CELEBRACIÓN DE LA PALABRA EN LA CÁRCEL

DOMINGO SEGUNDO DE PASCUA/A

Domingo 30 de marzo de 2008

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Por Ángel García Rodríguez (o.ss.t)

Capellán del Centro Penitenciario de Alahurin de la Torre (Málaga)

 

 

1.- Saludo.- La paz de Jesús resucitado traspase los muros de esta prisión  y esté con todos vosotros.

 

2.- Monición de entrada.-

Hermanos: Vivir en la cárcel es estar ansiosos día a día de buenas noticias. Record que hace una semana, en la Noche Santa de Pascua, celebrábamos la buena y gran noticia: Jesús, crucificado y muerto por amor, vive para siempre. Y nosotros, la comunidad de seguidores, unidos a él, queremos vivir como él ha vivido, porque sabemos que ésta es la única manera que vale la pena vivir, la única manera que da la felicidad.

 

Hoy en esta celebración de la Palabra aquí en la prisión, celebraremos de nuevo la presencia de Jesús resucitado. Al lado él queremos seguir caminando toda la vida.

3.- Acto Penitencial.- Coloquémonos al lado de Jesús resucitado y pidámosle perdón por nuestras ofensas y pecados.

- Tú, el resucitado y vivo para siempre: Señor, ten piedad.

 

- Tú, vencedor de los odios, rencores y de toda clase de violencia: Cristo, ten piedad.

 

- Tú, cercano a todos los dolores y sufrimientos que hoy atravesamos en la prisión: Señor, ten piedad.

4.- Oración.- Padre bueno y misericordioso con la mirada puesta en tu hijo que ha resucitado y va delante de nosotros, queremos discernir nuestra calidad de discípulos y mirarnos de frente en el espejo de las bienaventuranzas. Que tu Espíritu nos purifique para ser una comunidad cristiana aquí en la prisión. Por Cristo nuestro Señor. Amén.

 

5.- Evangelio.- “Dichosos los que creen sin haber visto”: Jn. 20, 19-31.

 

6.- Reflexión.-

En este relato se distinguen claramente dos escenas. La primera sucede el mismo día de la Pascua y narra la aparición de Jesús resucitado a un grupo de discípulos. De este modo el Señor cumple su promesa de volver junto a ellos y enviarles su Espíritu. El “miedo a los judíos” que sentían los discípulos refleja el que experimentaba la comunidad a la que se dirige el evangelista. Ésta se veía acosada por la hostilidad de los dirigentes judíos, que les hacían el vacío e incluso habían llegado a expulsarlos de las sinagogas.

 

La segunda escena tiene lugar al domingo siguiente y narra la aparición a Tomás, que no ha participado de la misma experiencia que el resto del grupo. Tomás no hace caso del testimonio de sus compañeros y exige pruebas palpables de que el Señor está vivo. De modo significativo, el relato insiste en que “no estaba con ellos cuando se apareció Jesús”. De este modo, el evangelista indica la importancia de la comunidad como lugar privilegiado para vivir e interpretar la presencia de Jesús resucitado en medio de nuestros dolores, sufrimientos, rechazos, delitos y pecados.

 

En la duda de Tomás está las dudas de todos los hombres y mujeres que creemos en Cristo: ¿Realmente resucitó? ¿no sería un fantasma o imaginaciones de los discípulos? Ante la gran duda de Tomas si realmente el Resucitado es el crucificado, él pide pruebas y exige la prueba de la “señal de los clavos”. A los demás compañeros, Jesús resucitado ya les había enseñado “las manos y el costado”, por lo que “se llenaron de alegría al verlo” y decían: “Hemos visto al Señor”. Finalmente Tomás creyó porque Jesús le mostró las señales de su identidad: las llagas de crucificado.

 

Definitivamente, Cristo es el Hijo de Dios que ha dado la vida en la cruz, que ha resucitado y va delante de nosotros. Creer esto estando aquí en la cárcel o en la calle con libertad, es ser cristiano. Pero fue necesaria la prueba de que el Resucitado era el crucificado para que Tomás, en nombre de todos, lanzase este grito de fe, amor y adoración: “¡Señor mío y Dios mío!”.

7.- Oración universal.- A Jesús resucitado, vida y esperanza de la humanidad entera, orémosle diciendo: Jesús resucitado, escúchanos.

- Para que el Señor nos saque de nuestros miedos y nos preparemos para vivir en la libertad auténtica. Roguemos al Señor.

 

- Para que el Señor infunda en nuestros corazones la honda alegría de la Resurrección, con la que superemos los dolores y aflicciones que hoy estamos atravesando en la prisión. Roguemos al Señor.

 

- Por todos aquellos que participan en la vida social y política con el afán de construir un mundo más justo y más humanos. Roguemos al Señor.

 

- (Peticiones libres de los encarcelados).

8.- Padrenuestro

 

9.- Saludo de paz

 

10.- Oración de acción de gracias.- Oración espontánea de los encarcelados.

 

11.- Oramos y celebramos.-

La incredulidad de Tomás da paso a la adoración: “Señor mío y Dios mío”. Son palabras que sólo pueden pronunciarse sinceramente cuando estamos convencidos de que Jesús resucitado nos acompaña. Al final de nuestro encuentro de hoy nos ponemos también nosotros en su presencia para transformar en oración todo lo que hemos compartido en este encuentro. Colocamos sobre la vela este lema: “Hemos visto al Señor”.

12.- Oración final.- Jesucristo: para hallarte hay un lugar privilegiado, la Iglesia. Fuera de ella no te encontró Tomás. Con él te digo, sin haberte visto, pero sí te siento vivo, vivificante y amigo cercano: ¡Señor mío y Dios mío!

JESÚS TRANSFORMA EL MIEDO EN ALEGRÍA

 

Jesús, en el evangelio de hoy vemos a tus discípulos,

            de nuevo amados, perdonados y llamados por Ti a la misión.

Les regalas la paz “haciéndote presente en el centro”:

            en la profundidad del corazón, transformando el miedo en alegría.

Curas la inseguridad y el miedo:

            no con codicia de cosas o personas, de prestigio culto al yo, de poder….;

            sino activando la confianza, el amor gratuito, el valor ante el riesgo.

Sólo tú, Jesús Resucitado, presente entre nosotros por medio de tu Espíritu,

            eres nuestra paz, el fundamento, la confianza radical.

Ayúdanos, Cristo de todos, a contemplarte resucitado,

            “poniendote en medio”, en el centro, de nuestra vida.

Que tu Espíritu nos dé  esa libertad auténtica que necesitamos todos los que hoy

            en la cárcel no nos sentimos cómodos y libres.

 

 

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