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RITO DE ENTRADA
1.- MUNICIÓN DE ENTRADA
Hermanos, la
fe nos reúne a todos en esta celebración de la eucaristía en honor de
nuestra Patrona, la Virgen de la Merced.
Bajo las
advocación de Ntra. Sra. de la Merced, la Orden de los Mercedarios,
juntamente con los Trinitarios, iniciaban a principios del siglo XIII
una lucha por la libertad en favor de aquellos que eran hechos cautivos
y esclavos a causa de la guerra de religión entre moros y cristianos.
Eran llamados los “redentores”, tanto en tierras cristianas como en las
costas norteafricanas y tierras turcas. Eran Redentores porque
rescataban, compraban o canjeaban a los privados de libertad, a los
cautivos y esclavos, y los devolvían a su familia, a la sociedad y a la
Iglesia, a sus raíces cristianas.
Nuestra
celebración está motivada por el hecho de que la Virgen María está
siempre con los suyos, con los pobres y oprimidos, con los que sufren,
con los cautivos y esclavos, con los presos. Ella nos transmite un
mensaje de liberación y esperanza, y nos lleva hasta su Hijo Jesús, el
Redentor de los hombres, nuestro libertador. La Virgen María por ser la
esclava del Señor y estar entregada a la obra de su Hijo, es llamada la
“dispensadora de los tesoros de la Redención”.
Cristo nos
libera del pecado, de las esclavitudes físicas y morales y, con Cristo,
María reivindica también el derecho de los pobres a su dignidad humana y
a ser liberados de tantas cadenas que los anulan como personas y como
creyentes.
María es la
esperanza de los pobres y oprimidos. María nos ayuda a romper las
cadenas de nuestro mal. Con María unámonos a Cristo Redentor en esta
Eucaristía.
Bienvenidos a
celebrar este encuentro en la fe y en el amor.
2.- PETICIONES DE PERDÓN
- Por
no vivir nuestra condición de hijos de Dios Padre amando a
nuestros hermanos.
Señor, ten piedad.
- Por
no luchar contra las realidades de mi vida que me atan, me
oprimen, me esclavizan y me impiden ser persona.
Cristo, ten piedad.
- Por
no soñar con la esperanza de que con el entusiasmo y el
esfuerzo personal, mi vida puede cambiar y transformarse.
Señor, ten piedad.
3.-
ORACIÓN
Dios Padre nuestro, tú nos
enviaste a Jesucristo
para anunciar a los cautivos
la libertad
y proclamar el año de
gracia;
sálvanos de nuestras
esclavitudes
y asócianos a la misión
liberadora
de Jesús y María, nuestra
Madre de la Merced
y corredentora nuestra.
Por nuestro Señor
Jesucristo…
4.-
PALABRA DE DIOS
►LECTURA
DEL LIBRO DE ISAÍAS (61, 1-3ª)
El Epíritu
del Señor está sobre mí,
porque el
Señor me ha ungido.
Me ha
enviado para dar la buena noticia a los que sufren,
para
vendar los corazones desgarrados,
para
proclamar la amnistía a los cautivos,
y a los
prisioneros la libertad,
para
proclamar el año de gracia del Señor,
el día del
desquite de nuestro Dios,
para
consolar a los afligidos,
los
afligidos de Sión;
para
cambiar su ceniza en corona,
su traje
de luto en perfume de fiesta,
su
abatimiento en cánticos.
Palabra de
Dios.
►SALMO
DE ALABANZA (Lc 1, 46-47. 48-49. 50-51. 52-53. 54-55)
Lector:
Proclama mi alma la grandeza del Señor,
Todos:
Proclama mi alma la grandeza del Señor
Lector:
Proclama mi alma la grande del Señor,
se alegra
mi espíritu en Dios mi salvador
Porque ha
mirado la humillación de su esclava.
Todos.
Proclama mi alma la grandeza del Señor.
Lector:
Desde ahora me felicitarán todas las generaciones, porque el
Poderoso ha hecho obras grandes por mí: su nombre es santo y su
misericordia llega a sus fieles de generación en generación.
Todos:
Proclama mi alma la grandeza del Señor
Lector:
Él hace proezas con su brazo: dispersa a lo soberbios de corazón.
Derriba del trono a los poderosos
y enaltece
a los humildes,
a los
hambrientos los colma de bienes
y a los
ricos los despide vacíos.
Todos:
Proclama mi alma la grandeza del Señor.
Lector:
Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de la misericordia
-como lo
había prometido a nuestros padres-,
en favor
de Abrahán y su descendencia por siempre.
Todos:
Proclama mi alma la grandeza del Señor
►LECTURA
DEL SANTO EVANGELIO SEGÚN SAN LUCAS (1, 39-56)
En
aquellos días, María se puso en camino y fue aprisa a la montaña, a
un pueblo de Judá; entró en casa de Zacarías y saludó a Isabel.
En cuanto
Isabel oyó el saludo de María, saltó la criatura en su vientre. Se
llenó Isabel del Espíritu Santo y dijo a voz en grito:
-«¡Bendita
tú entre las mujeres, y bendito el fruto de tu vientre!
¿ Quién
soy yo para que me visite la madre de mi Señor? En cuanto tu saludo
llegó a mis oídos, la criatura saltó de alegría en mi vientre.
Dichosa tú, que has creído, porque lo que te ha dicho el Señor se
cumplirá».
María
dijo:
-«Proclama
mi alma la grandeza del Señor,
se alegra
mi espíritu en Dios, mi salvador;
porque ha
mirado la humillación de su esclava.
Desde
ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el
Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
su nombre
es santo,
y su
misericordia llega a sus fieles
de
generación en generación.
Él hace
proezas con su brazo:
dispersa a
los soberbios de corazón,
derriba
del trono a los poderosos
y enaltece
a los humildes,
a los
hambrientos los colma de bienes
y a los
ricos los despide vacíos.
Auxilia a
Israel, su siervo,
acordándose de la misericordia
-como lo
había prometido a nuestros padres
en favor
de Abrahán y su descendencia por siempre.»
María se
quedó con Isabel unos tres meses y después volvió a su casa.
Palabra del
Señor.
5.-
ORACIÓN DE LOS FIELES
1.
Por la Iglesia, para que sea siempre
portadora de la liberación de Cristo ante los hombres y mujeres que
sufren la esclavitud, la opresión y la marginación.
Roguemos al Señor.
2.
Por el Voluntariado católico de
prisiones, para que siendo portador de la Buena Noticia liberadora
de Jesucristo ante los hermanos privados de libertad.
Roguemos al Señor.
3.
Por los presos y presas, para que,
desde la reconciliación con Dios, con la familia y las víctimas
encuentren el camino de su rehabilitación humana y moral, y se les
proporcionen verdaderas oportunidades de reinserción social.
Roguemos al Señor.
4.
Por las Instituciones, tanto
penitenciaria como judicial, para que favorezcan el proceso
humanizador de las cárceles y avancen en la puesta en marcha de
medidas alternativas a la prisión.
Roguemos al Señor.
5.
Por todos los que tienen
responsabilidades en el funcionamiento de esta prisión, para que
realicen su labor buscando siempre el bien de los presos,
humanizando su trabajo y dignificando la vida de los internos e
internas.
Roguemos al Señor.
6.
Por la sociedad, para que sea más
solidaria con los presos y exreclusos y facilite su reinserción.
Roguemos al Señor.
7.
Por las familias de todos los presos
que sufren y padecen esta situación de cárcel, por las víctimas de
los delitos, para que encuentren siempre el apoyo que necesitan para
superar el dolor y el sufrimiento.
Roguemos al Señor.
6.-
ACCIÓN DE GRACIAS
1.- ACCIÓN DE GRACIAS
Gracias, Señor, en nombre de los pobres
que en
ti encuentran motivo de esperanza
y
ánimos en la lucha por su dignidad.
Gracias por el impulso de la liberación que,
desde
los profetas, diste a la humanidad
para
hacer una tierra de hombres libres e iguales.
Gracias por Cristo, tu Hijo,
que
prefiere la misericordia
antes
que el rigor de la ley.
Nuestro canto de gratitud se extiende a María,
mujer
libre y esperanzada,
la que
canta esperando que las cosas cambien,
aquella que proclama la certeza de un Dios
que
está de parte de los últimos,
los
humildes, los encadenados.
Ella
nos da energía y fe
para
anunciar de nuevo aquel año de gracia,
aquella amnistía que tu Hijo Jesús inauguró en el mundo.
Gracias Padre por darnos a María
como
Madre corredentora
y a tu
Hijo Jesucristo como salvador y redentor.
2.- SANTA MARÍA DE LA
LIBERTAD
Madre,
Nuestra Señora de la Merced:
El
amor te ha hecho libre,
como
el alba a la mañana.
Tu
corazón pobre es libre,
con la
libertad del Reino.
Tu
corazón manso es libre,
con la
libertad de un Dios cercano.
Tu
corazón de hambre y sed de justicia es libre,
con la
libertad de un Dios plenitud.
Tu
corazón misericordioso es libre,
con la
libertad de un Dios amor.
Tu
corazón en paz es libre,
con la
libertad de ser llamada Hija de Dios.
Tu
corazón perseguido por la justicia es libre,
con la
libertad de ser tuyo el Reino.
Tu
libertad te lleva a ser feliz,
cuando
la injuria o la persecución,.
a
causa de Jesús, llama a tu puerta.
Entonces te alegrarás y regocijarás,
porque
la recompensa será grande en el Reino.
Bienaventurada tú, porque has creído en Jesús,
tu
hijo, como el Señor y el Libertador.
3.- DÍA DE LA MERCED
En
este día de Nuestra Señora de la Merced, he querido dedicar
estas palabras a todos mis compañeros que se encuentran
“PRIVADOS DE LIBERTAD”, sin dejar atrás a sus familias que
también sufren por nosotros.
Por
eso quiero pedirte, Señora, desde lo más profundo de mi corazón
que tú nos protejas y nos des fuerza para seguir adelante y no
caer en la tristeza y nostalgia.
Tú
sabes, Madre mía de la Merced, cuantas veces hablo con tu Hijo,
nuestro Señor, y aunque, por el momento no se cumplen mis
ruegos, tengo la fe de que un día todo esto se acabará y nos
dará fuerza para enfrentarnos a la sociedad, esa sociedad que
muchas veces nos margina sin conocernos. Sin conocer los motivos
de desesperación que nos han traído hasta aquí, ya sea por
necesidades o por el problema mas grande que existe hoy en ella,
que es la “DROGA”, ese maldito diablo que cambia a las personas.
Bien sabes tú, Señora, que la mayoría de esas personas cuando
consiguen salir de ella, son las que tienen más sentimiento y
cariño.
Por
eso te ruego, Señora, que quite a la sociedad esa viga que tiene
en sus ojos, para que puedan ver nuestros problemas y así poder
ayudarnos. Por eso quiero pedirte en tu día que toques los
corazones de la justicia de los hombres, para que sean más
clementes a la hora de condenar, porque la única justicia que de
verdad prevalece es la de Nuestro Señor Jesucristo, con
indulgencia y perdón, pero que a la vez es severa, ya que para
encontrar la felicidad antes hay que sufrir.
Por
eso, Señor, sigo luchando, por eso y por mi familia, para que
también pueda encontrar la paz y la felicidad al ver mi
arrepentimiento y mi cambio de conducta. Pues es en la
superación de los malos momentos donde se encuentra el
crecimiento. Por todo ello, te pido perdón, Madre.
Perdóname las
horas de seguir
un mundo de
pecado.
Por volver a
ti cansado
de seguir un
mundo equivocado
Gerardo
Bautista (24-09-2001)
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