalena. Definitivamente fe y amor van estrechamente ligados entre sí. En realidad toda nuestra vida se basa en ese binomio fe-amor. Tres palabras resultan clave en el nacimiento de esa fe pascual: ver, comprender, creer. El evangelista dice de sí mismo: “Vio y creyó”. Y contará que María dijo: “¡He visto!”. Luego los discípulos “ven”. Recordemos que la fe es un don de Dios que nos abre a los que los primeros creyentes vieron y comprendieron: el sepulcro vacío, las apariciones de Jesús resucitado y el testimonio de la Escritura.

 

Más allá de las rejas de la prisión que nos impiden gozar de la libertad plena, descubrimos que estamos vivos, que Cristo vive en medio de nosotros. Y es esto lo que estamos celebrando, la Pascua de Resurrección. Vivir este acontecimiento hoy en la prisión en donde anhelamos gozar de la vida plena significa el cumplimiento de todas nuestras esperanzas y todos nuestros deseos. Significa la superación  de todas nuestras frustraciones y todos nuestros miedos. Significa sentir hoy aquí en la prisión la seguridad de una presencia amistosa, envolvente y que da sentido a mi vida. La resurrección de Jesús ha de significar para cada encarcelado una buena noticia de libertad, de paz y alegría. Es la victoria del mal sobre el bien, la victoria de la vida sobre tantas muertes que me han traído a la prisión. Y es que si Cristo ha resucitado, todo se puede esperar. Todos los ideales son posibles, todos los sueños son realidades, hoy dentro o fuera de la cárcel. Porque si  Cristo ha resucitado todo se puede sufrir y todo se puede amar.

7.- Oración universal.- Oremos al Dios del amor y la vida, que no quiere que ninguno de sus hijos muera. Respondamos, ¡Padre, resucítanos!

- Por la Iglesia, para que sea testigo de la resurrección. Roguemos al Señor.

- Por todos los que sufre, pobres, y enfermos, encarcelados que no gozan de libertad, para que sean liberados de sus muertes, resucitando a una vida digna. Roguemos al Señor.

- Que el Espíritu Santo infunda en nuestros corazones el gozo y la alegría que manan de la resurrección de Cristo, para ser testigos creíbles de ella en nuestra sociedad. Roguemos al Señor.

- (Peticiones libres de los encarcelados).

8.- Padrenuestro

 

9.- Saludo de paz

 

10.- Oración de acción de gracias.- Oración espontánea de los encarcelados.

 

11.- Oramos y celebramos.-

Cada vez que oramos nos encontramos de nuevo con el Resucitado, que sale a nuestro encuentro. Adorémosle y dejemos que cambie nuestro temor en alegría. Durante la Pascua colocaremos como signo un cirio que representa la luz de Cristo Resucitado. Sobre ella pegaremos una imagen del Resucitado con el lema: “¡Ha resucitado!”.

12.- Oración final.- Jesucristo: ¡Enhorabuena, aleluya! Has resucitado, como habías dicho. Y, con tu Resurrección, abres ante mí la vida nueva de la Pascua. Yo hoy desde la cárcel te confieso Jesús, que quiero morir a los errores y equivocaciones de mi vida pasada. Quiero vivir desde hoy en medio de estas rejas esa vida nueva: que, libre de las ataduras de muerte, viva en la esperanza de mi resurrección futura.

CRISTO ESTÁ RESUCITADO EN TÍ

 

- Cada vez que reconoces tus delitos, errores y torpeza que te trajo a la prisión.

 

- Cada vez que te reúnes con los hermanos para celebrar la Palabra y la Eucaristía.

 

- Cada vez que levantas tu voz contra la mentira o la injusticia.

 

- Cada vez que te ilusionas pensando en tu familia que te espera ahí fuera.

 

- Cada vez que te acercas al hermano, lo escuchas y lo liberas de alguna muerte marcada por el odio o el egoísmo.

 

- Cada vez que sabes perdonar y compartir.

 

- Cada vez que das vida y engendras vida.

 

- Y cada vez que gastas por amor tu vida. Cristo está resucitando en ti.

 

 

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