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1.-
Saludo.-
Que el Dios que en Jesús ha cumplido sus promesas y que quiere llenar de
paz y libertad nuestros corazones esté con todos vosotros.
2.-
Monición de entrada.-
La cárcel no es la meta de nuestra vida pues de aquí saldremos para
vivir en libertad. Cristo nuestro camino con el que nos hemos
encontrado aquí en la prisión es nuestra verdadera meta. Y la meta
está ahí, junto al Padre y en el Padre. Jesús cumplió brillantemente
su misión y hoy lo vemos exaltado, glorificado. Se rebajó hasta la
muerte y Dios lo levantó sobre todo. Pero no se olvidó de nosotros,
nos espera para que participemos también de su gloria. Ésa es
nuestra esperanza
3.-
Acto Penitencial.-
Ante Él, que nos ha reunido,
pongámonos en actitud de reconocer nuestros errores y pedirle perdón.
- Tú, que alientas nuestra
vida: Señor, ten piedad.
- Tú, que intercedes por
nosotros: Cristo, ten piedad.
- Tú, que nos comprendes como nadie: Señor, ten piedad.
4.-
Oración.-
Padre bueno, hoy nuestra mirada
traspasa los muros de la prisión y se eleva a ese cielo al que tu hijo
ascendió tras su resurrección. Concédenos la alegría de vivir el triunfo
de tu hijo Jesús que nos invitar a mirar a los valores de la paz, la
justicia, el amor y la libertad. Por Cristo nuestro Señor. Amén.
5.-
Evangelio.-
Mt. 28, 16-20: “Yo estoy
con vosotros”.
6.-
Reflexión.-
Ya casi al final del tiempo
pascual, contemplamos hoy la escena conclusiva del evangelio de
Mateo. El Resucitado reúne a sus discípulos en Galilea y los envía a
la misión universal. Pero contrariamente a lo que cabría esperar, no
se despide de ellos. Jesús se manifiesta lleno de poder y en un
monte. No hay comida ni conversación, sino postración y envío.
El evangelista nos señala
tres temas fundamentales en el episodio de la Ascensión:
a) El
encuentro (vv. 16-18): Al ver a Jesús, los discípulos se
postran. Este gesto de adoración implica el reconocimiento del
Resucitado y se contrapone a la actitud vacilante que les había
caracterizados hasta ahora. La Pascua hace posible un
reencuentro en que se confirma la fe de quienes habían dudado
hasta el punto de abandonar a Jesús durante la pasión. Pero no
son reproches lo que se escucha. Con gestos muestra que Él es el
Señor resucitado a quien se le ha entregado plena autoridad
sobre cielo y tierra.
b) La misión (vv. 19-20a): El encargo
que Jesús encomienda a los suyos consiste en “hacer discípulos”,
desglosando este mandato en dos aspectos señalados por este
orden: “bautizar “ y “enseñar”. El bautismo sella la íntima
vinculación de los discípulos con el Padre, el Hijo y el
Espíritu Santo.
c) La promesa (v. 20b): Jesús no se
despide de sus discípulos, ni se dice expresamente que suba al
cielo. En vez de prometerle el Espíritu Santo para que les guíe,
les promete quedarse con ellos “todos los días”, siendo fiel
hasta el final de este mundo. Se acredita así como el “Dios con
nosotros”, constantemente presente en la comunidad de los
discípulos, dispuesto a acompañar a la Iglesia en su misión
universal.
Está claro que la tarea tras
la Ascensión de Jesús es “ir y hacer discípulos de todos los
pueblos, bautizándolos…”Encerrados por el miedo y la tristeza, los
discípulos son empujados a la misión, a dispersarse por los caminos
del mundo, a dar de comer y de beber, a detenerse en cualquier
camino y ser prójimo del herido. La tarea es la construcción del
Reino: un mundo de hijos y de hermanos.
Hoy desde la prisión
contemplamos al Cristo que sube a los cielos y descubrimos que Él no
nos ha dejado tirados aquí. El nos tiende su mano para llenarnos de
fe y esperanza. Recordemos así que nuestra esperanza es la de
transformar esta tierra en un cielo; el trabajar para que nuestro
mundo sea más justo y solidario. Nosotros esperamos no tanto que
vuelva Cristo, sino que sepamos descubrir su presencia y hacerla
posible en este mundo.
7.-
Oración universal.-
Pidamos al Padre, en nombre de
Jesús, que está sentado a su derecha e intercede por nosotros.
Padre, escúchanos.
- Por todos los pueblos que
viven en el infierno de la miseria, para que sean liberados de sus
angustias y esclavitudes.
- Por los pueblos que viven
en la opulencia, para que, liberados de apegos egoístas, aprendan a
compartir.
- Por los que viven sin más
ideales que el dinero y el placer, para que puedan abrirse a Dios.
-
(Peticiones libres de
los encarcelados).
8.-
Padrenuestro
9.-
Saludo de paz
10.-
Oración de acción de gracias.-
Oración espontánea de los encarcelados.
11.-
Oramos y celebramos.-
El Señor no nos ha dejado solos. Sigue en medio de nosotros. Por eso
sabemos que escucha nuestra oración. Para ambientar este momento de
plegaria podemos colocar sobre el cirio este lema: “Poneos en
camino”.
12.-
Oración final.-
Jesucristo: te vas, pero te quedas conmigo. Eres el amigo siempre
fiel, en el que puedo descansar. Hoy desde la prisión, tú me sonríes
y me envías al mundo a ser tu testigo, pero me garantizas tu
compañía: “Yo estaré contigo todos los días”.
JESÚS, EXTIENDE TUS MANOS
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