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1.-
Saludo.-
Hermanos, la alegría, el amor y la paz de Dios nuestro Padre, de
Jesucristo el Señor y el Espíritu Santo estén siempre con vosotros.
2.-
Monición de entrada.-
El Señor está cerca. Lo creemos. Creemos que el Señor cruza las puertas
de la prisión y viene a sentarse con nosotros en el chavolo. Creemos
también que hoy saldrá a nuestro encuentro en la escucha de su Palabra.
Falta ya muy poco para la Navidad. La liturgia nos invita a que nos
abramos a la ilusión renovada y a la alegría grande. El domingo tercero
de Adviento es el domingo del gozo y la alegría. Gozo, porque Dios viene
en persona para salvarnos. Gozo grande, porque nuestras tristezas y
dolencias de la cárcel serán superadas. Alegrémonos y preparemos nuestro
corazón para vivir la Navidad con Jesús.
3.-
Acto penitencial.-
Jesús es la luz en medio de esta pagina de oscuridad que hoy vivimos en
la cárcel.
- Tú, luz
de los hombres, que nos guías por la vida para alcanzar el amor de
Dios nuestro Padre. Señor, ten piedad.
- Tú, que
nos enseñas que el bien es más fuerte que el mar. Cristo, ten
piedad.
- Tú, que te has hecho nuestro compañero de camino para que andemos
por la vida con paz, con alegría y esperanza. Señor, ten piedad.
4.-
Oración.-
Estás viendo, Señor, cómo tu pueblo espera con fe la fiesta del
nacimiento de tu Hijo; concédenos a los que hoy en la cárcel estaremos
lejos de la familia, esa alegría y esperanza que necesitamos para salir
a tu encuentro.
5.-
Evangelio.-
Mt. 11, 2-11: ¿Eres tú el que tenía que venir?
6.-
Reflexión.-
En el texto evangélico de
hoy nos encontramos con opiniones acerca de quien es ese Jesús que
ha enseñado, que ha hecho milagros y que ha enviado a la misión a
sus discípulos. Juan Bautista, personaje lleno de contrastes, ha
seguido desde la prisión las peripecias de Jesús. Él había buscado
signos de la presencia y de la acción de Dios. Y había comenzado a
señalar hacía Jesús y a prepararle el camino invitando a la
conversión. Pero Jesús, con su enseñanza, con sus milagros y con el
grupo de discípulos que ha reunido a su alrededor, le ha provocado
inquietud e interrogantes. Juan no se conforma con saber de oídas, y
por eso, como está en la cárcel, envía a sus discípulos a plantearle
las preguntas que los testimonios de otros le plantean. Quieren
saber si él es el que tenía que venir detrás de Juan, es decir, si
es el Mesías.
En el trasfondo del
evangelio podríamos ver a Juan Bautista que en el fondo tampoco
entendía a Jesús. Ante tanta injusticia, opresión y corrupción,
esperaba un Mesías castigador y eficaz en su lucha contra el mal.
Pero Jesús no castigaba a nadie, al contrario, buscaba a los
publícanos y pecadores y se sentaba a la mesa con ellos. La pegunta
de Juan en busca de aclaración dio pie a Jesús para mostrar la
identidad y el talante de su misión: “Los ciegos ven y los inválidos
andan; los leprosos quedan limpios y los sordos oyen; los muertos
resucitan y a los pobres se les anuncia la buena noticia”.
La misión de Jesús no va por
el camino del castigo o la represión, sino por el de la bondad y la
solidaridad para con todos los que sufren en la vida. Para hacer
visible hoy la presencia de Jesús en el mundo y celebrar la Navidad,
es necesario actualizar los signos de su presencia, signos de
liberación y solidaridad con los más necesitados.
Hagamos de este tiempo de Adviento un tiempo especial para
profundizar en el conocimiento interno de Jesús y para renovar la fe
en su persona. Para ello debemos pararnos y preguntarle al Señor con
la valentía y la humildad de Juan Bautista qué dice de si mismo.
7.-
Oración universal.-
Al Dios de toda gracia, desde nuestro desvalimiento y pobreza, pero
también desde nuestra mayor confianza, decimos: Ven, Señor, a salvarnos.
- Danos,
Señor, la fuerza del Espíritu para que podamos confortar a los más
débiles y decaídos.
- Danos,
Señor, el consuelo del Espíritu, para que hoy en la cárcel podamos
consolar a los que sufren y están tristes.
- Danos,
Señor, crecer en tu amor, para que podamos servir y liberar a los
pobres y oprimidos.
-
(Peticiones libres de
los encarcelados).
8.-
Padrenuestro
9.-
Saludo de paz
10.-
Oración de acción de gracias.-
Oración espontánea de los encarcelados.
11.-
Oramos y celebramos.-
Para
conocer mejor a Jesús y descubrir las esperanzas que trae, no hay
mejor cosa que ponerse en actitud de oración y dejar que la Palabra
resuene e ilumine nuestra vida y nuestros proyectos de futuro.
Colocamos en nuestro camino de papel continuo una tercera huella con
esta admiración: “¡Te esperamos!”.
12.-
Oración final.-
Jesús, entre las maravillas que han de contar al Bautista, parece que
hay una incoherencia: los pobres deberían ser enriquecidos, como los
ciegos ven y los inválidos andan. Pero tú no quieres para los pobres
cualquier riqueza, sino la mayor: ser evangelizados. Lo demás, por
añadidura.
ENVÍA CRISTO TU VERDADERO ESPIRITU
NAVIDEÑO
   
Señor
Jesús: nos preparamos a celebrar tú venida entre nosotros.
Esto es lo
central: que Tú vives entre nosotros.
La navidad nos remite a lo
esencial: “Ha
aparecido la bondad de Dios
y su amor
al hombre…”
Envía
Cristo tu verdadero espíritu navideño:
Que nos
ilumine a los que estamos ciegos de egoísmo.
Que mueva
corazón, pies y manos, especialmente hacía los más débiles.
Que las
comunidades cristianas sean ámbitos de libertad y de vida.
donde no
exista la lepra de la marginación
Que
superemos la lógica de la equidad o equivalencia,
por
la lógica de la gratuidad, del amor desbordante,
como el
Padre del cielo que hace bajar la lluvia
y salir el
sol para todos.
Que
remueva de nuestro corazón el escoldo de intolerancia,
de
intransigencia, de dominio, de imposición.
Que nos dé
a vivir sinceramente la fraternidad en estos días de navidad.
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