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1.-
Saludo.-
Jesús, el Señor, que nos ama y comparte nuestros sentimientos en la
cárcel, esté con todos vosotros.
2.-
Monición de entrada.-
Hermanos: Hoy
se nos presenta Juan el Bautista como la gran figura de Adviento. El nos
habla de la necesaria preparación de los caminos, es decir, de la
necesaria conversión. “Preparad el camino del Señor, allanad sus
senderos”. Esta es la llamada que hoy resuena en nuestra celebración.
Allí junto al río Jordán, aquel personaje sorprendente que se llamaba
Juan el Bautista, reúne a su alrededor gentes de toda clase, que se
sienten atraídas por la fuerza de su palabra y por la sinceridad de su
vida de hombre entregado a Dios. Nosotros también hoy desde la prisión,
como aquellos judíos de hace dos mil años, queremos escuchar esta
palabra que nos llama a convertirnos para preparar la venida del Señor.
Ya no debemos mirarnos tanto a nosotros, ahora tenemos que mirarle a él.
Y escuchar sus palabras. Y guardarlas en el corazón.
3.-
Acto penitencial.-
La conversión a que
nos invita el Bautista debe empezar por el reconocimiento de nuestra
situación de pecadores.
- Por nuestras
discriminaciones y rechazo de los demás. Señor, ten piedad.
- Por nuestras
divisiones y enemistades. Cristo, ten piedad.
- Por no ser sinceros en la relación con Dios. Señor, ten
piedad.
4.-
Oración.-
Dios, Padre bondadoso, te bendecimos por el don generoso de Jesús. El es
camino hacia nuestra libertad y espejo en el que nos reflejamos para
convertirnos. No permitas que nos engañe ninguna tentación, ni nos
despisten los afanes de este mundo. Ayúdanos a pasar rápido esta página
de la cárcel y que pronto volvamos a estar con nuestra familia.
5.-
Evangelio.-
Mt. 3, 1-12: “¡Convertíos!”
6.-
Reflexión.-
Si el
evangelio del domingo pasado, al inicio del adviento, nos urgía a
mantenernos vigilantes y preparados, hoy nos invita a la conversión
y al cambio ante el Señor que viene. Hoy es el Bautista el que
aparentemente toma el centro de la escena, se presenta con su estilo
de vida y con sus palabras, e invita a dirigir la mirada hacia el
más fuerte que viene detrás de él. Es chocante la figura de Juan
Bautista, hombre austero, que se arregla con lo estrictamente
necesario. Su vestimenta y su comida son un signo de su personalidad
y de su testimonio. Profeta en obras y palabras, fue para muchos un
gran maestro espiritual. Su mensaje era provocativo, exigía signos y
frutos de conversión. Juan preparó el camino al Señor con un mensaje
tajante: “¡convertíos!, cambiad de vida. ¡Ya llega el reino!”.
Convertirse es una gran tarea para todo creyente. Esta palabra
abarca más que tener remordimiento de conciencia. Implica cambio en
el modo de pensar y en los métodos de actuar, volver el corazón a
Dios y obrar según sus criterios.
Juan era
una persona auténtica, valiente, pero era también un creyente
humilde y desprendido. Su misión era preparar el camino al Mesías.
Él no era la luz, sino testigo de la Luz, es decir, de Jesús de
Nazaret, el hombre lleno del Espíritu de Dios. Como preparador del
camino del Señor, Juan fue como un despertador de las conciencias.
Clamó contra el conformismo y la hipocresía. Exigía la no violencia,
la justicia, la caridad.
Las palabras del Bautista cobran actualidad en Adviento:
“arrepentíos”, “preparad el camino”. De nuevo resuenan hoy con
fuerza y nos invitan a convertirnos, a cambiar de mentalidad, a
redescubrir nuestra condición de bautizados. Todos, tanto los que
están fuera como los que estamos dentro de la cárcel necesitamos
convertirnos al amor, a la justicia, a la solidaridad. ¡Aprisa! Hay
que dar frutos. Lo podemos porque Dios nos tiende la mano.
7.-
Oración universal.-
Ponemos ante Dios nuestros deseos y necesidades.
- Para que
la Iglesia abra su corazón al Señor que viene y sea capaz de
anunciar el mensaje de esperanza en un mundo nuevo donde reine la
justicia. Oremos.
- Para que
nuestra fe sea luz hoy en la cárcel y marque los caminos que
conduzcan al encuentro con Cristo. Oremos.
- Para que
Dios nos dé las fuerzas que necesitamos para ser testigos de amor y
consuelo con los pobres, los emigrantes, los enfermos, los
encarcelados y todos los que sufren.
-
(Peticiones libres de
los encarcelados).
8.-
Padrenuestro
9.-
Saludo de paz
10.-
Oración de acción de gracias.-
Oración espontánea de los encarcelados.
11.-
Oramos y celebramos.-
La conversión implica
esfuerzo personal, pero no deja de ser Dios quien da el primer paso.
Por eso vamos a orar al Señor pidiendo que cambie nuestro corazón y
nos haga capaces de dar frutos de vida.
Colocamos en nuestro camino
de papel continuo una segunda huella con una nueva exhortación:
“¡Convertíos!”.
12.-
Oración final.-
Jesús, el Bautista habla claro y su palabra abarca toda la vida: urge la
conversión, pero no de boquilla, sino con obras. Por eso dice: Dad el
fruto que pide la conversión. Tu inminente venida es sobrado motivo para
que mi conversión sea pronta, sincera y cabal.
ADVIENTO ES ACERCARSE AL DESIERTO DE
CADA DIA
 
Señor
Jesús:
Hoy la
figura de Juan el Bautista predicando en el desierto,
nos
prepara en este Adviento
a vivir la
Navidad contigo en medio de nosotros.
El
desierto es la vida de cada día para muchas personas que:
no pueden
beber agua potable, y menos en sus casas,
no tienen
alimento adecuado,
no
disponen de vestido suficiente,
no gozan
de asistencia médica,
no
disfrutan de libertad porque están en la cárcel
no se
respeta la dignidad de todos.
Señor
Jesús: Ayúdanos en este advierto a convertirnos
y a encontrarte en el desierto de cada día.
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