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1.-
Saludo.-
Que el Espíritu del Señor que ha derramado su amor en todos aquellos que
ansían la libertad, esté con todos vosotros.
2.-
Monición de entrada.-
Hoy celebramos la fiesta de Pentecostés. Es la fiesta de la fuerza
que viene de lo alto. En Pentecostés, el Espíritu Santo saca de la
cobardía y el temor a los apóstoles y los lanza al mundo para que
sean testigos de Cristo con alegría y valentía. El aliento de Dios
no deja de soplar sobre el mundo y sobre cada uno de nosotros. Sin
Espíritu todo se secaría, no podríamos vivir. Pidamos en esta
celebración para que el Espíritu de Dios, espíritu de amor y
libertad venga sobre todos los que en la cárcel anhelan la libertad.
3.-
Acto Penitencial.-
Pidamos perdón al Señor por las
veces que no nos hemos dejado guiar por el Espíritu de Dios.
- Tú, que sabes que no
siempre nos comportamos como hijos. Señor, ten piedad.
- Tú, que nos perdonas por
no seguir los pasos de tu Espíritu. Cristo, ten piedad.
- Tú, que nos guías de nuevo por los caminos del Espíritu que nos
llevan al amor y a la libertad. Señor, ten piedad.
4.-
Oración.-
Oh Dios, que por el misterio de Pentecostés santificas a tu Iglesia,
extendida por toda la tierra, derrama los dones de tu Espíritu de modo
especial sobre tus hijos encarcelados que anhelan la libertad. Que tu
Espíritu nos fortalezca para superar las penalidades que hoy sufrimos en
la prisión. Por Cristo nuestro Señor. Amén.
5.-
Evangelio.-
Jn. 20, 19-23: “Recibid el Espíritu Santo”
6.-
Reflexión.-
Bien sabemos los que día a
día nos encontramos con hombres y mujeres encarcelados lo que
significa respirar aire fresco, salir del modulo, cambiar de
ambiente. Jesús es ese cambio y aliento de vida para todos los que
en la cárcel anhelan vivir en libertad. Se nos dice que Cristo
“sopló su aliento sobre los discípulos y fueron renovados,
consolados y fortalecidos”. Jesús sigue alentando el Espíritu sobre
la Iglesia, sobre el mundo y sobre cada hermano encarcelado que
llora desde la prisión por darle un rumbo nuevo a su vida. Hoy sopla
su aliento sobre nosotros para que creamos, para que nos llenemos de
vida nueva y seamos capaces de dar testimonio.
Celebrar Pentecostés es
celebrar el “Don de Dios”. Termina la cincuentena pascual con
la efusión del Espíritu Santo. Es una lluvia de divinidad. Es la
máxima donación de Dios; diríamos que Dios se vacía de si mismo y
nos regala todas sus riquezas y todos sus dones. Siendo rico por
nosotros, se hizo pobre para enriquecernos.
En la vida se nos pasan los
días luchando por tener dinero, fama o poder y nos olvidamos de
Dios. Ahora aquí en la cárcel sin dinero, lejos de la familia y sin
amigos nos damos cuenta que no hemos conocido el Don de Dios, por
eso no lo valoramos ni lo deseamos. Nadie ama lo que no conoce.
Vivimos muy afanados por conseguir otro tipo de riquezas que nos
seducen poderosamente. Acudimos con nuestra sed a comprar el agua
podrida que nos ofrece el alcohol o la droga. Y Jesús que hoy ha
traspasado los muros de la prisión te mira a la cara, te sonríe y te
dice: “Si conocieras el don de Dios”.
Ya paso la hora de los
atracos, robos, trapicheos de drogas, peleas y correderas de la
policía. Ahora estamos aquí en la prisión para serenarnos, pagar
nuestros delitos y abrir nuestro corazón al Espíritu de Dios que es
él único que nos puede ayudar para cambiar de vida. Por eso pensar
en el Espíritu Santo es decirle: “¡Ven!”. Entonces, el Espíritu se
convierte en invasor. Y es necesario que nos invada ya que la vida
cristiana es una experiencia de vida invadida por el Espíritu. Él no
tiene rostro, pero todos sus nombres dicen que es invasión: fuego,
agua, espíritu, respiración, viento.
Desde que viene actúa. La Biblia está llena de él, pero apenas habla
de él. En Pentecostés hizo que la Iglesia despegase y tomara vuelo.
Hay que decirle “¡ven!” ahora que sufrimos la falta de libertad en
la cárcel. Él es la fuerza para pasar rápido esta página de la
prisión. Él es también el huésped interior que nos impulsa a
levantarnos de nuestras crisis y depresiones.
7.-
Oración universal.-
Elevemos a Dios Padre nuestros
corazones, presentándole nuestras súplicas filiales y confiadas.
Envíanos, Padre, tu Santo
Espíritu
- Derrama sobre la Iglesia,
sobre el mundo y sobre todas las prisiones los dones de tu Espíritu
- Que los pobres y cuantos
sufren encuentren la ayuda y el consuelo que necesitan, sabiendo que
el Espíritu es Padre de los pobres.
- Para que nuestra comunidad cristiana en la prisión, por la fuerza
del Espíritu, sea lugar de encuentro donde cada persona se sienta
querida y respetada.
-
(Peticiones libres de
los encarcelados).
8.-
Padrenuestro
9.-
Saludo de paz
10.-
Oración de acción de gracias.-
Oración espontánea de los encarcelados.
11.-
Oramos y celebramos.-
Sin el Espíritu, la oración
sería un diálogo imposible. Es él quien gime en nosotros para que
podamos rezar como nos conviene. Movidos por él nos ponemos una vez
más ante el Padre para pedirle que nunca nos falte su ayuda y
fortaleza.
Podemos ambientar la sala de
reunión con siete velas que representan los siete dones del Espíritu
Santo (sabiduría, entendimiento, consejo, ciencia, fortaleza, piedad
y temor de Dios).
12.-
Oración final.-
Jesucristo: Gracias por el envío de tu Espíritu. Que lo que
prometiste que haría el Espíritu, se cumpla en mi vida. ¡Ven,
Espíritu Santo, atraviesa los muros de esta prisión, siéntate
conmigo en mi celda y enciende en mí el fuego de tu amor!. Ahora
desde la cárcel comprendo que sólo la asistencia del Espíritu podrá
renovar mi vida y llevarme a la verdadera libertad de los hijos de
Dios.
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