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1.-
Saludo.-
El Señor, que nos trae la paz, la libertad y la vida, esté con todos
vosotros.
2.-
Monición de entrada.-
Empezamos
nuevamente el tiempo de Adviento, tiempo de espera y esperanza, tiempo
de ilusión y de oración, tiempo de preparación a la venida del Señor.
Recordemos que Cristo Jesús es siempre el que viene. No esperamos otro
Salvador. En El se cumple todo lo que buscamos y ansiamos. Por eso,
Adviento es preparar los caminos del Señor. Y, en este sentido, es hacer
sitio en nuestro interior para que Dios y Jesús puedan entrar aún más.
Os invitamos a
vivir estas cuatro de semanas de adviento de un modo más intenso. Cuatro
semanas que iremos significando con las velas de la Corona de Adviento,
que se irán encendiendo progresivamente. Es un deseo de que vayan
encendiendo en nuestros corazones las llamas de la fe, de la oración, de
la esperanza y del amor.
Lo importante
para todos los que en la cárcel esperamos a Cristo es que en este tiempo
de Adviento no nos cansemos de rezar y decir: ¡Ven, Señor Jesús!.
3.-
Acto penitencial.-
Comencemos ahora la celebración encendiendo el primer cirio de la corona
de Adviento, que nos señala el camino hacia la fiesta de la Navidad.
-
Porque hemos llegado a esta tiniebla de la cárcel por no seguir
tu luz. Señor, ten piedad.
-
Porque somos egoístas y vivimos despreocupados de Ti. Cristo,
ten piedad.
- Porque muchas veces no te hacemos caso. Señor, ten piedad.
4.-
Oración.-
Dios, Padre bondadoso, aviva hoy en los que sentimos el peso de la
cárcel, el deseo de salir en este tiempo de adviento al encuentro de
Cristo. Que nuestra Iglesia no olvide a los presos que día a día
ansiamos la libertad. Y que esta Comunidad entre rejas sea testigo de tu
Reino. Por Cristo, nuestro Señor.
5.-
Evangelio.-
Mt. 24, 37-44: “Estad en vela”.
6.-
Reflexión.-
En el
comienzo de un nuevo año litúrgico, las dos parábolas del evangelio
de este primer domingo de Adviento nos invitan a velar y estar
preparados para la llegada del Señor. Dichas parábolas no están para
provocar miedo sino generar la alegría de que el Señor viene. En la
primera parábola Jesús comienza hablando de Noe para poner la
atención en el comportamiento de los que vivieron antes del diluvio
y la actitud que reflejan sus obras. Seguían su ritmo de vida
normal. No percibían la acción de Dios en la cotidianeidad de sus
vidas. Nadie conocía ni preveía el diluvio y no se preparaban para
este acontecimiento. Ante la llegada de Cristo hay que esperar
vigilantes. No se puede vivir despreocupadamente, como si nada fuese
a ocurrir. La segunda parábola nos presenta al ladrón que llega en
medio de la noche. Como en la primera parábola, la del ladrón
insiste en la hora también desconocida.
Recurriendo al comportamiento de los contemporáneos de Noé y a la
imagen del ladrón se subraya que no se sabe cuándo vendrá Jesús.
Cada una de estas dos partes termina con una exhortación. Los
discípulos de Jesús tienen que estar atentos y preparados siempre,
precisamente porque no saben cuándo sucederán estas cosas.
El Señor vino, viene y vendrá…El
tiempo de adviento nos quiere poner en sintonía con estas venidas.
Por eso es tiempo de esperanza, de una espera activa que tiene mucho
que ver con la vigilancia y el “estar en vela”. Pero la rutina y la
despreocupación se apoderan de nosotros. El que vigila hace quizás
las mismas cosas pero con más interés, con densidad. Los rutinarios
se quedan en la superficie de las cosas mientras que los vigilantes
se arriesgan ya en lo eterno. Recordemos finalmente que el Señor
todos los días y de muchas maneras viene hasta nosotros estemos
dentro o fuera de la cárcel: en la palabra, en el compañero
encarcelado, en el encuentro con los voluntarios, en los
sacramentos….
7.-
Oración universal.-
Mientras esperamos la venida definitiva del Señor, oremos para que su
amor, su paz, su luz, transformen ya ahora nuestras vidas y la de
nuestros hermanos encarcelados. Oremos diciendo:
¡Ven, Señor Jesús!
- Para
volver a ti y a tu Iglesia.
- Para
acompañar a los que están solos y desvalidos.
- Para
liberar a los que sufren el dolor de la cárcel.
- Para
unir a los que están divididos.
-
(Peticiones libres de
los encarcelados).
8.-
Padrenuestro
9.-
Saludo de paz
10.-
Oración de acción de gracias.-
Oración espontánea de los encarcelados.
11.-
Oramos y celebramos.-
Jesús
invita a sus discípulos a velar y a estar preparados. Una de las
formas de llevarlo a cabo es mediante la oración. Por eso vamos
a orar pidiendo al Señor que avive nuestra esperanza y nos ayude
a estar vigilantes y preparados.
Colocamos un camino de papel continuo en la pared para ir
poniendo durante el Adviento diversas huellas con un mensaje. En
el comienzo del camino pegamos una primera huella con una
exhortación: “¡Estad en vela!”.
12.-
Oración final.-
Jesús, en el nuevo Año Litúrgico que hoy comenzamos con toda tu Iglesia,
volvemos a escuchar tu consejo: Estad. en vela. Hoy desde la cárcel nos
ponemos en camino, recorriendo tus pasos, con la esperanza del Adviento
que prepara tu venida. Le pedimos a tu Madre que sea nuestra compañera
de camino para llegar un día a esa ansiada libertad. Nadie como ella
supo esperarte y acogerte.
ADVIENTO ES DIOS QUE VIENE A NUESTRO CORAZÓN EN LA CÁRCEL
Viene
el Señor a nuestro corazón en la cárcel.
¡Qué
alegría!
Pero que
sucio y frío está el modulo.
Viene como
amigo y como hermano,
Viene
mendigo, necesitado.
Viene
siempre a visitarnos a la prisión.
Viene
Cristo a nuestra cárcel.
Vamos a
limpiarla y a encenderla de alegría y esperanza.
Adviento es Dios que no se cansa de esperar nuestro cambio y
conversión.
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