CELEBRACIÓN DE LA PALABRA EN LA CÁRCEL

DOMINGO DE PENTECOSTÉS /A

Domingo 11 de mayo de 2008

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Por Ángel García Rodríguez (o.ss.t)

Capellán del Centro Penitenciario de Alahurin de la Torre (Málaga)

 

 

1.- Saludo.- Que el Espíritu del Señor que ha derramado su amor en todos aquellos que ansían la libertad, esté con todos vosotros.

 

2.- Monición de entrada.-

Hoy celebramos la fiesta de Pentecostés. Es la fiesta de la fuerza que viene de lo alto. En Pentecostés, el Espíritu Santo saca de la cobardía y el temor a los apóstoles y los lanza al mundo para que sean testigos de Cristo con alegría y valentía. El aliento de Dios no deja de soplar sobre el mundo y sobre cada uno de nosotros. Sin Espíritu todo se secaría, no podríamos vivir. Pidamos en esta celebración para que el Espíritu de Dios, espíritu de amor y libertad venga sobre todos los que en la cárcel anhelan la libertad.

3.- Acto Penitencial.- Pidamos perdón al Señor por las veces que no nos hemos dejado guiar por el Espíritu de Dios.

- Tú, que sabes que no siempre nos comportamos como hijos. Señor, ten piedad.

- Tú, que nos perdonas por no seguir los pasos de tu Espíritu. Cristo, ten piedad.

- Tú, que nos guías de nuevo por los caminos del Espíritu que nos llevan al amor y a la libertad. Señor, ten piedad.

4.- Oración.- Oh Dios, que por el misterio de Pentecostés santificas a tu Iglesia, extendida por toda la tierra, derrama los dones de tu Espíritu de modo especial sobre tus hijos encarcelados que anhelan la libertad. Que tu Espíritu nos fortalezca para superar las penalidades que hoy sufrimos en la prisión. Por Cristo nuestro Señor. Amén.

 

5.- Evangelio.- Jn. 20, 19-23: “Recibid el Espíritu Santo”

 

6.- Reflexión.-

Bien sabemos los que día a día nos encontramos con hombres y mujeres encarcelados lo que significa respirar aire fresco, salir del modulo, cambiar de ambiente. Jesús es ese cambio y  aliento de vida para todos los que en la cárcel anhelan vivir en libertad. Se nos dice que Cristo “sopló su aliento sobre los discípulos y fueron renovados, consolados y fortalecidos”. Jesús sigue alentando el Espíritu sobre la Iglesia, sobre el mundo y sobre cada  hermano encarcelado que llora desde la prisión por darle un rumbo nuevo a su vida. Hoy sopla su aliento sobre nosotros para que creamos, para que nos llenemos de vida nueva y seamos capaces de dar testimonio.

 

Celebrar Pentecostés es celebrar el “Don de Dios”. Termina la cincuentena pascual con la efusión del Espíritu Santo. Es una lluvia de divinidad. Es la máxima donación de Dios; diríamos que Dios se vacía de si mismo y nos regala todas sus riquezas y todos sus dones. Siendo rico por nosotros, se hizo pobre para enriquecernos.

 

En la vida se nos pasan los días luchando por tener dinero, fama o poder y nos olvidamos de Dios. Ahora aquí en la cárcel sin dinero, lejos de la familia y sin amigos nos damos cuenta que no hemos conocido el Don de Dios, por eso no lo valoramos ni lo deseamos. Nadie ama lo que no conoce. Vivimos muy afanados por conseguir otro tipo de riquezas que nos seducen poderosamente. Acudimos con nuestra sed a comprar el agua podrida que nos ofrece el alcohol o la droga. Y Jesús que hoy ha traspasado los muros de la prisión te mira a la cara, te sonríe y te dice: “Si conocieras el don de Dios”.

 

Ya paso la hora de los atracos, robos, trapicheos de drogas, peleas y correderas de la policía. Ahora estamos aquí en la prisión para serenarnos, pagar nuestros delitos y abrir nuestro corazón al Espíritu de Dios que es él único que nos puede ayudar para cambiar de vida. Por eso pensar en el Espíritu Santo es decirle: “¡Ven!”. Entonces, el Espíritu se convierte en invasor. Y es necesario que nos invada ya que la vida cristiana es una experiencia de vida invadida por el Espíritu. Él no tiene rostro, pero todos sus nombres dicen que es invasión: fuego, agua, espíritu, respiración, viento.

 

Desde que viene actúa. La Biblia está llena de él, pero apenas habla de él. En Pentecostés hizo que la Iglesia despegase y tomara vuelo. Hay que decirle “¡ven!” ahora que sufrimos la falta de libertad en la cárcel. Él es la fuerza para pasar rápido esta página de la prisión. Él es también el huésped interior que nos impulsa a levantarnos de nuestras crisis y depresiones.

7.- Oración universal.- Elevemos a Dios Padre nuestros corazones, presentándole nuestras súplicas filiales y confiadas. Envíanos, Padre, tu Santo Espíritu

- Derrama sobre la Iglesia, sobre el mundo y sobre todas las prisiones los dones de tu Espíritu

- Que los pobres y cuantos sufren encuentren la ayuda y el consuelo que necesitan, sabiendo que el Espíritu es Padre de los pobres.

- Para que nuestra comunidad cristiana en la prisión, por la fuerza del Espíritu, sea lugar de encuentro donde cada persona se sienta querida y respetada.

 

- (Peticiones libres de los encarcelados).

8.- Padrenuestro

 

9.- Saludo de paz

 

10.- Oración de acción de gracias.- Oración espontánea de los encarcelados.

 

11.- Oramos y celebramos.-

Sin el Espíritu, la oración sería un diálogo imposible. Es él quien gime en nosotros para que podamos rezar como nos conviene. Movidos por él nos ponemos una vez más ante el Padre para pedirle que nunca nos falte su ayuda y fortaleza.

 

Podemos ambientar la sala de reunión con siete velas que representan los siete dones del Espíritu Santo (sabiduría, entendimiento, consejo, ciencia, fortaleza, piedad y temor de Dios).

 

12.- Oración final.-

Jesucristo: Gracias por el envío de tu Espíritu. Que lo que  prometiste que haría el Espíritu, se cumpla en mi vida. ¡Ven, Espíritu Santo, atraviesa los muros de esta prisión, siéntate conmigo en mi celda y enciende en mí el fuego de tu amor!. Ahora desde la cárcel comprendo que sólo la asistencia del Espíritu podrá renovar mi vida y llevarme a la verdadera libertad de los hijos de Dios.

DANOS TU ESPÍRITU

 

Danos tu Espíritu, Señor.

Donde no hay Espíritu surge el miedo.

Donde no hay Espíritu la rutina lo invade todo.

Donde no hay Espíritu la esperanza se marchita.

Donde no hay Espíritu no podemos reunirnos en tu nombre.

Donde no hay Espíritu no hay libertad ni vida.

Donde no hay Espíritu la soledad se hace presente.

Donde no hay Espíritu el futuro se oscurece.

Donde no hay Espíritu no puede brotar la vida.

Danos tu Espíritu, Señor.

 

 

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