CELEBRACIÓN DE LA PALABRA EN LA CÁRCEL

LA ASCENSIÓN DEL SEÑOR /A

Domingo 4 de mayo de 2008

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Por Ángel García Rodríguez (o.ss.t)

Capellán del Centro Penitenciario de Alahurin de la Torre (Málaga)

 

 

1.- Saludo.- Que el Dios que en Jesús ha cumplido sus promesas y que quiere llenar de paz y libertad nuestros corazones esté con  todos vosotros.

 

2.- Monición de entrada.-

La cárcel no es la meta de nuestra vida pues de aquí saldremos para vivir en libertad. Cristo nuestro camino con el que nos hemos encontrado aquí en la prisión es nuestra verdadera meta. Y la meta está ahí, junto al Padre y en el Padre. Jesús cumplió brillantemente su misión y hoy lo vemos exaltado, glorificado. Se rebajó hasta la muerte y Dios lo levantó sobre todo. Pero no se olvidó de nosotros, nos espera para que participemos también de su gloria. Ésa es nuestra esperanza

3.- Acto Penitencial.- Ante Él, que nos ha reunido, pongámonos en actitud de reconocer nuestros errores y pedirle perdón.

- Tú, que alientas nuestra vida: Señor, ten piedad.

 

- Tú, que intercedes por nosotros: Cristo, ten piedad.

 

- Tú, que nos comprendes como nadie: Señor, ten piedad.

4.- Oración.- Padre bueno, hoy nuestra mirada traspasa los muros de la prisión y se eleva a ese cielo al que tu hijo ascendió tras su resurrección. Concédenos la alegría de vivir el triunfo de tu hijo Jesús que nos invitar a mirar a los valores de la paz, la justicia, el amor y la libertad. Por Cristo nuestro Señor. Amén.

 

5.- Evangelio.- Mt. 28, 16-20: “Yo estoy con vosotros”.

 

6.- Reflexión.-

Ya casi al final del tiempo pascual, contemplamos hoy la escena conclusiva del evangelio de Mateo. El Resucitado reúne a sus discípulos en Galilea y los envía a la misión universal. Pero contrariamente a lo que cabría esperar, no se despide de ellos. Jesús se manifiesta lleno de poder y en un monte. No hay comida ni conversación, sino postración y envío.

 

El evangelista nos señala tres temas fundamentales en el episodio de la Ascensión:

a) El encuentro (vv. 16-18): Al ver a Jesús, los discípulos se postran. Este gesto de adoración implica el reconocimiento del Resucitado y se contrapone a la actitud vacilante que les había caracterizados hasta ahora. La Pascua hace posible un reencuentro en que se confirma la fe de quienes habían dudado hasta el punto de abandonar a Jesús durante la pasión. Pero no son reproches lo que se escucha. Con gestos muestra que Él es el Señor resucitado a quien se le ha entregado plena autoridad sobre cielo y tierra.

 

b) La misión (vv. 19-20a): El encargo que Jesús encomienda a los suyos consiste en “hacer discípulos”, desglosando este mandato en dos aspectos señalados por este orden: “bautizar “ y “enseñar”. El bautismo sella la íntima vinculación de los discípulos con el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo.

 

c) La promesa (v. 20b): Jesús no se despide de sus discípulos, ni se dice expresamente que suba al cielo. En vez de prometerle el Espíritu Santo para que les guíe, les promete quedarse con ellos “todos los días”, siendo fiel hasta el final de este mundo. Se acredita así como el “Dios con nosotros”, constantemente presente en la comunidad de los discípulos, dispuesto a acompañar a la Iglesia en su misión universal.

Está claro que la tarea tras la Ascensión de Jesús es “ir y hacer discípulos de todos los pueblos, bautizándolos…”Encerrados por el miedo y la tristeza, los discípulos son empujados a la misión, a dispersarse por los caminos del mundo, a dar de comer y de beber, a detenerse en cualquier camino y ser prójimo del herido. La tarea es la construcción del Reino: un mundo de hijos y de hermanos.

 

Hoy desde la prisión contemplamos al Cristo que sube a los cielos y descubrimos que Él no nos ha dejado tirados aquí. El nos tiende su mano para llenarnos de fe y esperanza. Recordemos así que nuestra esperanza es la de transformar esta tierra en un cielo; el trabajar para que nuestro mundo sea más justo y solidario. Nosotros esperamos no tanto que vuelva Cristo, sino que sepamos descubrir su presencia y hacerla posible en este mundo.

7.- Oración universal.- Pidamos al Padre, en nombre de Jesús, que está sentado a su derecha e intercede por nosotros. Padre, escúchanos.

- Por todos los pueblos que viven en el infierno de la miseria, para que sean liberados de sus angustias y esclavitudes.

 

- Por los pueblos que viven en la opulencia, para que, liberados de apegos egoístas, aprendan a compartir.

 

- Por los que viven sin más ideales que el dinero y el placer, para que puedan abrirse a Dios.

 

- (Peticiones libres de los encarcelados).

8.- Padrenuestro

 

9.- Saludo de paz

 

10.- Oración de acción de gracias.- Oración espontánea de los encarcelados.

 

11.- Oramos y celebramos.-

El Señor no nos ha dejado solos. Sigue en medio de nosotros. Por eso sabemos que escucha nuestra oración. Para ambientar este momento de plegaria podemos colocar sobre el cirio este lema: “Poneos en camino”.

12.- Oración final.-

Jesucristo: te vas, pero te quedas conmigo. Eres el amigo siempre fiel, en el que puedo descansar. Hoy desde la prisión, tú me sonríes y me envías al mundo a ser tu testigo, pero me garantizas tu compañía: “Yo estaré contigo todos los días”.

JESÚS, EXTIENDE TUS MANOS

 

Yo estaré con vosotros cada día.

¿Quién me separará de vuestro lado?

Ni la muerte o el infierno, ni el pecado.

Estaré con vosotros como guía,

os lavaré con agua del costado;

me haré en vuestro favor eucaristía.

Huésped vuestro seré. Estaré dentro

de vuestra habitación más reservada.

 

Extiende, Jesús, tus manos,

sobre niños indefensos y pobres angustiados,

sobre  enfermos, ancianos, desvalidos,

sobre los presos que claman libertad,

sobre el mundo del dolor, que espera…

 

 

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