CELEBRACIÓN DE LA PALABRA EN LA CÁRCEL

SEGUNDO DOMINGO DE ADVIENTO /A

Domingo 9 de diciembre del 2007

Imprimir

Por Ángel García Rodríguez (o.ss.t)

Capellán del Centro Penitenciario de Alahurin de la Torre (Málaga)

 

 

1.- Saludo.- Jesús, el Señor, que nos ama y comparte nuestros sentimientos en la cárcel, esté con todos vosotros.

 

2.- Monición de entrada.-

Hermanos: Hoy se nos presenta Juan el Bautista como la gran figura de Adviento. El nos habla de la necesaria preparación de los caminos, es decir, de la necesaria conversión. “Preparad el camino del Señor, allanad sus senderos”. Esta es la llamada que hoy resuena en nuestra celebración. Allí junto al río Jordán, aquel personaje sorprendente que se llamaba Juan el Bautista, reúne a su alrededor gentes de toda clase, que se sienten atraídas por la fuerza de su palabra y por la sinceridad de su vida de hombre entregado a Dios. Nosotros también hoy desde la prisión, como aquellos judíos de hace dos mil años, queremos  escuchar esta palabra que nos llama a convertirnos para preparar la venida del Señor. Ya no debemos mirarnos tanto a nosotros, ahora tenemos que mirarle a él. Y escuchar sus palabras. Y guardarlas en el corazón.

3.- Acto penitencial.- La conversión a que nos invita el Bautista debe empezar por el reconocimiento de nuestra situación de pecadores.

- Por nuestras discriminaciones y rechazo de los demás. Señor, ten piedad.

- Por nuestras divisiones y enemistades. Cristo, ten piedad.

- Por no ser sinceros en la relación con Dios. Señor, ten piedad.

4.- Oración.- Dios, Padre bondadoso, te bendecimos por el don generoso de Jesús. El es camino hacia nuestra libertad y espejo en el que nos reflejamos para convertirnos. No permitas que nos engañe ninguna tentación, ni nos despisten los afanes de este mundo. Ayúdanos a pasar rápido esta página de la cárcel y que pronto volvamos a estar con nuestra familia.

 

5.- Evangelio.- Mt. 3, 1-12: “¡Convertíos!”

 

6.- Reflexión.-

Si el evangelio del domingo pasado, al inicio del adviento, nos urgía a mantenernos vigilantes y preparados, hoy nos invita a la conversión y al cambio ante el Señor que viene. Hoy es el Bautista el que aparentemente toma el centro de la escena, se presenta con su estilo de vida y con sus palabras, e invita a dirigir la mirada hacia el más fuerte que viene detrás de él. Es chocante la figura de Juan Bautista, hombre austero, que se arregla con lo estrictamente necesario. Su vestimenta y su comida son un signo de su personalidad y de su testimonio. Profeta en obras y palabras, fue para muchos un gran maestro espiritual. Su mensaje era provocativo, exigía signos y frutos de conversión. Juan preparó el camino al Señor con un mensaje tajante: “¡convertíos!, cambiad de vida. ¡Ya llega el reino!”.

 

Convertirse es una gran tarea para todo creyente. Esta palabra abarca más que tener remordimiento de conciencia. Implica cambio en el modo de pensar y en los métodos de actuar, volver el corazón a Dios y obrar según sus criterios.

 

Juan era una persona auténtica, valiente, pero era también un creyente humilde y desprendido. Su misión era preparar el camino al Mesías. Él no era la luz, sino testigo de la Luz, es decir, de Jesús de Nazaret, el hombre lleno del Espíritu de Dios. Como preparador del camino del Señor, Juan fue como un despertador de las conciencias. Clamó contra el conformismo y la hipocresía. Exigía la no violencia, la justicia, la caridad.

 

Las palabras del Bautista cobran actualidad en Adviento: “arrepentíos”, “preparad el camino”. De nuevo resuenan hoy con fuerza y nos invitan a convertirnos, a cambiar de mentalidad, a redescubrir nuestra condición de bautizados. Todos, tanto los que están fuera como los que estamos dentro de la cárcel necesitamos convertirnos al amor, a la justicia, a la solidaridad. ¡Aprisa! Hay que dar frutos. Lo podemos porque Dios nos tiende la mano.

7.- Oración universal.- Ponemos ante Dios nuestros deseos y necesidades.

- Para que la Iglesia abra su corazón al Señor que viene y sea capaz de anunciar el mensaje de esperanza en un mundo nuevo donde reine la justicia. Oremos.

- Para que nuestra fe sea luz hoy en la cárcel y  marque los caminos que conduzcan al encuentro con Cristo. Oremos.

- Para que Dios nos dé las fuerzas que necesitamos para ser testigos de amor y consuelo con los pobres, los emigrantes, los enfermos, los encarcelados y todos los que sufren.

- (Peticiones libres de los encarcelados).

8.- Padrenuestro

 

9.- Saludo de paz

 

10.- Oración de acción de gracias.- Oración espontánea de los encarcelados.

 

11.- Oramos y celebramos.-

La conversión implica esfuerzo personal, pero no deja de ser Dios quien da el primer paso. Por eso vamos a orar al Señor pidiendo que cambie nuestro corazón y nos haga capaces de dar frutos de vida.

Colocamos en nuestro camino de papel continuo una segunda huella con una nueva exhortación: “¡Convertíos!”.

12.- Oración final.- Jesús, el Bautista habla claro y su palabra abarca toda la vida: urge la conversión, pero no de boquilla, sino con obras. Por eso dice: Dad el fruto que pide la conversión. Tu inminente venida es sobrado motivo para que mi conversión sea pronta, sincera y cabal.

ADVIENTO ES ACERCARSE AL DESIERTO DE CADA DIA

 

Señor Jesús:

Hoy la figura de Juan el Bautista predicando en el desierto,

nos prepara en este Adviento

a vivir la Navidad contigo en medio de nosotros.

El desierto es la vida de cada día para muchas personas que:

no pueden beber agua potable, y menos en sus casas,

no tienen alimento adecuado,

no disponen de vestido suficiente,

no gozan de asistencia médica,

no disfrutan de libertad porque están en la cárcel

no se respeta la dignidad de todos.

Señor Jesús: Ayúdanos en este advierto a convertirnos

y a encontrarte  en el desierto de cada día.

 

 

Imprimir