CELEBRACIÓN DE LA PALABRA EN LA CÁRCEL

QUINTO DOMINGO DE CUARESMA /A

Domingo 9 de marzo de 2008

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Por Ángel García Rodríguez (o.ss.t)

Capellán del Centro Penitenciario de Alahurin de la Torre (Málaga)

 

 

1.- Saludo.- Que el amor de Dios, que abre las puertas de todas las prisiones del mundo, esté con todos vosotros.

 

2.- Monición de entrada.-

Aquí en la cárcel lejos de la familia, de los amigos y sin libertad descubrimos que la vida es lo más importante que tenemos. A pesar de nuestros delitos y equivocaciones, estamos llamados a rehacer nuestras vidas y a combatir con todos los medios a la muerte. Pensemos que quien sea capaz de dar por otro la vida ese es un verdadero hombre. Aquel que nos regale vida y nos libre de la muerte, será un dios.

 

Así,  en las puertas de la Semana Santa se nos presenta hoy Jesús. Él ofrece su vida para que tengamos vida. Él muriendo venció a la muerte. Él resucita y nos promete la resurrección. Que la celebración de este domingo sea para todos nosotros una ocasión para fortalecer nuestra fe en Jesús aquí en la prisión.

3.- Acto penitencial.- Y ahora, desde nuestra debilidad, invoquemos a aquel que nos ama y tendrá piedad de nosotros.

- Tú, que quieres nuestra conversión. Señor, ten piedad.

 

- Tú, que levantas nuestra moral. Cristo, ten piedad.

 

- Tú, que alimentas nuestras ganas de vivir. Señor, ten piedad.

4.- Oración.- Padre, nos cuesta hoy vivir el amor de tu Hijo aquí en la prisión. Danos tu fuerza para que vivamos siempre de aquel mismo amor que movió a tu Hijo a entregarse a la muerte por la salvación del mundo.

 

5.- Evangelio.- “Yo soy la resurrección y la vida”: Jn. 11, 1-45.

 

6.- Reflexión.-

En el largo y dramático relato de la resurrección de Lázaro, se evocan y entremezclan tres tipos de muerte: la de Lázaro, la de Jesús y la nuestra. De todas maneras, no es al margen de nuestras penas, de nuestros dramas, de nuestros delitos ni siquiera de la muerte como Jesús quiere hacernos vivir en plenitud. En lo más profundo de las miserias que él soporta por nosotros, va a dar una señal esplendorosa de la vida que vence a la muerte. Se pone en pie y grita: “¡Sal fuera”. Con estas palabras Jesús nos invita a salir de tantas muertes por las que hoy atravesamos:

 

  • La tristeza, que puede llegar a la depresión y el deseo de no vivir. La vida ya no es bella. La vida ya no es un don, sino un castigo, no es un placer, sino una carga. Hoy, dicen, esta muerte es una de las más frecuentes.

 

  • La desesperanza que se da la mano con la tristeza. La desilusión y desencanto. La vida pierde color, todo se vuelve gris y aburrido. Y si pierdes de todo la esperanza, no hace falta que te mueras, porque ya estás en el infierno.

 

  • El vacío, que es la muerte del sinsentido de la existencia. Aquí estamos sin saber por qué ni para qué. Es la muerte de la luz.

 

  • El consumismo. Se trata de un vacío lleno de cosas, pero sigues sin alma. Estás muerto a la verdadera vida, y no te das cuenta.

 

  • El agnosticismo, o la falta de fe. Si te cierras a Dios y a la transcendencia, pierdes el sol de la vida. Vivirás, pero en la noche; vivirás, pero vacío.

 

  • El desamor. Ya lo sabemos, el que no ama está muerto. Porque la vida consiste en amar. El que vive para sí, muere.

 

Frente a tantas muertes que se nos presentan antes de la muerte definitiva, Jesús se nos presenta en este domingo como la Resurrección y la Vida. Para ti que te encuentras cansado y aburrido de tanta cárcel, Jesús te dice: “Yo soy”. Lo importante aquí no son las lágrimas de Marta ni la resurrección de Lázaro, lo que importa sobre todo es el anuncio de Jesús: Yo soy, yo soy el que crea y sostiene todo, yo soy el que da sentido a la existencia, yo soy la meta hacia la que todo camina.

 

La resurrección empieza ya. Cristo nos hace participes de su vida resucitada. Sufrimos muchas clases de muertes. De todas nos puede sacar el Señor. Por eso le pedimos: resucítame, Señor. Líbrame de mi debilidad, de mis dudas, de mis orgullos, de mis egoísmos, de mi tristeza, de mis ruindades, de mis codicias, de todo lo que hay de muerte en mí.

7.- Oración universal.- Pidamos a Dios, que nos ha enviado a su Hijo para que tengamos vida en abundancia. Respondamos: Padre, vivifícanos.

- Para que la Iglesia esté cerca de toda necesidad y se preocupe de poner en pie a muertos y heridos desde el servicio y la entrega. Oremos.

 

- Por cuantos están marcados por la enfermedad, por el hambre, por la tristeza y la desesperanza para recuperen salud y vida. Oremos.

 

-Por cuantos hoy en las prisiones somos víctimas de las fuerzas tenebrosas de la muerte, para que podamos recuperar la libertad y la vida. Oremos.

 

- (Peticiones libres de los encarcelados).

8.- Padrenuestro

 

9.- Saludo de paz

 

10.- Oración de acción de gracias.- Oración espontánea de los encarcelados.

 

11.- Oramos y celebramos.-

Oremos ahora como Jesús para dar gracias al Padre, que nos ha enviado como fuente de vida. Añadimos hoy como símbolo unas flores y escribimos como lema: “Tú eres la vida”.

12.- Oración final.-Cristo, ¡qué magnífica tu reacción ante la noticia de la muerte de tu amigo Lázaro! Como Dios tenías poder para resucitarlo. Como hombre, llorabas por la muerte del amigo. Te entristece mi pecado, pero sigues amándome. ¡Gracias, Cristo, por tus lágrimas! ¡Y gracias por la Vida que eres y que das!.

¡SÉ VITALISTA!

 

Recuerdo que antes de nacer estaba yo preocupado porque no conocía el mundo al que llegaría... Entonces le pedí a Dios instrucciones para vivir en esta tierra…Dios aceptó su voz a mi oído y dijo:

- Sé como el sol: levántate temprano y no te acuestes tarde.

 

- Sé como la luna: brilla en la oscuridad.

 

- Sé como la fruta: bella por fuera, saludable por dentro.

 

- Sé como los recién nacidos: sin miedo a la muerte.

 

- Sé como el oasis: da tu agua al sediento.

 

- Sé como José: cree en tus sueños.

 

- Sé como Lázaro: levántate y anda.

Y sobre todas las cosas, sé como el cielo: la morada de Dios.

 

 

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