CELEBRACIÓN DE LA PALABRA EN LA CÁRCEL

PRIMER DOMINGO DE ADVIENTO /A

Domingo 2 de diciembre del 2007

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Por Ángel García Rodríguez (o.ss.t)

Capellán del Centro Penitenciario de Alahurin de la Torre (Málaga)

 

 

1.- Saludo.- El Señor, que nos trae la paz, la libertad y la vida, esté con todos vosotros.

 

2.- Monición de entrada.-

Empezamos nuevamente el tiempo de Adviento, tiempo de espera y esperanza, tiempo de ilusión y de oración, tiempo de preparación a la venida del Señor. Recordemos que Cristo Jesús es siempre el que viene. No esperamos otro Salvador. En El se cumple todo lo que buscamos y ansiamos. Por eso, Adviento es preparar los caminos del Señor. Y, en este sentido, es hacer sitio en nuestro interior para que Dios y Jesús puedan entrar aún más.

Os invitamos a vivir estas cuatro de semanas de adviento de un modo más intenso. Cuatro semanas que iremos significando con las velas de la Corona de Adviento, que se irán encendiendo progresivamente. Es un deseo de que vayan encendiendo en nuestros corazones las llamas de la fe, de la oración, de la esperanza y del amor.

Lo importante para todos los que en la cárcel esperamos a Cristo es que en este tiempo de Adviento no nos cansemos de rezar y decir: ¡Ven, Señor Jesús!.

3.- Acto penitencial.- Comencemos ahora la celebración encendiendo el primer cirio de la corona de Adviento, que nos señala el camino hacia la fiesta de la Navidad.

- Porque hemos llegado a esta tiniebla de la cárcel por no seguir tu luz. Señor, ten piedad.

- Porque somos egoístas y vivimos despreocupados de Ti. Cristo, ten piedad.

- Porque muchas veces no te hacemos caso. Señor, ten piedad.

4.- Oración.- Dios, Padre bondadoso, aviva hoy en los que sentimos el peso de la cárcel, el deseo de salir en este tiempo de adviento al encuentro de Cristo. Que nuestra Iglesia no olvide a los presos que día a día ansiamos la libertad. Y que esta Comunidad entre rejas sea testigo de tu Reino. Por Cristo, nuestro Señor.

 

5.- Evangelio.- Mt. 24, 37-44: “Estad en vela”.

 

6.- Reflexión.-

En el comienzo de un nuevo año litúrgico, las dos parábolas del evangelio de este primer domingo de Adviento nos invitan a velar y estar preparados para la llegada del Señor. Dichas parábolas no están para provocar miedo sino generar la alegría de que el Señor viene. En la primera parábola Jesús comienza hablando de Noe para poner la atención en el comportamiento de los que vivieron antes del diluvio y la actitud que reflejan sus obras. Seguían su ritmo de vida normal. No percibían la acción de Dios en la cotidianeidad de sus vidas. Nadie conocía ni preveía el diluvio y no se preparaban para este acontecimiento. Ante la llegada de Cristo hay que esperar vigilantes. No se puede vivir despreocupadamente, como si nada fuese a ocurrir. La segunda parábola nos presenta al ladrón que llega en medio de la noche. Como en la primera parábola, la del ladrón insiste en la hora también desconocida.

Recurriendo al comportamiento de los contemporáneos de Noé y a la imagen del ladrón se subraya que no se sabe cuándo vendrá Jesús. Cada una de estas dos partes termina con una exhortación. Los discípulos de Jesús tienen que estar atentos y preparados siempre, precisamente porque no saben cuándo sucederán estas cosas.

El Señor vino, viene y vendráEl tiempo de adviento nos quiere poner en sintonía con estas venidas. Por eso es tiempo de esperanza, de una espera activa que tiene mucho que ver con la vigilancia y el “estar en vela”. Pero la rutina y la despreocupación se apoderan de nosotros. El que vigila hace quizás las mismas cosas pero con más interés, con densidad. Los rutinarios se quedan en la superficie de las cosas mientras que los vigilantes se arriesgan ya en lo eterno. Recordemos finalmente que el Señor todos los días y de muchas maneras viene hasta nosotros estemos dentro o fuera de la cárcel: en la palabra, en el compañero encarcelado, en el encuentro con los voluntarios, en los sacramentos….

7.- Oración universal.- Mientras esperamos la venida definitiva del Señor, oremos para que su amor, su paz, su luz, transformen ya ahora nuestras vidas y la de nuestros hermanos encarcelados. Oremos diciendo: ¡Ven, Señor Jesús!

- Para volver a ti y a tu Iglesia.

- Para acompañar a los que están solos y desvalidos.

- Para liberar a los que sufren el dolor de la cárcel.

- Para unir a los que están divididos.

- (Peticiones libres de los encarcelados).

8.- Padrenuestro

 

9.- Saludo de paz

 

10.- Oración de acción de gracias.- Oración espontánea de los encarcelados.

 

11.- Oramos y celebramos.-

Jesús invita a sus discípulos a velar y a estar preparados. Una de las formas de llevarlo a cabo es mediante la oración. Por eso vamos a orar pidiendo al Señor que avive nuestra esperanza y nos ayude a estar vigilantes y preparados.

 

Colocamos un camino de papel continuo en la pared para ir poniendo durante el Adviento diversas huellas con un mensaje. En el comienzo del camino pegamos una primera huella con una exhortación: “¡Estad en vela!”.

12.- Oración final.- Jesús, en el nuevo Año Litúrgico que hoy comenzamos con toda tu Iglesia, volvemos a escuchar tu consejo: Estad. en vela. Hoy desde la cárcel nos ponemos en camino, recorriendo tus pasos, con la esperanza del Adviento que prepara tu venida. Le pedimos a tu Madre que sea nuestra compañera de camino para llegar un día a esa ansiada libertad. Nadie como ella supo esperarte y acogerte.

ADVIENTO ES DIOS QUE VIENE A NUESTRO CORAZÓN EN LA CÁRCEL

Viene el Señor a nuestro corazón en la cárcel.

¡Qué alegría!

Pero que sucio y frío  está el modulo.

Viene como amigo y como hermano,

Viene mendigo, necesitado.

Viene siempre a visitarnos a la prisión.

Viene Cristo a nuestra cárcel.

Vamos a limpiarla y  a encenderla de alegría y esperanza.

Adviento es Dios que no se cansa de esperar nuestro cambio y conversión.

 

 

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